alimentos

Dar de comer a los hambrientos del mundo

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Si cada país productor de cereales, oleaginosas y carnes destinara un pequeño porcentaje de su producción a paliar el hambre en el mundo, no solo estaría haciendo una obra de beneficencia que ayude a seres humanos que tienen nuestros mismos derechos pero que no han tenido la oportunidad, por vivir en un país que le impide hacerlo, para desarrollar sus capacidades para alimentarse dignamente y proveerse de los nutrientes que desarrollen un cuerpo normal, capaz de merecer la oportunidad y la aspiración de competir por un trabajo digno. Si se hiciera un análisis de la baja generalizada de los cereales y oleaginosas que se produjo en el mundo entre el 2013 y 2014, observaríamos que varias excelentes cosechas en Estados Unidos, Brasil, China, Argentina, Australia, Paraguay y otras naciones han incidido que las ofertas al mercado mundial, sobrepasen a la demanda de los países que están en condiciones económicas de adquirir sus necesidades habituales, y con la aplicación de la ley de la oferta y la demanda se produce la consecuente baja de los precios.
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), más de 800 millones de personas en el mundo siguen padeciendo hambre. Sin embargo de las 4.300 millones de toneladas de alimentos producidas en el mundo, 1.300 millones de toneladas, equivalentes a un 30%, se pierden y desperdician y son capaces de alimentar a 2.000 millones de personas. Estas pérdidas incluyen entre 40/50% de los cultivos de raíces, frutas y hortalizas, 20% de semillas oleaginosas y 30% de pescado.
Una planificación racional de la cosecha y transporte de estos alimentos, pueden reducir un porcentaje de las pérdidas estimadas que afectan en especial, a los pequeños agricultores que son los más vulnerables. La otra alternativa, que puede ser complementaria, es que cada uno de los países productores de alimentos orienten parte de su producción a los países necesitados donándoles un porcentaje. Aquí cabría la pregunta ¿Qué país querría donar parte de su producción sin compensación alguna? . Existe una compensación aunque la misma no provenga de los países beneficiados y es que al reducir la oferta mundial de alimentos, los países que puedan adquirirlos, estarían dispuestos a pagar un precio mayor.De esta manera, el país otorgante ve compensada su donación.
En artículos anteriores hemos escrito como productores grandes pueden manejar o manipular el mercado por medio de reducir la oferta, sobre todo, en alimentos no producidos por muchos países y ofrecíamos como ejemplo, el de la soja que puede ser
manejado por Argentina y Brasil. En esta cosecha 2014/15, nuestro país produjo 55 millones de toneladas de soja y Brasil 91, Estados Unidos 98 millones. Es un mercado cuya producción mundial ronda entre las 280 y 300 millones de toneladas y si los tres países mencionados, sumados producen 244 millones de toneladas, estamos hablando del más del 80% de la producción mundial. Si Argentina y Brasil retiran del la oferta al mercado mundial 40 millones de toneladas, los precios se eyectaría a los máximos valores históricos de 600 dólares en el mercado de Chicago. .De acuerdo con nuestro análisis y opinión, Argentina tiene que realizar una salto estratégico y retirarse del mercado de la soja para producir con ella, una parte, aceite comestible y biodiesel y con la harina, alimentos balanceados. Con ello ahorraremos gran parte de los 6.000millones que gastamos para importar gasoil.
Mezclando un 40% de harina de soja con un 60% de maíz, obtendríamos alimento balanceado que permitiría a los agricultores argentinos, con su trabajo, obtener 1 kg. de carne vacuna con 6 Kg. de balanceado; 1 kg. de carne de cerdo con 3,2 kg. de balanceado;  1 kg. de pollo con 2.1 kg de balanceado y alrededor de 1 kg de pescado, según la especia con 1 kg. de balanceado. Todas estas carnes tienen una demanda mundial que nos permitiría triplicar nuestras exportaciones y suministrar mejores precios al mercado interno.
Miguel Schmalko consejero y ex presidente de la FEBAP (Federación Económica Brasil-Argentina-Paraguay)

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“Comida por un dólar” elegida entre las iniciativas sociales más innovadoras del 2018 según la CAF

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CAF -Banco de Desarrollo de América Latina- y la revista ‘Compromiso Empresarial’ quieren reconocer anualmente las diez mejores iniciativas de innovación social del pasado año en España y Latinoamérica.
El proyecto misionero “Comida por un dólar” fue preseleccionada para la final de las “10 iniciativas sociales más innovadoras de 2018”. Para apoyar al proyecto misionero se debe votar a través de Facebook o Twitter.
De las 220 candidaturas recibidas el jurado ha preseleccionado las 20 iniciativas sociales más innovadoras de 2018 de Latinoamérica y España. A partir de hoy y hasta el próximo lunes 15 de abril (a las 17 horas de España) se pueden VOTAR la/s favorita/s dando a ‘ME GUSTA’ en Facebook y en Twitter (@Compromiso_Empr).
La votación popular será tenida en cuenta por el jurado para seleccionar las 10 iniciativas ganadoras, que serán anunciadas el 25 de abril en una ceremonia de entrega de distintivos que tendrá lugar en la sede de la CAF en Madrid (a las 12 horas).
¿Qué tipo de iniciativas premian? Aquellas que hayan ayudado a colectivos en riesgo de exclusión, promovido el empleo, impulsado la cultura, la accesibilidad, cuidado el medio ambiente, mejorado la salud… En general, todas las que hayan producido un cambio positivo en la sociedad y pongan de manifiesto el compromiso y esfuerzo que el sector público, el sector empresarial y el tercer sector continúan haciendo por el progreso y la mejora social.
 

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La empresa Naka Outdoors, líder en montañismo, firmó una alianza con Comida por un Dólar

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El 2019 comenzó con muchísima actividad para el emprendimiento misionero Comida por Un Dólar, que se dedica a producir alimentos de una forma moderna y creativa: la liofilización. “Es un proceso por el cual se deshidrata la comida en hornos especiales y permite conservarla durante muchísimo tiempo. Y para consumirla, solo hay que hidratarla nuevamente con agua caliente. Por eso, nuestros alimentos son ricos y sobre todo nutritivos, además de prácticos para el traslado y consumo” comentó Matías Sebely, Director del proyecto.

En plena expansión, firmó una alianza de trabajo con la empresa Naka Outdoors, una reconocida marca internacional dedicada a la venta y distribución de insumos de camping, montañismo y deportes de aventura en general. A través de su local comercial en Buenos Aires y de su tienda online se puede adquirir los productos liofilizados, que resultan de enorme practicidad para quienes realizan estas actividades. Las opciones de menú son: Poroto y cerdo tipo feijoada, mandioca y cerdo, y próximamente paella, entre otros: https://www.nakaoutdoors.com.ar/

El diferencial, es que por cada unidad vendida por Naka Outdoors un porcentaje se destina a la Fundación Alimentos para el Mundo. “Todos los proyectos que desarrollamos buscan solventar nuestro principal objetivo: contribuir a erradicar el hambre en el mundo. La pata comercial sustenta este objetivo, y por eso la Fundación abre camino con comedores urbanos y rurales, zonas afectadas por contingencias naturales y sectores vulnerables donde existe deficiencia alimentaria, tanto de forma económica pero también con nuestro alimentos preparados.” concluyó Sebely.

El emprendimiento oriundo de la ciudad de Leandro N. Alem, está invitando a más organizaciones a adoptar esta metodología de responsabilidad social empresaria y acercar así a empresas, organizaciones sociales e instituciones públicas.

Para contactarse con el proyecto puede hacerlo en:

Web: https://www.comidaporundolar.com.ar/

Celular: 3754-414412

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Etchevehere: “La digitalización es una herramienta clave para facilitar el comercio y la producción sostenible de alimentos”

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Desde Berlín, en el marco de una de las mayores ferias internacionales de consumo dedicada a la alimentación y agricultura, se refirió a la importancia de la Argentina en el uso de la tecnología aplicada al agro.
Como cierre del Foro Global para la Alimentación y la Agricultura (GFFA) que se realizó hoy en el marco de la Semana Verde Internacional de Berlín, el secretario de Gobierno de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, disertó ante sus pares de 72 países y referentes de organizaciones internacionales, en la XI Conferencia de Ministros de Agricultura, bajo el lema “Agricultura digital – Soluciones inteligentes para la agricultura del futuro”.
“Estamos convencidos que la digitalización es una herramienta clave para aumentar el comercio y la producción sostenible de alimentos nutritivos y uso eficiente de los recursos. Así podremos juntos alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible de hambre cero, y producción y consumo responsables”, señaló Etchevehere durante su intervención.
“La revolución digital cambiará las necesidades del agricultor, y la conectividad se volverá determinante para dar el salto en productividad, sostenibilidad y uso eficiente de insumos. Esto nos permitirá generar más empleo y mejorar las condiciones de vida de los productores rurales”, dijo Etchevehere.
Y agregó: “El foco en los pequeños y medianos productores es esencial para romper con el paradigma basado en producción de subsistencia y asistencialismo. Debemos empoderarlos como verdaderos actores de una transformación productiva sostenible. Los agricultores, más allá de su tamaño, deben tener acceso a este salto digital que dará lugar a un cambio estructural necesario para la agricultura y las áreas rurales”.
Etchevehere, que estuvo acompañado por su Jefe de Gabinete, Santiago del Solar, fue contundente al respaldar la elección del tema escogido para este encuentro, y resaltó el liderazgo en esta materia de nuestro país. “La Argentina adquirió un papel protagónico en Berlín como pionero en el uso de la tecnología para el agro. El mundo está debatiendo la agenda que planteamos en 2018 durante la presidencia del G20, tanto en la Ministerial de Agricultura como en la reunión de Científicos Agrícolas (MACS), la semana AgTech, y la semana de la Agricultura y la Alimentación que organizamos con FAO en Buenos Aires”.
Durante la reunión de MACS, los países miembros se comprometieron a adoptar las resoluciones necesarias para dar forma y promover la digitalización de la agricultura teniendo como fin último cumplir con los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en particular con el hambre cero, el cuidado del suelo, la edición génica, y el impacto del cambio climático.
“La Semana Agtech”, celebrada en agosto pasado, fue el escenario propicio que permitió transmitirle al mundo el expertise, el talento y la creatividad argentina en materia de agrotecnología.
En “La Semana de la Agricultura y la Alimentación”, en noviembre último, tuvieron lugar numerosos eventos centrados principalmente en los desafíos tecnológicos del desarrollo agrícola en la región y la erradicación del hambre hacia el 2030. Ese evento fue organizado por la cartera agroindustrial, FAO y más de 30 socios y organizaciones del mundo privado, público, académico, rural, productor y de la sociedad civil.
Por último, la declaración final del encuentro de ministros de agricultura de G20 fijó temas como el uso de las nuevas tecnologías aplicadas al agro como factor de desarrollo e innovación; la reducción de la pérdida y desperdicio de los alimentos; la importancia de un sistema de comercio multilateral abierto y transparente con reglas claras; y el abordaje interdisciplinario e intersectorial para la resistencia antimicrobiana.
Bajo esta activa participación, Argentina, único país disertante en dos Paneles de Alto Nivel, se constituye como un actor de relevancia a nivel internacional al compartir con Alemania los eje del encuentro de ministros en Berlín.
Sobre la Semana Verde de Berlín
La Semana Verde Internacional se celebra desde el año 1926 en Berlín. Se trata del único evento internacional de este tipo especializado en agricultura, alimentación y horticultura en Europa.
Junto a la oferta comercial, se pueden observar acciones sobre conocimientos prácticos y científicos de energía y materias primas renovables y agricultura ecológica. El programa marco de la feria incluye foros, seminarios, congresos y reuniones sobre la actualidad del sector.

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Control biológico, una estrategia tan sostenible como rentable

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Esta estrategia utiliza a los enemigos naturales de las plagas y enfermedades en las plantas y suelos para reducir su impacto, lo que implica usar tres veces menos de sustancias químicas, con el mismo rendimiento y un costo menor. Ventajas y debilidades de una alternativa clave para garantizar la sustentabilidad de los sistemas productivos a largo plazo.
A la sombra de los sistemas productivos simplificados y dependientes de los insumos sintéticos que se expanden e intensifican, crece y se fortalece la convicción de que existen alternativas de manejo más sustentables e, incluso, rentables. Los especialistas reconocen un viraje extendido socialmente hacia la toma de conciencia que impulsa un cambio de paradigma en los sistemas productivos.
Este giro hacia la sustentabilidad es impulsado, en gran parte, por la sociedad y sus consumidores que, cada vez con más conciencia ecológica y social, exigen una mayor sustentabilidad en los procesos y denotan su preocupación por el cuidado del ambiente, de los recursos naturales y de la salud.
Con la sustentabilidad como meta, resurgen alternativas –como el control biológico de plagas– que estrechan la relación de la humanidad con la naturaleza, al punto de conocer las características de ambientes, cultivos e interacciones biológicas y comprender los ciclos productivos.
Se trata de un método de control que mediante el uso de los controladores naturales se logra disminuir y hasta anular el impacto de las plagas y enfermedades en las plantas y suelos. Si bien esta estrategia no es una técnica innovadora ni moderna, los especialistas coinciden en que se trata de una alternativa beneficiosa y en auge que permite reducir el uso de insumos químicos y bajar, así, la contaminación ambiental.
En este sentido, Juan Carlos Gamundi –entomólogo del INTA Oliveros, Santa Fe–, destacó las numerosas ventajas de la estrategia de control: “Por lo general, no tiene ningún efecto colateral sobre otros enemigos naturales, no genera resistencia, evita la aparición de plagas secundarias o su resurgimiento –algo que suele suceder con los manejos preventivos y tempranos tradicionales– y no produce desequilibrios en los ecosistemas”.
Como si con esto no fuera suficiente para destacar las numerosas ventajas, el investigador agregó: “Mediante el control biológico, en algunas producciones, se alcanzan los mismos rendimientos que con los insecticidas químicos, pero con tres veces menos de principios activos y de impacto ambiental, además de un costo reducido”.
A su vez, la relación costo beneficio es muy favorable. “Se han hecho estudios a escala mundial en los que se muestra que el retorno con técnicas de control biológico es de 30 a 1, cosa que no sucede con los insecticidas químicos”, indicó el entomólogo.
Para Laura Gasoni –especialista en control biológico de INTA que estudia el tema desde hace ya dos décadas–, “el progreso en la implementación de metodologías de control biológico revela las numerosas funciones de los antagonistas para reducir el nivel de inóculo patogénico, proteger a los cultivos de la invasión de patógenos o estimular el crecimiento vegetal”.
Pero, no es una técnica infalible. Así lo sostiene Viviana Barrera –especialista en micología del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola (IMyZA) del INTA Castelar–, quien explicó: “No es un control absoluto, como el químico”. A pesar de ello, “permite jugar con muchas variables, algo que con una sustancia química es imposible porque hay una única fórmula que se aplica a todo por igual”.
Gamundi, por su parte, agregó que se trata de una técnica “con limitaciones” y su aplicación práctica no es tan efectiva ni sirve para controlar a las plagas cuando superan el nivel de daño.
A modo de ejemplo, el entomólogo se refirió a los insectos plaga como las orugas en soja o las chinches que colonizan muy rápido el cultivo. “En estos casos específicos, las técnicas de control biológico no son eficientes”, reconoció.
“No hay secretos para adoptarla”, insistió el entomólogo quien no dudó en subrayar que el control biológico, a diferencia del control químico tradicional, requiere un amplio conocimiento de todas las variables que influyen en el agroecosistema.
Barrera fue más allá al asegurar que “se pueden seleccionar las cepas de microorganismos más eficientes para combatir ciertas enfermedades en vegetales, o bien combinarlas con otras cepas. A su vez, se las puede complementar con otras estrategias como la solarización, enmiendas o rotaciones. “El control químico, en cambio, tiene una única fórmula para todo”, especificó la técnica del IMyZA.
Numerosas ventajas, algunos riesgos
El control de plagas tiene, al menos, dos modos de implementarlo: por conservación o introducción. Por un lado, se puede optar por conservar los agentes de control biológico disponibles en la naturaleza para, así, obtener, un beneficio eco sistémico. Mientras que, en el método de introducción, se crían enemigos naturales en el laboratorio o en biofábricas para, luego, liberarlos a campo o a ambientes controlados.
Jorge Frana –especialista en control biológico y manejo integrado de plagas del INTA Rafaela, Santa Fe– no dudó en ponderar la conservación de los enemigos naturales para cultivos extensivos. En cuanto a la introducción de enemigos naturales en los ecosistemas, conocido como Control Biológico Clásico, Frana reconoció que “implica riesgos”.
En este sentido, advirtió: “Hay que tener mucho cuidado y responder con los test de especificidad” y recordó un caso en Hawái, Estados Unidos, en el que –por error– se introdujeron caracoles –en un ambiente apto y sin sus controladores naturales–, lo que generó las condiciones ideales para un crecimiento exponencial de estos moluscos.
“Para controlarlos, y sin demasiadas investigaciones, liberaron caracoles de caparazón truncado que son depredadores de caracoles y, esos mismos, diezmaron la población de los caracoles nativos en el archipiélago”, señaló el técnico.
Gamundi, por su parte, sostiene la eficacia de la introducción de enemigos naturales en el caso que se deban controlar plagas exóticas que fueron introducidas al país mediante el transporte de mercadería o la mera comercialización de productos. En esta línea, la consideró una estrategia “muy exitosa”.
“Es que esa plaga en ese nuevo territorio no tiene controladores naturales, entonces sí resulta efectivo ir al país de origen, buscar los enemigos naturales e introducirlos, que es uno de los métodos para combatirlas”, explicó Gamundi.
Cuando no se hacen los estudios adecuados para analizar la introducción y la competencia con los organismos nativos a fin de asegurar la eficacia de la estrategia de control, suceden los errores.
Como cuando en el país se introdujeron enemigos naturales tales como abejorros y vaquitas para controlar los pulgones. “Al ser muy agresivos y con una alta tasa de reproducción, lograron desalojar a los depredadores naturales y generaron un desequilibrio circunstancial en el ecosistema”, reconoció preocupado el especialista de Oliveros quien volvió a destacar la necesidad de “realizar estudios de especificidad “.
Una alternativa, más controlada y medida, es el uso de formulaciones de diversas cepas de microorgaanismos benéficos que sirven tanto para realizar un control biológico de enfermedades del suelo provocadas por hongos, como así también en plantas.
Sin embargo, Barrera también se refirió al riesgo que representa a proliferación en masa de esporas aplicadas al suelo y no dudó en manifestarse en contra. “Esto representa un riesgo –no estudiado ni medido– que sobrepasan los objetivos”, aseguró al tiempo que agregó: “Estamos frente a hongos ambientales capaces de dispersarse por todos lados”.
Para evitar errores, los científicos coincidieron en la importancia de estudiar muy bien el agroecosistema, conocer la bioecología de la planta o suelo –según el caso– y analizar el conjunto de enemigos naturales para entender cómo actuará el enemigo natural introducido. “Hay que tener cuidado para no cometer errores y lograr una introducción armoniosa con el ambiente”, subrayó Gamundi.
En esta línea, Frana consideró “fundamental” estudiar la especificidad de la especie que se quiere controlar a fin de evitar efectos colaterales. “La clave está en la investigación y el estudio”, destacó.
En otras palabras, Silvia Lopez –investigadora del Insectario de Investigaciones para Lucha Biológica del IMYZA, INTA Castelar– remarcó: “El éxito o el fracaso de cualquier estrategia de control de plagas reside en el nivel de conocimiento que se tenga del sistema cultivo-plaga-enemigo natural”. Para la investigadora, “todo programa de control biológico requiere de monitoreo para las principales plagas del cultivo, a fin de disponer de un método objetivo de diagnóstico del estado sanitario de las plantas”.
El éxito o el fracaso de cualquier estrategia de control de plagas reside en el nivel de conocimiento que se tenga del sistema cultivo-plaga-enemigo natural.
Una herramienta beneficiosa, pero poco implementada
Todos coinciden en los beneficios del control biológico por sobre el químico. Entonces, ¿por qué su adopción es baja y parcial? ¿qué falta? Para Gamundi, la causa principal radica en “la idiosincrasia propia de los productores que esperan un volteo rápido de la plaga” y no estarían dispuestos a esperar. Por su parte, los asesores también tienen su cuota de responsabilidad dado que, ante la ausencia de monitoreos por falta de tiempo, optan por las aplicaciones preventivas –con más contraindicaciones que beneficios–.
Para Barrera, sin embargo, es más simple: “Los productores no lo aplican porque no garantiza un 100 % de efectividad y contempla una mínima presencia de enfermedad en el producto final. Esto, sumado a las exigencias de calidad de los mercados complejizan aún más la implementación”.
De acuerdo con los investigadores solo queda un camino para sumar adeptos: la capacitación. Gamundi destacó la necesidad de formar mejor a los profesionales en las facultades, a fin de que tengan prácticas en las que “vivan” el manejo de plagas y la acción de los enemigos naturales. “Solo así serán capaces de transmitir los beneficios de la técnica”, aseguró, al tiempo que subrayó: “La capacitación es clave”.
Mientras que para Barrera resulta “significativo” el rol de organismos como el INTA que, de la mano de sus extensionistas, sean quienes trasladen el conocimiento del laboratorio al campo y sus productores: “Necesitamos más técnicos que nos ayuden a compartir los beneficios de estas tecnologías”, indicó.
A pesar de los obstáculos a los que se enfrenta la implementación de esta técnica, Gamundi se declaró “optimista” y aseguró que el tiempo ayudará a que las cosas cambien y se vuelvan más sustentables. Entre las causas, el especialista explicó que “los insumos sintéticos son derivados del petróleo, lo que causará su encarecimiento y consecuente vuelco hacia nuevas alternativas, más sustentables”.
Consumidores: los últimos serán los primeros
De acuerdo con los especialistas, las sociedades se volvieron más exigentes, con mayor conciencia ecológica y cuestionan el uso de insumos químicos. Ambos se mostraron convencidos de que la clave del cambio de paradigma está en la demanda generada por los consumidores, quienes impulsan que las conductas de los productores y la industria química se modifiquen.
“Esto, a su vez, impulsa una tendencia mundial en la industria de insecticidas que buscan alternativas más sustentables, como el desarrollo de los bioinsumos”, señaló Gamundi.
Liliana Cichón, especialista en control biológico de plagas en fruticultura del INTA, sumó una cuestión más a tener en cuenta: la baja disponibilidad comercial de bioinsumos en el país. “En producciones sensibles, por su consumo en fresco y exigencias en inocuidad, como la fruti-hortícola, las pocas herramientas biológicas se emplean habitualmente en producciones orgánicas, biodinámicas y bajos residuos”.
Para Barrera resulta “trascendental” un cambio cultural profundo en el que se entienda el sufrimiento que padecen los sistemas naturales por el impacto ambiental generado por las producciones agrícolas a gran escala y el daño –visible e invisible– que producen los insumos sintéticos en los agroecosistemas.
En esta línea, López recalcó la importancia de implementar alternativas biológicas de control basadas en el manejo racional de enemigos naturales a fin de reducir el uso de plaguicidas. “Combatir las plagas con agroquímicos se contrapone con la demanda mundial de producir alimentos sanos, con menores niveles de residuos químicos y obtenidos bajo sistemas productivos respetuosos del ambiente”, señaló la especialista.
Gasoni dio un paso y aseguró: “Las tendencias para el futuro requieren de una agricultura competitiva, con empleo de alternativas de control de mínimo impacto ambiental. Se podrá satisfacer la creciente demanda de alimentos libres de pesticidas mediante el uso sostenible de los recursos biológicos”

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