Banco Central

Caputo justificó el rebote de la inflación y defendió la estrategia económica del Gobierno

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El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que el Gobierno esperaba el dato de inflación de 2,9% registrado en febrero, una cifra que interrumpió parcialmente la dinámica descendente que venía mostrando el índice de precios. El funcionario sostuvo que el aumento respondió principalmente a la suba de la carne y los ajustes tarifarios, y buscó transmitir que la estrategia económica oficial no se altera pese al rebote.

“Nos preocupa pero sobre todo nos ocupa”, afirmó Caputo en declaraciones televisivas, al remarcar que la política monetaria del Banco Central continuará orientada a sostener la desinflación. El dato llega en un momento políticamente sensible: el Gobierno intenta consolidar la narrativa de estabilización macroeconómica que respalda su programa económico, mientras enfrenta señales de tensión social vinculadas al poder adquisitivo y al acceso al crédito.

El reconocimiento de que el número era esperado funciona también como un intento de anticipar el impacto político del dato y evitar que el rebote inflacionario sea leído como un cambio de tendencia en la estrategia oficial.

Inflación, política monetaria y el argumento del equilibrio fiscal

Caputo explicó que el Gobierno atribuye el repunte del índice principalmente a factores puntuales de precios relativos, en especial alimentos y tarifas. Según el ministro, esos movimientos no alteran el objetivo central del programa económico: mantener la inflación en descenso a partir del equilibrio fiscal y una política monetaria restrictiva.

En esa línea, insistió en uno de los pilares discursivos de la administración nacional: la eliminación del déficit.

“No hay déficit fiscal y la inflación más tarde o temprano llegará a niveles internacionales”, sostuvo.

El ministro evitó fijar un plazo exacto, aunque señaló que la inflación podría acercarse a niveles cercanos a cero entre agosto y octubre, una proyección que el Gobierno viene utilizando como referencia para medir el éxito del plan de estabilización.

Al mismo tiempo, reconoció que predecir el comportamiento mensual del índice sigue siendo complejo, una admisión que revela la volatilidad que todavía atraviesa la economía argentina.

El factor político en la dinámica inflacionaria

Caputo también introdujo un elemento político en su explicación del proceso inflacionario reciente. Según su interpretación, el proceso de desinflación se desaceleró luego de un período de volatilidad financiera previo a las elecciones legislativas del año pasado, cuando se generó una fuerte dolarización de portafolios.

Esa dinámica impactó —según el ministro— en tres variables clave: riesgo país, nivel de crecimiento e inflación, lo que provocó un retroceso en el proceso de desaceleración de precios.

Desde la óptica del Gobierno, la estabilidad política posterior a las elecciones permitió retomar el sendero de normalización macroeconómica. En ese marco, Caputo destacó que el Banco Central mantiene una política monetaria “apretada” y continúa comprando dólares, lo que considera una señal de consistencia del programa económico.

Economía real: reconocimiento de tensiones sociales

Más allá del discurso de estabilización macroeconómica, el ministro admitió que la recuperación no se percibe de manera homogénea en la sociedad.

“La situación está mejor, pero no quiere decir que hay gente que la esté pasando bien”, afirmó.

La frase introduce una dimensión política clave: el Gobierno intenta sostener la narrativa de mejora macroeconómica sin negar las dificultades que atraviesan amplios sectores de la población, especialmente frente a el aumento de la morosidad en tarjetas de crédito y billeteras virtuales.

Ante ese escenario, Caputo planteó que la salida pasa por profundizar la caída de la inflación, reducir las tasas de interés y extender plazos de financiamiento para facilitar la adaptación de los hogares.

La apuesta por las inversiones tras la “Argentina Week”

El ministro habló después de la denominada “Argentina Week”, una serie de presentaciones ante inversores internacionales realizada en Nueva York. Según el balance oficial, la semana dejó anuncios de inversiones por 16.150 millones de dólares.

Entre los proyectos destacados se encuentran:

  • Mercado Libre, con 3.400 millones de dólares para expandir su operación logística y crear 1.900 empleos directos.
  • Transportadora de Gas del Sur, con 3.000 millones de dólares destinados a la industrialización de líquidos de gas natural en Vaca Muerta, proyecto que prevé 4.000 empleos directos y 15.000 indirectos, además de exportaciones por 1.200 millones de dólares anuales.
  • Pampa Energía, que solicitó adherirse al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) con un desembolso superior a 4.500 millones de dólares para la exploración y producción de petróleo no convencional.
  • First Quantum Minerals, con 5.250 millones de dólares para el proyecto de cobre Taca Taca en Salta, que proyecta 4.000 empleos durante la construcción y 2.000 en la etapa operativa.

El Gobierno vincula estos anuncios con la ampliación del RIGI mediante el Decreto 168/2026, que incorporó actividades de exploración y producción de hidrocarburos al régimen.

Para la administración nacional, este esquema busca convertir la estabilidad macroeconómica en un ancla de inversiones de largo plazo, particularmente en sectores energéticos y mineros.

Jubilaciones, reforma impositiva y límites fiscales

Caputo también descartó la posibilidad de otorgar aumentos adicionales a las jubilaciones en el corto plazo. Argumentó que el margen fiscal es limitado y que cualquier mejora adicional debería financiarse con mayor crecimiento económico.

“No podemos darnos el lujo de hacer cosas que nos encantaría hacer, como subir jubilaciones o bajar más impuestos, porque de algún lado tiene que entrar esa plata”, explicó.

La misma lógica se aplica a los cambios tributarios que el Gobierno analiza: las eventuales reducciones impositivas o la baja de retenciones dependerán del sostenimiento del superávit fiscal.

La apuesta estructural: ahorro privado y crédito

Otro eje central del discurso del ministro fue la necesidad de movilizar el ahorro privado fuera del sistema financiero. Caputo afirmó que los argentinos tienen 170.000 millones de dólares fuera del circuito bancario, una cifra que triplicaría los depósitos en pesos.

Para el Gobierno, recuperar la confianza suficiente para que esos recursos ingresen al sistema permitiría expandir el crédito y financiar inversión productiva, dos factores que considera clave para sostener el crecimiento.

Un equilibrio político todavía en construcción

El Gobierno busca sostener una narrativa clara: inflación en descenso, equilibrio fiscal y apertura a inversiones internacionales. Sin embargo, el dato de inflación de febrero recuerda que la estabilización económica sigue siendo un proceso frágil, expuesto a factores políticos, movimientos de precios relativos y tensiones sociales.

En ese contexto, el desafío oficial será demostrar en los próximos meses que el rebote inflacionario fue efectivamente transitorio. La evolución del índice de precios, la reacción del consumo y la llegada efectiva de inversiones serán variables centrales para medir si el programa económico logra consolidar el escenario que el Gobierno proyecta.

Por ahora, el mensaje de Caputo busca sostener la confianza. Pero la política económica argentina suele medirse menos por las promesas que por la persistencia de los resultados.

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El Banco Central resiste la auditoría sobre el oro enviado al exterior

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A casi dos años del primer traslado de lingotes de oro al exterior, el Banco Central mantiene bloqueado el intento de auditoría sobre esas operaciones y tensiona su relación con los organismos de control del Estado. La entidad conducida por Santiago Bausili continúa sin entregar la documentación requerida por la Auditoría General de la Nación (AGN), incluso después de que la Justicia ordenara responder los pedidos de acceso a la información pública.

El episodio no es menor dentro de la arquitectura institucional del país. En juego está la capacidad de los órganos de control vinculados al Congreso para supervisar la administración de las reservas internacionales del Banco Central, uno de los activos más sensibles de la política económica.

Según fuentes vinculadas a la AGN, el organismo aún no recibió precisiones sobre dónde se encuentra el oro enviado al exterior ni bajo qué condiciones se realizó la operación, lo que impide avanzar con el trabajo técnico de auditoría.

La tensión abre una pregunta de fondo: si el Banco Central puede limitar el acceso a la información sobre una operación vinculada a las reservas o si debe someterse plenamente a los mecanismos de control institucional.

Transferencias de lingotes y documentación ausente

El origen del conflicto se remonta a cuatro transferencias de oro realizadas en 2024, que la AGN identificó en la documentación oficial. Las fechas registradas son 18 de junio, 2 de julio, 31 de julio y 13 de agosto de ese año.

En cada envío se trasladaron 250 lingotes de oro.

Cuando el organismo de control intentó iniciar la auditoría, solicitó documentación básica para reconstruir el procedimiento administrativo y financiero de las operaciones. Entre los materiales requeridos se encontraban actas, dictámenes e informes internos.

Sin embargo, el Banco Central no entregó esa información. Según lo reconstruido por fuentes cercanas al proceso, el argumento central de la entidad fue el carácter confidencial y reservado de los expedientes vinculados a las reservas internacionales.

La respuesta del Central introdujo además un elemento inesperado: en notas internas enviadas al organismo de control sostuvo que no existen contratos de colocación de los lingotes con el Banco de Pagos Internacionales (BIS) ni con otros depositarios del exterior, ni en la actualidad ni al cierre de 2024.

La afirmación complica la reconstrucción administrativa de las transferencias y alimenta la controversia sobre el alcance real de la operación.

El límite del control parlamentario

La AGN es el órgano técnico encargado de auditar la administración del sector público y depende institucionalmente del Congreso de la Nación. Por ese motivo, el conflicto con el Banco Central adquiere una dimensión política que excede la discusión técnica.

A fines de 2025, cuando el organismo todavía no tenía completo su cuerpo de auditores, su conducción —encabezada por Juan Manuel Olmos— optó por elevar el caso a la Comisión Bicameral Revisora de Cuentas Mixta del Congreso, sugiriendo que se evaluaran medidas legales para garantizar el acceso a la información.

Ese paso marcó el ingreso formal del conflicto en la arena parlamentaria.

Con la posterior designación de los auditores faltantes, la AGN recuperó plenas facultades institucionales para avanzar con acciones legales destinadas a exigir al Banco Central la documentación necesaria para la auditoría.

Confidencialidad versus control público

El Banco Central sostiene que la información solicitada tiene carácter secreto y confidencial y que se encuentra en expedientes reservados. Bajo ese argumento, el organismo ofreció una modalidad de acceso restringido: permitir que los auditores revisen los documentos desde computadoras del propio Central.

El problema es que esa propuesta impide copiar, fotografiar o tomar notas, lo que en la práctica imposibilita construir evidencia documental para un informe técnico.

Para el equipo de la AGN, esa limitación convierte el acceso en un ejercicio meramente visual, insuficiente para respaldar una auditoría formal.

La discusión gira en torno a un punto clave del sistema de control público: si un organismo auditado puede imponer condiciones que vuelvan impracticable el trabajo de fiscalización.

El argumento final del Banco Central

Cuando la AGN evaluó aceptar parcialmente las condiciones propuestas por el Banco Central, apareció una nueva objeción.

La entidad sostuvo que no existe ningún contrato que pueda ser auditado, lo que según su interpretación dejaría sin objeto el análisis técnico solicitado por el organismo de control.

“Los informes del servicio jurídico del BCRA respecto de cada contrato no se han tenido que elaborar ya que no hay contratos”, indicaron desde el Central.

Ese planteo refuerza el carácter atípico del caso. En operaciones financieras vinculadas a reservas internacionales, la existencia de acuerdos formales suele constituir la base documental para cualquier auditoría posterior.

Antecedentes que tensionan el argumento oficial

Desde la AGN señalan que existen antecedentes recientes que contradicen la negativa del Banco Central.

En 2024, el organismo aprobó el informe titulado “Procedimientos empleados por el BCRA para la administración de reservas internacionales”, una auditoría que incluyó el análisis de la totalidad de las reservas del Central, no solo del oro.

En esa oportunidad, el Banco Central proporcionó la información solicitada para la revisión técnica.

La diferencia de criterios entre aquel proceso y el actual refuerza la percepción dentro del organismo de control de que el conflicto responde más a una decisión institucional que a una limitación operativa.

La intervención judicial

El caso también ingresó en el terreno judicial. El 22 de diciembre del año pasado, la Cámara Contencioso Administrativo Federal ordenó al Banco Central que responda los pedidos de acceso a la información pública relacionados con el traslado de los lingotes.

A pesar de esa resolución, la AGN sostiene que no recibió la documentación necesaria para avanzar con la auditoría.

El incumplimiento o la demora en la respuesta abre un nuevo frente institucional que podría derivar en medidas judiciales adicionales si el conflicto se prolonga.

Un episodio que pone en juego el sistema de control del Estado

Más allá del destino específico del oro, el conflicto expone una discusión más amplia sobre el funcionamiento de los organismos de control en la estructura del Estado.

El Banco Central, por su autonomía institucional, mantiene una posición particular dentro de la administración pública. Pero la AGN tiene mandato constitucional para auditar la gestión de los recursos públicos, incluidas las reservas.

El choque entre ambos criterios deja en evidencia una zona gris del sistema institucional: hasta dónde llega la confidencialidad financiera y dónde comienza el control parlamentario.

Un frente que todavía no se cerró

Con la AGN nuevamente integrada y con el antecedente de una orden judicial vigente, el conflicto parece lejos de resolverse.

En las próximas semanas se definirá si el organismo de control avanza con nuevas acciones legales o si el Banco Central modifica su posición y habilita el acceso pleno a la documentación.

Lo que está en juego no es solo el seguimiento de una operación puntual. También se discute el alcance real de los mecanismos de control sobre uno de los activos estratégicos del país: las reservas internacionales.

La historia, por ahora, sigue abierta.

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El CEO de JP Morgan elogió a Milei y destacó el giro económico de Argentina ante banqueros internacionales

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El presidente Javier Milei sumó este martes un respaldo relevante del sistema financiero internacional. Durante un encuentro con banqueros, el CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, elogió la orientación económica del Gobierno argentino y afirmó que el mandatario tiene “convicciones muy sólidas sobre cómo arreglar un país”.

El pronunciamiento no fue un comentario menor. Dimon habló ante ejecutivos del sistema financiero global en un contexto en el que la administración libertaria busca consolidar confianza externa y atraer capitales. Desde esa tribuna, el banquero presentó a Argentina como un caso potencial de transformación económica, destacando la reducción de la inflación, el ajuste fiscal y la apertura de los mercados de capitales.

El respaldo se inscribe en un momento político en el que el Gobierno intenta consolidar su programa de reformas mientras mantiene una narrativa de cambio estructural del modelo económico. Y plantea una pregunta implícita: ¿hasta qué punto el apoyo del sistema financiero internacional puede traducirse en inversiones concretas y sostener el programa económico del oficialismo?

La mirada del sistema financiero sobre el giro económico argentino

En su intervención, Dimon trazó un contraste histórico para explicar la situación argentina. Recordó que en 1917 el país tenía un producto per cápita comparable al de Francia y destacó que contaba con recursos naturales abundantes, capacidad agrícola, minerales, petróleo y una población educada con universidades y escuelas de prestigio.

Sin embargo, señaló que hoy el ingreso per cápita argentino representa aproximadamente una décima parte del francés. Ese diagnóstico sirvió como punto de partida para destacar el cambio de rumbo que, según el ejecutivo, impulsa el actual gobierno.

Dimon enumeró varios factores que, desde la perspectiva de los mercados financieros, explican ese giro. Mencionó la claridad regulatoria introducida por la administración de Milei, la apertura de los mercados de capitales y el control del Banco Central de la República Argentina.

También destacó la desaceleración de la inflación, que —según su exposición— pasó de niveles cercanos al 2% diario, equivalentes a más de 200% anual, a un ritmo cercano al 2% mensual. Para el banquero, ese proceso constituye un “milagro” en términos de estabilización macroeconómica.

En la misma línea, señaló que el Gobierno dejó de monetizar deuda pública, redujo el déficit fiscal a niveles cercanos a cero y comenzó a recuperar el balance de reservas internacionales.

Capitales, recursos y el interés de las empresas

El CEO de JPMorgan también planteó que existe un creciente interés empresarial por invertir en Argentina. Según sostuvo, varias compañías evalúan oportunidades en el país a partir de sus recursos naturales, su potencial energético y la disponibilidad de mano de obra calificada.

Para el banquero, ese escenario configura lo que definió como “un giro asombroso”, difícil de imaginar apenas cuatro o cinco años atrás.

En su exposición señaló que el crecimiento económico cercano al 5% registrado el año pasado fue “casi inaudito” para los analistas que observaban la economía argentina desde el exterior. Ese desempeño, dijo, se vincula con una agenda pro mercado basada en reformas estructurales, incluyendo cambios laborales y regulatorios.

Dimon incluso proyectó que el caso argentino podría convertirse en una referencia internacional sobre cómo revertir crisis económicas profundas. En ese marco, mencionó que el país podría transformarse en un ejemplo para otros gobiernos que busquen aplicar reformas orientadas al mercado.

Un vínculo financiero que ya tiene antecedentes

El ejecutivo también recordó la presencia histórica de JPMorgan Chase en el país y destacó el centro de servicios que la entidad mantiene en Argentina, con aproximadamente 5.000 empleados.

Durante su intervención valoró además el trabajo de Facundo Gómez Minujín, quien encabeza la filial local del banco.

El directivo mencionó asimismo operaciones financieras recientes realizadas por la entidad para asistir al Estado argentino, incluyendo acuerdos de financiamiento tipo repo por alrededor de 2.000 millones de dólares.

El vínculo entre el banco y el Gobierno ya había tenido un episodio visible meses atrás, cuando Dimon visitó Buenos Aires en octubre para participar de un evento global organizado por la entidad y mantener una reunión con el presidente Milei.

El peso político de un respaldo externo

Las declaraciones de Dimon tienen una dimensión que excede lo financiero. En la lógica política del Gobierno, el reconocimiento de figuras centrales del sistema financiero global funciona como validación internacional de su programa económico.

Ese respaldo resulta particularmente relevante en un momento en el que el oficialismo intenta sostener reformas estructurales en medio de tensiones políticas internas y debates legislativos sobre cambios regulatorios.

Al mismo tiempo, el reconocimiento de Wall Street alimenta la narrativa oficial sobre un cambio de ciclo económico en Argentina, donde la estabilización macroeconómica sería el paso previo a una etapa de crecimiento sostenido basado en inversiones.

Un proceso en construcción

El elogio del principal ejecutivo de JPMorgan ofrece una señal de confianza hacia el rumbo económico del Gobierno. Pero también expone la dimensión de expectativa que hoy rodea al caso argentino en los mercados internacionales.

El interrogante de fondo sigue siendo si ese respaldo financiero y discursivo se traducirá en un flujo sostenido de capitales y en proyectos de inversión concretos.

En la economía argentina, la diferencia entre expectativas y resultados suele medirse con el paso del tiempo. Y ese proceso, por ahora, todavía está en desarrollo.

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En Argentina Week, agencias financieras de EE.UU. ven un “punto de inflexión” y facilitan el acceso al financiamiento para el país

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En el cierre de la primera jornada de Argentina Week, funcionarios y representantes de organismos financieros de Estados Unidos coincidieron en un diagnóstico que el Gobierno argentino busca instalar en el exterior: el país atraviesa una ventana de oportunidad para reconstruir su relación con el crédito internacional.

El panel “Financiando el futuro”, moderado por el presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili, reunió en Nueva York a Ben Black, titular de la International Development Finance Corporation, y a John Jovanovic, responsable del Export-Import Bank of the United States.

Ambos ejecutivos destacaron los cambios impulsados por la administración del presidente Javier Milei y coincidieron en que el nuevo contexto regulatorio y económico vuelve “mucho más fácil hacer negocios con Argentina”. La señal llega en un momento clave para el Gobierno, que busca consolidar credibilidad financiera internacional mientras avanza con reformas internas y negocia el regreso del país a los mercados de capitales.

La pregunta de fondo es si esta percepción favorable del sistema financiero internacional se traducirá en flujos de financiamiento sostenidos o si el entusiasmo actual seguirá condicionado por las dudas históricas que arrastra la economía argentina.

Financiamiento externo y vínculo estratégico con Estados Unidos

Durante el panel, Jovanovic describió el momento actual como un posible punto de inflexión para la relación económica entre Argentina y Estados Unidos. Según señaló, el desafío consiste en aprovechar la coyuntura para construir una conexión económica duradera entre ambos países.

El titular del Exim Bank subrayó que las reformas estructurales y las liberalizaciones impulsadas por el Gobierno mejoran el perfil crediticio del país. En ese marco, sostuvo que los cambios regulatorios en marcha generan un entorno más previsible para los organismos de financiamiento internacional.

Black, por su parte, destacó que la International Development Finance Corporation trabaja con esquemas de inversión similares a los utilizados por grandes actores del mercado financiero global. En ese sentido, explicó que la agencia puede participar en proyectos vinculados al sector privado, financiamiento estructurado y oportunidades en economías emergentes.

Ambos coincidieron en que las empresas argentinas que busquen asociarse con compañías estadounidenses para acceder a tecnología o capital pueden acercarse directamente a las agencias para explorar instrumentos de financiamiento.

Seguridad de las cadenas de valor y competencia geopolítica

El debate también incluyó un elemento estratégico: la reorganización de las cadenas de suministro globales. Los representantes de las agencias estadounidenses remarcaron la necesidad de fortalecer circuitos productivos que no dependan de mercados considerados “no libres” o poco transparentes.

En ese contexto, plantearon que América Latina —y particularmente Argentina— podría ocupar un lugar relevante en la construcción de cadenas de valor más resilientes en el hemisferio occidental.

La idea se alinea con una tendencia creciente en la política económica internacional: la búsqueda de proveedores confiables en sectores estratégicos, desde energía hasta minerales críticos y manufacturas tecnológicas.

Para Argentina, ese escenario abre una posibilidad. Pero también exige consolidar condiciones internas que reduzcan las dudas persistentes de los inversores sobre la seguridad jurídica y la continuidad de las reformas económicas.

La defensa del programa económico desde el equipo del Ministerio de Economía

Antes de ese panel, el secretario de Política Económica José Luis Daza presentó ante los asistentes una defensa detallada de la estrategia económica del Gobierno.

El funcionario sostuvo que el ajuste fiscal aplicado por la administración libertaria fue uno de los más profundos registrados en la historia reciente. Según explicó, el gasto público se redujo en aproximadamente un treinta por ciento, una contracción que inicialmente impactó en la actividad económica.

Sin embargo, Daza afirmó que la economía logró revertir esa caída meses después, con una recuperación que —según su exposición— superó las previsiones de analistas y consultores.

El viceministro también defendió el enfoque social del programa económico. Explicó que la asistencia directa a los sectores más vulnerables se duplicó al eliminar intermediarios en la distribución de recursos, lo que permitió incrementar las transferencias y la ayuda alimentaria.

En su presentación, el funcionario remarcó además la resiliencia del sistema financiero durante el proceso de estabilización. Señaló que la economía atravesó uno de los shocks más intensos de su historia reciente, con tasas de interés superiores al cien por ciento, sin que se produjeran quiebras bancarias.

Un programa que busca convencer a los mercados

El mensaje que el Gobierno intenta instalar en foros como Argentina Week combina varios elementos: disciplina fiscal, apertura comercial, desregulación económica y fortalecimiento del mercado de capitales.

Según Daza, ese esquema permitió estabilizar variables macroeconómicas clave y sentar las bases para una nueva etapa de crecimiento impulsada por inversión privada, innovación tecnológica y capital humano.

La exposición ante inversores internacionales también incluyó una referencia al cambio cultural en torno a la moneda local y al sistema financiero, un punto que el equipo económico considera central para recuperar confianza.

Entre la expectativa y la prueba del tiempo

Las intervenciones de los representantes de las agencias financieras estadounidenses y del equipo económico argentino reflejan un clima de expectativas que el Gobierno intenta consolidar en el exterior.

El diagnóstico compartido apunta a un escenario de oportunidades para reconstruir el vínculo entre Argentina y el financiamiento internacional. Pero también reconoce que persisten interrogantes históricos sobre la estabilidad de las reglas económicas.

La verdadera prueba para ese nuevo clima financiero no será únicamente la recepción de discursos en foros internacionales. Será la capacidad del país para sostener reformas, consolidar previsibilidad y transformar ese interés inicial en proyectos de inversión y crédito de largo plazo.

Por ahora, el mensaje que se escucha en los pasillos de Argentina Week es claro: para parte del sistema financiero global, el país volvió a entrar en el radar. Lo que aún está por verse es cuánto de esa expectativa se convertirá en decisiones concretas.

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Acciones argentinas suben hasta 7% y el riesgo país baja a 555 puntos en una jornada marcada por el optimismo global

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Las acciones argentinas protagonizaron este martes una jornada de fuerte recuperación en los mercados financieros, con subas que alcanzaron hasta el 7%, mientras el riesgo país retrocedió a 555 puntos básicos y el dólar mayorista cayó a $1.400. El movimiento coincidió con un cambio en el humor global de los inversores tras declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien planteó la posibilidad de un final inmediato del conflicto en Medio Oriente.

El rebote de los activos argentinos ocurrió en un contexto en el que el Gobierno intenta consolidar estabilidad cambiaria y reconstruir la confianza financiera. La combinación de acciones en alza, bonos recuperándose y un dólar a la baja abre una pregunta que atraviesa al mercado: ¿se trata de una mejora coyuntural impulsada por factores externos o de un proceso de normalización más profundo en la economía argentina?

En esa tensión se mueve hoy el tablero financiero.

Suba del Merval y rebote de los ADR

El principal indicador bursátil local, el S&P Merval, registró un avance de 2,6% en pesos, hasta 2.700.255,24 puntos, mientras que medido en dólares subió 3,3%, hasta 1.846,32 unidades.

El impulso provino principalmente del sector energético. Entre los papeles con mejor desempeño se destacaron:

  • Metrogas, con un alza de 6,8%
  • Transportadora de Gas del Norte, que avanzó 6,6%
  • Central Puerto, con una suba de 6,1%
  • Sociedad Comercial del Plata, que ganó 5,7%

En el exterior, los ADR de empresas argentinas que cotizan en Nueva York también reflejaron el cambio de clima inversor. Algunos de estos certificados treparon hasta 7,3%, en línea con la recuperación del apetito por activos emergentes.

El movimiento no se explicó por factores domésticos inmediatos, sino por un giro en las expectativas globales. El eventual fin de la guerra en Medio Oriente planteado desde Washington funcionó como catalizador para una recomposición del riesgo en los mercados.

Bonos y riesgo país: la variable clave para el financiamiento

El mejor ánimo inversor también impactó en la deuda argentina. Los bonos soberanos registraron subas de hasta 1,5%, lo que permitió una caída de 28 unidades en el riesgo país, que cerró en 555 puntos básicos.

El indicador, elaborado por JPMorgan Chase, mide la diferencia entre el rendimiento de los bonos argentinos y el de los títulos del Tesoro de Estados Unidos, considerados libres de riesgo. Cuando esa brecha se reduce, el mercado interpreta que disminuye la percepción de riesgo sobre la capacidad de pago del país.

Aun así, el nivel actual sigue siendo alto para un retorno pleno al financiamiento internacional. Con estos valores, la Argentina debería ofrecer tasas superiores al 9% anual en dólares para colocar deuda externa.

El Gobierno, al menos por ahora, intenta evitar ese escenario. La estrategia oficial prioriza reducir la dependencia de los mercados internacionales y fortalecer las fuentes de financiamiento internas.

Dólar en baja y compras del Banco Central

En paralelo, el mercado cambiario mostró señales de estabilidad. El tipo de cambio mayorista retrocedió $16 y cerró en $1.400, con un volumen operado de USD 458 millones en el Mercado Libre de Cambios.

El valor quedó 15,96% por debajo del techo de la banda cambiaria, fijado en $1.623,48 por el Banco Central de la República Argentina. Esto implica que el dólar aún podría subir $223,48 antes de que la autoridad monetaria deba intervenir.

El tipo de cambio minorista también registró una baja. Cerró en $1.420 para la venta y $1.370 para la compra.

La tendencia descendente se extendió a los otros segmentos del mercado:

  • Dólar blue: $1.420
  • Dólar MEP: $1.421,05
  • Contado con liquidación: $1.465,24

En ese escenario de menor presión cambiaria, el Banco Central compró USD 67 millones en el mercado oficial.

La autoridad monetaria acumula más de USD 3.100 millones de compras en lo que va de 2026 y logró encadenar 45 jornadas consecutivas con saldo comprador.

Desde el inicio de la cuarta fase del programa monetario, en enero, el Banco Central sumó USD 3.120 millones, lo que representa más del 30% del objetivo de acumulación previsto para el año.

Reservas, deuda y el delicado equilibrio financiero

A pesar de ese flujo comprador, las reservas no crecieron de forma lineal. Parte de las divisas adquiridas se utilizaron para cubrir compromisos de deuda del Tesoro, que recurre al Banco Central para obtener dólares destinados a esos pagos.

En la última jornada, las reservas internacionales alcanzaron los USD 46.043 millones, con un incremento diario de USD 275 millones.

El mercado vinculó esa suba principalmente con variaciones en las cotizaciones de activos internacionales, entre ellos el oro, cuyo precio se aproximó a USD 5.200 por onza.

Las proyecciones oficiales ubican la meta de acumulación de reservas para 2026 entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, un objetivo que dependerá de dos variables centrales: la demanda de pesos y el ingreso de divisas al sistema financiero.

Un equilibrio que aún depende del contexto global

La jornada dejó un mensaje claro: los activos argentinos siguen altamente sensibles al contexto internacional.

Las declaraciones desde Estados Unidos alcanzaron para impulsar acciones, bonos y divisas en el mercado local. Pero ese mismo factor revela una fragilidad estructural: gran parte del movimiento responde todavía a señales externas más que a cambios estructurales internos.

En las próximas semanas, los inversores observarán tres indicadores con atención: la evolución del riesgo país, la capacidad del Banco Central para seguir comprando divisas y el comportamiento del dólar dentro de la banda cambiaria.

Si esas variables continúan alineadas, el Gobierno podría consolidar el clima financiero favorable. Si se alteran, el mercado volverá a poner a prueba la resistencia del esquema económico.

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