A menos de un mes de las elecciones internas de ADUNaM, el gremio docente de la Universidad Nacional de Misiones, el Frente Gremial Independiente (FGI) lanzó una campaña para disputar la conducción con un eje central: la crisis salarial. Según plantearon, un ayudante de primera con dedicación simple percibe $442.793,70, por debajo de la línea de indigencia fijada en $658.011. La convocatoria, bajo la consigna “Recuperemos ADUNaM”, introduce un escenario de tensión sindical en un contexto de ajuste nacional sobre el sistema universitario.
Crisis salarial y ausencia de paritarias
El planteo del espacio opositor se apoya en un dato estructural: “Desde octubre de 2023 no tenemos paritarias reales, y mientras la inflación vuela, nuestros salarios se hunden”. La afirmación no sólo apunta al deterioro del ingreso, sino también a la pérdida de un mecanismo clave de negociación.
En términos institucionales, la paritaria docente universitaria funciona como el principal canal para actualizar salarios frente a la inflación. Su ausencia, según el sector, deja a los trabajadores sin herramientas de recomposición en un contexto económico adverso.
El impacto no se limita al ingreso directo. También se extiende a los aportes a la obra social SMAUNaM, lo que —según advierten— “deja nuestra salud y la de nuestras familias en una vulnerabilidad creciente”.
Interna gremial y disputa por la conducción
El Frente Gremial Independiente formalizó su participación como lista 2 y busca capitalizar el malestar docente. Desde ese espacio sostienen que la actual conducción “dejó pasar cada ataque sin resistencia efectiva” y cuestionan la falta de respuesta frente a la caída del salario.
“Nos organizamos en un FRENTE GREMIAL INDEPENDIENTE”, señalaron, con la intención de construir “una alternativa real” dentro del gremio más representativo de la UNaM.
La estrategia apunta a reforzar la organización territorial dentro de la universidad: “Nuestros objetivos como lista 2 apuntan a la construcción sindical de base en cada Facultad y Escuela, con un plan de acción colectivo”.
Representación y agenda universitaria
La elección del 26 de mayo no sólo definirá autoridades gremiales. También ordenará la representación docente en un momento donde el conflicto universitario adquiere dimensión nacional.
El frente opositor vincula directamente la situación salarial con las políticas del Gobierno nacional: plantea la necesidad de “un plan de acción colectivo contra el ataque del Gobierno Nacional a la Universidad y la Ciencia pública”.
En ese marco, la disputa interna se convierte en un canal para redefinir el perfil del gremio: más dialoguista o más confrontativo.
Ingresos por debajo de lo básico
El dato salarial presentado sintetiza el problema: un ingreso docente que no cubre la canasta mínima. Traducido en términos concretos, implica una pérdida de capacidad de consumo y un ajuste directo sobre el nivel de vida.
Además, el deterioro de aportes a la obra social introduce un segundo nivel de impacto: la calidad de cobertura sanitaria.
A días del 24 de Marzo, en Posadas comenzó a tomar forma una convocatoria con contenido político explícito que desborda la conmemoración tradicional y busca instalar una lectura de presente. La vigilia del lunes 23 de marzo a las 17:00 en ATE Misiones, sobre Salta 2326, y la marcha del martes 24 de marzo a las 08:30 en la intersección de avenida Mitre y calle Buenos Aires, muestran algo más que una agenda de memoria: exponen un intento de reagrupar a sectores sindicales, sociales, universitarios y militantes alrededor de una consigna de confrontación ideológica. Bajo el lema “30.000 razones para defender la patria. 50 años, el mismo enemigo”, la convocatoria enlaza el terrorismo de Estado con una impugnación directa al modelo económico actual. La pregunta de fondo no es solo cuánta gente movilizará, sino qué volumen político podrá condensar esa articulación en un escenario de alta tensión con el Gobierno nacional.
La convocatoria no parte de una sola organización. La nómina de convocantes exhibe un entramado amplio: UTEP, Movimiento Evita, TTT, CTD Aníbal Verón, ADUNAM, Jubilados ATE, Encuentro Patriótico, 13 de Diciembre, CTL, CDP ATE, Movimiento Evita Capitana, Campaña Nacional contra la Violencia Institucional, Oficina de Graduados de la Facultad de Humanidades, Patria Grande, Mesa de la Cultura, Corriente Nuestra Patria y Movimiento Popular Nuestra América. Esa diversidad no es un dato menor. En la política territorial, cuando una fecha logra reunir sindicatos, movimientos sociales, espacios universitarios y organizaciones de cultura, la conmemoración deja de ser solamente memorial para transformarse en un dispositivo de acumulación.
La memoria como plataforma de reorganización política
El 24 de Marzo tiene en Argentina un peso institucional propio, pero en este caso la consigna elegida reordena el sentido de la convocatoria. El texto difundido no se limita al recuerdo de los detenidos-desaparecidos. Plantea una continuidad histórica entre la represión ilegal y un “modelo económico de miseria planificada” que, según los organizadores, fue impuesto “a sangre y fuego” y sigue vigente. Esa definición no funciona solo como consigna: ordena una posición política frente al presente y redefine la calle como escenario de disputa.
Ahí aparece una clave de lectura. La marcha y la vigilia no se presentan como actos aislados ni puramente testimoniales. Se inscriben en una narrativa de resistencia y de continuidad militante: “Estamos llamados a continuar su lucha”, señala el documento. La apelación va más allá de la memoria individual o familiar. Busca producir una identificación política activa, con anclaje en la idea de patria, soberanía, antiimperialismo y liberación nacional.
Ese lenguaje, además, no es neutro. Recupera una tradición política reconocible dentro del campo nacional-popular y la actualiza en una coyuntura donde el conflicto con el Gobierno se expresa tanto en el plano económico como en el simbólico. En ese marco, la calle vuelve a ser presentada como espacio de legitimación política. No se trata únicamente de recordar a las víctimas del terrorismo de Estado, sino de disputar el sentido de la crisis actual y de nombrar al adversario en clave histórica.
Posadas como escenario de articulación territorial
La secuencia de actividades también tiene diseño político. La vigilia del lunes 23 en la sede de ATE Misiones propone un formato de construcción previa, con elaboración colectiva de carteles, proyecciones, música, mística y reflexión. Es decir, no solo convoca a asistir; convoca a producir identidad y clima político antes de la marcha central. La marcha del martes 24, en tanto, se organiza desde una esquina emblemática del centro posadeño, Mitre y Buenos Aires, con horario matutino, una elección que combina visibilidad pública y ocupación temprana del espacio urbano.
Esa arquitectura importa. La vigilia funciona como instancia de cohesión entre organizaciones con trayectorias distintas. La marcha, como momento de exhibición. Entre una y otra, se construye una escena de unidad que tiene peso en la política local. Porque cuando convergen gremios estatales, organizaciones sociales, sectores universitarios y espacios de militancia territorial, no solo se envía un mensaje al Gobierno nacional. También se ordenan posiciones dentro del mapa opositor y del activismo provincial.
La presencia de ADUNAM, de estructuras ligadas a ATE y de espacios universitarios vinculados a la Facultad de Humanidades refuerza además una composición donde confluyen reclamo sindical, activismo de derechos humanos y densidad intelectual. No es una suma casual. Es una coalición que intenta hablar en varios registros al mismo tiempo: memoria, conflicto social, defensa de derechos y crítica al modelo económico.
Del homenaje a la interpelación del presente
En el texto base hay una operación política clara: los organizadores colocan a los desaparecidos dentro de un “proyecto político soberano, antiimperialista y por la patria liberada”. Esa formulación no busca un consenso amplio y desideologizado. Hace lo contrario. Reivindica una identidad política del pasado y la proyecta hacia el presente. Desde esa perspectiva, el 24 de Marzo aparece menos como una fecha de homenaje transversal y más como una fecha de reafirmación militante.
Eso puede fortalecer a los espacios convocantes, porque les da cohesión narrativa y un horizonte político común. Pero también delimita el tipo de convocatoria que pretenden construir. No se trata de una apelación abstracta a la democracia o a los derechos humanos en general. Se trata de una lectura donde el conflicto histórico sigue abierto y donde el presente económico aparece como heredero de aquella matriz de poder.
La frase “50 años, el mismo enemigo” sintetiza esa apuesta. Condensa pasado y presente en una misma línea argumental y empuja una interpretación confrontativa. En términos políticos, eso convierte la movilización en un mensaje de polarización simbólica. No necesariamente partidaria en sentido formal, pero sí ideológica y estratégica.
Qué sectores buscan capitalizar la fecha
La amplitud del listado de organizaciones muestra que la fecha funciona como punto de encuentro para sectores que, en otros momentos, pueden tener agendas o ritmos distintos. UTEP y Movimiento Evita aportan estructura territorial y capacidad de movilización social. ATE, Jubilados ATE y CDP ATE suman anclaje sindical. ADUNAM y la Oficina de Graduados de la Facultad de Humanidades añaden legitimidad académica y presencia universitaria. Patria Grande, Corriente Nuestra Patria, Movimiento Popular Nuestra América y Encuentro Patriótico incorporan volumen militante e identidad política.
Ese ensamblaje puede leerse como una búsqueda de recomposición. En tiempos de fragmentación opositora, una fecha con legitimidad histórica permite ordenar presencias, ensayar unidad y recuperar calle. No implica automáticamente una alianza electoral ni una coordinación permanente, pero sí configura una escena que puede tener efectos hacia adelante.
La movilización, además, puede fortalecer a las organizaciones que logren mostrarse como articuladoras reales del espacio. En estos casos, no solo importa quién convoca, sino quién organiza, quién llena, quién sostiene y quién logra traducir la efeméride en capacidad política concreta. En la política territorial, ese tipo de señales se observa con atención.