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Ludopatía juvenil: la epidemia silenciosa

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Uno de cada 3 adolescentes argentinos ya apostó dinero por internet. La edad promedio de inicio es 13 años. El 83% lo hace desde el celular. Y el deporte, que históricamente protegía a los chicos de las adicciones, hoy los introduce en ellas. Esta semana, especialistas llegaron a Posadas para capacitar a docentes ante una problemática que avanza en silencio.

Hay una pregunta que Raúl Gómez lleva años haciendo en auditorios llenos de maestros y padres preocupados.“¿Cuánto saben cada uno de ustedes qué está viendo un niño, un joven, su hijo, su alumno en una pantalla?”

La respuesta, en la mayoría de los casos, es la misma. Muy poco. O nada.

Gómez es psicólogo, doctor en Ciencias de la Salud e investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. Esta semana llegó a Posadas en el marco de la jornada “Conectados con el cuidado”,  una capacitación docente para el abordaje de la problemática de las apuestas online en adolescentes, organizada por el IPLyC, la Defensoría del Pueblo de Posadas, el IPEC y el IAaVIM. Economis pudo hablar con el especialista y su diagnóstico es tan claro como perturbador.

“Jamás dejaríamos a nuestros alumnos, a nuestros hijos en un barrio que no conocemos y los dejamos horas y horas ante contenidos que desconocemos. Involucrarnos en los contenidos que ven nuestros hijos es el primer paso. Es lo que llamamos monitoreo parental.”

La metáfora es precisa. El universo digital es un barrio. Tiene zonas seguras y zonas de riesgo. Tiene conocidos y extraños. Tiene tentaciones y trampas. Y la mayoría de los adultos que son responsables de un adolescente no saben en qué parte de ese barrio está su hijo cuando sostiene el celular frente a la cara durante horas.

Lo que los datos muestran este año es que una parte significativa de esos chicos está apostando dinero real en plataformas diseñadas para engancharlos. Ese último dato , el 83% apuesta desde el celular, es el que mejor explica por qué este problema es diferente a todo lo anterior. Las adicciones al juego no son nuevas. Los casinos, los bingos, las apuestas en el hipódromo tienen décadas de historia y sistemas de regulación que los hacen difíciles de acceder para un menor de edad. Para entrar a un casino necesitás ser mayor de 18, tener DNI, cruzar una puerta física.

Para entrar a una plataforma de apuestas online necesitás un celular y, en muchos casos, ni siquiera eso.

La mitad de los adolescentes que apuestan online recibió ayuda de un adulto para crear la cuenta, según el Observatorio Humanitario de la Cruz Roja. Ese dato es el más perturbador del relevamiento: el sistema de verificación de edad de las plataformas es tan débil que requiere la participación de un adulto para sortearlo y ese adulto frecuentemente es un familiar. El 12% de los adolescentes expuestos ya arrastra deudas. Y 8 de cada 10 consideran que las regulaciones vigentes están desactualizadas. 

Gómez tiene experiencia en adicciones con sustancias y trae de ese campo una lección que la sociedad tardó décadas en aprender: la prohibición no funciona.

“De las adicciones con sustancia aprendimos que las prohibiciones han traído más problemas que soluciones. Lo que no hay que perder de vista es que hay que poder comunicarse afectivamente y controlar. Involucrarnos en los contenidos que ven nuestros hijos es el primer paso.”

¿Cómo detectar que un adolescente está en problemas? Gómez señala dos indicadores que trascienden la ludopatía y que sirven para cualquier conducta problemática en jóvenes.

“El aislamiento y los cambios de estado de ánimos repentinos son dos indicadores a los cuales debemos atender siempre”, dijo. No son exclusivos de las apuestas, pero en el contexto digital adquieren una dimensión nueva: un chico que se aisló en su cuarto con el celular puede estar simplemente chateando o puede estar perdiendo dinero que no tiene en una plataforma que lo diseñó para que no pueda parar.

Esa diferencia (dos años para un adolescente, siete para un adulto) es la que convierte el problema en urgente. El cerebro adolescente es neurológicamente más vulnerable a la adicción: el sistema de está completamente activo pero el córtex prefrontal, la región que regula el control de impulsos y evalúa consecuencias, no termina de desarrollarse hasta los 25 años. Las plataformas de apuestas están diseñadas por equipos de neurocientíficos para explotar exactamente esa ventana de vulnerabilidad.

Y hay un vector que lo amplifica todo: el deporte. El Dr. Gómez lo explica con claridad: “Históricamente, las actividades deportivas funcionaban como un factor protectivo en las adicciones con sustancia. Hoy, la forma que han adquirido y los discursos sociales que circulan en relación a las apuestas online, los deportes y las actividades deportivas funcionan como un factor de riesgo. Y esta idea del éxito rápido, esta cultura snack, rápida y muy intensiva: todo tiene que ser rápido, el éxito tiene que ser rápido. Cuando vos tenés una actividad potencialmente adictiva promocionada por un ídolo deportivo, estás en serios problemas”.

El fútbol es el caso más visible. Argentina es campeona del mundo. Sus figuras son los referentes culturales más poderosos del país para millones de jóvenes. Y esas mismas figuras promocionan casas de apuestas en sus cuentas de redes sociales, en sus camisetas, en los estadios donde juegan. La investigación de Branz y Murzi (UNSAM-CONICET) lo documenta: las apuestas en tiempo real cambiaron la manera de ver un partido. Ya no se mira para disfrutar, se mira para calcular. ¿Tarjeta amarilla? ¿Córner? ¿Gol antes del minuto 30? Cada evento del juego se convierte en una variable de la apuesta.

4 de cada 10 jóvenes que apuestan eligen el fútbol como modalidad principal, según el Observatorio de Adicciones de la Defensoría del Pueblo bonaerense. La proporción de jóvenes de 16 a 29 años que apuestan online casi duplica a la de la población general. Y el estudio “Apostar no es un juego”, realizado por universidades públicas sobre más de 9.000 casos en 360 localidades del país, traza un perfil claro del apostador online argentino: varón, cada vez más joven, que apostó porque lo hacen sus amigos.

En Misiones, el contexto tiene especificidades que agravan el cuadro. La penetración de celulares supera el promedio nacional en los grupos etarios más jóvenes. Las plataformas de apuestas ofrecen la promesa más poderosa posible en ese contexto: dinero rápido, sin título, sin experiencia, desde el teléfono. Para un adolescente de 15 años esa promesa puede ser irresistible.

La jornada “Conectados con el cuidado” que se realizó esta semana es, según sus organizadores, una primera respuesta institucional a un problema que ya llegó a las aulas. Maestros que ven a alumnos distraídos, ausentistas, con deudas, con cambios de humor abruptos. Directivos que no saben qué hacer cuando detectan que un chico está apostando desde el baño del colegio.

“La problemática educativa en esta era digital se ha complejizado absolutamente. La idea es tratar de acompañar y aportar herramientas a los docentes para decirles que no están solos ante esto.” indica el Dr. Raúl Gómez, principal disertante de esta actividad. 

La ley de Prevención de la Ludopatía y Regulación de Apuestas en Línea obtuvo media sanción en Diputados y sigue esperando tratamiento en el Senado. Mientras tanto, las plataformas siguen operando, los influencers siguen publicando y los ídolos deportivos siguen prestando su imagen al negocio.

Un adolescente argentino que empieza a apostar a los 13 años puede desarrollar una adicción a los 15. Con una regulación que tarde otros dos años en aprobarse, ese chico habrá apostado durante cuatro años sin ningún marco legal que lo proteja.

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Meta pagará hasta US$16.680 millones para evitar un juicio por el impacto de sus redes en menores

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Meta, la compañía propietaria de Facebook e Instagram, aceptó pagar hasta US$16.680 millones para resolver una serie de demandas impulsadas por autoridades de 29 estados de Estados Unidos, que acusaron al gigante tecnológico de haber diseñado sus plataformas para fomentar el uso compulsivo entre menores de edad.

El acuerdo también contempla modificaciones en el funcionamiento y acceso de los jóvenes a sus productos. El entendimiento todavía debe ser validado por un juez federal de Oakland, California, pero permite a Meta evitar un juicio que podía convertirse en uno de los mayores procesos judiciales contra una empresa tecnológica por el impacto de las redes sociales sobre adolescentes.

La dimensión económica del acuerdo refleja el alcance que adquirió el conflicto. El tope de compensación establecido llega a US$16.680 millones, mientras que las autoridades estatales sostienen que la compañía priorizó durante años el crecimiento y la permanencia de los usuarios jóvenes por encima de los riesgos asociados al uso de sus plataformas.

El eje de la acusación: adicción y seguridad de los menores

Las demandas presentadas por los 29 estados apuntaron contra el diseño de los productos de Meta. Según los fiscales y procuradores involucrados en el proceso, la compañía habría desarrollado mecanismos destinados a incrementar el tiempo de permanencia de los menores en Facebook e Instagram, aun cuando conocía los posibles efectos negativos sobre su bienestar.

Las autoridades también acusaron a Meta de haber brindado información engañosa respecto de la seguridad de sus plataformas para los usuarios más jóvenes.

El conflicto pone así en discusión un aspecto central de la economía digital: el modelo de negocio basado en captar y retener la atención de los usuarios y los límites que deberían existir cuando esos mecanismos alcanzan a niños y adolescentes.

El fiscal general de California, Rob Bonta, destacó el alcance de las modificaciones comprometidas por la compañía y sostuvo que el acuerdo permitirá reducir los riesgos asociados al uso de las plataformas por parte de menores.

Meta busca evitar un juicio de alto impacto

Las demandas de los distintos estados fueron unificadas en un proceso federal en California. Con el acuerdo, Meta evita que el conflicto avance hacia un juicio en el que podía quedar expuesta públicamente la estrategia de la compañía respecto del uso de sus plataformas por parte de adolescentes.

El pacto establece una compensación máxima de US$16.680 millones y compromete a Meta a introducir restricciones relacionadas con el acceso de jóvenes a sus productos.

La compañía busca de esta manera reducir su exposición a nuevas sanciones y a eventuales medidas regulatorias que pudieran surgir de un fallo adverso. Pero el acuerdo no cierra el debate sobre la responsabilidad de las grandes plataformas tecnológicas frente al impacto de sus productos sobre los menores.

Un precedente para la industria tecnológica

El caso trasciende a Meta porque plantea una discusión más amplia sobre cómo deben regularse las plataformas digitales cuando sus usuarios son menores de edad. El problema ya no se limita a la privacidad o a la protección de datos personales: también alcanza al diseño de los productos, los mecanismos de recomendación y las herramientas que pueden incentivar un uso prolongado.

Para las empresas tecnológicas, el acuerdo introduce además un costo económico potencialmente elevado asociado a decisiones de diseño que hasta hace pocos años quedaban principalmente dentro de la esfera comercial de cada plataforma.

La resolución también puede reforzar la presión de legisladores y autoridades regulatorias estadounidenses para establecer mayores controles sobre el acceso de menores a las redes sociales y sobre las obligaciones de las compañías respecto de sus efectos.

El acuerdo deberá ser aprobado por el juez federal antes de entrar plenamente en vigencia. Hasta entonces, el proceso mantiene abierta una discusión que excede el monto de la compensación: qué nivel de responsabilidad deben asumir las plataformas cuando su modelo de negocio depende de captar la atención de una población especialmente vulnerable como los menores de edad.

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Alertan sobre el avance de las apuestas online en niños y adolescentes

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La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) difundió un documento de actualización sobre esta problemática en el que advierte que el desarrollo de plataformas digitales y aplicaciones móviles ha facilitado el acceso inmediato a sistemas de pronósticos y apuestas sobre eventos deportivos, especialmente vinculados al fútbol. En muchos casos, estas modalidades recuperan la lógica tradicional del PRODE, pero incorporan mecanismos digitales que permiten apostar en tiempo real, de manera continua y desde cualquier dispositivo conectado a internet.


En pleno desarrollo de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la entidad considera fundamental reforzar las estrategias de prevención. Los grandes eventos deportivos suelen incrementar la exposición de niños y adolescentes a contenidos relacionados con pronósticos y apuestas, muchas veces presentados como formas inofensivas de entretenimiento. La asociación entre deporte, influencers, sponsoreo de clubes y plataformas de juego constituye una preocupación creciente debido a la capacidad que tienen estos mensajes para captar a públicos cada vez más jóvenes.


El trabajo fue elaborado en forma conjunta por la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación (TICs), el Comité de Pediatría Ambulatoria y el Comité de Estudio Permanente del Adolescente (CEPA) de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).


“El Mundial nos despierta ilusiones, genera entusiasmo, pertenencia y conversaciones sobre estadísticas y pronósticos de fútbol. El riesgo aparece cuando la pasión por el deporte se transforma en una puerta de entrada fácil a las apuestas con dinero. La preocupación radica en la naturalización de una conducta que expone a niños y adolescentes a situaciones de riesgo en una etapa del desarrollo en la que la capacidad para controlar los impulsos, evaluar los riesgos y anticipar las consecuencias de las propias decisiones aún se encuentra en proceso de maduración”, afirmó la Dra. Silvina Pedrouzo, médica pediatra especialista en desarrollo infantil y Presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) de la SAP.


En Argentina, las apuestas online son legales únicamente para mayores de 18 años. Sin embargo, la SAP advierte que muchos adolescentes logran acceder fácilmente a estas plataformas falseando datos personales o utilizando documentación de adultos. El documento destaca además que actualmente no existe una ley nacional específica que regule esta actividad y que la verificación de identidad no siempre resulta efectiva.


Las cifras disponibles muestran la magnitud del fenómeno. De acuerdo con la encuesta Kids Online Argentina 2025 de UNICEF y UNESCO, realizada sobre una muestra de 5.910 niñas, niños y adolescentes de entre 9 y 17 años residentes en áreas urbanas de todo el país, aproximadamente uno de cada tres afirmó haber apostado dinero online alguna vez. La práctica aumenta con la edad y resulta más frecuente entre adolescentes varones de 12 a 17 años.1


Otro dato que preocupa a los especialistas es que el 64% de los jóvenes manifestó buscar maneras de ganar dinero fácilmente en internet.1 Para la SAP, este hallazgo pone de manifiesto la necesidad de fortalecer la educación y el pensamiento crítico frente a las promesas de ganancias rápidas que circulan en los entornos digitales.


A ello se suman los hallazgos de investigaciones desarrolladas por el CONICET, que muestran que las apuestas suelen presentarse entre los jóvenes como una actividad social y grupal. Más del 90% de los adolescentes entrevistados señaló haber comenzado a apostar porque un amigo los introdujo en esta práctica. La posibilidad de ganar o perder dinero y la adrenalina asociada a esa experiencia aparecen entre los principales factores de atracción.2


Desde la SAP explican que la adolescencia constituye una etapa particularmente sensible debido a los profundos cambios biológicos, cognitivos, emocionales y sociales que la caracterizan. En términos neurobiológicos, los procesos vinculados a la búsqueda de recompensas y a la reactividad emocional alcanzan niveles elevados de actividad antes de que maduren plenamente las áreas responsables del control inhibitorio, la planificación y la toma de decisiones.


Estas condiciones favorecen una mayor tendencia a la impulsividad, la búsqueda de sensaciones novedosas y la adopción de conductas de riesgo. Las redes sociales, los videojuegos y las plataformas de apuestas en línea ofrecen estímulos inmediatos altamente gratificantes mediados por dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer. La repetición de estas experiencias activa los circuitos cerebrales de recompensa y refuerza su búsqueda reiterada.


“Es importante comprender que los adolescentes no toman decisiones de la misma manera que los adultos. La necesidad de experimentar emociones intensas y la búsqueda de recompensas inmediatas forman parte de un proceso evolutivo propio de esta etapa. Por eso las apuestas online encuentran un terreno especialmente sensible para captar su atención. Es por eso que el acompañamiento de los adultos resulta fundamental”, explicó la Dra. Maira Pertiñez, médica pediatra y hebiatra, integrante del Comité de Estudio Permanente del Adolescente (CEPA) de la Sociedad Argentina de Pediatría.


El documento también advierte que muchos adolescentes ingresan al mundo de las apuestas antes de apostar dinero real. Diversos videojuegos incorporan mecanismos como cajas de recompensa, sobres virtuales, ruletas, premios sorpresa, sitios de apuestas con objetos virtuales y otras dinámicas que reproducen elementos característicos de los juegos de azar. Estas experiencias pueden contribuir a normalizar determinadas conductas y aumentar la vulnerabilidad para desarrollar consumos problemáticos.


La preocupación se potencia por algunas características propias de las apuestas digitales: disponibilidad las 24 horas, acceso desde teléfonos celulares, utilización de billeteras virtuales, refuerzos rápidos e intermitentes, integración con videojuegos y redes sociales, publicidad dirigida y promoción realizada por influencers.


Desde la SAP los profesionales advierten que apostar es una práctica permitida legalmente a partir de los 18 años. Para entender este fenómeno, los especialistas distinguen claramente entre el uso, el uso problemático (abuso), la dependencia y la adicción, ya que representan niveles diferentes de intensidad, impacto y pérdida de control.

 
Cuando las apuestas generan pérdida de control y deterioro significativo en la vida cotidiana, pueden constituir un trastorno por juego de apuestas, reconocido por las principales calificadoras internacionales de clasificación diagnóstica como un trastorno relacionado con las adicciones.


“El desafío es detectar tempranamente cuándo una conducta deja de ser recreativa para convertirse en un problema. Muchas veces las primeras señales aparecen en la escuela, en la dinámica familiar o en cambios emocionales que pueden pasar desapercibidos si los adultos no están atentos”, indicó el Dr. Sergio Snieg, médico pediatra e integrante del Comité de Pediatría Ambulatoria de la SAP. 


La participación temprana en conductas de apuestas o juegos de azar se asocia con un mayor riesgo de desarrollar problemas relacionados con el juego en etapas posteriores de la vida. Los especialistas señalan que este fenómeno creció significativamente durante la pandemia y continúa en ascenso impulsado por la publicidad permanente en medios de comunicación, la promoción a través de redes sociales y el patrocinio de equipos deportivos.


Las plataformas utilizan además estrategias comerciales destinadas a incrementar la participación y fidelización de los usuarios mediante promociones, bonificaciones y sistemas de recompensas. La accesibilidad a través de dispositivos móviles y billeteras virtuales contribuye a que estas prácticas se incorporen con mayor facilidad a la vida cotidiana.


La Dra. Pedrouzo enumeró una serie de signos de alerta que pueden indicar la presencia de un problema. Entre ellos se encuentran la irritabilidad o ansiedad cuando no pueden jugar o apostar, cambios de humor, episodios de agresividad, mentiras respecto del tiempo o dinero destinado al juego, imposibilidad de controlar el impulso de apostar, intentos fallidos de abandonar la conducta, deterioro del rendimiento escolar, pérdida de interés en actividades recreativas, alteraciones del sueño y del apetito, cefaleas, cansancio, aislamiento social y síntomas de ansiedad y depresión. 


También pueden observarse ingresos y egresos inexplicables en billeteras virtuales, interés inusual por resultados deportivos, búsqueda constante de dinero para apostar e incluso conductas de riesgo que afectan los vínculos familiares y sociales. Frente a este escenario, la SAP destaca que la detección temprana y la intervención coordinada entre profesionales de la salud, familias e instituciones educativas constituyen herramientas fundamentales para prevenir consecuencias más graves.


Las escuelas cumplen un rol central mediante la promoción del pensamiento crítico, el fortalecimiento de habilidades socioemocionales y la educación para un uso responsable de las tecnologías digitales. Del mismo modo, las familias tienen un papel insustituible en la construcción de hábitos saludables.


Entre las principales recomendaciones realizadas por la Sociedad Argentina de Pediatría se encuentran fomentar el diálogo abierto con niños y adolescentes, establecer reglas y límites claros para el uso de dispositivos y plataformas digitales, educar sobre los riesgos asociados a las apuestas online, promover actividades deportivas, artísticas y culturales, compartir tiempo en familia, mantenerse atentos a señales de alarma y predicar con el ejemplo a través de un uso equilibrado de la tecnología.


“La prevención comienza mucho antes de que aparezca un problema. Los chicos necesitan adultos presentes que conversen sobre lo que ocurre en internet, que conozcan los entornos digitales que utilizan y que puedan acompañarlos sin caer únicamente en la prohibición”, concluyó el Dr. Sergio Snieg

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La SAP advierte sobre el avance del vapeo en adolescentes

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En los últimos años, el vapeo dejó de ser una práctica marginal para convertirse en un fenómeno cada vez más extendido entre adolescentes y adultos jóvenes. La expansión de los cigarrillos electrónicos, vapeadores y otros dispositivos de administración de nicotina encendió alarmas en organismos internacionales, autoridades sanitarias y sociedades científicas de todo el mundo.


En Argentina, la preocupación también crece. En el marco del Día Mundial sin Tabaco, que se conmemora cada 31 de mayo, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) difundió un documento elaborado por su Comité de Neumonología y el Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos, en el que advierte sobre el aumento del consumo de estos productos y sus consecuencias sobre la salud física y mental de niños, niñas y adolescentes.


“El vapeo se instaló entre adolescentes con una imagen engañosa de inocuidad. Muchos chicos creen que están inhalando apenas vapor de agua, cuando en realidad se exponen a una mezcla de sustancias químicas potencialmente tóxicas que pueden producir daño respiratorio, neurológico y adicción”, señaló la Dra. Silvia Cabrerizo, médica pediatra y toxicóloga, integrante del Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).  


Los especialistas destacan que el crecimiento del vapeo se da en un contexto particularmente sensible: luego de años de descenso sostenido del tabaquismo convencional en adolescentes, comenzaron a aparecer nuevas formas de consumo de nicotina impulsadas por dispositivos tecnológicos, diseños atractivos y sabores especialmente orientados al público joven. 


Los cigarrillos electrónicos funcionan mediante el calentamiento de un líquido que genera un aerosol inhalable. Ese líquido suele contener nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y otros compuestos químicos. Aunque popularmente se habla de “vapor”, los expertos remarcan que no se trata de vapor de agua, sino de una combinación de partículas ultrafinas y sustancias potencialmente dañinas que ingresan profundamente en el aparato respiratorio.

 
“La idea de que vapear es una alternativa segura es incorrecta. Los aerosoles de estos dispositivos contienen partículas finas, metales pesados y compuestos orgánicos volátiles capaces de generar inflamación y daño pulmonar. Además, existe exposición pasiva para quienes conviven con el usuario, incluidos niños pequeños”, explicó el Dr. Maximiliano Salim, médico especialista en neumonología infantil y miembro del Comité de Neumonología de la SAP. 


La Organización Mundial de la Salud viene alertando desde hace años sobre la expansión de estos productos entre adolescentes. El documento difundido por la SAP recuerda que en Estados Unidos, según la National Youth Tobacco Survey, aproximadamente el 10% de los estudiantes secundarios había utilizado cigarrillos electrónicos durante los últimos 30 días en 2023, lo que equivale a más de dos millones de jóvenes consumidores. En el Reino Unido, algunos reportes muestran prevalencias cercanas al 20% entre estudiantes de escuelas secundarias. 


En Argentina, la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes evidenció que el 7,1% de los adolescentes de entre 13 y 15 años consumía cigarrillos electrónicos y que el 14,4% los había probado alguna vez.1,2   Sin embargo, investigaciones y relevamientos recientes difundidos durante el segundo semestre de 2025 muestran cifras considerablemente superiores, con prevalencias que ya superarían el 30% en determinados grupos etarios.2,3  


“Los números muestran un fenómeno en expansión y especialmente preocupante porque afecta a edades cada vez más tempranas. Muchos adolescentes comienzan a vapear atraídos por los sabores, la estética de los dispositivos o la percepción de que no generan daño. Pero la nicotina sigue siendo una droga altamente adictiva”, sostuvo la Dra. Guillermina Olavarría, médica psiquiatra infantojuvenil y prosecretaria del Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos de la SAP. 


Uno de los principales motivos de alarma para los especialistas es precisamente la exposición temprana a nicotina. Durante la adolescencia, el cerebro atraviesa un período crítico de maduración, especialmente en áreas relacionadas con la regulación emocional, la memoria, el control de impulsos y la toma de decisiones

 
En opinión de la Dra. Olavarría, “la adolescencia es una etapa de enorme vulnerabilidad neurobiológica. La nicotina actúa sobre circuitos cerebrales vinculados al placer y la recompensa, aumentando el riesgo de dependencia futura. Cuanto antes se inicia el consumo, mayor es la probabilidad de desarrollar adicción sostenida”.


En relación con la salud respiratoria, el documento de la SAP resume múltiples estudios que describen efectos adversos asociados al vapeo. Entre adolescentes usuarios se registró mayor presencia de tos persistente, sibilancias, sensación de falta de aire y síntomas compatibles con bronquitis crónica. También se observó peor control del asma en quienes vapean. 


“El pulmón continúa desarrollándose durante toda la infancia y la adolescencia. Exponerlo de manera repetida a sustancias irritantes o tóxicas puede interferir en ese proceso y dejar secuelas a largo plazo. Estamos viendo adolescentes con síntomas respiratorios persistentes asociados al uso frecuente de vapeadores”, afirmó el Dr. Salim.  
La evidencia científica también vincula el uso de cigarrillos electrónicos con lesiones en la cavidad oral, alteraciones de la función pulmonar y posibles efectos carcinogénicos. A esto se suma la aparición de cuadros severos de lesión pulmonar asociada al vapeo, conocidos como ‘Lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos’ (EVALI por su sigla en inglés), detectados inicialmente en Estados Unidos a partir del año 2019.4    Ese brote generó miles de internaciones y numerosos casos graves, algunos fatales. 


“El episodio de EVALI fue una señal de alarma global. Mostró que estos productos pueden desencadenar cuadros respiratorios agudos graves, incluso en personas jóvenes previamente sanas. Aunque algunos casos estuvieron asociados a sustancias específicas, dejó en claro que no existen dispositivos completamente seguros”, consignó la Dra. Cabrerizo . 


Otro de los aspectos destacados por la SAP es el potencial del vapeo como puerta de entrada al tabaquismo convencional. Diversos estudios longitudinales muestran que los adolescentes que utilizan cigarrillos electrónicos tienen más probabilidades de comenzar posteriormente a fumar cigarrillos tradicionales. Además, la exposición temprana a nicotina podría aumentar la vulnerabilidad al consumo de otras sustancias psicoactivas.5 


Los especialistas subrayan además el fuerte componente de marketing presente en estos productos. Los sabores dulces y frutales, el diseño llamativo y la circulación de contenidos en redes sociales generan una fuerte atracción entre adolescentes. La industria utiliza estrategias similares a las históricamente implementadas por el tabaco tradicional para captar nuevos consumidores jóvenes.


En Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) prohibió en 2011 la importación, comercialización y publicidad de cigarrillos electrónicos. Posteriormente, en 2023, esa prohibición se extendió a los productos de tabaco calentado. Sin embargo, pese a las restricciones vigentes, estos dispositivos continúan circulando ampliamente a través del comercio informal y plataformas digitales. 


El documento de la SAP señala con preocupación que ‘en el último tiempo, la irrupción de las “bolsas de nicotina” representan una nueva oferta de productos adictivos especialmente diseñados para el público joven y ofrecidos falsamente como “libres de humo”. Frente a esta situación, la Sociedad Argentina de Pediatría y otras sociedades científicas expresaron su preocupación y se enviaron las respectivas alertas al Ministerio de Salud nacional’.


Y remarca también que ‘en estos últimos días, una medida del gobierno nacional respecto de ésta regulación modificó sustancialmente el marco legal vigente, ya que se incluyó en el Boletín Oficial un marco regulatorio para los productos de nicotina, vapeadores, tabaco calentado y bolsitas de nicotina (Resolución 549/2026),6   con el objetivo de exigir trazabilidad, estándares de calidad y registro obligatorio para los fabricantes y comerciantes en todo el ámbito del país. Asimismo, la normativa incorpora restricciones a los saborizantes y aromatizantes, dado que su utilización incrementa significativamente el atractivo de estos productos en adolescentes. Esta situación plantea desafíos para la implementación efectiva de las políticas de control del tabaco y para la protección de la salud de niños y adolescentes’.


“Ante este nuevo marco legal regulatorio, su venta podría facilitar el acceso a los productos a un número mayor de adolescentes e incrementar el consumo, los que ya en condiciones de ilegalidad lograban un contacto ágil con estos dispositivos”, completó el Dr. Salim

10 cosas que tenés que saber sobre el vapeo
1.    No es vapor de agua, no es inocuo y provoca daño
2.    Muchos vapeadores contienen nicotina, a veces incluso más que un cigarrillo convencional
3.    La nicotina genera adicción, especialmente en adolescentes.
4.    Puede irritar e inflamar los pulmones.
5.    Los sabores dulces están diseñados para atraer a jóvenes.
6.    Vapear puede facilitar el inicio del tabaquismo
7.    No es un producto libre de sustancias tóxicas.
8.    El cerebro adolescente es más vulnerable a la nicotina.
9.    Hablá con tus hijos para evitar el inicio del vapeo en la adolescencia
10.  Si tenés dudas o consumís vapeadores, consultá a un profesional de salud. Informarse ayuda a prevenir.

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Habilitan vapeadores con control estatal y cambia el paradigma sanitario sobre nicotina

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El Gobierno nacional formalizó el 30 de abril de 2026 un cambio de fondo en la política sanitaria sobre productos de nicotina: mediante la Resolución 549/2026 del Ministerio de Salud, dejó atrás el esquema de prohibición y habilitó la comercialización de vapeadores, cigarrillos electrónicos y bolsas de nicotina bajo un sistema obligatorio de registro, control y fiscalización. La decisión, publicada este lunes en el Boletín Oficial, no es meramente técnica: redefine el rol del Estado frente a un mercado en expansión y expone una tensión de fondo —regular lo que ya circula o insistir con prohibiciones ineficaces— en un contexto donde el consumo adolescente alcanzó el 35,5% en el último año.

El movimiento abre un interrogante político más amplio: ¿es una flexibilización pragmática que busca recuperar capacidad de control o un cambio de enfoque que puede reconfigurar el debate sanitario y regulatorio en el Congreso?

Control estatal sobre un mercado que ya existía

La resolución deroga la prohibición vigente desde 2023 y establece un sistema integral que incorpora a los nuevos dispositivos dentro del régimen de la Ley 26.687. En términos concretos, los productos pasan a ser considerados equivalentes al tabaco tradicional, con exigencias de advertencias sanitarias, restricciones publicitarias y limitaciones en el diseño para evitar la atracción de menores.

El núcleo operativo de la norma es la creación del Registro Nacional de Productos de Tabaco y Nicotina (RNPTN), que deberá organizarse en un plazo de 45 días. Este instrumento funcionará como base de datos centralizada para clasificar dispositivos, monitorear consumo y ajustar regulaciones según evidencia epidemiológica.

El cambio no es menor. Donde antes había un vacío de control efectivo —producto de una prohibición que, según el propio Ejecutivo, no logró frenar el acceso— ahora se instala un esquema de trazabilidad obligatoria. Importadores y fabricantes deberán inscribir cada producto, presentar fórmulas completas, información toxicológica, certificados de emisiones y datos sobre ventas y perfiles de consumo. La autorización tendrá una vigencia de cinco años.

Al mismo tiempo, el Gobierno delimita el alcance de la apertura: prohíbe los cigarrillos electrónicos descartables, restringe los sabores a tabaco y mentol, y veta elementos de marketing dirigidos a jóvenes. Es decir, habilita el mercado, pero bajo condiciones más estrictas que las que existían en la práctica informal.

Antecedentes y racionalidad política del giro

El nuevo esquema se inscribe en una secuencia normativa más amplia. La prohibición de dispositivos electrónicos, vigente desde 2011 y reforzada en 2023, se apoyaba en el principio precautorio. Sin embargo, el crecimiento del consumo —especialmente en adolescentes— erosionó su efectividad como herramienta de política pública.

El propio texto oficial reconoce ese límite: la circulación de estos productos persistió, con expansión global y presencia local creciente. En ese contexto, el Ejecutivo opta por un enfoque alineado con experiencias internacionales como Estados Unidos y Reino Unido, donde el control se ejerce a través de registros, estándares y fiscalización, no mediante prohibiciones absolutas.

La medida también activa un entramado institucional más amplio: intervienen áreas del Ministerio de Economía, organismos regulatorios, el sistema aduanero, el ente de comunicaciones y la autoridad sanitaria. Esa articulación sugiere que el Gobierno busca integrar la regulación sanitaria con herramientas de control comercial y fiscal, en lugar de abordarla como un problema exclusivamente médico.

Control estatal vs. apertura de mercado

En términos de correlación de fuerzas, la decisión fortalece la capacidad regulatoria del Ejecutivo en un terreno donde el Estado había perdido trazabilidad. El registro obligatorio y la exigencia de información técnica posicionan al Ministerio de Salud como autoridad central en un mercado que, hasta ahora, operaba en gran medida por fuera del radar formal.

Al mismo tiempo, introduce nuevas reglas de juego para importadores y fabricantes. La obligación de certificaciones, declaraciones juradas y monitoreo de ventas implica costos regulatorios, pero también habilita un marco de legalidad que antes no existía.

Desde el punto de vista político, el cambio puede tener impacto en la agenda legislativa. La regulación de productos de nicotina —especialmente en relación con menores— es un terreno sensible, donde confluyen argumentos sanitarios, económicos y de consumo. La decisión del Ejecutivo podría ordenar ese debate o, por el contrario, reactivarlo en el Congreso.

En clave económica, la formalización del mercado abre la puerta a mayor control sobre importaciones y comercialización, con efectos potenciales en recaudación y en la estructura competitiva del sector. Pero ese impacto dependerá de la capacidad efectiva de fiscalización.

Entre la evidencia y la política

El nuevo modelo apuesta a una lógica dinámica: monitorear, ajustar y regular según datos. El RNPTN no solo funcionará como registro, sino también como herramienta de vigilancia epidemiológica. Esa arquitectura sugiere que la política no queda cerrada, sino sujeta a revisión permanente.

Las próximas semanas serán clave para observar cómo se implementa el sistema —especialmente en el plazo de 45 días para su puesta en marcha— y qué nivel de adhesión logra entre los actores del mercado.

También quedará bajo análisis si la restricción de sabores y la prohibición de dispositivos descartables logran el objetivo explícito de reducir la iniciación juvenil, o si emergen nuevos formatos que vuelvan a tensionar la regulación.

El Gobierno eligió intervenir en un mercado que ya existía en la práctica. La pregunta que queda abierta no es solo sanitaria, sino política: si este cambio consolida un modelo de regulación más eficaz o si inaugura una nueva fase de disputa sobre cómo —y hasta dónde— debe intervenir el Estado en los consumos de riesgo.

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