Misiones se prepara para un El Niño de alto impacto: lluvias extremas, crecidas y un plan de contingencia
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Misiones empezó a moverse antes de que el clima golpee. El gobernador Hugo Passalacqua encabezó este miércoles la primera mesa provincial de trabajo para preparar un plan de prevención, mitigación y respuesta ante el eventual impacto del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur, en un escenario técnico que combina señales cada vez más firmes de calentamiento del Pacífico ecuatorial, alta probabilidad de lluvias por encima de lo normal y antecedentes severos para la provincia.
El dato de fondo es climático, pero la lectura es política, productiva y territorial: Misiones busca llegar organizada al segundo semestre, cuando los modelos advierten mayor riesgo de precipitaciones extraordinarias, tormentas eléctricas, ráfagas, granizo, anegamientos urbanos, saturación de suelos y crecidas repentinas en las cuencas de los ríos Uruguay, Iguazú y Paraná.
El Servicio Meteorológico Nacional informó en mayo que el sistema ENOS todavía se mantenía en fase neutral, aunque con calentamiento en sectores del Pacífico ecuatorial, vientos alisios debilitados y cambios compatibles con una transición hacia El Niño. La actualización de NOAA elevó el nivel de alerta: estimó una probabilidad del 82% de desarrollo de El Niño entre mayo y julio de 2026 y una chance del 96% de persistencia durante el verano austral 2026/2027.
Ese cambio de escenario obligó a la provincia a anticiparse. La reunión convocada por Passalacqua reunió a intendentes, organismos provinciales, fuerzas de seguridad, Protección Civil, Alerta Temprana, Ecología, Salud, Vialidad, IPRODHA y áreas técnicas, bajo los lineamientos de la Ley Provincial XVIII N.º 6 y el Plan de Emergencia Provincial. El objetivo fue ordenar recursos, protocolos, información territorial y capacidad operativa antes de que los eventos extremos se vuelvan inmanejables.

“Pueden venir momentos muy duros y que nos encuentren organizados y con capacidad de respuesta rápida es lo más inteligente que podemos hacer”, planteó Passalacqua. La frase resume el criterio central del operativo: no esperar la emergencia, sino construir antes una red de coordinación entre Provincia, municipios y fuerzas vivas.
Los datos duros justifican la alarma. Según los informes técnicos utilizados por la Provincia, el segundo semestre podría traer lluvias superiores a lo normal, con eventos intensos en períodos breves y acumulados mensuales que podrían superar los 300 milímetros. En los meses críticos de septiembre, octubre y noviembre, la media histórica ronda los 200 milímetros, pero las proyecciones mencionadas por Protección Civil advierten que podrían alcanzarse registros superiores a los 600 milímetros.
El riesgo no se limita al volumen de agua. La combinación de suelos saturados, mayor frecuencia de tormentas eléctricas, posibles ráfagas severas y caída de granizo aumenta la vulnerabilidad de caminos rurales, viviendas, escuelas, chacras, puentes, alcantarillas, redes de drenaje y sistemas urbanos de desagüe. También se abre una ventana sanitaria delicada: tras inundaciones y anegamientos, crece el riesgo de enfermedades asociadas al contacto con agua contaminada, como leptospirosis y cuadros gastrointestinales.
La memoria reciente pesa. Entre 2015 y 2024, los eventos vinculados a El Niño dejaron en Misiones pérdidas económicas estimadas en 208 millones de dólares, unas 22.800 personas evacuadas, más de 3.200 viviendas destruidas y más de 30 mil hectáreas de yerba mate afectadas, además de daños en tabaco, té y otras producciones. Ese antecedente convierte al fenómeno en una amenaza directa para la economía real de la provincia.
Mucho más cercano en el tiempo, hace poco más de dos años, el Estado de Rio Grande do Sul (RS), en Brasil, enfrentó intensas lluvias que superaron los registros históricos. Uno de los lugares más famosos del estado, el río Guaíba excedió los cinco metros de altura, causando inundaciones en áreas urbanas y costeras. En septiembre y noviembre de 2023, bajo la influencia del fenómeno El Niño, RS sufrió intensas lluvias que causaron más de 50 muertes y pusieron a prueba los sistemas de drenaje y protección de inundaciones. Pocos meses después, llegaron las precipitaciones que superaron significativamente los registros históricos, acumulando hasta 800 mm en 15 días en algunas regiones de RS, ocho veces más de lo esperado para abril y mayo de 2024. El impacto del evento fue de R$ 88,9 billones (aproximadamente US$15 mil millones), de los que el 46% representa los daños, el 38% las pérdidas y el 15% los costos adicionales.
Ante esos antecedentes, la respuesta de Misiones apunta a tres planos. El primero es preventivo: limpieza de arroyos, bocas de tormenta, drenajes y cauces; revisión de alcantarillas; identificación de zonas inundables; y preparación de refugios o espacios de evacuación. El segundo es operativo: crear una base de datos unificada sobre maquinaria, personal, insumos, recursos sanitarios y logística disponible en cada municipio y organismo. El tercero es productivo: adaptar planes de contingencia agrícola antes del pico de lluvias, especialmente en zonas yerbateras, tabacaleras, tealeras y áreas rurales con caminos de difícil acceso.
El ministro Coordinador de Gabinete, Carlos Sartori, remarcó que la prioridad es que los 79 municipios estén preparados y coordinados. Protección Civil, a su vez, advirtió que los protocolos nacionales son necesarios, pero insuficientes para una provincia con geografía propia, alta capilaridad hídrica y localidades expuestas a crecidas rápidas.
La clave técnica será el monitoreo. Misiones deberá seguir en tiempo real la evolución de las cuencas, el comportamiento de los ríos Uruguay, Iguazú y Paraná, los acumulados de lluvia, la saturación de suelos y los alertas de corto plazo. La diferencia entre un evento severo y una catástrofe puede estar en la anticipación de horas: cerrar pasos, evacuar a tiempo, despejar cauces, mover maquinaria, asistir a escuelas o proteger a productores.
El Niño todavía está en formación, pero el margen de preparación ya empezó a correr. Para Misiones, no se trata solo de mirar el cielo: se trata de ordenar el territorio antes de que el agua lo ponga a prueba.
