La mirada de la semana: Y un día Macri volvió a sonreír con ganas, a ser feliz

 

¿Mauricio Macri disfruta del poder o lo padece? A punto de cumplir 15 meses en el ejercicio de la Presidencia, son innumerables las imágenes captadas por las lentes de los fotógrafos donde se lo puede ver al ex presidente de Boca cansado, agobiado o simplemente aburrido. A veces parece que las sesiones largas de política, las reuniones con los gobernadores, dirigentes sindicales le resultan tediosas.

Un periodista misionero que lo entrevistó hace poco comentaba cómo es el Presidente en el trato: “Parece que no te escucha, que está ausente, no te estrecha la mano con fuerza”. Otro colega de Misiones que también compartió charlas, comentaba. “Mira todo el tiempo el celular, está en otra, como desinteresado en lo que decís”, sobre un diálogo con MM, previo a su triunfo en las presidenciales de 2015.

Sin embargo, cuando a Macri hay algo que le gusta, se nota rápido. Y sin dudas, el fastuoso recibimiento que tuvo en España con la visita de Estado pareció tocar cada fibra del Presidente. Desde el Rey Felipe y su bella, inteligente (fue periodista de Bloomberg) y graciosa esposa Letizia. O el primer ministro Mariano Rajoy (del PP, claro está). O bien la charla con el intelectual Mario Vargas Llosa. Sin dudas, toda gente de las derechas, como calificarían en España. “O gente del palo”, diría alguien de estas latitudes.

Acá dejamos una serie de fotografías donde el lente captó a un Macri feliz, por momentos exultante. El cambio con el tedioso día a día de la Argentina es notable. Solo basta con mirar el semblante, el brillo en la mirada, la sonrisa franca.

Una cosa más, antes de terminar. Es fácil caerle a Macri y decir a partir de evidencias como esta que nuestro presidente es un tipo de las minorías, de la derecha, de la elite, y que no le gusta estar con el pueblo o que detesta la política tradicional. Pero ojo, Macri no necesitaba llegar a Presidente para codearse con esta gente. No necesitaba meterse en problemas y agarrar una “hierro caliente” como el sillón de Rivadavia.

Una extraña fuerza interior -de la que todavía no se habló, escribió o analizó con la profundidad que merece-, llevó a este egresado del Newman, niño nacido en cuna de oro, a inventar un partido y derrotar al peronismo. Nada menos que a un peronismo que venía gobernando de manera hegemónica en los últimos 12 años (ni el propio Perón había llegado a tanto). A Kirchner le fascinaba la rosca, la manija, detentar el poder. A Cristina los discursos, el boato, la grandielocuencia. Con ellos era más fácil contestar a la pregunta:

¿Qué tendrá en la cabeza nuestro Presidente?

 

 

Por Martín Boerr

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