La extranjerización de tierras no es una cuestión abstracta: es planificada
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Gracias a la gestión del expresidente de la Cámara de Representantes, Dr. Oscar Herrera Ahuad, tuve en 2024 la oportunidad de integrar la comitiva que recibió, en la Cámara de Representantes de Misiones, a un embajador de una de las principales potencias mundiales de la actualidad: una nación de territorio limitado, pero con influencia geopolítica y económica de primer orden global.
Durante ese encuentro expuse, ante el dignatario y los legisladores presentes, un análisis histórico sobre la conformación territorial de Misiones. Entre otros datos, reseñé cómo, en tiempos en que nuestra provincia era todavía parte del mapa en disputa -y a punto de convertirse en Territorio Nacional-, se consumó la entrega de vastas extensiones de nuestro suelo. Bajo la presidencia de Julio Argentino Roca, y pocos días antes de que la Ley 1149 de diciembre de 1881 federalizara Misiones, el gobierno de Corrientes vendió a precio irrisorio alrededor de dos millones de hectáreas a un puñado de compradores particulares. Así nacieron los grandes latifundios misioneros, particularmente sobre la costa del río Uruguay, concentrados en pocas familias y sociedades que jamás habían pisado esta tierra.
Ese mecanismo no fue un hecho aislado: respondía a la misma lógica de la época. La llamada Conquista del Desierto (1878–1885), encabezada por Roca, se financió mediante la Ley 947 de 1878, un empréstito por suscripción pública cuyos títulos eran canjeables por las tierras conquistadas. Es decir: los territorios arrebatados se usaron literalmente como moneda de pago para quienes financiaron la campaña militar, consolidando latifundios en manos de familias que se autodenominaban patricias.
(Y no quiero dejar pasar algo que muchos no reflexionan: esa “Conquista del Desierto” fue, en esencia -y así la califican hoy numerosos historiadores y organismos de derechos humanos-, uno de los primeros genocidios perpetrados en la República Argentina: el sometimiento y la eliminación sistemática de nuestros pueblos originarios, de sus culturas y de sus derechos ancestrales sobre estas tierras.)
Lo que ocurrió luego
Cuando presenté este análisis histórico sobre cómo nuestro territorio fue “pagado” y malvendido a través de latifundios entregados a familias y empresas, ocurrió algo que no pasó desapercibido: el embajador ordenó expresamente a su secretaria que tomara nota detallada de la temática. No fue un comentario de cortesía. No fue un gesto superficial. Fue una instrucción directa de documentar nuestra historia territorial.
Posteriormente, esa secretaria me formuló preguntas profundas sobre el tema. Eso me permitió comprender que el análisis histórico de cómo se distribuyeron nuestras tierras les interesa enormemente. Porque el pasado es prólogo.
El patrón que se repite en la actualidad
Hoy, cuando el Senado de la Nación debate el proyecto denominado de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada” —que modifica de hecho la Ley 26.737 de Tierras Rurales, sancionada en 2011, eliminando el tope del 15 % de titularidad extranjera y debilitando las salvaguardas sobre zonas de frontera y cuerpos de agua—, observo con preocupación cómo el mismo ciclo histórico está por reiterarse. No debe olvidarse, además, que Misiones figura entre las provincias con mayor proporción de tierras ya en manos extranjeras del país.
Las potencias mundiales no vienen a Misiones por nuestro folclore, por nuestras tradiciones ni para admirar nuestra cultura guaraní.
Vienen por nuestras tierras y por nuestro oro líquido: el agua, con el Acuífero Guaraní bajo nuestros pies. Vienen por nuestra biodiversidad. Vienen por la selva paranaense. Vienen por los recursos naturales que sustentarán sus economías en las próximas décadas. Vienen por nuestra tierra colorada.
Así como en el siglo XIX se “pagaron” campañas y favores repartiendo nuestros territorios, hoy se negocia —en espacios que desconocemos, con términos que no dominamos— la apertura irrestricta de nuestras tierras a través de leyes que legalizan y profundizan esta extranjerización.
Un llamado urgente a la unidad
Por eso, desde mi responsabilidad como legislador con mandato cumplido, debo advertir: no podemos ser ingenuos y permitir que el territorio misionero vuelva a ser “pagado” o “negociado” como si fuera una mercancía o el saldo de una deuda. Misiones debe oponerse —de manera unida, firme e inflexible— a la extranjerización de sus tierras.
La protección de nuestro territorio es absoluta. No es negociable. Es un compromiso con las generaciones futuras.
Quienes descreen de esta advertencia deben saberlo: yo he visto personalmente cómo las potencias mundiales documentan y estudian nuestra historia territorial. He sido testigo de cómo un embajador de una de las principales potencias globales ordenó tomar nota de cómo nuestras tierras fueron distribuidas históricamente. Eso no es coincidencia, y mucho menos casualidad.
Conclusión
Esta es una realidad vivida. No es especulación ni ideología. Es un relato fundamentado en un encuentro donde quedó explícito el interés concreto de potencias mundiales en comprender -y, eventualmente, acceder a- nuestro territorio provincial.
Tenemos que detener esta ley. Juntos. Sin dudas. Sin vacilaciones.
Porque si no protegemos hoy nuestra tierra, nuestra agua y nuestra biodiversidad misionera, comprometemos el futuro de Misiones.
Este relato vivido no pretende, de manera alguna, menoscabar la labor del embajador; todo lo contrario: él representa, con eficacia, los intereses de su nación. De la misma manera, nuestros senadores nacionales deben hacer lo propio, pues en nuestro sistema bicameral son ellos quienes representan a las provincias y encarnan el federalismo.
