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El Gobierno lanza la privatización total de Intercargo y activa la licitación internacional

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El Gobierno dio un paso decisivo en su agenda de reformas estructurales: autorizó formalmente el llamado a licitación pública nacional e internacional para vender el 100% de Intercargo S.A.U., la empresa estatal que presta el servicio de rampa en aeropuertos. La medida quedó plasmada en la Resolución 282/2026 del Ministerio de Economía, firmada el 8 de marzo, y pone en marcha el proceso concreto de privatización.

El dato no es solo administrativo. La decisión activa uno de los capítulos más sensibles del programa de desestatización impulsado por el oficialismo: la transferencia total de una empresa con rol operativo estratégico en la aviación comercial. En ese marco, la licitación abre una tensión de fondo: ¿se trata de un paso técnico dentro de un plan ya definido o de un movimiento con impacto directo en el equilibrio de poder dentro del sistema aerocomercial?

De la ley a la ejecución: cómo se estructura la privatización

El proceso tiene anclaje legal en la Ley 27.742, que declaró a Intercargo “sujeta a privatización”, y en el Decreto 198/2025, que autorizó la venta total del paquete accionario mediante licitación pública.

La resolución actual no crea el esquema, pero sí lo activa. En términos concretos: Se habilita la Licitación Pública Nacional e Internacional de Etapa Múltiple con base para transferir el 100% de las acciones en manos del Estado. El procedimiento se canalizará a través de la plataforma CONTRAT.AR, bajo formato digital. El pliego de bases y condiciones ya está aprobado, con un precio base determinado por la valuación del Banco de Inversión y Comercio Exterior. El cronograma fija hitos inmediatos: consultas hasta el 27 de abril de 2026 y presentación de ofertas hasta el 7 de mayo de 2026, con apertura ese mismo día.

El diseño apunta a maximizar la concurrencia de oferentes, incluyendo operadores con experiencia en el sector, en línea con los principios de competencia y transparencia que exige el marco legal.

Hay un dato que no pasa inadvertido: no se prevén mecanismos de preferencia ni programas de propiedad participada, lo que refuerza la lógica de venta directa sin esquemas de participación laboral o sectorial.

Una pieza clave: la ruptura del esquema de exclusividad

El proceso de privatización no ocurre en el vacío. Está atado a una condición previa relevante: la rescisión del contrato de concesión vigente que le otorgaba a Intercargo la explotación exclusiva del servicio de rampa.

Ese contrato —histórico en el esquema aerocomercial— garantizaba a la empresa estatal un rol monopólico en la atención en tierra a aeronaves. Su finalización, ya en trámite, redefine el mapa del sector.

En términos políticos y regulatorios, el cambio es profundo: la privatización no solo implica vender una empresa, sino también desarmar un esquema de exclusividad construido durante décadas.

La Secretaría de Transporte y la Agencia de Transformación de Empresas Públicas quedan como actores centrales en la implementación, con capacidad para ajustar aspectos técnicos, emitir circulares y requerir asistencia de la propia Intercargo durante el proceso.

Repercusiones: reforma estructural y señales al mercado

La decisión impacta en múltiples planos. En lo económico, envía una señal directa al mercado sobre la voluntad de avanzar con privatizaciones completas, sin esquemas híbridos.

En lo político, ordena el tablero interno: consolida la línea del Ministerio de Economía como ejecutor del programa de reformas, trasladando definiciones que ya estaban en la ley al terreno operativo.

Al mismo tiempo, la modalidad elegida —licitación internacional con base— apunta a atraer jugadores globales, lo que puede reconfigurar la estructura competitiva del servicio de rampa en el país.

La creación de una Comisión Evaluadora “ad hoc” con miembros titulares y suplentes introduce un mecanismo institucional específico para el análisis de ofertas, aunque bajo un esquema donde la conducción política del proceso sigue concentrada.

Un proceso abierto con plazos cortos

La licitación ya tiene fechas. Y eso acelera el ritmo político del proceso.

En pocas semanas se sabrá qué nivel de interés genera la venta, cuántos oferentes participan y bajo qué condiciones. También comenzará a definirse el alcance real de la apertura del mercado de servicios aeroportuarios.

El Gobierno avanzó en la formalización, pero el desenlace todavía depende de variables abiertas: competencia efectiva, valuación, condiciones regulatorias y capacidad de ejecución.

La privatización de Intercargo deja de ser una declaración de intención y entra en fase concreta. Lo que ocurra en este proceso marcará no solo el destino de la empresa, sino también el ritmo y la profundidad de las próximas reformas en el sector público.

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Flybondi vuelve a suspender la ruta Encarnación–Buenos Aires por falta de demanda

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La conectividad aérea regular entre Encarnación y Buenos Aires vuelve a quedar en pausa. Flybondi decidió suspender, otra vez, el inicio de la ruta previsto para el 2 de febrero tras comprobar que la venta de pasajes no alcanzó los niveles mínimos de ocupación exigidos por su modelo comercial. Sin trabas técnicas ni regulatorias, la decisión expone los límites del “mercado” para sostener una operación low cost en el sur paraguayo y relega al aeropuerto encarnaceno a un rol eventual, asociado a grandes eventos.

La definición fue confirmada por la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (DINAC). Su titular, Nelson Mendoza, fue categórico al despejar cualquier duda institucional: “El aeropuerto está habilitado, la aerolínea está habilitada”. La frase apunta al núcleo del problema: la demanda efectiva de pasajeros. La “ventanilla online” estuvo abierta para febrero y, aun así, el interés no despegó.

Una ruta con antecedentes intermitentes y sin masa crítica

La ruta Encarnación–Buenos Aires arrastra un historial de anuncios y postergaciones. Tras una primera reprogramación en diciembre, tuvo una breve operación durante el Mundial de Rally en agosto, para luego volver a desaparecer del mapa aerocomercial. El patrón se repite: picos de demanda asociados a eventos internacionales, seguidos por una imposibilidad de sostener vuelos regulares en el tiempo.

Desde la lógica empresarial, Flybondi encuadra la decisión en su “proceso natural de evaluación y maduración de una ruta”: si los números no cierran, el avión no despega. En la práctica, la falta de “performance” comercial impidió llenar un Boeing 737, el equipo utilizado por la compañía. El resultado es un ajuste de red que prioriza destinos donde la ocupación y la rentabilidad están aseguradas.

Frente a la baja ocupación estimada, la aerolínea optó por redirigir a los pocos pasajeros que habían comprado pasajes para febrero hacia Posadas, notificándolos y ofreciendo alternativas de reubicación o reprogramación. Formalmente, no se trata de una cancelación abrupta; territorialmente, Encarnación vuelve a quedar a la sombra de un aeropuerto argentino con mayor volumen y respaldo de demanda.

Aeropuerto operativo, vuelos eventuales y una conectividad en “stand by”

La suspensión de la ruta no implica el cierre del aeropuerto. DINAC y Flybondi coinciden en mantener la terminal habilitada para operaciones especiales, principalmente vinculadas a eventos de alto impacto. El Mundial de Rally, que volverá a realizarse en agosto, ya tiene previsto contar con vuelos dedicados. También se mencionan competencias deportivas internacionales, como eventos de ciclismo asociados al Tour de France u otras citas de gran escala, que podrían justificar operaciones puntuales desde Buenos Aires, San Pablo u otros hubs.

La estrategia oficial es clara: infraestructura lista y coordinación institucional, pero sin vuelos regulares que ordenen la oferta turística y la conectividad cotidiana. Mendoza lo resumió sin eufemismos: “Por el momento, los vuelos regulares de Buenos Aires a Encarnación están parados por una falta de demanda”. Es, en los hechos, un “stand by aeroportuario”: luces prendidas, pero sin pulso diario.

El mercado decide y la low cost reordena su mapa

Mientras Encarnación queda relegada a operaciones especiales, Flybondi ratifica su presencia en el mercado paraguayo por otros carriles. Mantiene un vuelo diario Buenos Aires–Asunción y tres frecuencias semanales Córdoba–Asunción, rutas donde la demanda sí alcanza los parámetros de rentabilidad buscados. La comparación es directa: donde el mercado responde, la operación se sostiene; donde no, se pausa.

La lectura regional deja una postal incómoda. Encarnación demuestra capacidad para atraer eventos internacionales, pero aún no consolida un flujo sostenido de pasajeros que permita sostener una ruta regular low cost. En un contexto donde el discurso del “mercado” ordena decisiones empresariales y políticas públicas, el resultado es un aeropuerto operativo sin vuelos regulares y una conectividad aérea que, por ahora, sigue siendo más una presentación de PowerPoint que una realidad estable.

Fuente Aviacionline.com

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