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Nouriel Roubini: “La situación es mucho más grave que 2008”

El economista que pronosticó la crisis de 2008 enumeró los riesgos a los que nos enfrentaremos en 2023 y más allá, y afirma: Queda esperanza, si despertamos ya.

En una entrevista con ‘Le Monde’, Nouriel Roubini, el economista estadounidense conocido por su pesimismo con el que se ganó el apodo de Doctor Catástrofe, y que pronosticó el estallido de la burbuja en 2008 cuando todos hablaban de aterrizaje suave, publicó un nuevo libro titulado ‘Mégamenaces’, donde identifica los riesgos a los que se enfrentarán nuestras economías en 2023 y más allá. Empezando por el de una crisis financiera.

“La situación no es la misma que en 2008. Es peor”, sentencia.

En diálogo con ‘Le Monde’, afirmó:

“Nos enfrentamos a una serie de riesgos con diferentes horizontes temporales. En el corto plazo, están los relacionados con la guerra de Ucrania, por supuesto, con la inflación y con el espectro de una crisis financiera que podría ocurrir en los próximos meses o en los próximos dos o tres años. A ello se suman las ‘megaamenazas’ susceptibles de materializarse con mayor o menor gravedad a largo plazo, y que no afectan únicamente a la economía.

Comenzando por el cambio climático que, si no se controla, podría conducir a la destrucción del planeta, las tensiones geopolíticas que podrían degenerar en una guerra nuclear entre las grandes potencias y la inestabilidad sociopolítica: en todas partes estamos presenciando un retorno de la batuta contra las democracias liberales”.

Ante la consulta de hasta dónde podía llegar la recesión, Nouriel Roubini contestó: “el consenso general está equivocado desde hace año y medio. Estos últimos han afirmado durante mucho tiempo que las presiones inflacionarias que estamos viendo son temporales. Sin embargo, éste no es el caso. Entonces dijeron: subiremos las tasas clave y calmaremos la infla ción, con un aterrizaje suave de la economía. Esto también es incorrecto: lo demuestra el Reino Unido, al borde de la estanflación con una inflación muy alta”.

“Creo que el aterrizaje no será suave, sino duro, y estará asociado con el estrés financiero. Elevar las tasas de interés mientras la economía está perdiendo impulso, con un nivel general de deuda mucho más alto que en la década de 1970, podría causar un colapso en los mercados de acciones y bonos, lo que podría profundizar la recesión”.

Nouriel Roubini cree que ahora vivimos como en los alegres años veinte antes de la Gran Depresión y la guerra. Habla del delirante volumen de deuda tras las recetas de los últimos años para salir de las crisis, imprimiendo dinero sin parar, que traerá estanflación como en los setenta y crisis de deuda. Y todo en una situación muy distinta a crisis anteriores: se han quemado los recursos disponibles, el envejecimiento de la población dificultará pagar deu da, la crisis ecológica provocará destrozos, la inteligencia artificial promete dejar sin trabajo hasta a los más creativos…

En otra entrevista con ‘The Objective’, explicó: “Los ratios de deuda ya eran altos antes de la covid y no han dejado de subir. El año pasado alcanzaron el 350% del PIB a nivel mundial. Pero es que tanto durante la Gran Recesión como al comienzo de la pandemia se produjo una deflación como consecuencia de la caída de la demanda, lo que posibilitó la puesta en marcha de estímulos monetarios y fiscales. De modo que, aunque el apalancamiento era alto, su coste se redujo. Hoy, por el contrario, no solo estamos más endeudados, sino que tenemos inflación y los bancos centrales deben subir los tipos en medio de una contracción. Recuerda en parte a la de los años 70, cuando los choques petroleros dispararon los precios y deprimieron la actividad. Y digo que recuerda en parte, porque los ratios de endeudamiento eran entonces muy inferiores. Hubo crisis de la deuda, pero solo en Iberoamérica, en Argentina, en Brasil, en México, donde habían empeñado hasta la camisa y, cuando Paul Volcker (el presidente de la Fed entre 1979 y 1987) elevó las tipos al 20%, debieron suspender pagos. Ahora hay crisis de la deuda también en Occidente, así que nos encontramos con lo peor de los 70 (choque de oferta inflacionario) y lo peor de la Gran Recesión (endeudamiento desbocado). Y a todo esto se suma el desafío de China, Rusia, Irán y Corea del Norte al orden internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial, es decir, lo peor los años 30. La situación es más grave, mucho más grave que 2008”.

“El mundo hoy no se parece al que hubo entre 1945 y 1985, sino al que hubo entre 1914 y 1945, 30 años de pesadilla. Hubo la primera globalización, pero eso no impidió la Gran Guerra, la pandemia de gripe española, el crack del 29, Hitler, la segunda guerra mundial y el Holocausto. Y aunque esos años fueron un infierno, muchas de las amenazas de hoy no existían entonces; ni la inteligencia artificial, ni el cambio climático, ni las cargas para la Seguridad Social de una población que moría antes de la jubilación… y además fueron guerras convencionales. Hoy damos por sentados paz, progreso y prosperidad pero la historia de la humanidad ha sido la contraria: guerras, hambrunas, genocidios, dolor. Y hoy tenemos lo peor de los setenta, mucha más deuda que hace 15 años y una depresión geopolítica que parece como los 20, 30 y 40. Va a ser peor”, insistió.

En otro artículo reciente recordó: “Me crie en Oriente Próximo y Europa, y jamás me inquietó la posibilidad de que el cambio climático destruyera el planeta”. Tampoco que estallara “una guerra entre superpotencias” ni que hordas de fanáticos asaltaran los Parlamentos, como hemos visto en Estados Unidos y Brasil. El término pandemia “ni siquiera lo tenía registrado en mi conciencia”. Los ciclos económicos se habían suavizado y “las recesiones eran breves y poco profundas”.

Cada uno de estos problemas ya supondría un desafío considerable por separado, pero juntos se retroalimentan

“La tensión geopolítica exacerba la desglobalización, lo que reduce el crecimiento y los medios para combatir el cambio climático y la desigualdad, lo que a su vez da alas al populismo y lleva al poder a líderes populistas q ue exacerban la tensión geopolítica, y vuelta a empezar. Si no impedimos este “choque de trenes a cámara lenta” -advierte Nouriel Roubini-, lo menos malo que nos puede pasar será “una repetición de la estanflacionaria década de 1970”. “Mucho más probable es, por desgracia, una regresión al periodo de entreguerras y sus populismos antiliberales, con el aliciente añadido de las perturbaciones del calentamiento global.”

El economista pide que “nos despertemos” para no ir al desastre:

La deuda pública y privada global era el 100% del PBI en los setenta y el año pasado fue del 420% en las economías avanzadas. Habrá un aterrizaje duro. La inflación va a ser más persistente de lo que dicen. Hemos practicado una economía vudú, caminando dormidos, creando instituciones zombis privadas y públicas con ratios de deuda insostenibles. O despertamos o vamos al desastre. No podemos seguir dando al botón de repetición cada vez que suena la ala rma. Los problemas económicos, ecológicos, tecnológicos, sociales y geopolíticos se están retroalimentando. Yo lo llamo megamenazas, otros policrisis

Remarca que hoy “ya tenemos una guerra fría en la que poderes revisionistas como China, Rusia, Pakistán, Irán y Corea del Norte desafían el orden de EE.UU. y sus aliados. Y China tiene disputas territoriales con seis países incluidos India y Japón. Si no ha habido ninguna guerra en Asia ya es por el paraguas de seguridad estadounidense allí”. En cualquier caso, en la guerra fría entre EE.UU. y China la única cuestión es la velocidad “y si habrá guerra caliente en Taiwán”.

“El 7 de octubre se restringió la exportación de semiconductores de gama alta a China, una guerra tecnológica para evitar que desarrolle semiconductores avanzados. Antes de la segunda guerra mundial, EE.UU. prohibió exportar a Japón chatarra y petróleo. Atacaron Pearl Harbour. Y China no se tomará a la ligera este intento de reprimir su desarrollo. El jefe de la Navy cree que puede atacar Taiwán este año”, advierte.

Su único escenario positivo para el futuro es lograr avances tecnológicos como la fusión nuclear, “que permitiría hundir el precio de la energía, desalinizar agua del mar, cultivar más alimentos y, junto con inteligencia artificial, automatización y cuántica, lograr un crecimiento del 5 o 6% anual. Así hay dinero para renta básic a universal, cambio climático… Si podemos comercializar la fusión en diez años hay esperanza. Si es en 20, quizá sea tarde”.

Todo debe empezar con un avance tecnológico. El problema con la tecnología es que genera desempleo permanente. Y sirve para construir mejores armas, llevar a cabo mayores guerras y mantener mayores imperios. Quien controle la inteligencia artificial no sólo controlará los negocios del futuro sino que será el poder dominante en lo militar y lo geopolítico”, resume.

Para lograrlo, entre otras cosas cree que hay que saber manejar el cambio tecnológico y reformar las democracias liberales “para hacerlas más sostenibles e inclusivas, el modelo de China no creo que vaya a funcionar. Como dijo Churchill, la democracia es el peor sistema político, aparte de sus alternativas, así que quizá hay esperanza”, afirma.Ucrania y la transición ecológica

En cuanto a la transición ecológica, según Nouriel Roubini, ” por el momento, Europa va en la dirección opuesta. Por supuesto, el aumento de los precios de la energía está afectando duramente a los hogares. Pero reducir los impuestos sobre los combustibles y otros escudos de precios establecidos para protegerlos es precisamente lo contrario de lo que debe hacerse para limitar las emisiones de CO2. Sería mejor dejar que los precios de los combustibles fósiles aumenten e introducir subsidios focalizados para compensar las pérdidas sufridas por los hogares pobres y las zonas rurales más afectadas”.

El economista afirma que los obstáculos para la transición ecológica son numerosos.

Además, afirmó que abordar el problema “impone altos costos en el corto plazo, mientras que los beneficios solo se medirán en el largo plazo. Sin embargo, los obstáculos son numerosos. Incluso dentro de un país como Estados Unidos, parte de la población sigue siendo escéptica sobre el cambio climático. También hay un conflicto intergeneracional, porque los mayores, que votan hoy, no están preparados para hacer los sacrificios que beneficiarán a las generaciones futuras”.

También sostuvo que coordinar la respuesta entre Estados es una “misión imposible”: “Los países emergentes no ven por qué harían los esfuerzos exigidos por los países industrializados que son ellos mismos responsables de la mayor parte del stock de contaminación. Por no hablar del “greenwashing”, que disfraza la ausencia de decisiones rea les en este ámbito. Sin embargo, la transición verde será costosa e inflacionaria”.¿Estamos condenados a lo peor?

Al respecto, el economista afirmó:

“Vivíamos como zombis que se vuelven a dormir a pesar de que suena el despertador, y que han olvidado que la historia no es lineal. En 1914, Occidente tenía grandes naciones que se beneficiaban de la Revolución Industrial. Pero la globalización del comercio no evitó la Primera Guerra Mundial, la gripe española, la caída de la bolsa de valores de 1929, la Gran Depresión de la década de 1930, el desempleo masivo, el ascenso al poder de fascistas y nazis en Europa, la Segunda Guerra Mundial y luego el Holocausto.

Después de estos desastres, la creación de importantes instituciones internacionales nos permitió reconectarnos con un período de relativa paz y prosperidad. Pero creer que esa era puede durar es un error, especialmente desde que surgieron nuevas megaamenazas desde la década de 1940, como el calentamiento global o el riesgo de una guerra nuclear.

Las principales etapas del duelo son la negación, la ira, la depresión y la aceptación. Si miramos nuestros problemas directamente a la cara, podemos despertar y empezar a movilizarnos. Mi libro es una llamada a la acción. Pero todavía estamos atrapados en algún lugar entre la negación y la ira.”

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