Shaná Tová Umetuká: El día que nacieron Adán y Eva

Rosh Hashaná, cuya traducción al español significa “Cabeza del año”, es uno de los días más importantes en el calendario judío: evoca la creación de Adán y Eva. La comunidad judía festeja la llegada del año 5778, celebración que comienza con la salida de la primera estrella. Es un momento de meditación e introspección para hacer un balance de las acciones realizadas y rectificarse a partir del arrepentimiento, que concluye en 10 días, en el Día del Perdón (Iom Kipur).

“(…) Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (…)”.
Génesis 1: 26 y 27

Según la Torá (el Pentateuco, los 5 libros del inicio del Antiguo Testamento, atribuidos a Moisés, además del libro de Job), el mes de nisán (por marzo-abril) es el 1ro. de los meses. Pero para el judaísmo rabínico, Dios ha establecido el comienzo del año en el mes hebreo de tishrei (por septiembre-octubre), cuando se festeja el Año Nuevo Judío o Rosh Hashaná.

La frase que recuerda la celebración es “Shaná Tová Umetuká”, es decir no sólo un buen año sino que sea dulce (por ese motivo la gastronomía de la ocasión incluye manzana con miel).

El rasgo principal de la fe judía es la creencia en un Dios (Jehová) omnisciente, omnipotente y providente, que creó el universo y eligió al caldeo Abraham y su simiente para crear su pueblo que debía revelar al mundo los beneficios de adorar a ese Dios, y como marca distintiva le concedió la ley contenida en los 10 Mandamientos y las prescripciones rituales de los libros 3ro. (Levítico) y 4to. (Números) de la Torá.

Una de las características del judaísmo consiste en que se considera no solo una religión, sino también como una tradición, una cultura y una nación.

La celebración comienza al anochecer de la víspera. El shofár -sonido de un cuerno, casi siempre de carnero- se toca durante la plegaria matutina, llama a la meditación, al autoanálisis y a retomar el camino de justicia (Teshuvá).

Es el primero de los días del regreso e introspección, de balance de los actos y de las acciones realizadas, de plegaria y arrepentimiento (Aseret Yemei Teshuva) que terminan con el Yom Kippur (Día del Perdón).

De acuerdo a la tradición de los rabinos, es el Día del Juicio porque ese día Dios juzga a los hombres, abriendo 3 libros: uno, con los nombres de los malvados; otro, con los nombres de los buenos; y el otro con los nombres de quienes serán juzgados en Yom Kippur.

Por este motivo otra observancia de Rosh Hashaná consiste en bendecirse el uno al otro con las palabras “Leshaná tová tikatev vetejatem” (“Que seas inscripto y sellado para un buen año”).

El Shofar es un instrumento primitivo, que recuerda al carnero que Abraham sacrificó en lugar de su hijo Isaac, un momento muy especial al que lo sometió Dios, quien no sólo probó la fe de Abraham sino que también, para muchos teólogos, le mostró el dolor de un padre que tendría que sacrificar a su único hijo por los pecados de todos (el Mesías).

Finalmente, Tashlij, una plegaria especial que se dice cerca de un cuerpo de agua (un océano, un río, una laguna, etc), evocando el versículo que dice: “Y Tú arrojarás sus pecados a las profundidades del mar”.

Tal como ocurre con cada una de las principales festividades judías, después de encender las velas y de rezar, se recita kidush (una norma rabínica en la que se recita sobre el vino durante el Shabat y otras festividades judías, en la que se usa una copa de plata que debe tener como mínimo una capacidad de 150 mililitros) y se hace una bendición antes de comer la jalá (2 panes trenzados que forman la base de la comida del Shabat).

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