Banco Central

Cuidado, que en 2018 el BCRA pasa a jugar de local !!

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En un año electoral, como es este 2017, se supone que la autoridad monetaria debería haber “jugado de visitante”, con una estrategia más bien defensiva, cuidando de no enfriar la economía, de modo de no perjudicar las chances del oficialismo. El Banco Central parece haber asumido ese rol hasta marzo, pero a partir de allí escapó del estereotipo, empujando hacia arriba las tasas de interés. Maquiavelo podría decir que con eso fue suficiente, ya que la expansión monetaria actúa con rezago sobre el nivel de actividad, pero lo cierto es que ahora estamos en otro escenario, con tasas reales de interés de los pases y las Lebacs llegando a entre 7 y 10 puntos/año, según el indicador de inflación que se tome. Los datos de agosto de precios minoristas han mostrado un avance de la desinflación pero, por lo actuado desde abril, cabe esperar que el Central sólo habrá de relajar su política cuando los índices converjan al 1 % mensual. Si ese logro se demora, conviene tener en cuenta que, con el probable resultado de octubre y sin elecciones a la vista, la autoridad monetaria pasará a “jugar de local” en 2018, con lo que eso significa.

El recorrido de la inflación hasta aquí permite afirmar que el Banco Central habrá de incumplir el techo de la meta del 17 % anual en diciembre. Si bien esto significa un daño a su reputación, hay un factor cualitativo compensatorio, ya que no dudó en comenzar a subir las tasas de interés desde abril, seis meses antes de las legislativas, aun sabiendo la importancia que tienen para el oficialismo.

El rol asumido por el BCRA en buena parte de 2017 está destinado a dejar huella. A la hora de imaginar el 2018, los agentes económicos están incorporando señales que quizá a fin de 2016 no resultaban tan evidentes. Así, la permanencia del sesgo contractivo de la política monetaria hasta que la inflación converja a 1 % mensual es un escenario que parece tener cada vez más adherentes.

Existen matices para explicar la divergencia entre metas e inflación en 2017. Uno es la falta de consistencia entre la política fiscal y monetaria; otro, el problema de la inercia en un país con tanta historia inflacionaria. Además, está el hecho que las subas de tarifas tienen efectos de primera y segunda ronda que quizá no han sido suficientemente ponderados, además de la influencia sobre las expectativas de los ajustes pendientes.

Por su parte, los mecanismos de transmisión de la política son débiles por la pequeñez del sistema financiero, y existen filtraciones por el elevado spread, que determina tasas que siguen siendo negativas en términos reales para cierta franja de ahorristas.

Pero lo relevante no es lo que piensan los analistas, sino el diagnóstico del propio Banco Central. Y, tras varios discursos de su presidente, no hay dudas acerca de la importancia que los funcionarios le asignan al “relajamiento prematuro” de la política monetaria, hacia fin de 2016, principios de este año.

En función de ese diagnóstico, el Central está preparado para “jugar de local” en 2018. Una medición simple de la tasa real de interés la ubica actualmente encima de 9 puntos (pases y Lebacs) contra la inflación esperada (REM) de los próximos doce meses. Ese guarismo se ha casi duplicado respecto de fin de 2016. Algo análogo ocurre cuando se compara la tasa de interés de política monetaria con la inflación núcleo (promedio de tres meses) anualizada. De 2 puntos porcentuales a fin de 2016, se ha pasado a casi 7 puntos en el presente. A esta trayectoria de la tasa real se suma el hecho que la curva de rendimientos se ha invertido desde hace un par de meses, resultando más atractivo el retorno de las Lebacs a medida que nos alejamos de los 30 días.

Dado el rezago con el que actúan estas políticas, cabe preguntarse qué habrá llegar antes, si la desinflación o el enfriamiento de la economía. El canal del crédito, que hoy es poco menos que un boom, podría comenzar a resentirse si este escenario se prolonga. Pero, en realidad, el crecimiento de 2018 puede absorber una desaceleración de los bienes durables.

El consumo básico está repuntando, y el mercado de trabajo puede darle continuidad a este movimiento, siempre a un ritmo moderado. El gobierno, además, apunta a un empalme entre obra pública y Proyectos Público-Privados que podría extender la recuperación de la inversión. La salida de la recesión de Brasil podría permitir que la industria y las exportaciones agreguen algunas décimas al crecimiento del PIB local.

Del lado de las expectativas de inflación, es positivo que las pautas presupuestarias sean más consistentes para 2018: la emisión a favor del Tesoro se habrá de achicar a un 14 % de la base monetaria del próximo año, incidencia que en 2015 había sido de nada menos que el 31 % de la base. Respecto del tipo de cambio, el piso más elevado por el mayor déficit comercial seguirá siendo contrarrestado por el ingreso de divisas derivado del financiamiento externo del rojo fiscal. En cuanto al impacto de 2 a 3 puntos del ajuste de tarifas sobre los índices, esta vez puede ser parcialmente contenido por una demanda de dinero más firme de los particulares, con los pesos “quemando menos” en el bolsillo. Este último factor es muy relevante, pero hasta julio se había manifestado de un modo débil, dejando toda la tarea de esterilización al Banco Central, con el consiguiente aumento del stock de Lebacs. Desde agosto, sin embargo, la demanda de dinero parece estar saliendo en ayuda de la política monetaria.

Al final del día, todo indica que el momento clave del partido de 2018 será el período de marzo a mayo, en el que se negocia el grueso de las paritarias. Si la pulseada se acota a guarismos entre 10 y 15 % es un buen escenario, tanto para la inflación como para el nivel de actividad. Pero el horizonte será menos favorable para ambas variables si aquella brecha es mayor. Los empresarios ya han tenido oportunidad de calibrar al Banco Central. Resta ver cuánto de ese mensaje ha llegado al mundo sindical.

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El BCRA deberá afrontar vencimiento de LEBAC por $ 484.211 millones

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La semana próxima todos los ojos del mercado estarán puestos en el mega vencimiento de LEBAC que deberá afrontar el Banco Central (BCRA) por más de $ 484 millones. Como es habitual, el día clave será el martes y se espera una alta demanda de las letras que se convirtieron en las estrellas de los portfolios de fondos comunes de inversión.

Vale recordar que el pasado martes, el Banco Central decidió mantener su tasa de política monetaria en 26,25%, al tiempo que ratificó la decisión de continuar restringiendo las condiciones de liquidez del mercado a través de operaciones en el mercado secundario de Lebac.

Por lo pronto, el Central licitara las “Letras del Banco Central de la República Argentina Segmento Interno (LEBACs “Segmento Interno”) en pesos” de acuerdo al siguiente detalle:

 Letras del BCRA en pesos (LEBAC Segmento Interno $) a 28 días de plazo
 Letras del BCRA en pesos (LEBAC Segmento Interno $) a 56 días de plazo
 Letras del BCRA en pesos (LEBAC Segmento Interno $) a 91 días de plazo
 Letras del BCRA en pesos (LEBAC Segmento Interno $) a 154 días de plazo
 Letras del BCRA en pesos (LEBAC Segmento Interno $) a 210 días de plazo
 Letras del BCRA en pesos (LEBAC Segmento Interno $) a 274 días de plazo

Como es habitual, las ofertas deberán canalizarse a través del Mercado Abierto Electrónico S.A. La apertura de la licitación será a las 10 y las posturas se aceptarán hasta las 15. Para todas las especies licitadas la adjudicación será el holandés, es decir el sistema de precio único.

Para la licitación de LEBACs “Segmento Interno” en pesos se han establecido dos tramos, competitivo y no competitivo. El tramo competitivo está destinado a las ofertas, realizadas en una o varias presentaciones, por un importe igual o superior a $ VN 1.000.000, mientras que para importes menores a $ VN 1.000.000 las ofertas deberán dirigirse al tramo no competitivo, ya sea que se trate de personas físicas o jurídicas. No obstante, para los importes comprendidos entre $ VN 1.000.000 y $ VN 50.000.000, todas las contrapartes podrán optar por canalizar su oferta por el tramo competitivo (ofertando precio) o por el no competitivo (al precio que resulte del corte).

En la última licitación de LEBAC, realizada el 15 de agosto pasado por el BCRA, las propuestas alcanzaron un nivel de $ 453.751 millones, adjudicándose $ 453.416 millones, lo que implicó una renovación parcial del vencimiento que era de $ 534.983 millones y una baja en el stock en circulación por $ 81.567 millones. En esa oportunidad, las tasas de corte se ubicaron en 26.50%, 26.50%, 26.50%, 26.25%, 25.95% y 25.85% para los plazos de 35, 63, 91, 154, 217 y 273 días, respectivamente.

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Con el dólar en retroceso, el BCRA renueva hoy $540.000 millones en Lebacs y no se esperan sobresaltos

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El dólar bajó ayer fuerte en el mercado mayorista, un retroceso que luego se trasladó a las pizarras de casas de cambio (minorista) y en ese contexto hoy el Banco Central renovará $540.000 millones en Lebacs.

Con el triunfo a nivel nacional de Cambiemos, y el mercado festejando la noticia (subieron bonos y acciones, también), para hoy no se esperan contratiempos con este “mega-vencimiento” que la semana pasada, con la incertidumbre del resultado de las PASO y un mercado cambiario con presión alcista, preocupaba.

Los operadores consultados por los diarios de economía y finanzas de Buenos Aires no esperan, incluso, que el Banco Central necesite subir las tasas de interés que hoy están en el orden del 26,5% anual para la letra más corta (35 días).

 

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El Banco Central pone límites a las colocaciones de deuda de las provincias

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El Banco Central (BCRA) fijó nuevos parámetros para autorizar a los bancos a tomar deuda de los gobiernos locales, con el objeto de “poner límites más estrictos a la exposición del sistema financiero al sector público provincial”, informó la entidad. La medida que rige desde el 1 de agosto reduce del 40% al 20% la relación entre los servicios de la deuda y los ingresos fiscales, informó el ente monetario.

En su reunión semanal de los jueves, el directorio del Central determinó que la nueva norma (Comunicación A 6270) que estará en línea con lo estipulado en la ley de Responsabilidad Fiscal, explicó la autoridad monetaria en un comunicado.

De acuerdo con la Comunicación citada, se mantienen algunos requisitos que la autoridad monetaria debe considerar antes de dar su acuerdo para que las entidades financieras adquieran un título público provincial, tales como que el pedido de endeudamiento sea analizado previamente por el Ministerio de Hacienda y que dicha deuda cuente con garantía de ingresos.

En este sentido, “la normativa introduce un cambio relevante al establecer que, para obtener la aceptación del BCRA, el ratio servicios de deuda/ingresos del estado provincial que emite el título no podrá superar el 20%” de sus ingresos proyectados.

“En la actualidad, se autoriza que ese ratio llegue al 40% y, además, para este cálculo se computa exclusivamente la deuda garantizada con el sistema financiero local. A partir de este cambio, se incluirá también la deuda contraída en el exterior”, añade.

Esto significa que los nuevos topes regirán tanto para los préstamos contraídos en pesos como en dólares, en lo que se considera una decisión que va en línea con una política de poner límites al gasto público, en este caso de los Estados provinciales.

“Estos modificaciones en los requisitos para que las entidades puedan adquirir títulos públicos provinciales se efectuaron sin modificar los límites máximos de exposición al sector público reflejados en las normativa de Fraccionamiento del riesgo crediticio, con la intención de desarrollar un sistema financiero sólido y sustentable”, señaló un comunicado del ente monetario.

En un año electoral, el endeudamiento de las provincias creció 60,2% durante el primer trimestre y las emisiones de deuda se duplicaron. Según un informe de la consultora Economía & Regiones, al 31 de marzo el stock de deuda sub-soberana habría ascendido a $ 507.596 millones, con una expansión interanual del 60,2%, equivalente a $190.843 millones en valores absolutos.

“De esta manera, los servicios totales de deuda subsoberana alcanzaron los $ 26.861 millones en el trimestre, creciendo un 115% interanual y llegando a representar un 9,1% del total de ingresos corrientes netos de estos distritos, es decir, aun por debajo del límite del 15% establecido por el artículo 21° de la ley de responsabilidad fiscal”, indica el informe de la consultora.

El incremento proviene de la continua colocación de bonos de deuda por la reinserción del país en el mercado internacional de capitales. En tanto, la medición interanual demuestra que el stock total de títulos públicos, incluyendo los de moneda local, se amplió en $ 142.244 millones, lo que indica una suba del 89,7% en el último año.

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Un deja vú para el Banco Central

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La meta de que se impuso el BCRA está quedando cada vez más lejos de cumplirse, y la inflación terminará 2017 por encima de 20%. Si bien se ha logrado un progreso significativo con respecto a años anteriores, creemos que hubo errores de coordinación que terminaron generando costos innecesarios sobre la dinámica macroeconómica y afectaron el ritmo y la potencia de la recuperación. Creemos que esta dinámica volverá a repetirse en 2018.

Veamos. El año próximo, nuevamente, gran parte de la consolidación fiscal se llevará a cabo a través del recorte de subsidios. Eso implica otra fuerte revisión de las tarifas de luz y gas. En este marco, el BCRA lleva adelante una agresiva política de des-inflación en la que el techo de la meta pasa de 17% en 2017 a 12% en 2018. Creemos que intentar corregir desequilibrios acumulados en más de 10 años, tanto en materia de tarifas cómo de inflación, en un sólo mandato presidencial genera una inconsistencia entre la política monetaria y fiscal la cual forzará al BCRA a llevar la tasa de interés a niveles perjudiciales para la actividad económica y la sostenibilidad externa. Esto es así ya que la política monetaria y fiscal conjuntamente presionan el costo del capital y aprecian el tipo de cambio real. En este escenario, el PBI seguirá creciendo por debajo del producto potencial y la cuenta corriente continuará deteriorándose.

Las tarifas permanecieron congeladas durante (casi) toda la administración Kirchner. En ese mismo período la inflación núcleo acumuló en torno de 2000%. SI tenemos en cuenta que las tarifas residenciales tiene 3 componentes: valor agregado de distribución (VAD, ponderan 50%), precio mayorista (ponderan 25%) e impuestos, y asumimos que el VAD crece al ritmo de la inflación núcleo y los precios mayoristas al ritmo del precio en pesos del petróleo, las tarifas de luz y gas deberían crecer 2400%. Hasta mayo de 2017, el ajuste en la tarifa de gas fue del 1000% y en la de luz el 800%. A su vez, la consolidación fiscal requiere que los subsidios pasen de 2% al 1% del PBI. Esto implica que la tarifa residencial de gas debe crecer en torno de 70% y la de luz 100% en 2018. Esto tiene un impacto inflacionario de 4 puntos porcentuales sobre una meta de 12%.

En un contexto en el que los precios son rígidos a la baja, esto implica que la inflación no asociada a las mencionadas tarifas debe estar en torno a9% (la incidencia de las tarifas de luz y gas es de sólo el 5%).Para dar una noción del esfuerzo que significaconseguir ese objetivo para el BCRA, recordemos que las paritarias, muchas de las cuales vencen en primer semestre de 2018, están en torno a 22% más cláusula gatillo. La inflación de “costos”, dada la rigidez de los precios, fuerza al BCRA a llevar la tasa de interés de política muy por encima de la inflación esperada impactando sobre la tasa de interés real y el costo del capital. A su vez, los elevados niveles de la tasa de interés nominal generarán apreciación real y un aumento de los salarios en dólares, lo cual deriva en un deterioro de la cuenta corriente (debido, por ejemplo, al incremento del turismo fuera del país y el consumo de bienes importados). Hemos mencionado en reiteradas ocasiones (ver Analytico #425) la necesidad de generar exportaciones para sostener el modelo económico. Si el Gobierno decide implementar agresivos ajustes en tarifas y persiste con la meta fijada para 2018, la consecuencia será un empeoramiento del sector externo, generando la necesidad de un mayor salto exportador respecto a las estimaciones iníciales.

Creemos que si el Gobierno decide llevar adelante la consolidación fiscal (casi) exclusivamente a través de la corrección de las tarifas de servicios públicos, manteniendo la meta de inflación, se arriesgará a transitar un escenario similar al de 2017. Esperamos entonces que en 2018 la inflación se ubique en el 16.7% dic-dic, por encima del techo de la meta del BCRA de 12%.

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