Agencia Internacional de la Energía

El petróleo roza los US$100 y expone el riesgo global tras la escalada militar entre Irán, Israel y Estados Unidos

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La guerra en Medio Oriente volvió a impactar de lleno en la economía global. Este jueves, los precios internacionales del petróleo registraron una suba de hasta 10% y regresaron a la zona de los US$100 por barril, tras una ofensiva militar de Irán contra buques petroleros en el estratégico Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.

La reacción de los mercados fue inmediata. El Brent crude oil, referencia para Europa, llegó a cotizar US$101 por barril, antes de moderarse hacia los US$98, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) subió 4,6% hasta los US$91. Ambos índices acumulan una revalorización superior al 60% en lo que va de 2026, una señal de que el mercado energético ya está incorporando el riesgo geopolítico como factor estructural.

El detonante inmediato fue el recrudecimiento del conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán. Pero la pregunta que domina a los analistas es otra: ¿está el mundo ante una nueva crisis energética global o frente a un shock geopolítico de corto plazo?

Ormuz, el cuello de botella energético del planeta

La tensión se concentra en el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por donde circula aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo. La ofensiva iraní contra buques que navegaban en la zona provocó incendios en al menos dos petroleros cerca del sur de Irak, obligando a evacuar a las tripulaciones. El ataque dejó un muerto y varios desaparecidos.

El bloqueo de esa vía marítima tiene un efecto inmediato en los mercados. Se trata del principal paso para el petróleo que sale del Golfo Pérsico hacia Asia, Europa y Estados Unidos. Cada interrupción en esa ruta se traduce en menos oferta global disponible, una ecuación que empuja los precios al alza.

Los inversores interpretan que el cierre parcial de Ormuz podría estar afectando la circulación de alrededor de 20 millones de barriles diarios, una cifra que explica la reacción inmediata del mercado.

La respuesta energética de Occidente

Ante la amenaza de un shock de oferta, las potencias occidentales activaron mecanismos de emergencia. La Agencia Internacional de la Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, la mayor medida de este tipo en la historia del organismo.

Por su parte, Estados Unidos informó que liberará 172 millones de barriles adicionales a partir de la próxima semana.

Sin embargo, la capacidad de estas medidas para estabilizar el mercado aparece limitada. Los volúmenes anunciados siguen lejos de compensar el flujo de petróleo que podría verse interrumpido si el conflicto se prolonga o si el tránsito marítimo continúa restringido.

En términos políticos, la decisión revela una preocupación creciente: el precio del petróleo vuelve a convertirse en un frente de tensión para las economías globales, en especial en un contexto donde la inflación energética sigue siendo un riesgo para gobiernos y bancos centrales.

Israel amplía el frente militar y eleva la tensión regional

Mientras los mercados reaccionaban al shock energético, el conflicto militar escaló en paralelo. El ejército de Israel confirmó que atacó el complejo nuclear Taleghan nuclear complex en territorio iraní.

La ofensiva se inscribe en una estrategia más amplia. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, instruyó al ejército para que se prepare a expandir las operaciones militares contra el grupo chiíta Hezbollah en el Líbano.

El conflicto ya tiene impactos humanitarios significativos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados informó que 3,2 millones de personas se encuentran desplazadas dentro de Irán como consecuencia de las hostilidades.

En paralelo, medios iraníes reportaron la muerte de Sardar Esmail Dehghan, comandante de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en un ataque selectivo ocurrido en la ciudad de Arak, donde falleció junto a su esposa y sus dos hijos.

Un conflicto militar que redefine el tablero energético

La combinación de ataques en rutas petroleras, ofensivas militares y respuesta energética de Occidente está configurando un escenario de alta volatilidad geopolítica.

El mercado energético opera con una lógica simple: cuando se percibe riesgo de interrupción en el suministro, los precios reaccionan antes de que la escasez se materialice.

Eso explica por qué el petróleo ya volvió a niveles cercanos a US$100 por barril, incluso antes de que el impacto real en la oferta global sea completamente medido.

Para muchos gobiernos, el problema no es solo el precio del crudo. Un salto sostenido en los valores del petróleo impacta en inflación, costos logísticos, transporte y energía, variables que afectan directamente la estabilidad económica.

Un escenario abierto con implicancias globales

El movimiento de los precios del petróleo es, en realidad, un termómetro político. Cada escalada militar en Medio Oriente se traduce en un reajuste inmediato de expectativas en los mercados.

Si el conflicto se limita a episodios aislados, la presión sobre los precios podría moderarse. Pero si el cierre del estrecho de Ormuz se prolonga o si la guerra se expande hacia nuevos frentes, el impacto podría escalar hacia una crisis energética de alcance global.

Por ahora, el mercado se mueve entre dos fuerzas opuestas: las reservas estratégicas liberadas por Occidente y el riesgo creciente de interrupción del suministro.

En ese delicado equilibrio se juega algo más que el precio del petróleo. También está en disputa la estabilidad energética de la economía global.

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Irán asegura que su líder supremo Mojtaba Jamenei está “a salvo”

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El poder político iraní salió a despejar rumores en el momento más delicado de la nueva fase del conflicto regional. El hijo del presidente de Masoud Pezeshkian afirmó que el recién designado líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, “está a salvo”, luego de que circularan versiones sobre posibles heridas sufridas durante los bombardeos lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos dentro del país.

La aclaración llega apenas días después de que Jamenei —hijo del fallecido líder religioso Alí Jamenei— fuera designado el domingo como máxima autoridad política y espiritual del sistema iraní. Desde entonces no ha aparecido en público ni su oficina ha difundido comunicados oficiales, un silencio que alimentó especulaciones en medio de la intensificación del conflicto regional.

Según el reporte publicado por la agencia semioficial ISNA, Yousef Pezeshkian explicó que consultó a personas que estuvieron en contacto directo con el nuevo líder. La respuesta fue que “gracias a Dios está a salvo y no hay motivos de preocupación”.

Más que una simple aclaración personal, la declaración cumple una función política clara: proyectar estabilidad en la cúspide del poder iraní en un momento en el que el país enfrenta simultáneamente ataques militares, presión económica internacional y una escalada naval en uno de los corredores energéticos más sensibles del planeta.

Guerra abierta en el Golfo y amenaza sobre el estrecho de Ormuz

Mientras Teherán intenta cerrar filas alrededor de su nueva conducción religiosa, la confrontación militar continúa ampliándose en la región.

Durante la madrugada, la Guardia Revolucionaria iraní anunció que lanzó su operación “más intensa” desde el inicio de la guerra. Al mismo tiempo, Israel confirmó una nueva oleada de ataques aéreos contra objetivos en Teherán, incluidas explosiones registradas en dirección al aeropuerto internacional de Mehrabad.

La tensión también se trasladó al mar.

Tres buques fueron alcanzados por proyectiles no identificados cerca del estratégico Estrecho de Ormuz, una vía por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Un carguero llegó a incendiarse, aunque el fuego fue extinguido posteriormente sin daños ambientales reportados.

Según fuentes citadas por medios internacionales, Teherán habría comenzado a colocar minas navales en la zona. Un informe del Congreso estadounidense estima que Irán posee entre 5.000 y 6.000 minas navales, incluyendo minas lapa, minas ancladas y minas de fondo capaces de detonar al detectar embarcaciones.

Aunque las fuentes de inteligencia sostienen que hasta ahora se han desplegado solo unas pocas decenas, también señalan que Irán conserva entre el 80% y el 90% de sus embarcaciones minadoras, lo que le permitiría escalar rápidamente la operación.

El presidente estadounidense Donald Trump reaccionó públicamente al escenario: exigió que Teherán retire de inmediato cualquier mina colocada en la vía marítima.

La guerra se expande: drones, misiles y objetivos económicos

La escalada ya alcanza a varios países del Golfo.

Autoridades de Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait informaron la interceptación de misiles y drones procedentes de Irán. Entre los objetivos mencionados figuran instalaciones petroleras, bases militares y zonas estratégicas.

En paralelo, un portavoz del comando militar Khatam al-Anbiya de Teherán acusó a Estados Unidos e Israel de atacar uno de los bancos del país, una acusación que introduce un nuevo elemento en la dinámica del conflicto: el desplazamiento de los objetivos hacia infraestructuras económicas.

El funcionario afirmó que ese ataque otorga a Irán “justificación” para responder contra centros económicos y bancos estadounidenses e israelíes en la región.

La advertencia incluyó incluso una recomendación a la población regional: mantenerse al menos a un kilómetro de los bancos ante posibles ataques.

La señal política es evidente. El conflicto comienza a trasladarse desde el terreno militar hacia la infraestructura financiera, ampliando el riesgo de desestabilización económica en el Golfo.

El petróleo entra en el centro del tablero geopolítico

La dimensión energética ya se convirtió en uno de los principales factores de presión internacional.

El precio del crudo Brent se mantiene alrededor de 88 dólares por barril, tras el fuerte salto registrado al inicio de la escalada militar. Los mercados observan con atención una posible liberación masiva de reservas estratégicas de petróleo por parte de la Agencia Internacional de la Energía.

Según informes citados por medios internacionales, la agencia evalúa liberar una cantidad de crudo superior a los 182 millones de barriles utilizados en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.

La iniciativa cuenta con respaldo político del G7, cuyos miembros manifestaron su apoyo a medidas “proactivas” para estabilizar el mercado energético global.

Los gobiernos de Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá consideran que la reunión del consejo de administración de la AIE puede convertirse en un punto clave para contener el impacto económico del conflicto.

El presidente francés Emmanuel Macron convocó incluso una reunión de líderes del G7 para analizar las consecuencias económicas de la guerra y la seguridad del suministro energético.

El desafío político interno para el nuevo liderazgo iraní

En este contexto, la figura de Mojtaba Jamenei adquiere una dimensión política mucho más amplia que la mera sucesión religiosa.

Su designación como líder supremo ocurre en medio de una guerra regional abierta, con presión militar directa de Israel y Estados Unidos y con el sistema político iraní obligado a demostrar cohesión institucional.

La ausencia pública del nuevo líder —aunque el gobierno asegure que está a salvo— introduce un elemento de incertidumbre en el sistema de poder iraní, tradicionalmente estructurado alrededor de la figura visible del líder supremo.

El desafío inmediato para Teherán es doble: sostener la cohesión interna mientras gestiona una escalada militar que ya impacta en el comercio energético mundial.

Un conflicto que puede redefinir el equilibrio regional

Lo que ocurre ahora en el Golfo no es solo una serie de intercambios militares.

La militarización del estrecho de Ormuz, el desplazamiento de los ataques hacia infraestructura económica y la reacción coordinada de las potencias energéticas anticipan un conflicto con consecuencias globales.

La incógnita central es hasta dónde escalará la confrontación.

En las próximas semanas será clave observar tres variables: la aparición pública del nuevo líder iraní, la evolución de la guerra naval en el Golfo y las decisiones del bloque energético occidental para estabilizar los mercados.

Por ahora, el mensaje oficial de Teherán intenta transmitir normalidad institucional. Pero la región atraviesa uno de los momentos más volátiles de los últimos años.

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Más allá del litio: el aire líquido emerge como alternativa clave para almacenar energías renovables

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La carrera global por sustituir los combustibles fósiles aceleró una transformación estructural de los sistemas eléctricos: por primera vez, la electricidad renovable superó al carbón como fuente de generación. Sin embargo, ese avance expuso un problema central para la estabilidad de las redes: cómo almacenar energía cuando no hay sol ni viento. En ese contexto, una tecnología ignorada durante casi cinco décadas vuelve al centro del debate energético. El almacenamiento de energía mediante aire líquido tendrá en 2026 su primera planta comercial a escala mundial, en el noroeste de Inglaterra, con el objetivo de aportar una solución limpia, de gran escala y potencialmente más económica que las alternativas actuales.

El proyecto, desarrollado por la empresa Highview Power, marca un hito en la transición energética y plantea un nuevo escenario para los sistemas eléctricos que avanzan hacia una matriz basada en renovables, pero necesitan respaldo firme para garantizar suministro continuo y estabilidad operativa.

La función principal de una batería de flujo de vanadio es proporcionar almacenamiento de energía a gran escala.

El desafío estructural de la transición energética y la necesidad de almacenamiento

La expansión de las energías renovables es clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar los impactos del cambio climático. Sin embargo, a diferencia de las centrales térmicas a carbón o gas —que pueden encenderse y apagarse según la demanda—, las fuentes renovables son intermitentes. En determinados momentos generan menos electricidad de la necesaria y, en otros, producen excedentes que pueden dañar la red.

Según explicó Shaylin Cetegen, ingeniera química del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) especializada en sistemas de almacenamiento, a medida que creció la participación de renovables se volvió imprescindible desarrollar capacidad de almacenamiento a escala de red. Durante décadas, la principal solución fue la hidroelectricidad de bombeo, que utiliza excedentes eléctricos para elevar agua a una represa y luego generar electricidad al liberarla. En 2021, el mundo contaba con 160 gigavatios de esta capacidad.

En los últimos años, la demanda de almacenamiento impulsó una fuerte expansión de las baterías a gran escala. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el almacenamiento con baterías pasó de 1 GW en 2013 a más de 85 GW en 2023, con más de 40 GW incorporados solo en ese año. Aun así, estas soluciones presentan límites de costo, duración y reemplazo.

En este escenario reaparece el almacenamiento mediante aire líquido, una tecnología cuya idea básica existe desde 1977, pero que recién en este siglo comenzó a recibir atención sostenida, impulsada por la urgencia de la transición energética.

El almacenamiento de energía a gran escala con baterías de litio es una forma de almacenar el exceso de energías renovables

Cómo funciona el aire líquido y por qué vuelve a ganar protagonismo

El sistema de almacenamiento con aire líquido se basa en un proceso de tres etapas. Primero, se toma aire del ambiente y se limpia. Luego, se comprime repetidamente hasta alcanzar presiones muy altas. Finalmente, se enfría hasta licuarse mediante un intercambiador de calor multicanal, que permite transferencias térmicas controladas.

“La energía que obtenemos de la red alimenta este proceso de carga”, explicó Cetegen. El aire licuado se almacena en grandes tanques y, cuando la red necesita energía adicional, se libera, se evapora y vuelve a su estado gaseoso. Esa expansión impulsa turbinas que generan electricidad, tras lo cual el aire se libera nuevamente a la atmósfera, sin combustión ni emisiones.

Uno de los aspectos clave del sistema es la recuperación térmica. La compresión del aire genera calor, que puede reutilizarse para mejorar la eficiencia del proceso. Sin estos ciclos, la eficiencia ronda el 50%, pero al incorporarlos puede superar el 60% y acercarse al 70%, según Cetegen.

El principal desafío, señalan los especialistas, es desplegar suficiente capacidad de almacenamiento mediante aire líquido para que tenga un impacto significativo en la transición ecológica. Aun así, sus promotores confían en que el crecimiento de las renovables inclinará la balanza económica a su favor.

La primera planta comercial y el debate sobre la viabilidad económica

La instalación que se construye cerca de Carrington, en las afueras de Manchester, será la primera planta comercial de almacenamiento de energía mediante aire líquido en el mundo. El proyecto sigue la experiencia de una planta piloto en Pilsbury y podrá almacenar 300 megavatios-hora de electricidad, suficientes para cubrir un corte breve de suministro para hasta 480.000 hogares.

Según explicó Richard Butland, director ejecutivo de Highview Power, la planta entrará en funcionamiento en dos fases. En agosto de 2026 comenzará a operar la turbina, que no generará electricidad pero ayudará a estabilizar la red eléctrica. Actualmente, esa función suele cubrirse mediante la activación de centrales de gas, una solución que —según Butland— “supone un coste enorme para el sistema”. El objetivo es ofrecer una alternativa que evite ese recurso.

El sistema completo de almacenamiento comenzaría a operar en 2027, y la empresa prevé obtener ingresos mediante la venta de electricidad a la red en momentos de alta demanda. No obstante, la viabilidad económica sigue siendo un punto crítico.

En un estudio publicado en marzo, Cetegen y su equipo analizaron la rentabilidad del almacenamiento con aire líquido en 18 regiones de Estados Unidos, bajo ocho escenarios de descarbonización y a lo largo de 40 años. En el escenario más ambicioso, la tecnología resultó viable únicamente en Florida y Texas. En el resto de los casos, no se observó viabilidad económica, en gran parte porque en los primeros años no había suficientes renovables para generar volatilidad de precios que justificara el uso intensivo del sistema.

Lejos de interpretar estos resultados como negativos, Cetegen subrayó que el análisis fue deliberadamente conservador y que otras tecnologías, como la hidroelectricidad de bombeo y las baterías, mostraron una viabilidad aún menor en los mismos escenarios.

Un dato central es el costo nivelado de almacenamiento, que estima el costo por unidad de energía almacenada durante la vida útil del proyecto. En el caso del aire líquido, puede ser de US$45 por megavatio-hora, frente a US$120 de la hidroelectricidad por bombeo y US$175 de las baterías de iones de litio. “Si bien ninguno de estos métodos es económicamente viable hoy sin apoyo político, el almacenamiento mediante aire líquido se destaca como una opción particularmente rentable para el almacenamiento a gran escala”, afirmó Cetegen.

El aire líquido es calentado hasta temperatura ambiente y al evaporarse impulsa una turbina para producir electricidad, sin necesidad de combustión

Un rol estratégico en las redes eléctricas del futuro

Para Butland, el futuro de las redes eléctricas no dependerá de una sola tecnología, sino de una combinación de soluciones. La hidroelectricidad de bombeo es eficiente y duradera, pero depende de la disponibilidad de agua y ubicación. Las baterías pueden instalarse casi en cualquier lugar, pero requieren reemplazo cada 10 años. El aire líquido, en cambio, permite almacenar energía durante más tiempo, con pérdidas mínimas.

“A medida que un país inicia la transición hacia la energía verde, su red eléctrica necesita ser remodelada para adaptarse”, sostuvo Butland. “Estamos reconstruyendo todas las redes a nivel mundial, basándonos en la nueva generación”. En ese proceso, el almacenamiento de energía mediante aire líquido podría convertirse en una pieza clave de la nueva arquitectura energética global.

Fuente BBC Mundo

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