La construcción de la navidad en los barrios populares

Por Soledad Balán, diputada Provincial y candidata a intendenta de Posadas.

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“Nadie se salva solo” es una frase que empezamos a utilizar mucho durante la pandemia, pero que en los barrios populares de Posadas resuena en las acciones cotidianas y se potencian en las celebraciones de las fiestas.

La navidad, en sus diferentes formas y creencias, también llega a los barrios populares, tal vez de una manera distinta a las tradicionales, pero no falta la alegría, el pan dulce, los adornos y regalos.

Son navidades que se hacen con las manos. Se producen los pan dulces a través del taller de panadería que dictan en los comedores, se construyen con botellas que juntan y reciclan para hacer adornos, se vivencian con una mesa larga para compartir la cena popular que realizan entre todos los vecinos y se reciben con regalos hechos con amor desde el taller de costura.

También, el corte de pelo está garantizado para todos los vecinos y dicen que Papá Noel va a dejar los regalos en el árbol comunitario que armaron con residuos plásticos que juntaron a lo largo del año.

Pero a veces, la navidad llega en forma de política pública, como llegó el aula maker hace dos semanas a la Biblioteca Popular de Manantiales, o en acceso seguro a la energía eléctrica, o posibilitando, por primera vez, pasar las fiestas en el hogar propio.

Otras veces, llega con forma de referente barrial, de una vecina o vecino comprometido o de un militante social que se pone al hombro la ardua tarea de liderar espacios que brinden mayor acceso de derechos y garantizan una festividad para todas y todos.

Desde hace más de un mes –y con un mundial de por medio- en cada recorrida que hago por los barrios, ofrecen rifas, juntan plásticos, juguetes para reparar y trabajan en adornos y regalos de madera para celebrar las fiestas. Porque nada es improvisado, todo lo trabajan y proyectan en conjunto.

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“No se venden cohetes” dice el cartel de un kiosko en el Porvenir II, porque vivir en comunidad también es comprender y empatizar que, lo que a algunos puede divertir, puede hacer daño o asustar a los abuelos, a las personas con discapacidades y a las mascotas.

Y al fin y al cabo, en eso consiste habitar las ciudades, en hacerlas propias y construirlas en comunidad.

Porque la ciudad integrada por la que todos los días trabajamos, no la aprendemos a hacer en los libros, sino, de ellos. De las vecinas y vecinos que son quienes viven y transforman sus redes y vinculaciones cotidianas, para el beneficio de nadie en particular, sino de todos.

Y me es imposible no mencionar, que todas estas acciones y actividades son sostenidas por mujeres. Mujeres que no solo bancan la olla en los comedores todos los días, que sostienen sus familias y las familias de sus vecinos, sino también, cada diciembre –sin el gorro rojo y los renos atrás- hacen de la navidad, una ilusión para las niñas y los niños, una compañía para los adultos mayores y una celebración para cientos de personas.

Inicié reflexionando que la navidad también llega a los barrios populares, pero en realidad no llega, la construyen, como construyen todos los días sus formas de habitar la ciudad y, desde hace más de diez años, tengo la suerte de ser parte.

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