ADR argentinos

El riesgo país cerró en 404 puntos y posterga la ruptura del piso de la era Milei

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El riesgo país volvió a concentrar la atención de los mercados financieros al cerrar este lunes en 404 puntos básicos, apenas por encima del mínimo alcanzado durante la gestión de Javier Milei. Aunque el Gobierno esperaba que el indicador perforara el umbral de los 400 puntos tras completarse el pago de US$4.500 millones en vencimientos de deuda, la reacción de los inversores fue más cautelosa y el índice elaborado por J.P. Morgan terminó prácticamente sin cambios respecto de los niveles registrados al cierre de la semana pasada.

La jornada estuvo marcada por la acreditación del tramo final de los pagos correspondientes a bonos Bonar, luego de que el viernes se hubieran cancelado aproximadamente US$2.500 millones en intereses de los títulos Globales. En total, el Tesoro desembolsó cerca de US$4.500 millones entre intereses y amortizaciones, una operación que el mercado observaba como una prueba para medir la capacidad del Gobierno de sostener la mejora en la percepción del riesgo soberano.

El viernes pasado, el indicador había descendido hasta los 402 puntos básicos, el nivel más bajo desde el inicio de la administración Milei y el menor registro desde 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri. Parte de esa mejora respondió a la decisión de algunos inversores de reinvertir los dólares cobrados en nuevos títulos argentinos, comportamiento que también se vio favorecido por la participación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y del Banco Central, que mantienen posiciones relevantes en esos bonos y suelen reinvertir automáticamente los vencimientos.

Sin embargo, una vez completado el proceso de pagos, el mercado mostró una actitud más prudente. El riesgo país abrió en 405 puntos y cerró apenas un punto por debajo, reflejando que la esperada compresión adicional de spreads aún no se materializa. La evolución del indicador confirma que los inversores continúan ponderando tanto la mejora en el perfil financiero del país como los riesgos asociados al contexto internacional y a la evolución de las principales variables macroeconómicas.

La presentación del programa financiero 2026-2027 realizada por el Ministerio de Economía aportó un elemento de respaldo a la estrategia oficial. El Palacio de Hacienda ratificó que la emisión de deuda en los mercados internacionales constituye una herramienta disponible, pero no una necesidad inmediata. El ministro Luis Caputo insistió en que volver al mercado voluntario será “una alternativa más” y no un objetivo en sí mismo, buscando transmitir que el financiamiento del Tesoro continuará apoyándose principalmente en organismos multilaterales, colocaciones en el mercado doméstico y otras fuentes de fondeo.

Esa estrategia apunta a reducir la dependencia del crédito externo y garantizar los compromisos financieros hasta el final del mandato presidencial sin presionar sobre las condiciones de mercado. Para los analistas, una eventual baja sostenida del riesgo país por debajo de los 400 puntos ampliaría el margen de maniobra del Gobierno para acceder a financiamiento en mejores condiciones, aunque el Ejecutivo insiste en que no existe urgencia por emitir deuda internacional.

Mientras tanto, los activos argentinos reflejaron un escenario de mayor selectividad. Los bonos soberanos en dólares operaron con bajas de hasta 0,7%, encabezadas por el Bonar 2041, el Global 2041 y el Bonar 2035, en una rueda de escaso volumen posterior al fin de semana largo y atravesada por la volatilidad internacional derivada de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, especialmente en torno al estrecho de Ormuz.

La renta variable también operó en terreno negativo. El índice S&P Merval retrocedió 0,8% hasta los 3.255.172 puntos, mientras que medido en dólares perdió alrededor de 1%. Entre las mayores caídas se destacaron Banco Macro, BBVA, Grupo Financiero Galicia y Loma Negra. En Wall Street, los ADR argentinos replicaron esa tendencia, con pérdidas de hasta 4% lideradas por el sector financiero, aunque las compañías energéticas lograron sostener un desempeño positivo, impulsadas por la recuperación del precio internacional del petróleo, con YPF encabezando las subas.

El mercado también comenzó a reposicionar expectativas de cara al segundo semestre. Además del impacto del programa financiero oficial, los inversores siguen de cerca la publicación de los próximos datos de inflación de Argentina y Estados Unidos, indicadores considerados determinantes para definir la trayectoria de las tasas de interés, el tipo de cambio y la valuación de los activos emergentes.

Aunque el riesgo país permanece en niveles históricamente bajos para los estándares argentinos recientes, la barrera de los 400 puntos continúa funcionando como un umbral simbólico. Su eventual ruptura dependerá no solo de la consolidación del programa fiscal y financiero del Gobierno, sino también de la capacidad de mantener el proceso de desinflación, sostener el ingreso de divisas y atravesar un contexto internacional que vuelve a mostrar mayores niveles de incertidumbre.

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Tras el pago a los bonistas, el riesgo país cae a 405 puntos y alcanza su nivel más bajo desde 2018

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La estrategia financiera del Gobierno volvió a encontrar una señal favorable en los mercados internacionales. Tras concretar el primer desembolso correspondiente al vencimiento de deuda por US$4.300 millones, el riesgo país descendió hasta los 405 puntos básicos, su menor nivel desde 2018 y uno de los registros más bajos de toda la gestión de Javier Milei. La reducción refleja una mejora en la percepción de los inversores sobre la capacidad de pago de la Argentina y fortalece el objetivo oficial de recuperar el acceso al financiamiento internacional.

En una jornada sin operaciones en la Bolsa porteña debido al feriado por el Día de la Independencia, el indicador elaborado por JP Morgan retrocedió tres puntos, equivalente a una baja del 0,7%, acumulando una caída cercana al 5% en lo que va del mes. La evolución se produjo inmediatamente después de que el Tesoro iniciara el pago de los vencimientos derivados de la reestructuración de la deuda soberana.

El esquema de pagos previsto por el Gobierno contempla un desembolso total de US$4.300 millones. Una primera transferencia, cercana a los US$2.500 millones, fue acreditada antes del feriado, mientras que el saldo restante será cancelado el próximo lunes, una vez reanudada la operatoria financiera tras el fin de semana largo.

La reacción positiva del mercado también estuvo respaldada por la presentación del programa financiero para 2026 y 2027, mediante el cual el Ministerio de Economía detalló la estrategia para afrontar los futuros compromisos de deuda sin comprometer el equilibrio fiscal. Esa hoja de ruta fue bien recibida por los operadores, que interpretan una mayor previsibilidad en la administración de los pasivos soberanos.

La baja del riesgo país encuentra además respaldo en el comportamiento de los bonos argentinos. Aunque las cotizaciones mostraron movimientos mixtos durante la jornada, los títulos soberanos acumulan ganancias de hasta 1,7% en el transcurso de julio, consolidando una recuperación que comenzó luego de conocerse el cronograma financiero oficial.

No obstante, el desempeño de los activos argentinos en Wall Street mostró un tono diferente. Los ADR de empresas nacionales operaron mayoritariamente en terreno negativo, reflejando una toma de ganancias luego de las fuertes subas registradas en las semanas anteriores. Las mayores caídas correspondieron a Supervielle, con una baja del 2,6%; YPF, que retrocedió 2,4%; Central Puerto, con un descenso del 1,9%; y Pampa Energía, que perdió 1,7%. En contraste, Globant avanzó 4,4% y Ternium ganó 1,8%, destacándose entre las excepciones de la jornada.

Mientras tanto, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires permaneció sin actividad por el feriado nacional. En la última rueda operativa, el índice S&P Merval había cerrado con una baja del 0,7%, ubicándose en 3.204.227 puntos, mientras que medido en dólares registró una caída del 1,7%. Entre las acciones con mayores retrocesos se destacaron BBVA, Metrogas y Supervielle, mientras que Sociedad Comercial del Plata, YPF y Bolsas y Mercados Argentinos lograron finalizar con variaciones positivas.

La evolución del riesgo país continúa siendo uno de los principales indicadores observados por el mercado. Una eventual perforación del umbral de los 400 puntos básicos representaría un nuevo respaldo para la estrategia económica del Gobierno y acercaría a la Argentina a condiciones de financiamiento más favorables, un objetivo clave para consolidar la estabilización macroeconómica y recuperar gradualmente el acceso al crédito internacional.

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Las acciones argentinas extienden las bajas mientras la guerra y la Fed dominan la agenda global

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La incertidumbre geopolítica volvió a imponerse sobre el entusiasmo tecnológico en los mercados internacionales y arrastró a los activos argentinos a una nueva jornada de corrección. El S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 0,9% y acumuló su segunda rueda consecutiva en terreno negativo, en un contexto donde las dudas sobre la evolución del conflicto en Medio Oriente comenzaron a neutralizar el optimismo que había generado el boom de la inteligencia artificial en Wall Street.

La corrección local se produjo después de varias semanas en las que Argentina había mostrado una performance relativamente sólida frente al deterioro global. Sin embargo, el regreso de la aversión al riesgo golpeó principalmente a las acciones argentinas que cotizan en Nueva York. Globant encabezó las pérdidas con una caída cercana al 7%, reflejando la sensibilidad del sector tecnológico ante cualquier cambio de humor de los inversores internacionales.

En contraste, las compañías vinculadas a la energía volvieron a mostrar resiliencia. YPF, Pampa Energía y Vista Energy lograron sostener ganancias impulsadas por un nuevo avance del petróleo, que continúa reaccionando a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y a las amenazas sobre la estabilidad de los flujos energéticos globales.

La dinámica no es casual. A medida que aumentan las dudas sobre una resolución definitiva entre Estados Unidos e Irán y persisten los focos de conflicto en la región, el mercado incorpora una prima de riesgo sobre los precios de la energía. El Brent volvió a ubicarse en niveles elevados, consolidando un escenario favorable para las petroleras, pero generando al mismo tiempo mayores presiones inflacionarias sobre las economías desarrolladas.

Para Argentina, el efecto es dual. Por un lado, las empresas energéticas se benefician de un contexto de precios más altos. Por otro, un petróleo caro puede retrasar el proceso de baja de tasas en Estados Unidos y fortalecer al dólar a nivel global, dos variables que suelen afectar a los mercados emergentes.

En ese marco, Wall Street operó con bajas moderadas de entre 0,2% y 0,4%, luego de haber alcanzado máximos históricos en la jornada previa. Los inversores se encuentran atrapados entre dos narrativas contrapuestas: el extraordinario impulso que la inteligencia artificial está generando sobre las ganancias corporativas y la incertidumbre derivada de la geopolítica internacional.

Los balances recientes de gigantes tecnológicos como Dell y Hewlett Packard reforzaron la percepción de que la revolución de la inteligencia artificial está generando una nueva ola de crecimiento empresarial. Sin embargo, el mercado comenzó a preguntarse cuánto tiempo podrá sostenerse ese impulso si el escenario internacional continúa deteriorándose.

A la tensión geopolítica se suma otro factor que empieza a preocupar a los operadores: la política monetaria estadounidense. Los últimos indicadores laborales mostraron una economía más robusta de lo esperado y volvieron a poner en duda la velocidad con la que la Reserva Federal podría avanzar hacia nuevos recortes de tasas.

Actualmente, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantiene en torno al 4,45%, un nivel que sigue siendo elevado para los estándares históricos recientes. Al mismo tiempo, los contratos de futuros comienzan a reflejar una probabilidad creciente de que la Fed mantenga una postura restrictiva durante más tiempo del previsto.

Para los activos argentinos, este escenario representa un desafío adicional. Si bien el riesgo país permanece estable en torno a los 488 puntos básicos y los bonos soberanos operan con variaciones acotadas, el mercado sigue monitoreando tres variables clave: la acumulación de reservas por parte del Banco Central, la estabilidad cambiaria y la evolución de la inflación.

Los analistas destacan que, pese a la volatilidad externa, Argentina continúa exhibiendo una fortaleza relativa superior a la observada en otros episodios de tensión internacional. La combinación de superávit fiscal, mejora en las cuentas energéticas y una reducción gradual del riesgo soberano ha permitido amortiguar parte de los shocks externos.

No obstante, la dependencia de los flujos financieros globales sigue siendo un factor determinante. En un mercado donde la tecnología sostiene gran parte de las ganancias bursátiles y la geopolítica amenaza con alterar las expectativas, cualquier movimiento de la Reserva Federal o una escalada en Medio Oriente puede modificar rápidamente el apetito por riesgo.

Por ahora, los inversores parecen haber optado por una estrategia de cautela. La inteligencia artificial continúa impulsando las valuaciones de las grandes tecnológicas, pero la guerra, el petróleo y las tasas vuelven a recordar que los mercados globales siguen transitando un delicado equilibrio entre crecimiento e incertidumbre.

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Riesgo país debajo de 500: el mercado apuesta a la estabilidad financiera

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La baja del riesgo país por debajo de los 500 puntos volvió a encender el optimismo financiero sobre la Argentina. El indicador de JP Morgan cerró en 494 unidades, su nivel más bajo en años, mientras las acciones y bonos argentinos extendieron la racha alcista tanto en Buenos Aires como en Wall Street. La mejora llega acompañada por un dato que el Gobierno considera central: las reservas del Banco Central superaron los USD 48.500 millones, el mayor nivel desde septiembre de 2019.

El movimiento tiene impacto político y económico. Para el mercado, el descenso del riesgo país implica una menor percepción de default y reabre expectativas de financiamiento externo para empresas y eventualmente para el propio Estado. Pero para Misiones y el NEA, la lectura es más compleja: el clima financiero mejora en Buenos Aires mientras el interior productivo sigue condicionado por el costo del crédito, la presión fiscal y un consumo todavía débil.

El mercado consolida el “trade Argentina”

La rueda dejó una postal que hace meses parecía improbable: activos argentinos desacoplándose parcialmente de la volatilidad regional y acompañando el rally de Wall Street.

El S&P Merval ganó 0,7%, hasta los 3.089.497 puntos, acumulando en mayo una suba cercana al 10% tanto en pesos como en dólares. En Nueva York, los ADR argentinos mostraron mayoría de alzas, con destaque para Banco Macro y Globant.

Los bonos soberanos en dólares también avanzaron, aunque con selectividad. El resultado alcanzó para que el riesgo país perforara nuevamente el umbral psicológico de los 500 puntos, una barrera que el mercado sigue utilizando como referencia de “normalización financiera”.

Detrás de esa mejora aparecen tres factores: fuerte compra de reservas del Banco Central; rollover positivo del Tesoro en la licitación de deuda; expectativa de desaceleración inflacionaria.

Luis Caputo alimentó ese escenario al anticipar que la inflación de mayo sería inferior a la de abril y al insistir en que el programa económico atraviesa una etapa de consolidación.

Reservas récord y dólar quieto: el ancla que observa el NEA

El Banco Central compró USD 447 millones en la jornada y acumula adquisiciones por casi USD 9.700 millones en 2026. Las reservas brutas alcanzaron USD 48.511 millones, un nivel que el mercado interpreta como señal de fortalecimiento del balance monetario.

En paralelo, el dólar mayorista cerró en $1.410, mientras que el minorista y el blue terminaron alineados en torno a los $1.430.

Para Misiones, la estabilidad cambiaria tiene una importancia estratégica distinta a la del centro financiero porteño. La provincia convive con una economía fronteriza altamente sensible al diferencial de precios con Brasil y Paraguay. Cuando el dólar se acelera, aparecen distorsiones comerciales inmediatas; cuando se estabiliza, el comercio local recupera algo de previsibilidad.

Sin embargo, el nuevo escenario también tiene un efecto dual: mejora la capacidad de planificación para importadores y comercios; pero encarece en dólares costos internos que afectan competitividad regional.

Sectores como madera, yerba, té y turismo siguen mirando con atención el tipo de cambio real. Un peso apreciado favorece la desaceleración inflacionaria, pero reduce márgenes exportadores en economías regionales que ya vienen operando con rentabilidad comprimida.

Bancos y energía lideran el apetito inversor

El rally volvió a concentrarse principalmente en acciones bancarias. Banco Macro encabezó las ganancias tanto en Buenos Aires como en Wall Street.

El dato no es casual. El mercado está anticipando un escenario donde: baja el riesgo soberano, cae la inflación, mejora el crédito, y se normaliza progresivamente el sistema financiero.

Ese movimiento tiene implicancias concretas para provincias como Misiones, donde el acceso al financiamiento productivo sigue siendo uno de los principales cuellos de botella.

Hoy muchas pymes forestales, yerbateras y comerciales continúan trabajando con tasas reales todavía elevadas, pese a la desaceleración inflacionaria. La mejora financiera nacional todavía no se traduce plenamente en crédito accesible para el interior productivo.

Wall Street ayuda, pero el petróleo sigue condicionando

El contexto internacional también colaboró. Wall Street cerró nuevamente en máximos históricos tras datos de inflación estadounidense levemente mejores a lo esperado.

El índice PCE —la medición favorita de la Reserva Federal— mostró un incremento mensual de 0,4%, moderando temores sobre nuevas subas agresivas de tasas.

Además, el mercado siguió de cerca las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. La posibilidad de avances diplomáticos redujo parcialmente la tensión sobre el petróleo: el Brent cayó 0,5%; mientras el WTI subió 0,3%.

Para Argentina, un petróleo más estable implica menor presión sobre costos energéticos y combustibles. Para Misiones, donde el transporte explica buena parte de la estructura de costos logísticos, cualquier moderación energética tiene impacto directo sobre precios y competitividad.

El dato silencioso: el Tesoro volvió a financiarse sin sobresaltos

Otro punto clave de la jornada fue la última licitación del Tesoro. El Gobierno consiguió un rollover del 114%, captando $12,6 billones frente a vencimientos por $11 billones. La señal fue leída positivamente porque reduce presión monetaria y evita expansión adicional de pesos.

La demanda se concentró principalmente en instrumentos de corto plazo y tasa fija, reflejando que el mercado empieza a extender duración, aunque todavía mantiene cautela sobre horizontes más largos.

El éxito financiero le da oxígeno político al Gobierno en momentos donde busca consolidar el proceso de desinflación antes de las elecciones legislativas.

El entusiasmo financiero convive con una economía real que todavía muestra heterogeneidad. En Misiones, el consumo continúa lejos de los niveles previos al ajuste de 2024. La recuperación aparece fragmentada: mejoran algunos segmentos vinculados a turismo y comercio fronterizo; persisten dificultades en industria y producción primaria; el crédito productivo aún no acompaña la baja del riesgo financiero.

El desafío para el Gobierno será transformar el “momentum” de mercado en mejora concreta de actividad y empleo fuera del AMBA.

Porque mientras el riesgo país perfora los 500 puntos y Wall Street vuelve a premiar activos argentinos, en el interior productivo todavía persiste una pregunta más terrenal: cuándo esa estabilidad financiera llegará efectivamente al bolsillo, al consumo y a la inversión regional.

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