Remediar en jaque: alerta sanitaria por el ajuste que pone en riesgo a millones de pacientes
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El anuncio del Gobierno nacional sobre el cierre o reconversión del Plan Remediar encendió una fuerte alarma en todo el sistema sanitario argentino. Provincias, gremios y especialistas advierten que la medida podría dejar sin acceso a medicamentos esenciales a millones de personas que dependen exclusivamente del sistema público de salud, en un contexto ya marcado por la creciente demanda y la restricción de recursos.
Según lo expuesto en el Consejo Federal de Salud (COFESA), el programa habría dejado de operar desde el 1° de abril, con una compra de emergencia destinada a cubrir apenas los meses de mayo y junio. A partir de allí, sería reemplazado por una estrategia mucho más acotada, enfocada en enfermedades cardiovasculares y con provisión de apenas tres fármacos, lo que implica un cambio estructural en una de las políticas sanitarias más relevantes de las últimas dos décadas.
Las críticas no tardaron en llegar. El ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, calificó la decisión como “una de las más graves y difíciles de recuperar”, al advertir que impacta de manera directa en alrededor de 20 millones de personas. Pero más allá del tono político, los cuestionamientos se apoyan en datos concretos: distintos informes ya evidencian una reducción sostenida en la distribución de medicamentos, lo que anticipa un escenario de mayor fragilidad en la atención primaria.
Creado en 2002, el Plan Remediar se consolidó como la columna vertebral del primer nivel de atención en Argentina. Actualmente, distribuye hasta 79 medicamentos esenciales en cerca de 7.800 centros de salud y cubre alrededor del 80% de las consultas. Su alcance incluye tratamientos para enfermedades crónicas y agudas -como diabetes, hipertensión e infecciones-, además de antibióticos, analgésicos y vitaminas, garantizando una respuesta inmediata en los centros de atención barriales.
La eventual reconversión implicaría una reducción drástica de esa cobertura. La red de distribución se achicaría a unos 800 centros y la provisión de medicamentos se limitaría a un número muy reducido de fármacos, lo que en términos operativos supone pasar de una política universal a una intervención focalizada y de alcance limitado.
El impacto de este ajuste no es hipotético. Un informe de la Fundación Soberanía Sanitaria señala que entre 2023 y 2026 la entrega de botiquines cayó un 59% a nivel nacional. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, la distribución de medicamentos se redujo más de un 55%, evidenciando un proceso de retracción que ya venía en marcha. El documento advierte sobre un “riesgo crítico de discontinuidad terapéutica”, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas, lo que podría derivar en complicaciones evitables y un aumento de la demanda hospitalaria.
En paralelo, las provincias comienzan a dimensionar el impacto fiscal de la medida. La eventual retirada de Nación en la provisión de medicamentos obligaría a los sistemas sanitarios provinciales a cubrir esos costos con recursos propios, en un contexto de caída de transferencias y tensión presupuestaria. El efecto es doble: más gasto en salud y mayor presión sobre estructuras que ya operan al límite.
A esto se suma un dato estructural clave: la demanda del sistema público viene en aumento, impulsada por la pérdida de cobertura de obras sociales y prepagas. En ese escenario, la reducción en la provisión de medicamentos no solo afecta a los pacientes, sino que reconfigura el funcionamiento de todo el sistema, desplazando la demanda hacia hospitales de mayor complejidad y tensionando aún más las guardias.
Desde la Federación Sindical Nacional de Trabajadores de la Salud (FESINTRAS) advirtieron que el desfinanciamiento del programa ya genera consecuencias concretas. Su secretario general, Pablo Maciel, sostuvo que miles de pacientes con enfermedades crónicas han dejado de tomar su medicación por no poder costearla, lo que multiplica las internaciones por cuadros que podrían haberse evitado. En ese sentido, fue categórico: “El Remediar no es un gasto, es una inversión en la vida de millones de familias”.
El planteo es compartido por distintos actores del sistema, que coinciden en que el impacto no será inmediato, pero sí progresivo y acumulativo. La interrupción de tratamientos básicos puede derivar en complicaciones de mayor costo sanitario y económico, configurando un escenario en el que el ahorro fiscal de corto plazo se traduce en un mayor gasto a mediano plazo.
En la última reunión del COFESA, las provincias expresaron un rechazo generalizado a la medida y advirtieron sobre sus consecuencias en la sostenibilidad del sistema sanitario. El debate, lejos de cerrarse, abre un nuevo frente de tensión entre Nación y las jurisdicciones, en un momento en que el ajuste fiscal redefine el alcance de las políticas públicas y pone bajo presión a sectores sensibles como la salud.
