La pelota no se mancha y ahora es de ellas

Milagros recuperó la pelota unos metros más adelante del círculo central. Avanza hacia el vértice derecho del área contraria y, ante la inminente marca de sus adversarias, desprende un pase a su izquierda donde Antonela recibe el esférico con leve dificultad. Intenta hacer un pie a pie entre las dos chicas de verde y rojo que se le enciman, pero una leve patada en la rodilla corta, de momento, el peligro.

Suena el silbato del árbitro, es falta, y el juez concede un tiro libre peligroso. Va el centro al área, la pelota se desvía en una cabeza y entra al arco. Es gol.

Las tribunas explotan en festejos y las jugadoras se abrazan entre ellas, abrazan a las que esperan en el banco y Fabiana, la autora del tanto y capitana del equipo, se abraza con el entrenador. Ese entrenador que confió en ella para ponerla de titular, ese entrenador que le adelantó que una le iba a quedar, ese entrenador que sabe que ellas se merecen la ovación, el cariño y el apoyo que reciben esa templada noche en Villa Sarita.

Ellas festejan, porque ese gol es mucho más que empujar una pelota adentro del arco contrario. Es el producto del trabajo de la semana, es el resultado de muchas luchas previas que hicieron posible que esa noche pueda defender los colores de su club, de que participen de un torneo oficial y de que la hinchada aplauda a las jugadoras que ganaron 4 a 0.

El fútbol femenino crece día a día, cada vez más chicas se reúnen a jugar entre amigas, los “fútbol mixtos” son moneda corriente en las canchas de fútbol 5 y los clubes generan espacios para ellas. De a poco, los estereotipos relacionados a la disciplina, empiezan a quedar obsoletos.

La profesionalización del deporte a nivel nacional y el protagonismo que toman los movimientos feministas aportaron para cimentar las bases del presente y el futuro deportivo de las chicas que demuestran que el talento y las ganas abundan de igual manera. Queda mucho por hacer, sí, pero los logros conquistados no son pocos y entusiasma.

Mayor protagonismo

Hace no mucho tiempo atrás, culturalmente el fútbol era un deporte exclusivo para hombres. Aunque había torneos de carácter amateur e inter barriales, eran pocos y  un número pequeño de personas las seguía, los clubes no contaban con recursos, ni infraestructura destinada hacia ellas, por lo que el apoyo era mínimo.

Fabiana Gall es la capitana del equipo de Primera del club Guaraní Antonio Franco. Sus inicios en el fútbol se remontan a su adolescencia, cuando jugaba en el barrio Santiago ligas menores y donde la realidad era muy distinta a la actual.

“Iba a la cancha con las mismas zapatillas que tenía para ir a la escuela, no había recursos para nada”, recuerda. Una realidad muy diferente a la actual, donde cuentan con un cuerpo técnico que las acompaña en los entrenamientos, además de la indumentaria y los insumos.

“Hace dos años estoy en el club y por lesiones y pandemia aún no pude competir, sueño con entrar a la cancha y ver la gente en las tribunas alentando”, manifestó después del entrenamiento. Su constancia y esfuerzo tuvo su recompensa, ya que tres días después no sólo pudo cumplir ese sueño, además fue la autora de uno de los goles que le dio el triunfo a su equipo.

Además del primer equipo, el club de Villa Sarita cuenta con dos categorías más: reserva y mamis. En la reserva se entrenan las chicas que se preparan para llegar a Primera y en mamis van aquellas que no tuvieron la oportunidad de entrenar con anterioridad y ahora se les brinda la posibilidad de participar, de ser parte de un equipo.

Antonela Cancelarich también es jugadora del primer equipo, pero también es la entrenadora de estas categorías que abrieron sus puertas hace poco. “Fue una apuesta para promover más el fútbol femenino desde el club, al principio no sabíamos cómo funcionaría, aunque yo le tenía mucha fe”, aseguró.

Con una amplia carrera futbolística, que incluyen clubes de Corrientes, Córdoba, hasta una prueba exitosa en el Club Atlético River Plate, Antonela es la responsable de que tantas mujeres, tanto jóvenes, como adultas mayores se entrenen bajo los colores de Guaraní.

“Es un espacio lindo, de contención, donde todas participan, me apoyan y acompañan las ideas que les traigo para que el grupo crezca, no sólo en número, sino también en calidad de jugadoras y de personas”, remarca Antonela.

Cristina Lissa del Pra forma parte del grupo de mamis. A ella siempre le gustó el fútbol y apenas se enteró de que el club abría el espacio no dudó en sumarse. “A mis hijos también les gusta el fútbol y es algo que ahora compartimos todos juntos, por suerte me apoyan mucho”, agradece.

Por su parte, Valeria Cordobés también aprovechó la convocatoria de Guaraní para entrenar en el deporte que tanto le gustaba compartir con su padre y sus hermanos. “Desde chica me sentaba a ver los partidos con ellos, aunque mi papá esperaba que alguno de los varones le salga futbolistas, yo fui la que le cumplió el sueño de jugar en un club, siendo una chica”, se ríe.

Antonela sabe lo que es remar en ese pantano que significa conquistar derechos para ellas en el mundillo del fútbol. “Procuramos de que cada una tenga su camiseta, su short, de que no nos falten pelotas, ni elementos para entrenar; el club apoya y nos provee de varias cosas, aunque otras debemos trabajar para que ellas tengan”, indica Antonela.

“Esto es una punta, es el comienzo de algo que sin dudas seguirá creciendo y así como ahora las chicas tienen cosas que nosotras, las que venimos de antes no tuvimos, las próximas tendrán aún más apoyo”, asegura convencida.

Es que ya se terminaron los días donde la pelota era para el nene y la muñeca para la nena. Ahora el fútbol también es su territorio, ahora ellas marcan la cancha y demuestran, con un buen nivel, que son merecedoras de las ovaciones de todas las tribunas.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password