Los nuevos endeudados: repartidores piden préstamos a las apps y ya deben 1 millón de pesos en promedio
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La expansión de la economía de plataformas en Argentina abrió un nuevo capítulo en el mercado del crédito. Además de conectar repartidores con consumidores, algunas aplicaciones comenzaron a desempeñar un rol cada vez más relevante como proveedoras de financiamiento para sus propios trabajadores, un segmento que, en gran medida, permanece excluido del sistema bancario tradicional.
El fenómeno fue analizado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) en su último informe sobre Proveedores No Bancarios de Crédito, donde identifica un crecimiento acelerado de los préstamos otorgados a repartidores de aplicaciones de delivery. La característica distintiva de este modelo es que las empresas utilizan la información generada por la propia actividad laboral de los cadetes para evaluar el riesgo crediticio, reemplazando el historial financiero que normalmente exigen los bancos.
Según los datos oficiales, la cantidad de deudores vinculados a plataformas digitales aumentó 122% interanual, luego de haber registrado un crecimiento del 177% en el período anterior. La tendencia confirma la consolidación de un mercado de financiamiento alternativo destinado a trabajadores independientes que encuentran escasas posibilidades de acceder al crédito formal.
El informe del BCRA señala que la deuda promedio por repartidor asciende a unos $900.000. Los trabajadores independientes representan el 54% de quienes toman estos préstamos y concentran más del 62% del saldo total financiado. Además, siete de cada diez deudores tienen menos de 40 años y dependen exclusivamente de esta actividad como fuente de ingresos.
El algoritmo reemplaza al historial crediticio
A diferencia del sistema financiero tradicional, las plataformas evalúan variables vinculadas al desempeño diario de los repartidores. Entre los principales indicadores considerados figuran la antigüedad en la aplicación, el nivel de aceptación de pedidos, la continuidad en la actividad y las calificaciones otorgadas por los usuarios.
Las empresas sostienen que estos créditos buscan facilitar la compra o reparación de motocicletas y bicicletas, herramientas indispensables para desarrollar la actividad, y ampliar el acceso al financiamiento para trabajadores que habitualmente quedan fuera del circuito bancario.
Sin embargo, desde el Sindicato de Trabajadores de Reparto por Aplicación (Sitrarepa) cuestionan las condiciones de estos préstamos. Según denuncian, las tasas de interés pueden alcanzar niveles extremadamente elevados y el acceso al financiamiento suele concentrarse en repartidores con una elevada carga laboral, que realizan jornadas de entre diez y doce horas diarias.
Cobro automático y baja morosidad
Uno de los aspectos que explica la expansión de este negocio es el bajo nivel de incobrabilidad. De acuerdo con datos de la Central de Deudores del BCRA procesados por la consultora EcoGo, la mora en empresas como PedidosYa ronda el 11,7%, un nivel incluso inferior al observado en parte del sistema financiero tradicional.
La razón es sencilla: las cuotas se descuentan automáticamente de los ingresos que genera cada repartidor por los pedidos realizados. Antes de que el dinero llegue a la billetera virtual del trabajador, la plataforma retiene el importe correspondiente a la cuota del préstamo, reduciendo significativamente el riesgo de incumplimiento.
Distintas estrategias entre las plataformas
El ecosistema presenta modelos diferentes según cada empresa.
PedidosYa confirmó que ofrece líneas de crédito para repartidores, con plazos de hasta seis meses y un límite que no puede superar el 30% de los ingresos mensuales del trabajador.
En cambio, Uber y Cabify aseguraron que no cuentan con programas propios de financiamiento para sus conductores.
Rappi, por su parte, no respondió oficialmente sobre su esquema de préstamos. No obstante, el desarrollo de soluciones financieras avanza mediante alianzas con entidades bancarias. En ese marco, Banco Galicia anunció un acuerdo con la plataforma colombiana para ofrecer servicios de pagos, financiamiento y bancarización tanto a repartidores como a comercios asociados, ampliando el alcance financiero del ecosistema digital.
El crecimiento de estos esquemas refleja cómo las plataformas ya no solo organizan el trabajo, sino que también comienzan a ocupar un espacio que históricamente pertenecía al sistema financiero. Para miles de trabajadores informales o independientes, el algoritmo dejó de ser únicamente el que asigna pedidos: ahora también define quién puede acceder a un crédito y bajo qué condiciones.
