Acuerdo Comercial

Radiografía del pacto UE–Mercosur oportunidades, riesgos y el camino a la ratificación

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El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) abre una etapa histórica para la integración birregional, con un potencial de comercio que podría escalar hasta USD 150.000 millones y un alcance que abarca al 25% del PBI mundial y a un mercado ampliado de 780 millones de personas. El entendimiento promete una liberalización comercial profunda, mayor previsibilidad normativa y un salto en la inversión, aunque su implementación final enfrenta desafíos políticos, regulatorios y de sostenibilidad que condicionan los plazos y el impacto efectivo, según el informe de la consultora LLYC.

Un acuerdo de magnitud global: comercio, sectores y estructura del intercambio

El intercambio entre ambos bloques ya es significativo y ofrece una base concreta para proyectar el impacto del acuerdo. En 2024, las transacciones de bienes entre la UE y el Mercosur superaron los 111.000 millones de euros. De ese total, las exportaciones europeas al Mercosur alcanzaron los 55.200 millones de euros, mientras que las importaciones se ubicaron en 56.000 millones de euros.

La matriz comercial muestra una clara complementariedad. Europa compra principalmente productos agrícolas (42,7%), minerales (30,5%) y pulpa y papel (6,8%). En sentido inverso, la UE exporta al Mercosur sobre todo maquinaria y aparatos (28,1%), productos químicos y farmacéuticos (25%) y equipos de transporte (12,1%).

Según el informe “Entre la apertura y la competitividad: perspectivas comerciales del Acuerdo UE–Mercosur”, elaborado por LLYC, el acuerdo podría incrementar el comercio bilateral cerca de un 40%, apoyado en la eliminación de barreras arancelarias y en un marco regulatorio más estable. El documento analiza el contexto político y legal, las oportunidades sectoriales, los riesgos y las adaptaciones técnicas necesarias para capitalizar el nuevo escenario.

Oportunidades clave: liberalización, ahorro arancelario e inversión

Uno de los ejes centrales del acuerdo es la eliminación o reducción de más del 90% de los aranceles bilaterales, una liberalización de alcance inédito para ambos bloques. Para el Mercosur, esto implica acceso preferencial para su agroindustria —carne, soja y cereales— y para minerales críticos, reduciendo la brecha de competitividad frente a países que ya cuentan con acuerdos vigentes con la UE.

Desde la perspectiva europea, el beneficio se traduce en ahorros arancelarios estimados en hasta 4.000 millones de euros anuales. Los sectores más favorecidos serían la automoción, la maquinaria, los productos químicos y los farmacéuticos, con mejoras directas en costos y previsibilidad.

El acuerdo también fortalece el clima de inversión. Al establecer reglas más claras en propiedad intelectual y compras públicas, ofrece un marco normativo más previsible. El informe estima que los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) europea hacia el Mercosur podrían duplicarse una vez que el tratado entre en vigor, consolidando a la región como un destino estratégico de capital productivo.

Riesgos, sostenibilidad y desafíos de implementación

A pesar del potencial económico, el documento de LLYC identifica cuellos de botella que pueden condicionar el éxito del acuerdo. Uno de los principales es la exigencia ambiental y de cumplimiento normativo. Las empresas del Mercosur deberán adaptarse a estándares europeos extremadamente rigurosos en materia de deforestación, trazabilidad y derechos laborales, lo que demandará inversiones adicionales y ajustes profundos en los modelos productivos.

La presión competitiva es otro factor crítico. En el Mercosur, la apertura arancelaria intensificará la competencia para industrias sensibles como textil, calzado y metalmecánica, frente a productos europeos con menores costos relativos. En Europa, el impacto se sentirá especialmente en el sector agroalimentario, por la mayor entrada de carne, cereales y legumbres como la soja.

En el plano institucional, la ratificación sigue siendo el principal foco de incertidumbre. En Europa, la oposición de países como Francia, Polonia o Austria, impulsada por los temores de sus sectores agrícolas, mantiene en suspenso la aprobación plena del acuerdo. Para evitar demoras, se propuso un Acuerdo Interino (iTA) que permitiría aplicar la parte comercial a partir de 2026, una vez aprobado por el Parlamento Europeo y ratificado por los países del Mercosur. Sin embargo, el informe advierte que, en el Mercosur, la ausencia de una institucionalidad supranacional obliga a que cada Estado ratifique individualmente, y el rechazo de un solo miembro podría bloquear la entrada en vigor para todo el bloque.

Qué deben hacer las empresas: adaptación estratégica y competitividad

El informe plantea una agenda concreta para que las empresas puedan capitalizar el acuerdo:

  • Monitoreo del entorno: seguimiento permanente de los procesos legislativos, plazos de ratificación y cambios regulatorios.
  • Análisis competitivo: identificación de sectores con potencial, nichos de mercado y alianzas estratégicas.
  • Adaptación normativa y operativa: adecuación de procesos productivos y logísticos a estándares ambientales, sanitarios y de trazabilidad, con certificaciones exigidas en ambos mercados.
  • Modernización y sostenibilidad: inversiones en tecnología y adopción de criterios de sostenibilidad, con exploración de financiamiento verde.
  • Estrategia de mercado: ajuste de la propuesta de valor a las particularidades culturales y regulatorias de cada región.

“El éxito del acuerdo no se definirá únicamente en los Parlamentos, sino en la respuesta estratégica de los actores económicos para convertir esta apertura en inversión e innovación”, afirmó Juan Ignacio Di Meglio, director senior de Asuntos Corporativos de LLYC en Argentina y autor del informe.

Una oportunidad histórica con exigencias concretas

En síntesis, el acuerdo UE–Mercosur representa una oportunidad histórica de acceso preferencial a mercados amplios, sofisticados y altamente demandantes, bajo reglas más claras y estables. Al mismo tiempo, impone una agenda de adaptación profunda: competitividad industrial, sostenibilidad, trazabilidad, logística y certificaciones serán variables críticas del nuevo contexto comercial. El impacto final dependerá de la ratificación política y, sobre todo, de la capacidad de las empresas para anticiparse, invertir e innovar en un escenario de apertura sin precedentes.

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La Unión Europea reprograma la firma del acuerdo con el Mercosur y fija nueva fecha

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Tras el aplazamiento forzado por la presión de Francia e Italia, la Comisión Europea reactivó la hoja de ruta para concretar el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. El nuevo objetivo es firmarlo el próximo 12 de enero, con Paraguay como sede prevista, en lo que sería un paso clave para cerrar una negociación que lleva más de 25 años y que tiene alto impacto económico, político e institucional para ambos bloques.

La decisión se conoció luego de que el Ejecutivo comunitario debiera suspender, a último momento, la firma prevista originalmente para el 13 de diciembre en Brasil, ante la falta de consenso interno entre los Estados miembros de la UE. La resistencia de Francia e Italia volvió a bloquear el acuerdo y expuso, una vez más, las tensiones internas que atraviesan al bloque europeo frente a la apertura comercial con el Mercosur.

Presiones internas y nuevo cronograma en Bruselas

El aplazamiento anunciado el día anterior representó un revés político para la estrategia impulsada por la Comisión Europea, junto con Alemania y España, que presionaron para avanzar sin más dilaciones. Sin embargo, lejos de abandonar el proceso, el Ejecutivo comunitario retomó rápidamente las gestiones y puso una nueva fecha sobre la mesa.

Según confirmaron una fuente de la Comisión Europea y dos diplomáticos europeos, el nuevo horizonte es el 12 de enero, con un acto de firma previsto en territorio paraguayo. En ese marco, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se mostró “confiada” en que el acuerdo podrá cerrarse durante enero, pese a las resistencias internas.

Desde Berlín, en tanto, minimizaron el impacto del freno y aseguraron que, más allá de la postergación, la firma del acuerdo ya no estuvo en duda, sino que se trató de una discusión sobre tiempos y condiciones políticas.

El rechazo agrícola vuelve al centro del debate europeo

Mientras avanzaban las negociaciones, el conflicto con el sector agropecuario europeo volvió a ganar protagonismo. Miles de productores rurales se movilizaron el jueves en Bruselas, en simultáneo con una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno, para expresar su oposición al tratado.

La FNSEA, principal sindicato agrícola de Francia, llamó a sostener las protestas incluso después del aplazamiento, al considerar que el acuerdo con el Mercosur perjudica a sectores sensibles del agro europeo. La apertura a productos sudamericanos es uno de los principales focos de resistencia interna dentro de la UE y explica, en buena medida, la postura de París y Roma.

Un acuerdo negociado durante más de 25 años

El tratado comercial entre la Unión Europea y el Mercosur es uno de los procesos de negociación más extensos de la historia reciente. Discutido durante más de 25 años, el acuerdo busca abrir nuevos mercados y profundizar el intercambio entre ambos bloques.

Para la Unión Europea, el entendimiento habilita mayores exportaciones de automóviles, maquinaria, vinos y licores hacia Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. A cambio, el bloque europeo aceptó facilitar el ingreso de carne, azúcar, arroz, miel y soja sudamericanos, un punto que genera fuerte preocupación entre los productores agrícolas del continente.

Desde la Comisión Europea insisten en que el proceso ingresó en su etapa final. “La cuestión ya no es si el acuerdo se firmará, sino cuándo”, afirmó Sebastian Hille, portavoz adjunto del Ejecutivo comunitario, durante una conferencia de prensa.

Un punto de inflexión en la relación UE-Mercosur

Con la nueva fecha en agenda y pese a las resistencias internas, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur volvió a encaminarse hacia una definición. De concretarse el 12 de enero, marcará un punto de inflexión en las relaciones comerciales, políticas e institucionales entre ambos bloques, en un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, disputas comerciales y reconfiguración de alianzas económicas.

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Misiones gestiona la inclusión del té en el acuerdo comercial con Estados Unidos

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El Ministerio del Agro y la Producción de Misiones inició gestiones formales ante el Gobierno Nacional para que el té misionero sea incorporado al acuerdo comercial con Estados Unidos, con el objetivo de avanzar hacia la eliminación del arancel del 10% que hoy encarece las exportaciones del sector.

La iniciativa forma parte de la estrategia provincial para expandir mercados y fortalecer el perfil exportador de las economías regionales. Desde la cartera agraria remarcan que una mejora arancelaria tendría impacto directo en la competitividad de la cadena tealera, clave para miles de familias productoras, cooperativas y establecimientos industriales.

El ministro Facundo López Sartori participó de las rondas técnicas y de coordinación con representantes nacionales. Subrayó que la reducción del arancel permitiría incrementar el volumen exportable, asegurar mejores precios y sostener el ritmo de crecimiento del sector, en un contexto de fuerte competencia internacional.

“El desarrollo del té misionero requiere un Estado provincial comprometido con la defensa de sus cadenas productivas y con una articulación permanente que genere beneficios reales para la provincia”, sostuvo López Sartori.

El Ministerio del Agro, junto a la Cámara de Tealeros, continuará impulsando la incorporación del sector en la agenda nacional de política comercial externa, con el objetivo de garantizar mejores condiciones de acceso para el té misionero en su principal mercado externo.

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El acuerdo comercial de Argentina con Estados Unidos, bajo la lupa: el riesgo de la asimetría

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La declaración conjunta del 13 de noviembre entre los presidentes Donald Trump y Javier Milei, celebrada por el Gobierno como un avance decisivo hacia un “Marco para un Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproca”, recibió una lectura muy distinta por parte del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El instituto advierte que, detrás del discurso de la “alianza estratégica” y la “reciprocidad”, el borrador difundido por la Casa Blanca configura un esquema profundamente asimétrico, con compromisos concretos y costosos para la Argentina y beneficios acotados, condicionados o directamente indeterminados para Estados Unidos.

El análisis de CEPA muestra que, mientras Argentina asume obligaciones específicas en aranceles, barreras no arancelarias, normas técnicas, propiedad intelectual, acceso agrícola, estándares regulatorios, comercio digital, empresas públicas y minerales críticos, las contrapartidas estadounidenses se reducen a un conjunto de promesas generales: eliminar o reducir aranceles para ciertos recursos naturales y productos sin disponibilidad equivalente en su territorio, evaluar “positivamente” el impacto del acuerdo al aplicar medidas de seguridad nacional y considerar ampliaciones de cupos agrícolas. En términos prácticos, señala el informe, el marco otorga derechos a Estados Unidos y obligaciones a Argentina, replicando moldes de acuerdos usados por Washington con economías mucho menos industrializadas.

El capítulo arancelario es el más ilustrativo. La Casa Blanca destaca la apertura argentina para importaciones estadounidenses en sectores de alto valor agregado —medicamentos, químicos, maquinaria, tecnología, vehículos y dispositivos médicos— sin un correlato de acceso concreto para manufacturas argentinas. Esta asimetría se vuelve especialmente significativa cuando se observa la estructura del comercio bilateral: en los primeros nueve meses de 2025, Argentina importó desde Estados Unidos más de USD 5.000 millones en bienes industriales, mientras sus exportaciones se concentraron en petróleo, metales básicos y alimentos primarios. CEPA alerta que un mayor ingreso de bienes estadounidenses, impulsado por rebajas arancelarias, puede llevar rápidamente a la reversión del actual superávit comercial —apenas USD 360 millones hasta septiembre— y reinstalar un déficit estructural.

El agro aparece como un terreno sensible. El Gobierno celebró la posible ampliación del cupo de exportación de carne vacuna hacia Estados Unidos, de 20.000 a 80.000 toneladas. CEPA matiza: el aumento llevaría la participación del mercado estadounidense sobre el total de exportaciones argentinas de carne del 3% al 7%, y está condicionado a la aprobación del Congreso estadounidense, además de ser vulnerable a objeciones sanitarias. En paralelo, el acuerdo abre el mercado local a carne aviar, bovinos vivos, productos porcinos, lácteos y otras proteínas norteamericanas con estándares regulatorios de origen. Para el informe, esto implica un doble riesgo: competencia creciente para la producción local y una presión alcista sobre los precios internos, que tenderían a alinearse con los valores exportables.

El capítulo técnico-regulatorio es uno de los más sensibles. El marco propone que Argentina reconozca automáticamente normas y certificaciones estadounidenses para el ingreso de productos al país. En la práctica, esto implica que organismos como ANMAT, SENASA o el INTI quedarían subordinados a estándares externos, reduciendo su capacidad de control sanitario, industrial y de seguridad. La aceptación automática de normas de la FDA para medicamentos y dispositivos médicos —y de estándares de seguridad y emisiones para vehículos— representa, según CEPA, una cesión inédita de soberanía regulatoria, que podría contradecir además la normativa de armonización del Mercosur. A ello se suma el compromiso de eliminar gradualmente la tasa de estadística solo para bienes estadounidenses, pese a las restricciones de la OMC sobre tratamientos discriminatorios.

El informe también señala áreas de largo alcance: la obligación de revisar subsidios y el funcionamiento de empresas públicas podría tensionar el rol de compañías estratégicas como YPF, INVAP o ARSAT. El capítulo de propiedad intelectual, con énfasis en medicamentos y biotecnología, apunta a fortalecer la posición de laboratorios norteamericanos, restringiendo el espacio de la industria nacional de genéricos. En comercio digital, la aceptación de jurisdicción estadounidense para ciertos flujos de datos plantea interrogantes sobre privacidad, almacenamiento y regulación de plataformas.

La dimensión geopolítica aparece en el apartado sobre minerales críticos. El marco promueve la cooperación para facilitar la inversión y el comercio en litio, tierras raras y recursos estratégicos, en un contexto de disputa global por el abastecimiento. Para CEPA, esto alinea a la Argentina con la estrategia estadounidense de alejamiento de las cadenas de suministro controladas por China. El capítulo sobre uranio es aún más delicado: el informe recuerda que el recurso es clave para la soberanía energética nuclear argentina y que comprometerlo como commodity puede condicionar el desarrollo de largo plazo del sector nuclear nacional.

El documento también subraya un punto macroeconómico: la apertura unilateral de importaciones estadounidenses es incompatible con políticas de tipo de cambio competitivo. Para que los bienes norteamericanos ingresen masivamente, se requiere un peso apreciado. CEPA ve aquí una tensión con los compromisos de acumulación de reservas del FMI y advierte que la combinación de apertura y atraso cambiario podría acelerar la sustitución de producción local por importaciones, el cierre de empresas industriales y una mayor vulnerabilidad externa.

Finalmente, el informe abre una preocupación institucional. La Constitución argentina reserva al Congreso la facultad de legislar en materia aduanera, aprobar tratados y regular el comercio exterior. También reconoce a las provincias como titulares de los recursos naturales. Sin embargo, el marco fue comunicado primero por la Casa Blanca y luego por canales oficiales argentinos, sin difusión pública del texto completo ni participación parlamentaria. Para CEPA, la opacidad se asemeja al caso del swap financiero con el Tesoro de Estados Unidos, en el que —según el instituto— se evitó deliberadamente el control legislativo. La pregunta que queda planteada es si la negociación del acuerdo comercial seguirá ese mismo camino.

El resultado final dependerá de la redacción definitiva, del tratamiento en el Congreso y de la reacción de los sectores productivos, especialmente industria, farmacéuticas, agro y minería, además de las provincias dueñas de los recursos naturales. Pero la advertencia está clara: más allá de la retórica de la “reciprocidad”, lo que se perfila es un cambio estructural en las reglas de juego del desarrollo argentino, con consecuencias productivas, regulatorias y geopolíticas que merecen un debate público amplio y transparente.

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Trump felicitó a Milei tras la victoria legislativa: “El pueblo argentino justificó nuestra confianza en él”.

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El presidente de Estados Unidos celebró el contundente triunfo de La Libertad Avanza, que se impuso en 16 provincias y superó el 40% de los votos. La Casa Blanca considera a la Argentina un socio clave en su estrategia regional.

Un respaldo político internacional al proyecto libertario

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, felicitó públicamente a Javier Milei tras el contundente triunfo electoral de La Libertad Avanza, que alcanzó más del 40% de los votos a nivel nacional y se impuso en 16 provincias, incluida Buenos Aires, relegando a Fuerza Patria al segundo lugar.

Felicitaciones al presidente Javier Milei por su aplastante victoria en Argentina. ¡Está haciendo un trabajo excelente! El pueblo argentino justificó nuestra confianza en él”, publicó Trump en su red social Truth.

La victoria del oficialismo en las elecciones legislativas fue interpretada en Washington como una ratificación política del rumbo económico y geopolítico del Gobierno argentino, y un mensaje de estabilidad institucional tras meses de reformas estructurales.

El Presidente argentino respondió al mensaje del republicano con un tono de gratitud y coincidencia ideológica: “Gracias, Presidente Donald Trump, por confiar en el pueblo argentino. Usted es un gran amigo de la República Argentina. Nuestras naciones nunca debieron dejar de ser aliadas. Nuestros pueblos quieren vivir en libertad. Cuente conmigo para dar la batalla por la civilización occidental, que logró sacar de la pobreza a más del 90% de la población mundial”.

El intercambio público entre ambos mandatarios consolida una alianza política y estratégica que se viene gestando desde el inicio del mandato de Milei, marcada por la coincidencia en temas económicos, comerciales y de defensa del libre mercado.

De Washington a Buenos Aires: el fortalecimiento de la relación bilateral

La felicitación de Trump llega apenas dos semanas después de la reunión bilateral en Washington DC, donde se selló un nuevo acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos. El convenio fue considerado un hito diplomático, ya que Estados Unidos se posiciona como el tercer socio comercial de la Argentina, detrás de Brasil y China.

Durante ese encuentro, Trump había destacado “la valentía y la determinación de Milei para cambiar la historia económica de su país”, al tiempo que expresó su compromiso con un nuevo enfoque hacia América Latina, basado en premiar a los gobiernos aliados y afines al libre mercado.

En ese contexto, el propio Milei había señalado días atrás: “Estados Unidos tenía una política hacia esta región que descuidaba a sus aliados y trataba de seducir a los adversarios. Con la llegada de Marco Rubio, que entiende perfectamente la batalla cultural y conoce el caso de Cuba, decidieron cambiar el enfoque y hoy premian a los aliados”.

El alineamiento político entre ambas administraciones también se refleja en temas de geopolítica internacional. Washington considera a Buenos Aires un socio estratégico en su política hacia Israel, China y Venezuela. Tres ejes donde Milei ha mostrado una posición coincidente con la Casa Blanca.

Milei y Trump: una alianza ideológica y económica

La sintonía entre ambos presidentes tiene antecedentes directos. En octubre, Milei fue recibido en la Casa Blanca, donde Trump lo elogió por su gestión económica y su política de desregulación. En esa oportunidad, el mandatario estadounidense advirtió que una eventual victoria de “socialistas o comunistas” podría afectar la confianza de los inversores. Frase que fue interpretada como un respaldo explícito al proyecto libertario.

Trump sostuvo entonces: “Si un socialista o un comunista gana, te sentís diferente sobre hacer una inversión. Si pierde, no seremos generosos”.

Aunque el comentario generó controversia, Milei aclaró que no se trataba de una referencia directa a los comicios legislativos. Sino de una expresión general sobre el contexto global: “Mientras esté alguien que defienda las ideas de la libertad en la Casa Rosada. El respaldo norteamericano estará garantizado”, precisó el mandatario argentino.

Con el respaldo electoral reafirmado en las urnas y el apoyo de Trump, Milei consolida su liderazgo en el escenario nacional e internacional. Desde Washington, la lectura política es clara: Argentina vuelve a ser un actor confiable en la región. Alineado con los principios del libre mercado, la desregulación y la defensa de Occidente.

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