Roberto Enríquez: “Se cumplió un ciclo en Guaraní y debe venir otra gente, esto es desgastante”

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En diálogo exclusivo con Economis, Roberto Enríquez afirmó que no quiere seguir al frente de Guaraní A. Franco y no se presentará para renovar su mandato en la próxima Asamblea Extraordinaria del 26 de junio donde se se deberían aprobar la lista o las listas para elegir la nueva Comisión Directiva, incluyendo al nuevo presidente.

El empresario y dirigente de fútbol afirmó que está “cansado, se cumplió un ciclo después de 10 años, es muy desgastante manejar un club, uno le quita mucho tiempo a la familia, a su empresa, y tiene que venir gente nueva”.

Enríquez reconoció que “aún no hay nadie” en vista que asome como futuro titular de Guaraní, pero aseguró que en las próximas semanas “vamos a trabajar para encontrar a las personas” que continúen al frente del club.

En la Asamblea que se celebró ayer en la sede del club no se pudo elegir ninguna lista, porque Enríquez no quiere seguir y no hay reemplazantes a la vista (hace 15 días vencía el plazo para presentarse). Se resolvió anoche llamar a una nueva Asamblea Extraordinaria para el 26 de junio, cuando deberá aparecer el candidato a suceder al empresario (candidato que, en rigor, será virtualmente ungido como nuevo presidente aunque formalmente habrá un acto eleccionario).

A pesar de ser, junto a Crucero, el club más popular de la provincia, ser presidente de Guaraní es exponerse a manejar un club con pocos socios y que perdió a su sponsor principal (el Gobierno de la provincia) y donde más allá de los muchos recortes que se hicieron, los números nunca cierran.

“En la actualidad tenemos 3000 socios, pero los que efectivamente pagan son algo más de 1000. Si tuvieramos 5000 socios que pagan su cuota hoy no tendríamos ningún problema”, dijo Enríquez.

Guaraní bajó el presupuesto de su plantel y de una masa salarial que en 2015 superaba $1,3 millón, en 2017 está en 650.000 pesos. Es decir, un 50% en términos nominales. En términos reales la caída es mucho más porque hay que sumarle la inflación acumulada que superó el 70% esos dos años.

“Hay que sumarle a ese gasto el costo del cuerpo técnico (unos 100.000 pesos) y los viajes, que demandan unos 150.000 pesos y son dos por mes, terminamos con un presupuesto que ronda un millón o 1,2 millon”, dijo el empresario. “Los ingresos que tenemos de la televisión son 200.000 pesos y se habla que en la temporada que viene pueden duplicarse”, señaló.

Consultado sobre el impacto que tuvo el retiro del apoyo económico de la provincia, Enríquez afirmó que “fue decisivo, pero entendemos que estamos en tiempos dificiles. La provincia igual ayudó de otras maneras, con la policía y otras cosas”.

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El último, que apague la luz

Con el retiro de Enriquez, se confirma así el alejamiento de uno de los dos hombres que llevaron al fútbol misionero a los primeros planos después de 25 años de ostracismo. El otro personaje, también empresario y dirigente de fútbol, se bajó hace más de un año. Se trata de Julio Koropeski, quien decidió dar un paso al costado y pedir licencia como titular en Crucero del Norte. También cansado de remar contra la corriente.

“Creo que a Julio le pasó lo mismo, o algo parecido, es muy desgastante manejar un club, hay que pelear todo el tiempo por salir adelante, no es casualidad que Tinelli se haya bajado de San Lorenzo”, señaló Enríquez en diálogo telefónico con Economis, donde sonaba tranquilo, de buen talante, comunicando una decisión que la tiene largamente meditada.

Guaraní A. Franco volvió a la B Nacional en agosto del 2014 después de 25 años penando en las categorías regionales. Su apogeo lo alcanzó en los 80, concretamente en el Nacional 85 cuando le llegó a ganar al Independiente campeón del mundo en Villa Sarita y tocó el cielo con las manos. En 1989 fue su última participación en el fútbol grande, en la B Nacional que acababa de crearse.

El sueño hecho realidad de volver al mapa nacional de Guaraní duró un año y medio, hasta el final del 2015 cuando en la última fecha, con chances de salvarse, perdió la categoría al caer 1 a 0 ante Gimnasia de Jujuy. Del otro lado Crucero del Norte acababa de vivir el sueño de jugar en Primera División y bajaba a la segunda, donde ya no estaba el “archi-rival”.

Se perdió así una oportunidad de que la ciudad tuviera a dos clubes en la segunda categoría y la sana rivalidad potenciara todo, dirigencia, planteles, prensa, hinchas. Indefectiblemente el fútbol misionero, todavía verde, se fue pinchando de a poco.

“Creo que el escenario sería muy distinto si Guaraní se hubiera salvado, y podría haberse salvado, pero el fútbol es así, la pelota da en el palo y no entra y cambia un destino”, dijo Enríquez.

Ni Enríquez ni Koropeski lo dicen abiertamente porque no desean tener más enfrentamientos, pero la suerte del fútbol misionero terminó de sentenciarse cuando la provincia decidió retirar el apoyo económico vital para llegar a los primeros planos.

A Crucero se lo había retirado en 2015, justo cuando más lo necesitaba, peleando en Primera contra 29 equipos con mejor plantel y más recursos. Fue por la polémica decisión de llevarse el partido más relevante, ante River, a Chaco.

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Hubieran sido aproximadamente un millón de pesos al mes vitales, para contratar jugadores, no tener que viajar a todos los partidos en micro y poder tener chances de pelear mejor en un fútbol donde el resto de los clubes terminó hipotecado o endeudado, mientras Crucero se arregló siempre con sus ingresos. Paradojas de la Argentina, donde el que cumple y es responsable termina descendiendo. Incluso, Crucero fue el mayor acreedor de la AFA, cuando la mayoría de los clubes está fundido.

A Guaraní le tocó perder el ireemplazable apoyo estatal en 2016, justo con el cambio de guardia del Gobierno a nivel nacional y una crisis económica que se profundizó y recortó recursos para todo, con el fútbol inlcuido.

Hugo Passalacqua, que como vicegobernador fue a la cancha de Crucero para recomponer relaciones, anunció que si era gobernador el apoyo iba a volver. Pero no pudo cumplir esa promesa con las restricciones que impuso la crisis, no hubo dinero ni para el Coletivero ni para Guaraní.

También hubo una decisión política porque hay para el deporte (el Ministerio de Deportes maneja un presupuesto de 200 millones de pesos anuales) e incluso traer el Turismo Carretera esta semana tiene un costo millonario para las arcas del Estado. El argumento es que se recupera con movimiento en hoteles y restaurantes.

Ese dinero hubiera alcanzado para completar lo que el fútbol misionero aún no puede generar por sí solo, porque no está suficientemente maduro. Acostumbrados a mirar el fútbol grande por TV durante décadas -sin mayores alternativas-, una buena parte de los potenciales hinchas e incluso los medios, juzgaron el andar de los equipos misioneros con los mismos parámetros que se juzga a los equipos grandes que se miran por tevé. Es decir, sólo sirve ganar.

El entusiasmo acompañó mientras los equipos marchaban con paso ganador típico de un equipo en franco ascenso. Pero una vez en la elite, pocos entendieron que los equipos misioneros, allí, eran equipos chicos cuyo gran desafío era mantenerse. Habia que festejar los empates, pero muchos pedían goles, buen juego y protagonismo.

Pero no importa. Cualquiera puede prender la tele, mirar a Messi en acción y tener todo eso en el living de su casa. El sueño de un equipo y toda una provincia atrás quizá deba esperar. Acaso años, o décadas, hasta que vuelvan a aparecer otra vez los Koropeski o los Enriquez.

 

 

 

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