La informalidad laboral sube al 42% y agrava la pobreza entre los trabajadores argentinos
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La informalidad laboral trepó al 42% y crece la pobreza entre trabajadores. El empleo informal registró su nivel más alto desde la pandemia. El cambio en la composición del mercado laboral revela una expansión de cuentapropistas y asalariados no registrados, mientras se profundiza la desigualdad de ingresos.
El empleo informal alcanzó al 42% de los trabajadores en el primer trimestre de 2025, según los datos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). El indicador refleja un aumento de 1,2 puntos porcentuales respecto del cierre de 2024 (40,8%) y confirma un deterioro estructural del mercado laboral, con efectos directos sobre el ingreso y la calidad de vida de millones de personas.
Detrás del alza se esconde un fenómeno más profundo: el cambio en la composición del empleo, con un crecimiento del trabajo por cuenta propia y los asalariados no registrados, en desmedro del empleo formal. Este desplazamiento impacta no solo en los ingresos, sino también en el acceso a la protección social y la estabilidad laboral.
Informalidad según categoría: fuerte incidencia entre cuentapropistas y asalariados
El informe elaborado por el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL), del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-FCE/UBA), dirigido por Roxana Maurizio y Luis Beccaria, detalla la desigual distribución de la informalidad según el tipo de ocupación:
- Cuentapropistas: 61,3% en situación de informalidad.
- Asalariados no registrados: 36,3%.
- Patrones: 24,7%.
- Trabajadores familiares no remunerados: 1%.
En cuanto al total de empleos informales, el 63% corresponde a asalariados, el 34% a cuentapropistas, el 2% a empleadores, y el 1% a familiares sin remuneración. La alta proporción de asalariados informales responde a su peso dominante en el total de ocupados (73%).
Más trabajo, pero menos ingresos: la informalidad y la trampa de la pobreza
El avance de la informalidad viene acompañado de una precarización de las condiciones de vida. Según el estudio, la penalidad salarial por informalidad alcanza el 41% en promedio. Esto implica que, en igualdad de condiciones, un trabajador informal recibe un ingreso 41% menor que su par formal.
Por ejemplo, frente a un salario formal de $100.000, un trabajador informal en iguales circunstancias (educación, edad, género, rama de actividad, tamaño de empresa y ubicación geográfica) percibe en promedio $59.000 mensuales.
Este desfasaje salarial impacta directamente en los niveles de pobreza:
- El 45% de los trabajadores informales residen en hogares pobres.
- Entre los formales, la cifra desciende al 17%.
- En promedio, el 28% del total de los trabajadores se encuentra en situación de pobreza.
Otra dimensión crítica del informe se refleja en la capacidad de los ingresos laborales para cubrir la canasta básica de bienes y servicios. El 48% de los trabajadores informales percibe ingresos por debajo de ese umbral, mientras que solo el 6% de los trabajadores formales está en esa situación.
“Lo importante de este dato es el cambio en la composición de la ocupación. Creció fuerte el empleo por cuenta propia (del 21,9% al 23,5%) y los asalariados no registrados (del 35,7% al 36,3%) dentro de los trabajadores en relación de dependencia”, explicó Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, en diálogo con Ámbito.
El crecimiento de la informalidad no solo refleja una degradación de las condiciones laborales, sino también un retroceso en términos de inclusión social y sostenibilidad del sistema previsional. La pérdida de empleos registrados erosiona la base de aportes, limita el acceso a derechos básicos como jubilación, salud y licencias, y refuerza la vulnerabilidad estructural de los trabajadores.
En este contexto, el desafío para la política económica es doble: reactivar la creación de empleo formal de calidad y, en paralelo, contener el avance de la pobreza laboral en sectores informales, que se consolidan como el núcleo más frágil del tejido productivo.
