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La piedra y el algoritmo: nada humano es absoluto

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Hay momentos en que el mundo parece demasiado grande. Los mercados se mueven a velocidades que no controlamos, la tecnología redefine reglas en tiempo real, y se habla de “nuevo orden” como si fuera un destino escrito en mármol.

Todo parece macro. Todo parece inevitable.

En ese clima vuelve una escena antigua: David frente a Goliat.

Pero la historia no es un elogio de la fuerza. Es un elogio de la precisión.

Hoy el gigante no lleva lanza. Lleva algoritmos. Lleva datos, plataformas, mercados globales. No necesita gritar; optimiza. No impone por volumen, sino por estructura.

Y frente a eso, uno puede sentirse pequeño.

Pequeña como persona.
Pequeña como territorio.

Misiones es una de las provincias más pequeñas de Argentina. Y, sin embargo, tiene el 92% de su perímetro en frontera. Vive literalmente expuesta al mundo. Lo que en otros lugares es discurso, aquí es experiencia cotidiana. Flujos, tensiones, intercambios, diferencias cambiarias, presiones económicas. Vivir en frontera es vivir en contacto permanente con lo externo.

Desde esa perspectiva, la pregunta es inevitable: ¿qué es la piedra?

La piedra es elegir identidad cuando todo empuja a diluirse.

La piedra es la agricultura familiar que decide sostener producción diversificada en lugar de depender de un solo cultivo. Es la chacra que multiplica alimentos y saberes. Es la feria franca que acorta distancias entre productor y consumidor.

La piedra es comprender que en un mundo de cadenas globales frágiles, producir cerca no es romanticismo: es estrategia. La soberanía alimentaria no es un concepto abstracto. Es una respuesta concreta a la incertidumbre.

La piedra es comunidad organizada. Es red territorial. Es mujeres rurales liderando procesos. Es agregar valor en origen en lugar de exportar solo materia prima.

En una provincia pequeña y fronteriza, eso no es menor. Es una forma de equilibrio. Es una forma de no quedar a merced de vaivenes externos.

El algoritmo organiza el mundo en datos.
La piedra organiza el mundo en vínculos.

El algoritmo responde a escala.
La piedra responde a territorio.

Nada humano es absoluto. Tampoco los gigantes económicos, tecnológicos o políticos que hoy parecen intocables. La historia está llena de estructuras que parecían eternas… hasta que dejaron de serlo.

Misiones, pequeña en mapa, enorme en biodiversidad, en cultura, en resiliencia, demuestra algo interesante: la escala no define la influencia. Lo que define es la coherencia estratégica.

David no intentó convertirse en Goliat. No compitió en tamaño. Eligió precisión.

Tal vez esa sea la enseñanza para este tiempo. No negar la magnitud de los cambios. No minimizar la complejidad del algoritmo. Pero tampoco asumir que todo está decidido.

Porque no todo gigante es invulnerable.

Y ninguna realidad humana es absoluta.

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El fallo del algoritmo de TikTok que demuestra su dependencia energética

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La reciente caída del algoritmo de TikTok no solo puso de manifiesto vulnerabilidades técnicas sino también una cuestión mucho más profunda: el enorme consumo energético que implica mantener operativas plataformas digitales globales. El pasado mes, un fallo originado por un corte de energía en un centro de datos estadounidense provocó que funciones clave de la aplicación, incluidos los “me gusta”, visualizaciones y la personalización del feed, dejaran de funcionar correctamente durante días, evidenciando la debilidad del sistema ante fallos eléctricos.

En un mundo donde el uso de redes sociales como TikTok se entrelaza con la vida diaria de millones de personas, este episodio ilumina un problema mayor: la huella energética de los centros de datos que soportan estos algoritmos y la necesidad urgente de transformarlos con energías renovables para asegurar la sostenibilidad a largo plazo.

Impacto energético de los centros de datos

El funcionamiento de plataformas como TikTok depende de enormes centros de datos que requieren electricidad constante no solo para ejecutar servidores, sino también para sistemas de enfriamiento y redes de respaldo. A nivel global, estas infraestructuras ya suponen alrededor del 1,5 % del consumo eléctrico mundial y se estima que esta cifra podría duplicarse antes de 2030 debido al auge de la inteligencia artificial y los servicios en la nube.

Para comprender esta magnitud, basta comparar ese gasto con referencias domésticas sobre cuántos megavatios consume una casa, que ayudan a dimensionar la escala energética que requieren las plataformas digitales. A ello se suma la urgencia de reducir el consumo energético en sectores de rápido crecimiento como las tecnologías de la información.

  • Los centros de datos influyen directamente en la huella de carbono global porque gran parte de la electricidad que consumen procede aún de combustibles fósiles.
  • Estas instalaciones están relacionadas con la evolución del mercado energético y con una demanda de energía firme que presiona a los sistemas eléctricos nacionales.
  • En plena transición energética, el consumo digital obliga a vincular este gasto con el avance de las energías renovables frente al cambio climático y los compromisos de descarbonización.

Consecuencias sociales y económicas

La interrupción del algoritmo de TikTok dejó al descubierto la dependencia social y económica de millones de usuarios y creadores de contenido. Para muchos, la plataforma no es solo entretenimiento: es fuente de ingresos, comunicación y comercio. La caída de servicios durante un fallo eléctrico en un centro de datos expone cómo el elevado consumo energético tiene implicaciones prácticas que van más allá de la técnica.

Económicamente, el mantenimiento y la expansión de estas infraestructuras incrementa los costos operativos para las empresas tecnológicas y puede trasladar presiones sobre los mercados eléctricos locales, especialmente cuando la demanda crece más rápido que la oferta de energía renovable. Además, la percepción pública de inestabilidad tecnológica puede influir en decisiones de inversión en sectores digitales.

Transición energética y sostenibilidad digital

La resolución de la reciente caída y los anuncios de planes para nuevos centros de datos sugieren que las tecnológicas están empezando a tomar en serio la sostenibilidad energética como parte de su infraestructura crítica. Iniciativas que buscan que instalaciones enteras funcionen con fuentes limpias —como centros de datos que se alimentan con energía hidroeléctrica o eólica— representan un paso necesario para reducir el impacto ambiental de servicios digitales masivos.

Sin embargo, la transición completa hacia un modelo low-carbon requiere que la industria y los responsables de políticas integren criterios de eficiencia, uso de renovables y resiliencia eléctrica en todos los niveles de su infraestructura. Solo así podrá reconciliarse la omnipresencia de plataformas como TikTok con los objetivos globales de neutralidad climática sin que eventos de caída revelen vulnerabilidades que van más allá de la simple experiencia de usuario.

Fuente: papernest.es

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