Manual casero para la militancia

No soy joven, no soy obrero, no vivo en barrios populares, no sufro hambre, tengo vivienda propia, estoy jubilado y quiero militar por la vigencia de proyectos nacionales y populares.

Tuve militancia política orgánica hace muchos años; ahora no. No vengo del peronismo, pero ya son muchos en la actualidad que me dicen o creen que soy o me volví peronista. Pero no, me sigo pensando o creyendo de izquierda nacional.

Sufrí y sufro, como la mayor parte de las y los argentinos, la pandemia macrista a la que, para preservar cierto buen gusto y el estado de ánimo, evitaré referirme en detalle en esta breve nota. Claro que lo mío, en comparación con una enorme cantidad de extremadamente sufridos compatriotas, se trata de un padecimiento no vital en relación a las condiciones materiales de subsistencia.

Soy un argentino que aún aspira a ser reconocido y sobre todo auto reconocido entre los que en épocas pretéritas se describía como alguien “bien nacido”, para referirse al amor por lo nacional y a la indignación contra todo aquello (y aquellos) que signifique pensar y accionar en contra de las mayorías, en contra de los históricamente subordinados, en contra de la igualdad de derechos, en suma en contra de la justicia social.

Tengo muchos amigos y conocidos, peronistas y de otras viejas procedencias, militantes o no, de pensamientos y de condiciones de vida similares a mí, que se mostraron descorazonados, desalentados y no concurrieron a votar en las recientes elecciones. No tengo dudas de su adscripción al campo de lo nacional y popular, pero expresaban y argumentaban el por qué de su apatía y reticencia en variadas razones: que la elección que valía sería la de noviembre; que no había varias opciones entre los distintos espacios del Frente de Todos; que existía sectarismo en algunos y ello derivaba en insoportables imposiciones excluyentes, etc. Todo ello con fundamentaciones y en muchos casos con referencias empíricas incontrastables.

Desazón y rabias varias hicieron olvidar una premisa central de la política, cual es la necesidad de identificar siempre al adversario principal. Y es que del otro lado seguía estando y está el macrismo y sus variados aliados, sustentados por países y organismos extranjeros y por muy poderosos sectores locales que defienden sus intereses, apelando a cualquier tipo de acciones, en perjuicio del interés del conjunto de la comunidad argentina.

Y ante los resultados tan adversos de la reciente elección surge el interrogante acerca de qué podríamos hacer para que la debacle electoral en noviembre no se mantenga o aún se incremente.

Es sabido que en la actualidad la búsqueda de adhesiones políticas, y de votos en concreto, por parte de las llamadas “derechas” a nivel mundial transita por nuevos y sofisticados mecanismos de captación de datos y perfiles de los votantes, construcción de mensajes en base a esos perfiles, segmentaciones etarias, difusión canallesca de mentiras que se convierten en “verdades” irrebatibles, apelación a las peores formas de fortalecimiento de todo lo ajeno a la racionalidad.

Las próximas elecciones son muy importantes para defendernos de esas corrientes y para robustecer y profundizar el proyecto nacional y popular. No entenderlo así, contribuirá objetivamente a la revitalización de todo el arco de las “derechas” locales varias, desde las “palomas” que anhelan la presidencia de la nación para el 2023, hasta las expresiones más extremas de los “halcones” y las emergencias bolsonaristas de los falsos “libertarios” con reminiscencias hitlerianas. Todos ellos son los poderosos enemigos de los sectores populares.

De ahí que preservar con total convicción el criterio de la unidad y defensa de la legitimidad presidencial, más allá de todos los matices existentes, de debilidades, de personalismos, en el contexto de tremendas adversidades internacionales y nacionales, debe constituir la opción estratégica central y requiere de nuestro irrestricto apoyo.

Hay que sumar, aunque sea de uno en uno, las voluntades y los votos para la próxima elección. Como decía nuestro Martín Fierro: “hasta el pelo más delgado, hace su sombra en el suelo”.

Recuerdo que en vísperas de las elecciones de septiembre de 1973, el candidato Juan Domingo Perón recibió al líder de la izquierda nacional en Argentina, quien había ido a ofrecerle su apoyo para la postulación presidencial. El viejo general, en la perspectiva de sumar, aceptó la adhesión y entre bromas recordó un refrán popular español: “maíz por maíz el loro se comió el maizal”. ¡Caray, que no era ningún gil Perón, para hacer política!

Yo, obviamente, estoy a “años luz” de Perón. Pero, por lo menos, no quisiera ser un anciano totalmente gil. Y entonces ¿qué puedo hacer para contribuir, aunque mínimamente, como simple ciudadano desde una militancia no orgánica? Primero, identificar lo crucial de la elección de noviembre. Segundo, fortalecer la confianza personal y de nuestros allegados en que se pueden mejorar los malos resultados recientes, para buscar revertir las condiciones que mantienen en situaciones de extrema necesidad a gran parte del pueblo.

Y tercero, lo principal, hablar con todos nuestros amigos y conocidos, que mostraron renuencia y hasta malestar, para que comprendan la importancia de concurrir a votar, de no votar en blanco, de no impugnar y fundamentalmente de votar sin duda alguna -a pesar de que no coincidamos en todo- al FRENTE DE TODOS.

Si perdemos, a manos del macrismo que será muchísimo peor esta vez, no pierde el peronismo, ni el albertismo, ni el kirchnerismo, ni ningún otro ismo: PERDERÁ LA PATRIA.

Norberto Alayón482 Posts

Trabajador Social. Profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

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