Apalancamiento

La CNV endurece el control sobre los ALyC y fija límites de liquidez y apalancamiento desde mayo

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La Comisión Nacional de Valores avanzó el 27 de abril de 2026 con la Resolución General 1130, una reforma que redefine el régimen informativo y operativo de los Agentes de Liquidación y Compensación (ALyC), al imponer límites concretos de liquidez y apalancamiento y exigir reportes mensuales más detallados. La medida entra en vigencia de inmediato tras su publicación y activa un cronograma que comienza en mayo.

El dato central no es solo técnico: por primera vez, el regulador establece umbrales explícitos que, de no cumplirse, obligan a los agentes a dejar de operar sin necesidad de intimación previa. La pregunta que abre la decisión es evidente: ¿se trata de un ajuste preventivo para ordenar riesgos acumulados o de una señal de mayor intervención en un mercado bajo observación?

Más control, más datos y límites operativos explícitos

La resolución se inscribe en el marco de la Ley de Mercado de Capitales y profundiza una línea que la CNV venía consolidando con normas previas. El objetivo declarado es mejorar la capacidad de monitoreo sobre el sistema, especialmente en lo que respecta al apalancamiento y la exposición financiera de los agentes.

El cambio clave es doble. Por un lado, se amplía el régimen informativo: los ALyC deberán reportar mensualmente indicadores financieros vinculados a liquidez y apalancamiento, además de detallar sus tenencias diarias de moneda extranjera en cartera propia. Por otro, se establecen límites prudenciales concretos.

En materia de liquidez, se fija que el activo corriente debe ser igual o superior al pasivo corriente en todo momento. En paralelo, se introducen otros indicadores que miden la capacidad de respuesta frente a obligaciones con clientes y operaciones financieras.

En cuanto al apalancamiento, el límite computable no podrá superar cinco veces el patrimonio neto ajustado. El cálculo incorpora pasivos financieros y excluye ciertos componentes, pero el criterio es claro: restringir niveles de endeudamiento que puedan amplificar riesgos sistémicos.

La norma también define qué ocurre ante incumplimientos. Si un agente supera los límites y no regulariza la situación en dos días hábiles, debe suspender su actividad de forma automática. Solo se admiten desvíos transitorios y acotados bajo condiciones estrictas, lo que introduce un margen operativo pero bajo vigilancia.

Un esquema progresivo que ordena sin frenar de golpe

Consciente del impacto, la CNV diseñó un cronograma de adecuación gradual. Desde mayo, el ratio mínimo de liquidez arranca en 0,85, sube a 0,90 en junio y alcanza 0,95 en julio. En paralelo, el límite de apalancamiento se reduce progresivamente: de 8 veces en mayo a 6 en julio.

Este esquema evita un shock inmediato, pero fija un sendero claro de convergencia. Los agentes que hoy estén por fuera de esos parámetros deberán ajustar su estructura financiera en pocas semanas.

Además, la resolución obliga a adaptar los sistemas contables y de control interno. A partir de 2027, los ALyC deberán tener estructuras contables alineadas con los nuevos criterios, incluyendo la segregación estricta de cuentas y la imposibilidad de compensar saldos entre activos y pasivos.

Más poder regulador, menos margen operativo

El movimiento fortalece a la CNV como autoridad de control en un segmento donde el apalancamiento y las operaciones complejas ganaron peso en los últimos años. La exigencia de información diaria sobre moneda extranjera y mensual sobre indicadores financieros amplía la capacidad de supervisión en tiempo casi real.

Para los ALyC, en cambio, implica una reducción del margen operativo, especialmente para aquellos con estructuras más agresivas de financiamiento. La obligación de cumplir límites en todo momento —y no solo en cortes periódicos— cambia la lógica de gestión.

En términos de mercado, la medida puede impactar en la dinámica de financiamiento y en el volumen de ciertas operaciones, en particular aquellas vinculadas a préstamos de valores o estrategias apalancadas. También podría influir en la relación con clientes, dado que parte de los indicadores se construyen sobre saldos exigibles de comitentes.

Un nuevo estándar que pone el foco en el riesgo sistémico

La resolución no aparece aislada. Se conecta con una serie de normas recientes que ampliaron los requerimientos informativos sobre pasivos financieros y operaciones con valores negociables. El hilo conductor es claro: construir un mapa más preciso del riesgo en el mercado de capitales.

A partir de mayo, la CNV empezará a recibir datos mensuales sobre liquidez, apalancamiento y exposición en moneda extranjera. Ese flujo de información, combinado con límites operativos, redefine el equilibrio entre libertad operativa y control regulatorio.

Queda por ver cómo reaccionarán los agentes en las primeras semanas de implementación y si el proceso de adecuación genera tensiones en la operatoria diaria. El nuevo esquema ya está en marcha. Lo que todavía está en construcción es su impacto real sobre la dinámica del mercado.

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El crédito en dólares vuelve al rodeo y redefine la estrategia financiera de la ganadería

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Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario plantea que el financiamiento crece en 2025 y marca un giro hacia la inversión de largo plazo

El financiamiento bancario a la ganadería cerró 2025 con una señal clara: el crédito en moneda extranjera recuperó terreno y empujó el endeudamiento del sector a USD 1.133 millones, el segundo nivel más alto en dos décadas. El dato, informado con corte al 31 de diciembre, revela un cambio en la estructura financiera de las empresas dedicadas a la cría de ganado bovino —excluidas las cabañas— y abre una discusión estratégica: ¿es el inicio de una nueva etapa de inversión o un reacomodamiento táctico frente al contexto macroeconómico?

Los préstamos contraídos por empresas ganaderas evidencian una expansión significativa del financiamiento, particularmente en moneda extranjera.

Según la estadística oficial, al 31 de diciembre de 2025 los préstamos bancarios otorgados a empresas del sector —específicamente aquellas dedicadas a la cría de ganado bovino, excluidas las cabañas— registraron un pasivo total de aproximadamente USD 1.133 millones. Este constituye el segundo mayor nivel de endeudamiento del sector ganadero en las últimas dos décadas, solo superado por el máximo alcanzado en 2017, cuando los saldos totalizaron USD 1.406 millones.

Dentro de este total se observa un marcado incremento en los saldos correspondientes a operaciones contraídas en moneda extranjera, junto con una disminución relativa de aquellos originados en moneda nacional. Al cierre de 2025, el 42% de estos pasivos correspondía a obligaciones en moneda extranjera (USD 474 millones), mientras que los USD 659 millones restantes se encontraban denominados en moneda local. Un año antes, la participación de la deuda en moneda extranjera representaba apenas el 22% del total, y dos años atrás (diciembre de 2023), solo el 9%.

Este comportamiento refleja un mayor acceso a líneas de financiamiento en dólares, una modalidad históricamente poco frecuente en el sector ganadero, aunque habitual en esquemas de financiación de inversiones de largo plazo.

Precisamente, son estas líneas de crédito de largo plazo orientadas a la inversión las que el sector ganadero requiere para consolidar la etapa de retención de hacienda, largamente esperada.

En informes previos en los que también abordamos el tema del financiamiento bancario para la ganadería, presentábamos la relación entre el nivel de endeudamiento vigente y la cantidad de animales en stock. Este indicador ha mostrado un crecimiento sostenido en los últimos tres años, alcanzando en diciembre de 2025 un nivel cercano a USD 22 por animal en stock, sobre la base de un rodeo levemente inferior al de diciembre de 2024.

Sin embargo, más allá del incremento observado en los últimos años, al analizar los montos financiados en relación con el valor del capital, el nivel de apalancamiento que el sector recibe por parte de las entidades financieras continúa siendo bajo, en especial al compararlo con el que registran otras actividades agropecuarias.

Realizando una valuación general de las distintas categorías que integran el stock ganadero al cierre de cada ciclo, se estima que a diciembre de 2025 el valor total de la hacienda en stock rondaba los USD 53.500 millones. Por su parte, de acuerdo con los reportes del BCRA, los saldos de préstamos adeudados por empresas ganaderas a entidades bancarias ascendían a USD 1.133 millones, lo que equivale a un nivel de apalancamiento del 2,1%.

Para el mismo período, un cálculo aproximado del financiamiento sobre el valor de la producción agrícola (soja, trigo, maíz, cebada, sorgo y girasol) arroja niveles superiores al 10%, evidenciando una brecha significativa en el acceso al crédito entre ambos sectores.

Asimismo, aun considerando un stock ganadero en ligero retroceso durante el último año (51,4 frente a 51,6 millones de animales), el incremento registrado en el valor de la hacienda en dólares durante el último año, habría generado un aumento estimado del capital del 38% interanual, frente a una expansión de los saldos adeudados del 33% en el mismo período.

Esta brecha, observable no solo en el actual contexto de precios en alza sino, fundamentalmente, en comparación con el nivel de financiamiento de otras actividades agropecuarias, pone de manifiesto la significativa oportunidad de expansión que tendría el sector ganadero local si contara con instrumentos de financiamiento adecuados para fomentar la inversión en producción.

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