Las internas de la Unidad Penal V de Mujeres festejaron la llegada de la primavera

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En una soleada tarde de la primera semana de octubre, se realizó en la Unidad Penal V para mujeres, del Servicio Penitenciario Provincial, la Fiesta de la Primavera, con la elección de la Reina de la Primavera y un agasajo con presentes, comida y música en vivo. El evento estuvo organizado por la dirección del correccional, en conjunto con la agrupación Misioneritas, Cáritas Diocesana y varios aportantes particulares, que colaboraron para que se realicen los festejos de la mejor manera posible.

Esta actividad se enmarca en un comprometido trabajo de acción social que llevan adelante las diferentes organizaciones mencionadas, donde se busca la reinserción social de las internas que se encuentran en contexto de encierro, por diferentes motivos. Talleres de oficio, acompañamiento espiritual, moral e incentivo para que terminen sus estudios, son algunas de las tareas que llevan a cabo dentro del correccional, siendo la peluquería el lugar predilecto de las mujeres que allí se encuentran.

La Fiesta de la Primavera es uno de los eventos más esperados por ellas, quienes aprovechan lo aprendido en el taller para producirse, prepararse con algún peinado y con maquillaje. El galardón es simbólico, lo realmente importante es el compartir lo aprendido y una tarde de celebración, de unión y de seguir, a pesar de las dificultades.

La presidente de la Agrupación Misioneritas, Alejandra Frizzón, es la impulsora de esta actividad y de varias otras que se llevan adelante, gracias al beneplácito y acompañamiento de la directora de la UP V, Gisela Merlach.  “Es una actividad muy importante para ellas, donde se sienten contenidas y acompañadas, algo fundamental para su reinserción en la sociedad”, señaló días atrás a Economis, Merlach, previo a la celebración.

Para el evento, las internas pusieron en práctica sus conocimientos adquiridos durante el taller de peluquería y se prepararon entre las 20 participantes al certamen del festejo, donde fue coronada como Reina de la Primavera, Oriana B., quien destacó la importancia de este espacio para ellas. “El lugar que más me gusta acá es la peluquería, porque salimos un poco de acá y aprendemos muchas cosas de ahí y es muy lindo”, señaló.

“A mí me ayuda mucho, porque yo salgo de acá. Me voy a la peluquería y es como que no estoy en este lugar, salgo”, agregó Oriana, quien agradeció el acompañamiento del padre Alberto Barros, de Cáritas Diocesal, y de la dirección del penal. “Me gustaría ser peluquera afuera, me gustaría tener mi peluquería, como mis padres que son peluqueros”, remarcó.

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En esa misma línea, Patricia B. ratificó las palabras de Oriana sobre la importancia de aprender algún oficio, que les sirva el día de mañana, cuando les toque salir y volver a la sociedad. “Es salir un poco del encierro en el que estamos, nos despejamos, aprendemos cosas, es lindo, porque nos ayuda también a superarnos como personas, a creer que no todo está perdido porque estamos en este lugar”, confirma.

“Nosotras acá estamos privadas de caminar por la calle, pero tenemos muchas oportunidades, gracias a la colaboración de la gente de afuera, al personal del servicio, a la directora, al director general, que nos dan la oportunidad y abren las puertas a las personas para que nos puedan ayudar a adquirir conocimientos para que podamos superarnos como personas”, reflexionó Patricia quien aseguró que desea terminar sus estudios secundarios para continuar una formación universitaria. “Tengo varios talleres y superarme como persona, poder tratar de remediar lo que hice o superarme como persona, tratar de terminar mis estudios, tal vez una facultad”.

El acompañamiento de las autoridades resulta fundamental para que las mujeres que se encuentran encerradas en el Penal, puedan tener nuevas oportunidades, sentirse lo mejor posible durante el encierro y mantenerse fuertes, tanto en lo físico, como en lo anímico y espiritual. La directora Merlach destacó la actividad a la que categorizó como un trabajo de inclusión que les permite compartir una tarde agradable entre todos.

“Más allá de que tenga medidas de seguridad, porque es una cárcel, estamos dando cosas, cuestiones que pueden tener afuera, por ejemplo el acceso a una peluquería, a que puedan maquillarse, algo que antes no podían, arreglarse el cabello, distintos talleres que efectuamos con ellas, así que eso es importante para lograr la reinserción de ellas”, expresó a Economis.

Por ello, considera fundamental el aporte externo de la comunidad que siempre acompañan con actividades, talleres y en el día a día. “Venimos trabajando mucho sobre contención, sobre humanización, creamos espacios acordes para ellas, estamos tratando de darles un ambiente más de hogar que de una cárcel”, manifestó.

Esa predisposición y premisa que profesa Merlach es valorada también por uno de los principales colaboradores del penal, el padre Alberto Barros, quien recibió una cálida bienvenida por gran parte de las internas y personal del Servicio Penitenciario, debido a su acompañamiento y guía.

“Es bueno valorar la actitud de la directora del penal, Gisela Merlach y todo el equipo de conducción que, desde hace unos años, han abierto canales muy interesantes, para lograr que personas que están privadas de su libertad, en situación de encierro, puedan, en este tiempo, poder sacar provecho y crecer, madurar, hacer un camino de reinserción válido para el día que se reincorporen a la vida normal de la familia”, indicó.

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El padre Barros, a través de Cáritas, gestiona diferentes talleres para las internas, como así también provee de insumos para que realicen diferentes trabajos que luego los vende en la parroquia Sagrada Familia, de Posadas. “Eso también lo va generando el aprender un nuevo oficio, el poder vender y lo que implica que se reconozca su trabajo, todo eso las dignifica”, advirtió.

Sin embargo, en el día a día, el rol de acompañamiento, apoyo y consejería cumple un rol igual o más importantes para estas mujeres. “Muchas de ellas quieren hablar, y dialogar sus alegrías, sus tristezas, sus esperanzas, sus problemáticas judiciales y como eso les va impactando en su ánimo, su relación con la familia, hay un montón de temáticas humanas y espirituales que también las vamos acompañando, en mi caso, sobre todo, como sacerdote”.

Además de fortalecer la confianza de las presidiarias, el trabajo también se lleva puertas afuera, a una sociedad a la que todavía le cuesta aceptar la reinserción de las personas que estuvieron en prisión o tan sólo detenidas. “Todas las actividades que hacemos acá, la publicamos en las redes institucionales de Cáritas, , lo hacemos con la idea de ir cambiando también la mirada social que tenemos sobre las personas que están en un Penal. Una persona pudo haber hecho lo que pudo haber hecho, una persona puede quedar privada de su libertad, pero nunca puede ser privada de su dignidad”.

Como explicó el sacerdote, toda persona tiene una dignidad inviolable y que no puede, ni debe ser avasallada por nadie, por lo que cada persona que haya cometido un delito y esté purgando su condena, tiene derecho a reiniciar su vida de una manera mejor, el día que salga.

“Como sociedad tenemos que aprender a valorar la situación de una persona en un penal, como un espacio que implica un camino hacia una reinserción, acompañar, sacarnos los prejuicios, sacarnos un montón de preconceptos que tenemos en ese sentido y ayudar a una persona que sale de una prisión, porque no es nada fácil y porque se encuentra con un montón de obstáculos, dificultades, puertas que se cierran”, concluyó Barros.

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