La inflación diluye su intensidad en el 2017, en una lenta pero sostenida convergencia (desde arriba) a las metas establecidas por el Banco Central, las que se consolidan como una referencia para anclar expectativas.
La desaceleración del ritmo de crecimiento de los precios se verifica en las distintas canastas de productos que hacen al gasto habitual de una familia, incluyendo el rubro alimentos, donde la inflación se muestra incluso varios por puntos por debajo del nivel general.
Desde otra perspectiva, los precios de los alimentos, creciendo a tasa decreciente y por debajo de la general, han contribuido a desacelerar la inflación y descomprimir la presión que ejerce la suba precios sobre el ingreso familiar. La importancia de este fenómeno se acrecienta al considerar el impacto diferencial y mayor que tiene la canasta de alimentos en el gasto de familias de bajos ingresos.
Esta columna repasa lo sucedido con los precios de este segmento de productos y se analizan con más detalle dos grandes grupos: productos lácteos y carnes.
Dinámica de precios de alimentos
En los últimos 12 meses los precios de los alimentos han aumentado un 18%, tanto en el relevamiento que hace el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (IPC CABA) como el que realiza el gobierno de la provincia de Córdoba (IPC CBA). Otra coincidencia es que, en ambas jurisdicciones, la inflación en alimentos se encuentra 5 puntos por debajo de la inflación general (23%). A julio de 2016 los precios de los alimentos crecían a una tasa del 42%/43% interanual, por lo que la desaceleración se acerca a los 25 puntos porcentuales.

Al analizar lo sucedido con las principales aperturas (GBA, CABA y Córdoba), se observa que hay grupos de productos cuyos precios han subido por encima de la media y otros por debajo. Los que han ido por arriba son los siguientes (inflación 12 meses, a julio de 2017):
• Aceites y grasas (entre 26% y 39%);
• Lácteos (entre 26% y 33%);
• Dulces (entre 23% y 32%);
• Pan y cereales (entre 20% y 23%).
Los precios de las frutas muestran una variación interanual cercana a la media, de entre 17% y 21%. Mientras que quedan por debajo las carnes (+15% en las tres jurisdicciones) y las hortalizas, cuyos precios se han mantenido en promedio estables en Córdoba y han bajado entre el 7% y 12% en las otras dos jurisdicciones.

Dentro del rubro la dinámica de precios ha sido muy heterogénea; esto no debe sorprender dadas las particularidades de los distintos productos, de sus mercados y las diferentes situaciones de coyuntura que pueden estar atravesando.
Por ejemplo, las hortalizas son productos que se venden “en fresco”, sus precios presentan una marcada estacionalidad, en general están muy influidos por lo que sucede con el clima y la oferta (usualmente local / regional) y son relativamente poco transables; las frutas comparten algunas características con las hortalizas pero en ellas suele ser mayor la influencia de precios internacionales y tipo de cambio (peras, manzanas, limones).
Hay un grupo de “alimentos de primera transformación”, caso de los aceites vegetales o las harinas de cereales, se trata de productos muy transables, de provisión bastante uniforme a lo largo del año, que operan en mercados vinculados a condiciones de exportación (demanda mundial, precios internacionales, tipo de cambio, política comercial), con alta participación de la materia prima en costos y por ende gran sensibilidad a lo que sucede con ella.
También se encuentran “alimentos de segunda transformación” o de “mayor elaboración”; esta categoría incluye a los panificados, las carnes procesadas o los quesos semiduros y duros, en ellos es más alta la incidencia de los costos laborales, de la energía, el almacenamiento, el marketing, etc., sus ofertas son también relativamente estables a lo largo del año, pero a diferencia del grupo anterior, el rastro de las materias primas se encuentra un poco más diluido y sus precios dependen relativamente más de lo que sucede con otros precios de la economía (servicios fundamentalmente).
En alimentos es importante la vinculación entre tipo de cambio y precios.
En lo que lleva de tiempo el actual gobierno sigue siendo positiva y alta la correlación entre la variación del tipo de cambio y la variación de precios minoristas de alimentos (Cuadro 1), aunque ésta es menor a la que se observaba con el anterior gobierno para un período relativamente similar (con devaluación de por medio en ambos casos).

No debe sorprender que se observe una relación directa y positiva entre tipo de cambio y precios de alimentos. Es de esperar que en todos los grupos de productos antes referidos, con diferencias de grado, haya vinculación entre estas variables.
Una depreciación del tipo de cambio incrementa el precio en pesos de las operaciones de exportación y por ende aumenta el costo de oportunidad para la industria de alimentos de dirigir productos al mercado interno. En función de que tan fácil o difícil sea la sustitución de mercados, más o menos completo (y rápido) será el traslado a precios de una depreciación. También influye lo que suceda con los márgenes de distribución y comercio interno; mientras más fuerza y condiciones (menos competencia) tengan los eslabones finales para mantener sus márgenes constantes mayor y más rápido será el traslado a precios.
En la desaceleración de los precios de los alimentos ha influido sin dudas la desaceleración del ritmo de depreciación del peso. En los últimos 12 meses la moneda extranjera ha subido un 15,2%; más aún, entre diciembre 2016 y mayo 2017 el dólar estuvo cuasi estabilizado en un valor cercano a los $15,5.
La demanda también influye obviamente en la dinámica de los precios. En efecto, si bien los alimentos son bienes en los que por naturaleza (nula o baja sustituibilidad) debe esperarse una baja respuesta de la demanda a cambios de ingresos y precios relativos, ello no implica que la condición y decisión del consumidor no sean variables relevantes en la evolución y en el nivel en el que se ubican los precios de los distintos productos.
Por caso, frente a situaciones de estrés económico, un consumidor puede realizar sustituciones entre carnes (de menos a más baratas), modificar la forma de consumir la misma carne (hamburguesa casera vs hamburguesa industrial), consumir la misma carne pero bajando la calidad (cortes “premium” vs “populares”) y/o reducir la ingesta mensual de carnes. En todos los productos la posibilidad de trasladar subas de costos, restricciones de oferta, etc., estará limitada en menor o mayor grado según sea la reacción del consumidor.
Mercados de productos seleccionados
Lácteos: Los precios de los lácteos han aumentado mucho en el último año, entre el 26% y el 33% según las mediciones de las distintas jurisdicciones, por encima del promedio de los alimentos (+18%). De acuerdo a precios relevados en CABA, la manteca experimentó la mayor variación (+49%), mientras que los yogures la menor (+21%). En una situación intermedia se ubicaron tanto la leche entera común como la leche en polvo (+31% y +32%). Los quesos quedan por debajo de la media del rubro (+24% en el caso del queso en barra).
Los lácteos se han encarecido respecto a otros alimentos y bienes de la economía por factores específicos a su mercado; los precios se rezagaron hacia fines de 2015 y comienzos de 2016 por una oferta excedente de lácteos, y están recuperando terreno en 2017, en una situación de mercado más estrecha.
La producción de leche cruda, materia prima base, tuvo una fuerte caída en 2016, que se prolongó hasta bien entrado 2017. Rentabilidad negativa en tambos por precios bajos en 2015 y condiciones climáticas adversas derrumbaron la oferta y presionaron la suba de precio de la leche cruda a partir del segundo semestre 2016. Entre enero y abril de este año el principal insumo de la industria ha recompuesto su valor a un ritmo de +80% interanual; este aumento de costo y otros se han ido trasladando a los precios de los lácteos.

El mercado se encuentra hoy más nivelado en cuanto a condiciones de oferta y demanda respecto a los dos años previos (2015 y 2016). De no haber problemas climáticos ni un cambio significativo en las condiciones externas (precios internacionales), con números más equilibrados al interior de los tambos, la producción de leche cruda debería sostener el crecimiento iniciado en los últimos meses y por ende permitir abastecer a una demanda interna que se presume será creciente en el último trimestre del año y todo 2018.
En un mercado más normalizado, la dinámica de precios de este grupo de productos no debería desviarse en forma significativa de la evolución del resto de precios de la economía.
Carnes: El costo de una canasta de carnes ha subido un 15% en los últimos 12 meses, tanto en CABA, Gran Buenos Aires como en Córdoba, por debajo de lo que se ha encarecido la canasta completa de alimentos. Factores específicos de mercado explican el abaratamiento de las carnes. Así como en el mercado de lácteos restricciones de oferta explican su encarecimiento, exactamente lo contrario sucede en el mercado de carnes.
Los distintos cortes de carne bovina muestran variaciones de entre 10% y 18%. Los productos con algún grado de elaboración, como chorizos y salchichas presentan tasas superiores al 20% en algunos casos. En contraposición, el pollo entero ha subido sólo un 9% en un año. Una particularidad de las canastas que monitorean los organismos de estadística es que no incluyen el consumo de carne fresca de cerdo, pese a que en los últimos años la misma ha ido ganando terreno en la dieta argentina.

El precio minorista de la carne bovina se ha comportado de forma bastante parecida a la de su insumo clave, la hacienda en pie. Por lo tanto el abaratamiento de la carne bovina conlleva por detrás una caída del poder de compra de la hacienda y de los márgenes ganaderos.
A pesar de lo anterior el ciclo ganadero se mantiene todavía en zona de optimismo: un nivel de faena de hembras que es consistente con un aumento, leve, del stock ganadero. La entrada a una fase de liquidación de vientres luce poco probable, aunque es un fenómeno a monitorear.
Lo que mantiene los precios de las carnes por debajo de la tasa de inflación es una situación de mercado holgada entre oferta y demanda. Se estima que la producción de las tres carnes principales crecerá en forma importante este año, con un excedente para mercado interno de 86 mil toneladas de carne bovina, 104 mil toneladas de carne aviar y 58 mil toneladas de carne porcina (en este último caso se agrega un aumento importante de importaciones).
En términos per cápita, la oferta neta consolidada permitiría incrementar el consumo promedio anual en 4,5 kilos (+4% aproximadamente). Salvo que se produzca una aceleración importante en las exportaciones y/o una profundización de la retención de vientres bovinos, dos fenómenos de relativa baja probabilidad, los precios internos de las carnes no deberían recuperar poder de compra en lo que resta del año, lo cual es una muy buena noticia para el plan de estabilización macroeconómica pero no tan buena para los productores de animales y carnes.