Alvarenga, del Hotel Julio César: “Si se da calidad, la gente responde”

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Se emociona cuando menciona a su padre, el patriarca, Rubén Félix Alvarenga, quien hace poco dejó a los tres hermanos como herencia uno de los principales hoteles de Posadas con más de 20 años en el mercado.

A los 44 años, Gustavo Alvarenga asegura que heredó la pasión por el trabajo, aunque busca imponerle su propio sello al manejo de la empresa y del personal del emblemático Julio César.

El hotel fue uno de los pioneros en los de alta categoría, fundado en 1994, cuando en Posadas era escaso el servicio hotelero. Pero tiene una larga historia detrás. Los cimientos se pusieron a fines de los 80, pero la idea era poner un sanatorio. Un amigo médico del padre era el asesor técnico del proyecto, pero, ante los elevados costos, se decidió la paralización. Ahí surge el hotel, en medio del furor desatado por el programa Emitur de Ricardo Barrios Arrechea. Demoró varios años la construcción hasta que en agosto de 1991 estuvo a punto. El nombre no es, como puede pensarse, una autoreferencia del padre, sino el homenaje a un hermano fallecido en un accidente doméstico.

Después del golpe para la familia, el gigante se puso en marcha. Sin embargo, los años ya no eran tan buenos. En medio de la crisis de los 90, el hotel cobraba forma.

Gustavo se incorporó en 1994, como uno más del hotel. Empezó de abajo y escaló cada peldaño. Primero como asistente de su padre y desde el año pasado, como cara visible de la empresa, que ahora conduce con sus hermanos.

También mantienen la empresa constructora, a la que revitalizaron después de unos años, con un par de obras privadas y otro tanto públicas. La familia también incursiona en el turismo natural, con Itororó Lodge en Dos de Mayo.

“Mi padre era ingeniero y puso el hotel para no quedarse solo con la constructora, que depende de los vaivenes de la política y de la economía. El avizoraba eso”, cuenta Gustavo en la redacción de Economis.

El Julio César fue, inicialmente, el terreno donde vivía la familia. Y es desde allí, donde se extiende el legado.

Gustavo siente suyo ese mensaje, aunque con una impronta particular. “No heredé eso del patriarca. Pero en  algún momento se deben tomar las decisiones, eso es la verticalidad. Si quiero tomar una decisión en la cocina, voy y hablo con el cocinero, porque es el que más conoce. Lo mismo con recepción, pido ideas. Aunque la última decisión la toma uno. Antes era mi viejo, ahora nos estamos acostumbrando a tomarlas con mi hermano. Ya somos dos, en un cuerpo más colegiado, aunque seamos distintos, nos estamos reconociendo como socios”, explica.

Y agrega. “A veces la mejor reunión del directorio es el asado de los domingos. Uno sin querer lleva el trabajo a la casa”.

Con la constructora pasó lo mismo “Llegamos un momento en que nos achicamos bastante. Nos acomodamos y empezamos a reflotar. La estamos llevando para adelante. Llegamos a un punto en que pensamos cerrar. No había otra, pero la reflotamos”, relata.

Gustavo asume el rol visible de la empresa familiar. Y no se queda solo en la administración. Hace pocos días se presentó el Buró Posadas con el que se pretende potenciar el turismo y él asumirá un rol preponderante desde la presidencia.

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Aunque la exigencia es alta, Alvarenga disfruta de la responsabilidad. “Siempre fui el de las relaciones sociales, la atención al cliente los medios. Aunque en la empresa somos par y par”.

 

“Ya no tengo el colchón de mi viejo. Ahora la responsabilidad sos vos. Mi hermano está más en la constructora y mi hermana también pivoteando”, explica.

¿Cómo es sostener un emblema como el Julio César, con una actividad que ha pasado malos momentos?

 

Son 6.200 metros cuadrados que mantener, con gente dentro. En Posadas vino la competencia privada, que no es mucha. Pero después se metió el Estado a hacer un hotel, a revalorizar otro. Ahí es complicado, porque competís con uno que tiene recursos ilimitados. Fue muy complejo, un golpe muy grande. Sirvió para ponernos las pilas. Pero justo fue en una crisis económica y cuesta. La competencia fue dura, con un hotel nuevo con inversión del Estado. Fue un movimiento, un cimbronazo. Ahora nos estamos acomodando. Con el privado somos par a par. Pasamos lo mismo, cuidamos los precios. No hay guerra de precios. Cuando hay guerra, la calidad baja, aunque sea un beneficio para el cliente. Pero no te permite invertir, amortizar. Comprar sábanas, toallas, es plata.

No se puede amortizar y afecta la calidad….

Sé que nos faltan algunas cosas. Pero hago hincapié en la atención, que es fundamental, en un hotel, un restaurante, en todos lados. A veces discuto con mis pares que cuestionan a Encarnación. Paremos. Veo que en Posadas hay lugares que atienden muy bien.  Que dan cosas de calidad, no es barato y la gente responde. Funcionan muy bien. Lo que pasa es que la atención no es fácil, la sonrisa permanente, dejar los problemas afuera. A mis empleados les digo que elegimos un rubro que es el turismo, que trata con gente y tenés que estar bien. No importa si tenés problemas o estás enfermo. Igual que el gastronómico.

Y falta mucho en eso…

Falta mucho. Pero si no tenés la actitud… hay clientes con vueltitas o exigencias. Tenemos que estar dispuestos, atender, pedir disculpas. Juega un rol muy importante la universidad, con la capacitación, la preparación. Con el sistema de pasantías que tenemos, curriculada, de pocas horas, que sirve para conocer el hotel, enseguida ves la disposición del que le gusta. Por mi experiencia, los pasantes me dieron muy buen resultado y los recontrarecomendados, no me dieron resultados. Es porque se la actitud, la predisposición, saben cómo se mueve el hotel.

¿Cómo está el mercado hoy?

Tiene picos, cuando hay eventos, fechas especiales, Semana Santa, carnaval, las vacaciones de julio. Después, queremos despegar como el país. Hay momentos buenos, más planchados. Juegan mucho los costos y hoy el mercado no te permite subir mucho las tarifas, aunque los costos subieron, la luz, la paritaria. Los costos aumentaron un 30 por ciento y los ingresos, en 15 o 20 por ciento. A eso hay que agregarle los descuentos. La gran mayoría de las tarifas son mentirosas, por los descuentos. Nunca es la que está en el rack.

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Alvarenga además del rol empresario, tiene un compromiso social y político permanente. Aunque no le gusta la idea de ser candidato, sí participa en discusiones políticas.

¿Cómo te surge lo de la política?

Mi familia no es tan política. A mí es el que más me gustó. No se si ser candidato, pero me gusta. Uno está en la realidad, en sus cosas, pero en su trabajo uno no ve toda la realidad. Las cosas no son tan lineales, hay otra realidad que te enseña a abrir la mirada. Codearse con gente de otra visión. En el trabajo, en una mesa sos vos el que toma decisiones. En la política es una mesa redonda. Podes ser el superior en el trabajo, pero en la política sos un par. Podés aportar de lo que sabés.

¿Cómo ves el escenario político actual?

Está difícil, pero los oficialismos van con los caballos ganadores. Cambiemos va a ganar porque la gente todavía tiene esperanzas. No tiene amor, ni está obnubilado, pero tiene esperanza. Más allá de que en las legislativas los votos son más esparcidos. El espacio del medio, coherente, que trate de no poralizar, puede crecer. Sino, el voto irá a Macri.

¿Y la reaparición de Cristina?

No me gusta ser un talibán. Sacando la parte de la corrupción, con la que nadie está de acuerdo, hubo políticas que me gustaron y otras no. Me gustó Aerolíneas, pero no el Fútbol para Todos. YPF sí. Pero una cosa, ni el gobierno de Cristina ni el de ahora, miran a las Pymes. Todos los Gobiernos miran a los grandes. Con Cristina les fue muy bien a los bancos y ahora les va mejor. Pero para las Pymes no hay nada. La reforma tributaria es para los grandes que se mueven solos. Pero las Pymes la estamos remando. La clase media siempre queda sin políticas más allá del consumo. Para las políticas nada, solo impuestos. Y uno quiere trabajar para que te vaya bien.

Alvarenga sostiene que una clave para sostenerse en el tiempo como empresa es saber cuidar al trabajador.

“Hay varias claves. Nosotros tuvimos que vender cosas propias para seguir bancando la empresa. Vendimos tierras para invertir. Así nació Itororó en Dos de Mayo. Pero no agarramos la guita para meternos en la timba financiera. El misionero reinvierte acá. Y eso hay que apoyar”.

“Yo pido créditos blandos para la reinversión. Pero no hubo ni eso. Porque somos gente que con inversión propia sostenemos las empresas. Acá hubo dos familias tuvieron que vender y no creo que les haya gustado. En la mala, invirtió y se la bancó y es difícil sin acompañamiento. No pido un regalo, sino créditos blandos que se paguen. Hay que cuidar a las Pymes. Los trabajadores no son un número. Al buen empleado no se le despide. Peleás por el buen empleado porque somos socios. Uno con más responsabilidad. Pero si el barco se hunde, nos hundimos todos.

 

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2 thoughts on “Alvarenga, del Hotel Julio César: “Si se da calidad, la gente responde”

  1. Muy buena nota , un estilo de las nuevas generaciones de los inversores y comerciantes de posadas : creatividad y ganas de crecer : Gustavo Alvarenga , Diego Barrios , Martin Oria y muchos otros .

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