¿Libertad o Livertá?

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¿Es acaso la lucha y el conflicto una irremediable cualidad humana? ¿Es que no tenemos nada mejor que hacer? ¿Por qué no basta con pintar adioses a las guerras? Por milenios, el hombre ha explotado al hombre, creando divisiones sociales que, con el tiempo, indefectiblemente tienden a conflictuarse entre sí. Al evolucionar dicha contienda, los explotados se inclinan por organizarse en función de un propósito común, en busca de la igualdad y la supresión de dichas clasificaciones sociales. 

Muchas de estas luchas se han ganado un nombre y un lugar en la historia, mientras que otras, son convenientemente silenciadas. Quizás hayas oído hablar de “Los Mártires De Chicago”, por los cuales conmemoramos el día del trabajador un primero de mayo, pero estoy seguro de que ignorabas los no menos de mil quinientos peones acribillados por reclamar un breve descanso los sábados, velas, raciones de alimento y un sueldo mensual de 100 pesos, aquí, en Argentina.

Me urge comunicar aquello que forma parte de mi historia y la de muchos, por el simple hecho de que no hay individuo más indefenso que aquel que desconoce su historia, pero soy muy consciente a la vez de lo difícil que es lograr repercusión para “concientizar” en el siglo XXI. Hoy, la historia es contada como un oportuno collage de desinformación, constituido en función del propósito supranacional de alguna gran firma financiera de gestión de activos como BlackRock.

Antes, saber demasiado conllevaba a la quema de bibliotecas, la desaparición o la represión. Hoy, el aparato represor, convence a las masas sin disparar un solo cartucho, e implanta una idea suprimiendo la repercusión virtual de los que se opongan. La historia se entibia, creando una generación de individuos sin raíz, desconocedores de aquello que forma parte de su propia naturaleza humana, suprimiendo las intenciones que contraríen la presión social. Nadie se arriesga por sus ideas, por el miedo de lo desconocido, siendo, casualmente, los individuos libres y arriesgados quienes significan mas problemas para el status quo de desigualdad y neo fascismo. 

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¿Pero es acaso el conflicto el único camino para predicar la igualdad? ¿Qué implica ser revolucionario o libertario hoy? Ciertamente, la experiencia de aquellos que fueron fusilados en pos de derrotar las injusticias de la explotación, nos enseñaron, una vez más, que el conflicto no transforma la esencia de la sociedad, porque el problema cala más hondo que eso. Hoy, el entorno pareciera ser mucho más hostil, pero, al mismo tiempo, nunca ha estado tan débil. Hoy, no hace falta inmolarse para destruir nada ni a nadie, porque hoy basta con apagar el celular. Creemos que para destacar de entre tanto ruido debemos de gritar más fuerte, cuando lo que necesitamos es salir del ruido, apostar a lo real, más allá del conflicto constante entre bandos y entre individuos. 

Real es el cambio climático y el pico del petróleo, que provocan la inevitable caída de la sociedad que hoy conocemos, el problema no es como evitar que esto ocurra, porque sencillamente es inevitable, sino prepararnos para que dicho colapso no termine por destruirnos a nosotros también. Tendemos a creer que “somos la sociedad”, y que, por ende, si ésta se destruyese, nosotros nos destruiríamos a la vez. Nos corresponde en esta etapa, plantearnos que es “revolucionario” hoy, después de tantas y tan diversas experiencias alrededor del mundo, porque la coyuntura que nos toca afrontar requiere de un cambio a favor de la humanidad misma, de nuestras necesidades más elementales, como lo es la paz, la felicidad y la satisfacción.

Por una cuestión de sensatez, nos toca resolver, de manera creativa y audaz, aquello que nos agobia al día de hoy, que no es más que la saturación de los canales mediante los que nos comunicamos. Creemos que aportamos, cuando, en realidad, no hacemos más que sumar al caos y profundizar la hiperindividualización, dándonos pauta de que la solución no va por ahí. Hoy es revolucionario entablar un vínculo de respeto con el vecino, el prójimo, sin conflicto y sin interés. Es revolucionario dejar de chocar con aquello que (obviamente) está mal, porque es tan peligroso este demonio, que convierte nuestros esfuerzos por detenerlo en un aperitivo para volverse más fuerte.

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“A los caídos por la Livertá…”, es la frase que leí en la cruz que se hallaba en la tumba masiva de la estancia San José, Santa Cruz. Livertá, así, con v corta y acento, sin d. Escrita por un peón libertario, aquellos que creían que alguna vez iban a tocar el cielo con las manos para conseguir la igualdad en libertad”, Osvaldo Bayer.

Creo que, estos mártires no hubiesen deseado otra cosa, sino que no volvamos a cometer el mismo error que ellos, enfrentar al sistema chocando contra él. Hoy, no hay victimario contra el que atentar, sino que somos nosotros mismos quienes nos exigimos ajustarnos a una sociedad que nos trata mal. Nuestro desafío es como estar en comunión con nosotros mismos, para poder entonces plasmar un cambio verdadero en la sociedad. Porque todo aquello que construyamos no es más que un fruto de lo que, en esencia, tenemos dentro de nosotros mismos.

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