ABUSO

Los abusos no ocurren solo en televisión

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La denuncia por violación a una menor, compañera de elenco del actor Juan Darthés en una gira por Nicaragua de la recordada serie para chicos “Patito Feo”, no hizo sino otra cosa que visibilizar una práctica repudiable por supuesto, pero muy común, más de lo que quisiera cualquier mujer, de abuso sexual, de acoso, de abuso de poder, que no discrimina profesión, condición social o edad.
La actriz Thelma Fardin se animó a ponerle nombre y apellido a un delito. Pero como ella, miles de mujeres sufren en el anonimato abusos o violaciones a diario en sus trabajos, en sus hogares, en la calle. Son llamadas a oficinas, a habitaciones, a espacios en soledad para “negociar” un trabajo, un aumento de sueldo, una promesa de ascenso, un futuro mejor. O simplemente son sometidas y obligadas a acceder. Ese “mirá como me ponés” se disfraza de seducción para hacer responsable a la víctima. Por muchos años e incluso hasta hoy se escuchó y se escucha decir que “algunos No, de las mujeres en realidad quieren decir sí. Que las mujeres tienen la fantasía de ser abusadas. Que la culpa es de ellas por ponerse polleras cortas y los hombres son hombres”.
La prueba de un caso de abuso o violación es la víctima. Sin embargo cada vez que alguna se anima a denunciar es interpelada. “¿Por qué habla en televisión? Seguramente quiere prensa. ¿Por qué no lo denunció antes? ¿Si le pegaba o la violaba por qué no renunció a su trabajo? ¿Por qué no se fue de la casa? No sé, me hace un poco de ruido”. Ah, y si una mujer o una niña pobre es violada por un familiar, o alguien cercano, “hay que entender el contexto”.
Deslegitimar para no salir de la zona de confort. Nosotros debemos interpelarnos porque todos fuimos criados y formados en una sociedad machista. ¿Por qué es tan difícil creerles a las mujeres? ¿Por qué la mujer tiene que explicar que no le gusta que le peguen, o que la acosen en la calle, o que la abusen? Golpear y maltratar es violencia de género. Matar no es crimen pasional, es femicidio. Acosar o abusar sexualmente no es seducción y violar es un delito.
No tiene que ver con quitarles la posibilidad a los hombres de defenderse ante una denuncia. Es su derecho por el principio de inocencia que rige en la Argentina. Tiene que ver con no culpar a la víctima por el delito.
No es (solo) contra Juan Darthes, es contra una práctica que somete, naturaliza el maltrato, ningunea, ridiculiza para poner en un lugar de inferioridad a la mujer, viola y mata. En Misiones, en Buenos Aires, en este país o en Nicaragua.
 
 

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Actrices argentinas contra los abusos y una grave denuncia por violación a Juan Darthés a una menor en una gira de “Patito feo”

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Hubo un llamado a conferencia de prensa y un primer indicio que mostró que el colectivo de “Actrices Argentinas” iba a denunciar algo grave: el hermetismo. “Te juro que no te puedo contar qué va a pasar”, explicaban sus voceras. Hubo un segundo indicio, que empezó a ponerle cuerpo a los rumores: la abogada Ana Rosenfeld escribió en su cuenta de Twitter que hoy mismo, horas antes de la conferencia de prensa, iba a renunciar a la defensa del actor Juan Darthés.
Todos los indicios tenían sentido: la actriz Thelma Fardín denunció penalmente que Juan Darthés  había abusado de ella cuando tenía 16 años y ambos trabajaban en la tira “Patito Feo”. Lo hizo a través de una entrevista grabada con la periodista especializada en género, Luciana Peker, que se emitió en la conferencia de prensa en pantalla gigante.
De acuerdo a lo que precisó, el acoso y la violación sucedieron en la gira teatral de “Patito Feo” -la novela juvenil e infantil producida por Ideas del Sur- que se emitió entre 2007 y 2008. La gira fue en marzo de 2009 por distintos países de América Latina. Sucedió en Nicaragua.
En ambos casos, si la víctima es menor de edad se agrava la pena en dos terceras partes (8 años más, en caso de violación). En caso de violación a personas de 15 años (o mayores), la pena es de 8 a 12 años de prisión. Esta pena puede aumentar según los agravantes hasta 15 años.  La prescripción corre desde que la víctima cumplió la mayoría de edad. A partir de ahí, tiene 20 años antes de que el delito prescriba: sólo pasaron 8.
De haber ocurrido en Argentina habría que remontarse a la norma vigente en ese entonces (aún no existía la Ley Piazza -2011-, ni la ley de “Respeto a los tiempos de las víctimas”, sancionada en 2015).
Lo que dice es que al “abuso sexual con acceso carnal” cuando se trata de una menor de 13 años o “si mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción”, le corresponde una pena de entre 6 y 15 años de prisión.
El delito prescribe entre 2 y 12 años después del hecho, de acuerdo a su gravedad. Un tribunal podría considerarlo prescripto, otro podría invocar normas de grada superior (como la Convención sobre los Derechos del Niño, que dice que debe atenderse el interés superior de la persona menor de edad), y seguir adelante con la acción penal.
El relato de Thelma fue acompañado por la denuncia penal, que es precisamente lo que no pudo hacer Calu Rivero (en su caso, el delito había prescrito). Calu Rivero, además, tuvo que soportar un revés judicial: Darthés, representado por la abogada Rosenfeld, le inició un juicio por calumnias e injurias. Ana Rosenferld, renunció en las últimas horas a la defensa de Darthés.
Thelma Fardín, que ahora tiene 26 años, no estuvo en la conferencia de prensa pero sí un grupo contundente de las actrices más representativas del país que se unieron para apoyarla. Entre ellas, Griselda Siciliani, que actuó en la serie (era la mamá de “Patito”) junto a Darthés.
En el Multiteatro estuvieron, además, Dolores Fonzi, Jazmín Stuart, Julieta Cardinali, Julieta Díaz, Julieta Ortega, Julieta Zylberberg, Lali Espósito, Laura Azcurra, Nancy Duplaá, Noemí Frenkel, Thelma Fardin, Violeta Urtizberea, Carla Peterson, Alejandra Flechner, Bárbara Lombardo, Cecilia Dopazo, Cecilia Roth, Cristina Banegas, Mirta Busnelli, Muriel Santa Ana, Verónica Pelaccini, Silvina Acosta, Adriana Salonia, Anabel Cherubito y Andrea Pietra.

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Rastros en la selva: mitos y mentiras en torno a una violación

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Alumnos de los Centros de Actividades Juveniles (CAJ), del BOP 98 y del 20 de Puerto Esperanza realizaron el cortometraje “Rastros de la selva misionera” que plantea la vivencia de una joven que tiene que ocultar la identidad de quien la abusó y embarazó en el mito del “Pombero”. El material participó del programa “Cine joven” 2016 y fue parte del Móvil Fest que, en octubre, tendrá su edición 2017.

En el CAJ de Puerto Esperanza se planteó la posibilidad de poder participar del programa Cine Joven que se realiza en el marco de los certámenes de Oberá en Cortos y el Móvil Fest. Para ello pensaron en la construcción de un mensaje audiovisual que tomara alguna de las realidades que viven a diario en la comunidad. Fue así que se plantearon abordar el embarazo adolescente y los engaños que surgen en su entorno.

Rastros de la Selva Misionera abordó sus preocupaciones y retrató el temor de una adolescente que tuvo que afrontar el abuso sexual de su tío. A ello el condimento de los mitos y leyendas del imaginario popular con la aparición del pombero como justificativo de lo sucedido en el medio de la selva.

El guión y la dirección del corto fue de Ela Báez. Los actores fueron: Martina: Celeste Báez, madre: Magnolia Arevalos, padre: Daniel Báez, tío/pombero: Iñaki Echeberría. El equipo estuvo compuesto por: asistente de dirección: Camila Rodríguez, Cámara: Celine Rodríguez y Araceli Mora, Sonido: Rafael Ustohal y Daniel Mendoza, Vestuario y maquillaje: Yaqueline Cantero y Rocio Roberts, Back-stage: Renzo Vázquez y Franco Duke, Edición: Ela Báez.

El espacio de expresión audiovisual fue posible gracias al trabajo articulado desarrollado por el CAJ, el Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (IAAVIM), el programa Conozco Misiones y el Ministerio de Cultura, Educación, Ciencia y Tecnología. 

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Excarcelación de transportistas: Giménez decidió desestimar la investigación a tres jueces

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Finalmente se frenó el escándalo judicial que se desató después de que el Superior Tribunal de Justicia impulsara una investigación contra tres jueces por la excarcelación de los transportistas condenados a 20 años por abuso sexual. El juez Carlos Giménez decidió desestimar la investigación contra sus pares Marcelo Cardozo, César Yaya y César Jiménez, quienes ordenaron la liberación de madre e hijo condenados por abuso sexual por “falta de sentencia firme”. En el STJ habían considerado –por mayoría- que los magistrados ignoraron un fallo del Alto cuerpo que había dejado firme la condena en primera instancia, que ahora está siendo revisada por la Corte.

Giménez no llegó a la cuestión de fondo –si hubo o no una irregularidad del Tribunal- y simplemente se remitió al artículo 140 de la Constitución provincial que determina que los jueces “no podrán ser acusados, interrogados judicialmente ni molestados por las opiniones que emitan en sus fallos, resoluciones o dictámenes, excepto en el caso de ser sorprendidos ‘in-fraganti’ en la ejecución de un delito que merezca pena corporal”.

Ahora solo restará esperar el fallo de la Corte Suprema para saber si los transportistas volverán o no a cumplir la condena. Hasta ahora, trascendió que dos ministros ya firmaron su sentencia, mientras que estaba al salir la de Elena Hghton de Nolasco, quien ahora se tomó licencia después de su voto en el escándalo del 2×1 que benefició a un genocida.

La decisión de Giménez fue en línea con la defensa de los tres jueces que acusaron al STJ de “intromisión”. Alegaron que ni siquiera el abogado defensor de las familias denunciantes se opuso a la excarcelación de los condenados. “Acá hay un abuso sin derecho. Están revisando una cuestión jurisdiccional. Nuestro fallo ni siquiera fue apelado”, opinó uno de los jueces investigados, aunque prefirió reservar su nombre.

El fallo de la polémica se conoció el 5 de abril. Ese día, Jiménez, Yaya y Cardozo, en el Tribunal Penal 2, decidieron la excarcelación de Durán y Olmo.

Madre e hijo fueron condenados en noviembre de 2011 a 20 años de prisión por el abuso de dos niños de 4 y 5 años, clientes del transporte escolar que manejaban. La fiscal del caso fue Liliana Picazo, flamante nominada a integrar el Superior Tribunal de Justicia. Ella pidió 20 años para los transportistas, condena que finalmente recibieron los acusados. El fallo fue ratificado por el STJ en mayo de 2014. La Corte misionera actuó como cámara de casación, función encomendada por la Constitución provincial, para que los fallos penales tengan la necesaria revisión.

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