BALANZA DE PAGOS

Arriazu ve una oportunidad histórica para Argentina: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”

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En medio de una de las etapas más complejas para la industria de la construcción, el economista Ricardo Arriazu eligió transmitir un mensaje que combinó diagnóstico duro y optimismo estratégico. Durante la 71° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), sostuvo que Argentina atraviesa una oportunidad histórica de crecimiento impulsada por el ordenamiento macroeconómico, el potencial exportador de la energía y la minería y una mejora sustancial de las cuentas externas. Sin embargo, dejó una advertencia que resume su mirada sobre el momento actual: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”.

La exposición estuvo marcada por una fuerte diferenciación entre el presente y el futuro de la economía argentina. Arriazu reconoció que la construcción atraviesa una situación crítica luego del desplome de la inversión pública y la ausencia de mecanismos de financiamiento de largo plazo, pero consideró que el sector podría convertirse en uno de los principales beneficiarios de un escenario de estabilidad económica sostenida.

“La participación de la construcción en el PBI llegó a ser del 25%, ahora está en el 3%, cuando el promedio mundial es del 6%”, señaló el economista, al describir la magnitud del retroceso. Según explicó, Argentina enfrenta además un déficit estructural en materia habitacional y un mercado hipotecario prácticamente inexistente. “Estamos invirtiendo menos que la depreciación de las viviendas”, afirmó, reflejando la pérdida de capacidad de acumulación de capital en uno de los sectores históricamente más dinámicos de la economía.

Para Arriazu, la recuperación de la construcción depende de una condición indispensable: la eliminación definitiva de la inflación. Sin estabilidad de precios, sostuvo, resulta imposible reconstruir el crédito hipotecario y desarrollar instrumentos financieros de largo plazo que permitan movilizar inversiones.

Mientras ese proceso madura, propuso avanzar con sistemas de financiamiento indexados, aunque reconoció las limitaciones actuales. “Hay que utilizar un sistema indexado, pero el salario no acompaña y los bancos no tienen fondeo”, explicó. En ese sentido, planteó la necesidad de crear mecanismos de compensación que permitan equilibrar la evolución de ingresos y cuotas.

El economista también apuntó contra la falta de instrumentos de ahorro de largo plazo, un problema que considera central para financiar el desarrollo. En particular, cuestionó el deterioro de herramientas como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los sistemas de seguros, históricamente utilizados para canalizar recursos hacia proyectos de infraestructura y vivienda. Su propuesta fue reducir la exposición del FGS a títulos públicos y direccionar parte de esos recursos hacia la actividad constructiva.

Sin embargo, la parte más contundente de su presentación estuvo vinculada a las perspectivas macroeconómicas. Arriazu aseguró que el país atraviesa una transformación estructural que podría modificar décadas de restricciones externas recurrentes. A diferencia de otros ciclos de crecimiento que terminaron en crisis cambiarias, sostuvo que la expansión actual podría apoyarse en una oferta genuina de divisas proveniente de sectores altamente competitivos a nivel internacional.

En esa línea, corrigió significativamente sus propias estimaciones sobre el desempeño externo de la economía. Mientras inicialmente proyectaba un superávit comercial de 13.500 millones de dólares para este año, ahora estima que la cifra podría alcanzar los 20.000 millones de dólares, acompañada incluso por un saldo positivo en la cuenta corriente.

La explicación se encuentra en el fuerte crecimiento de las exportaciones. Según sus cálculos, Argentina sumará este año alrededor de 20.000 millones de dólares adicionales por ventas al exterior, impulsadas principalmente por una cosecha agrícola récord y el avance de los complejos energético y minero.

Desde su perspectiva, el país está transitando un profundo cambio en la estructura productiva. Históricamente, explicó, el esquema económico argentino favoreció a determinados sectores mediante subsidios y protección, generando distorsiones que limitaron la competitividad general. La nueva etapa implica un proceso simultáneo de destrucción y creación de actividades económicas.

Allí aparece uno de los principales desafíos de la transición. Los sectores que actualmente generan dólares —energía, minería y agroindustria— demandan relativamente poca mano de obra, mientras que actividades intensivas en empleo como la construcción, el comercio y parte de la industria todavía enfrentan dificultades. “El problema es entrar en el péndulo del ajuste y salir de él. Hoy es clave cómo me adapto, cómo cambio hacia sectores que van a crecer”, planteó.

Respecto de la política cambiaria, Arriazu respaldó la estrategia oficial y consideró que una devaluación brusca hubiera puesto en riesgo todo el programa económico. “Devaluar hubiera tirado todo el programa al demonio”, afirmó, al tiempo que defendió la apreciación relativa del peso como una consecuencia natural de un proceso exitoso de estabilización.

Su argumento se basa en que los países que logran consolidar estabilidad macroeconómica suelen volverse más caros en términos internacionales. “Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”, sostuvo. Para el economista, el principal obstáculo que aún persiste no es económico sino reputacional: “Tenemos los mejores números macro de América Latina, pero también el riesgo país más alto porque fuimos estafadores seriales”.

Esa referencia apunta directamente a la necesidad de reconstruir credibilidad institucional y financiera luego de décadas de defaults, reestructuraciones y cambios permanentes de reglas de juego. En su visión, la reducción sostenida del riesgo país será la llave para destrabar inversiones masivas en infraestructura, vivienda y producción.

La apuesta de largo plazo está puesta en el sector energético. Arriazu proyectó que para 2030 Argentina podría exportar más de 30.000 millones de dólares anuales únicamente por energía, una cifra que transformaría de manera estructural la disponibilidad de divisas y modificaría una de las principales restricciones históricas al crecimiento económico.

Por eso, más allá de los problemas coyunturales que enfrenta hoy la construcción, el economista llamó a los empresarios a mirar el horizonte estratégico. Su mensaje final fue una síntesis de advertencia y esperanza: Argentina cuenta con recursos naturales, capacidad exportadora y condiciones macroeconómicas que podrían abrir un ciclo de crecimiento sostenido. La incógnita, según planteó, no está en las oportunidades sino en la capacidad política y social para aprovecharlas.

“Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”, concluyó.

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Deuda externa: el Gobierno muestra superávit externo, pero el stock vuelve a crecer

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El último dato del Indec sobre la balanza de pagos del cuarto trimestre de 2025 dejó una señal ambivalente para la estrategia económica del Gobierno: mientras la cuenta corriente registró un superávit de USD 2.294 millones y la economía mostró un préstamo neto de USD 2.285 millones, la deuda externa volvió a crecer y alcanzó los USD 320.305 millones. En paralelo, la cuenta financiera marcó un egreso neto de capitales por USD 1.850 millones. La pregunta se impone: ¿el superávit externo consolida el rumbo o revela límites en la capacidad de retener dólares?

Superávit externo con salida de capitales

El resultado positivo de la cuenta corriente refleja, en términos técnicos, que el país generó más divisas de las que utilizó en su intercambio con el mundo durante el período. Sin embargo, ese flujo no se tradujo en acumulación plena de reservas ni en fortalecimiento del frente financiero.

El dato clave está en la cuenta financiera: el egreso neto de USD 1.850 millones indica que, aun con superávit externo, los dólares continúan saliendo del sistema. En términos políticos y económicos, esto implica que la economía logra generar divisas, pero no consigue retenerlas completamente, un punto sensible para cualquier esquema de estabilización.

En ese marco, la posición de inversión internacional neta acreedora se ubicó en USD 48.454 millones al 31 de diciembre de 2025, con una leve caída de USD 449 millones respecto del trimestre previo. Es decir, el país sigue siendo acreedor en términos netos frente al mundo, pero esa posición se erosiona lentamente.

Deuda en alza: financiamiento y rollover bajo presión

El dato más contundente del informe es la evolución de la deuda externa. El stock totalizó USD 320.305 millones, con un incremento de USD 1.709 millones en comparación con el trimestre anterior.

Este aumento, aunque moderado en términos relativos, ocurre en un contexto donde el Gobierno busca sostener el financiamiento sin expandir el riesgo financiero. La dinámica expone una tensión estructural: el equilibrio externo convive con una necesidad persistente de financiamiento, en un escenario donde el acceso al crédito y el costo del endeudamiento siguen siendo variables críticas.

En términos de poder económico, el dato no es neutro. El crecimiento de la deuda condiciona la política futura, tanto en términos de negociación con acreedores como en la capacidad de sostener el programa macroeconómico sin sobresaltos.

Correlación de fuerzas: estabilidad externa versus fragilidad financiera

El cuadro que deja la balanza de pagos muestra un Gobierno que logra ordenar el frente externo en términos de flujo, pero enfrenta desafíos en el stock y en la dinámica financiera. El superávit de cuenta corriente fortalece el discurso de equilibrio macroeconómico, pero la salida de capitales y el aumento de la deuda introducen matices.

Para los actores del sistema —inversores, sector productivo y analistas—, la señal es doble. Por un lado, hay capacidad de generar dólares. Por otro, persisten dudas sobre su sostenibilidad y sobre la capacidad de acumularlos.

Esto impacta directamente en la gobernabilidad económica: la estabilidad cambiaria, el acceso al financiamiento y la evolución del riesgo país quedan atados a esta tensión entre flujo positivo y stock creciente.

Un equilibrio en construcción

El dato del cuarto trimestre no define una tendencia cerrada, pero sí marca un punto de inflexión en la lectura del frente externo. El superávit ya no alcanza por sí solo como ancla si no se traduce en acumulación efectiva y reducción de vulnerabilidades.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en cómo evoluciona la cuenta financiera y si el Gobierno logra revertir la salida de capitales. También, en la trayectoria de la deuda y su capacidad de estabilizarse sin comprometer el programa económico.

El equilibrio aparece, por ahora, como una construcción en curso.

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El Gobierno autoriza un crédito con Crédit Agricole para la compra de helicópteros navales de la Armada

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El Poder Ejecutivo nacional aprobó, mediante el Decreto 924/2025, un contrato de financiamiento por €71.676.175,26 con el Crédit Agricole Corporate & Investment Bank (CACIB), con cobertura de una Agencia de Crédito a la Exportación, destinado a ejecutar el Proyecto de Adquisición de Helicópteros Navales Livianos. La medida, publicada el 29 de diciembre de 2025, apunta a mejorar la capacidad de vigilancia y control de los espacios marítimos jurisdiccionales y fue avalada tanto por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) como por la Oficina Nacional de Crédito Público del Ministerio de Economía, que consideraron acotado su impacto macroeconómico y competitivo su costo financiero.

La operatoria se inscribe en la estrategia de reequipamiento de las Fuerzas Armadas y refuerza el rol del Ministerio de Defensa, que actuará como organismo ejecutor a través del Estado Mayor General de la Armada, en un contexto de revisión integral del gasto público y priorización de proyectos con impacto operativo concreto.

Financiamiento externo, impacto acotado y aval técnico del Estado

El decreto aprueba el Modelo de Contrato de Financiamiento con CACIB, que contempla la cobertura de una Agencia de Crédito a la Exportación, una modalidad habitual para operaciones de equipamiento estratégico. Según consta en los considerandos, el BCRA evaluó el efecto de la operación sobre la balanza de pagos y concluyó que la dimensión del préstamo “implica un impacto limitado en términos macroeconómicos” y resulta “consistente con la dinámica prevista para las operaciones externas”.

En la misma línea, la Oficina Nacional de Crédito Público informó que no formuló objeciones al financiamiento requerido, al entender que “el costo financiero del préstamo es inferior al que la República podría obtener en el mercado”. Este punto resulta central desde el enfoque fiscal y financiero, ya que refuerza la decisión de recurrir a crédito externo con condiciones preferenciales en lugar de alternativas más onerosas.

La normativa se apoya en el artículo 99, inciso 1 de la Constitución Nacional, y en los artículos 53 de la Ley N° 11.672 y 60 de la Ley N° 24.156, que regulan el endeudamiento público y los sistemas de control del sector público nacional.

Objetivo estratégico: control marítimo y capacidades de la Armada

El Proyecto de Adquisición de Helicópteros Navales Livianos tiene como objetivo general fortalecer la vigilancia y el control de los espacios marítimos jurisdiccionales, mediante la incorporación de medios aéreos embarcados modernos y versátiles. La ejecución estará a cargo del Ministerio de Defensa, a través del Estado Mayor General de la Armada, designado formalmente como organismo ejecutor.

Desde el punto de vista institucional, la decisión refuerza la planificación de capacidades operativas en el ámbito naval y se articula con la necesidad de contar con equipamiento adecuado para tareas de control, patrullaje y apoyo logístico en áreas marítimas estratégicas.

El decreto también faculta al Ministro de Economía —o a los funcionarios que designe— y al Secretario de Finanzas, en forma indistinta, a suscribir el contrato de financiamiento, su documentación adicional y las solicitudes de desembolso. Asimismo, habilita a acordar modificaciones operativas necesarias para la ejecución del proyecto, siempre que no alteren el objeto, el destino de los fondos ni el monto total, ni modifiquen la prórroga de jurisdicción a tribunales extranjeros ya acordada.

Repercusiones y proyección institucional

La aprobación del financiamiento tiene implicancias directas en varios planos. En el económico-financiero, consolida una operación de crédito externo considerada eficiente en términos de costo y de impacto macroeconómico. En el institucional, fortalece el rol coordinador del Ministerio de Economía y del Ministerio de Defensa en proyectos de inversión estratégica. Y en el operativo, sienta las bases para una mejora concreta en las capacidades de la Armada Argentina.

En el corto plazo, se espera la instrumentación del contrato y la puesta en marcha de los desembolsos conforme al cronograma que se establezca en la documentación aprobada como Anexos I y II del decreto, publicados en la edición web del Boletín Oficial.

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INDEC: el rojo externo persiste, pero el ingreso de capitales sostuvo la balanza de pagos

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La balanza de pagos argentina mostró señales mixtas en el tercer trimestre de 2025. Mientras la cuenta corriente arrojó un déficit de USD 1.518 millones, la cuenta financiera registró un ingreso neto de capitales por USD 2.149 millones, lo que permitió compensar el rojo externo y sostener el equilibrio macrofinanciero. Los datos surgen del informe oficial publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y reflejan tanto las tensiones estructurales del frente externo como el rol del financiamiento en la dinámica económica reciente.

El resultado se da en un contexto de fuerte heterogeneidad entre los componentes de la balanza: el comercio de bienes mantuvo un superávit relevante, mientras que los servicios y el ingreso primario profundizaron sus déficits, condicionando la cuenta corriente y reabriendo el debate sobre la sostenibilidad del balance externo.

Cuenta corriente: superávit comercial insuficiente para compensar servicios e ingresos

Durante el tercer trimestre de 2025, la cuenta corriente acumuló un déficit de USD 1.518 millones. El principal sostén provino de la cuenta de bienes, que registró un superávit de USD 4.348 millones, acompañado por un ingreso positivo en el rubro de ingreso secundario por USD 513 millones.

Sin embargo, estos resultados no alcanzaron para contrarrestar el peso de los egresos por servicios y por ingreso primario. La cuenta de servicios mostró un déficit de USD 2.554 millones, mientras que el ingreso primario —que incluye rentas de la inversión y pagos de intereses— registró un rojo aún mayor, de USD 3.888 millones.

Esta composición vuelve a poner en evidencia una característica estructural de la economía argentina: aun con saldo positivo en el comercio de bienes, la cuenta corriente enfrenta presiones persistentes derivadas del turismo, los servicios basados en el exterior y, especialmente, de las obligaciones financieras y de inversión.

Cuenta financiera: el ingreso de capitales compensó el déficit externo

En contraste con la cuenta corriente, la cuenta financiera presentó en el tercer trimestre un ingreso neto de capitales por USD 2.149 millones. Este flujo permitió cubrir el déficit externo y cerrar el período con un balance global positivo, reforzando el rol del financiamiento como ancla de corto plazo.

El desempeño de la cuenta financiera fue clave para sostener la estabilidad externa en un escenario donde la generación genuina de divisas, si bien relevante, no alcanza para equilibrar todos los componentes del intercambio con el resto del mundo.

En este marco, el informe del INDEC señala que al 30 de septiembre de 2025 la Argentina registró una posición de inversión internacional neta acreedora de USD 50.464 millones, lo que implica que los activos externos superan a los pasivos frente al resto del mundo. Este dato constituye uno de los principales indicadores de solvencia externa del país.

Deuda externa: leve aumento y señales de atención a futuro

Otro dato relevante del informe es la evolución de la deuda externa. Al cierre del tercer trimestre de 2025, el stock de deuda externa a valor nominal alcanzó los USD 316.935 millones, lo que representa un incremento del 3,2% respecto del período previo.

Si bien el aumento es moderado, la combinación entre déficit corriente, dependencia del ingreso de capitales y crecimiento de la deuda mantiene abiertas las discusiones sobre la trayectoria futura del sector externo y la necesidad de fortalecer los componentes estructurales que generen divisas de manera sostenida.

Balanza pagos 12 25 INDEC by CristianMilciades

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¿Se viene un “desdoblamiento cambiario” para controlar el dolar turista?

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El Gobierno analiza aplicar un recargo a las compras con tarjeta en el exterior y subir el impuesto a los pasajes aéreos internacionales
De acuerdo a un informe de la consultora Ecolatina, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos fue en el primer trimestre del año de US$9623 millones. El rojo del intercambio de servicios trepó 14% interanual y superó los US$3500 millones. “El déficit se explica principalmente por el boom de turismo en el exterior: este rubro explica más del 70%” de dicho saldo, indicó el informe.
Por su parte, en su informe ‘Balanza de pagos, posición desinversión internacional y deuda externa’, el INdEC señaló que, en el rubro ‘Servicios’, los egresos durante los primeros 3 meses del año totalizaron US$7.535 millones, US$697 millones más de forma interanual que se explican, principalmente, por los “viajes”. “El aumento en viajes tuvo su origen principalmente en el crecimiento del gasto diario de los turistas que viajan al exterior (4%) y del número de viajeros (2%)”, dice el informe.
En tanto, el Banco Central, en su reporte ‘Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario’ correspondiente a mayo, mostró que durante ese mes hubo egresos por US$862 millones contabilizados en concepto de “Viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta”. Según el informe del BCRA, ese subrubro es la “principal explicación” del déficit del rubro Servicios, que fue en mayo de US$ 969 millones.
Que propone Cambiemos
El Gobierno estudia ajustar el impuesto a los pasajes aéreos al exterior, cuya alícuota es actualmente del 7 por ciento. Sería la segunda vez que aumenta este impuesto en la gestión Macri, que lo llevó del 5 al 7% desde enero de 2017. Sin embargo, ahora el alza sería bastante mayor, con dos objetivos: por un lado, encarecer los viajes al exterior y desincentivar el turismo de argentinos en el extranjero, que en el último año batió todos los récords de gasto de dólares. Por el otro, mejorar la recaudación en línea con la reducción del déficit comprometido con el FMI para el próximo año.
También está en análisis una medida todavía más potente: una tasa del 10-15% sobre las compras con tarjetas de crédito en el exterior, similar a la que existe en Brasil, pero con una alícuota mucho más baja (del 6,3%). La suba del impuesto a los pasajes al exterior solo podría realizarse por ley, por lo cual la idea sería incorporarla en el proyecto de Presupuesto 2019. Pero el recargo sobre los gastos con tarjeta en el exterior podría instrumentarse de manera más inmediata, con alguna figura legal del régimen cambiario desde el Banco Central.
La aplicación de estas decisiones –de alto impacto sobre un sector de la clase media– dependerán de cómo evolucione el mercado cambiario en las próximas semanas. En los últimos dos días se notó de nuevo un gran desbalance: la demanda de dólares superó largamente a la oferta. Por eso, aun con la ampliación de la venta diaria de dólares (de USD 100 millones a 150 millones) por parte del Tesoro con los recursos del primer desembolso del FMI, el tipo de cambio siguió escalando hasta 28,67 pesos.
También dependerán de cuánto ajuste la cuenta del turismo emisivo como consecuencia del salto del dólar de 20 a 28 pesos. De hecho, en las últimas dos semanas, las principales empresas aéreas registraron una caída de la venta de pasajes al exterior, algo que confirman grandes agencias de viaje. Pero como siempre ocurre en Argentina, habrá que esperar unas semanas para saber cómo se estabiliza el llamado “tipo de cambio real”: si el dólar se quedara quieto, la disparada de la inflación dejaría dentro de poco tiempo nuevamente a la Argentina cara en dólares. O dicho de otro modo, volverían a resultar baratos los viajes y las compras en el exterior.
Por la cuenta turismo, salieron en el último año unos 900 millones mensuales, y en el 2017 se registró una salida neta de dólares (restando las divisas que los turistas extranjeros dejaron en el país) de 10.700 millones de dólares. Para tener una idea de magnitud, por esta vía se gastaron más dólares que por el déficit comercial (exportaciones menos importaciones) de mercancías, que en 2017 registró un rojo de 8.471 millones de dólares. Según un informe del Banco Central, los pagos en dólares con tarjetas emitidas en Argentina sumaron el año pasado 8.800 millones de dólares. Pero no todos esos gastos son de turistas argentinos (en hoteles, transporte y shopping) en el exterior. Como identificó el BCRA, unos USD 1.300 millones corresponderían a comercio electrónico: pagos en dólares con tarjetas de crédito de los argentinos por bienes (textil, electrónica) y servicios (por ejemplo, Netflix, Spotify o PlayStation) de proveedores en el extranjero.

En cuanto a los pasajes aéreos al exterior, el año pasado representaron una facturación de unos 2.200 millones de dólares. Con la alícuota del 7%, se recaudan unos 150 millones al año que van al Ministerio de Turismo para promover en el extranjero el turismo en Argentina.
El tributo a los pasajes al exterior fue creado por una ley del año 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, que fijó una alícuota del 1% sobre el precio de los tickets. En 1987, por otra ley de Alfonsín, se elevó el monto al 5%. Ese esquema perduró durante los 90, aunque Domingo Cavallo consolidó toda la recaudación en una cuenta única, para tratar de cerrar el déficit fiscal, desviando recursos de su destino original, que era promover el turismo en Argentina.
En enero de 2005, Néstor Kirchner promulgó la Ley Nacional de Turismo N° 25.997, en la que se establecía que entre otras fuentes de ingresos, el Fondo Nacional de Turismo se conforma por “el producto del cinco por ciento del precio de los pasajes aéreos y marítimos al exterior; y los fluviales al exterior, conforme lo determine la reglamentación, vendidos o emitidos en el país y los vendidos o emitidos en el exterior para residentes argentinos en viajes que se inicien en el territorio nacional”.
En la ley de Presupuesto 2017, se sustituyó el artículo 24 de esa ley para elevar la alícuota al 7%, que rige desde enero del año pasado. En diciembre último se aprobó una ley en la que, entre otras cosas, se prorroga hasta el 31 de diciembre de 2022 la asignación específica del impuesto destinada a la Secretaría de Turismo.
Ahora en el equipo económico estudian volver a elevar la alícuota del impuesto y quieren enviarlo con el proyecto de Presupuesto 2019, que debe ingresar al Congreso antes del 15 de septiembre. Aumentar este gravamen no encontraría ninguna objeción por parte de los técnicos del Fondo Monetario, al contrario. No lo consideran un “impuesto distorsivo”, como otros que afectan la competitividad de la economía, y tienen puesta la mira no solo en el déficit fiscal sino también en el rojo de la cuenta corriente del balance de pagos (el país gasta más dólares de los que genera). Un tercio de ese déficit se explica por la cuenta turismo.

En las grandes agencias dicen que la devaluación ya golpeó a los viajes al exterior y que subir el impuesto a los pasajes podría ser muy mal recibido por los países vecinos del Mercosur, desde donde parten muchos turistas hacia la Argentina. Sin embargo, la discusión dentro del Gobierno es otra. Preocupa el impacto de medidas de este estilo sobre los propios votantes de Cambiemos. Una mayoría de los 3 millones de argentinos que viajan al exterior acompañan la gestión oficial.
En la mesa chica surgió el temor además de que esta clase de instrumentos sean asociados a las políticas del kirchnerismo. En particular, al 35% de retención del impuesto a las Ganancias que aplicó Cristina Kirchner en un intento por frenar el boom de gastos de argentinos en el exterior en un contexto de escasez de dólares, cepo y atraso del tipo de cambio oficial. Como siempre, Macri tendrá la última palabra.

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