BANCOS CENTRALES

Las tenencias de deuda pública de los bancos de los mercados emergentes plantean riesgos para la estabilidad financiera

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Escriben Andrea Deghi, Fabio Natalucci y Mahvash S. QureshiLos gobiernos gastan para amortiguar el impacto de la pandemia y las tenencias bancarias de deuda soberana tocan máximos.

Como consecuencia de la pandemia, las tenencias de deuda pública entre los bancos de los mercados emergentes tocan máximos y, por ende, hay más probabilidades de que las finanzas del sector público hagan peligrar la estabilidad financiera. Las autoridades deberían actuar sin demora para atenuar ese riesgo.

En el mundo entero, los gobiernos han realizado gastos extraordinarios para ayudar a los hogares y a los empleadores a sobrellevar los efectos económicos de la pandemia. Los gobiernos han emitido bonos para cubrir los déficits presupuestarios y la deuda pública ha ido subiendo. En los países de mercados emergentes, la relación promedio entre la deuda pública y el producto interno bruto —un indicador crítico de la salud fiscal de un país— subió hasta alcanzar un récord de 67% , según el capítulo 2 de la edición de abril de 2022 del Informe sobre la estabilidad financiera mundial (informe GFSR, por sus siglas en inglés) del FMI.

El grueso de ese crédito proviene de los bancos de los mercados emergentes, cuyas tenencias de deuda pública como porcentaje de los activos alcanzaron un histórico nivel de 17% en 2021. En algunas economías, la deuda pública representa una cuarta parte de los activos bancarios. El resultado es que los gobiernos de los mercados emergentes son muy dependientes del crédito de los bancos nacionales, y estos son muy dependientes de los bonos públicos como inversión que les sirve de garantía para obtener financiamiento del banco central.

GFSR Capítulo 2 - Blog gráfico 1

Los economistas tienen un nombre para esta interdependencia entre bancos y gobiernos. La denominan el “nexo soberano-bancario” porque la deuda pública se conoce también como deuda soberana, un vestigio de la Edad Media, cuando los que se endeudaban eran los reyes y las reinas.

Hay razones para preocuparse por ese nexo. Las elevadas tenencias de deuda soberana exponen a los bancos a pérdidas si las finanzas públicas se ven sometidas a presión y si la deuda pública pierde valor en el mercado. Eso podría obligar a los bancos —sobre todo los que están menos capitalizados— a recortar el crédito a empresas y hogares, lastrando la actividad económica. A medida que la economía se enfría y que la recaudación disminuye, la presión sobre las finanzas públicas podría intensificarse aún más, comprimiendo más los balances bancarios. Y así sucesivamente.

El nexo soberano-bancario podría generar un círculo vicioso que, en última instancia, podría empujar al gobierno a la cesación de pagos. Se trata de una eventualidad catastrófica, que ocurrió en Rusia en 1998 y en Argentina en 2001-02.

GFSR Capítulo 2 - Blog gráfico 2

Ahora, las economías de mercados emergentes corren aún más peligro que las economías avanzadas por dos motivos. Primero, sus perspectivas de crecimiento son menos alentadoras que antes de la pandemia en comparación con las economías avanzadas, y los gobiernos no tienen tanto poder de maniobra fiscal para apuntalar la economía. Segundo, los costos de financiamiento externo han aumentado en términos generales, así que los gobiernos tienen que pagar más por el crédito. 

¿Cómo podría crearse una situación catastrófica en un país? Un drástico endurecimiento de las condiciones financieras internacional —que hiciera subir las tasas de interés y debilitara las monedas debido a la normalización de la política monetaria de las economías avanzadas y a la intensificación de las tensiones geopolíticas causadas por la guerra de Ucrania— podría llevar a los inversionistas a desconfiar de la capacidad de reembolso de los gobiernos de los mercados emergentes endeudados. Un shock interno como una desaceleración económica inesperada podría tener el mismo efecto.

Canales de riesgo

Hasta el momento, nos hemos referido a un canal de riesgo; a saber, la exposición de los bancos a la deuda soberana. El capítulo 2 del informe GFSR esboza otros dos canales a través de los cuales podría transmitirse el riesgo entre el sector soberano y el bancario. 

Uno tiene que ver con los programas gubernamentales como la garantía de los depósitos, ideados para apuntalar a los bancos en momentos de tensión. Las dificultades de las finanzas públicas podrían restar credibilidad a esas garantías, socavar la confianza de los inversionistas y, en última instancia, hacer mella en la rentabilidad de los bancos. Los prestamistas en aprietos tendrían que recurrir a rescates públicos, comprimiendo aún más las finanzas del sector público.

Otro canal corre a través de la economía general. Un varapalo a las finanzas públicas podría hacer subir aún más las tasas de intereses de toda la economía, dañando la rentabilidad de las empresas y agravando el riesgo crediticio para los bancos. Eso, a su vez, limitaría la capacidad de estos para prestar a hogares y otros clientes empresariales, frenando el crecimiento económico.

Prudencia fiscal, resiliencia bancaria

Todo esto podría poner en aprietos a los gobiernos de algunos mercados emergentes. Por una parte, una recuperación anémica significa que deberían continuar gastando para apuntalar el crecimiento. Ahora bien, la creciente rentabilidad obtenida en las economías avanzadas a medida que los bancos centrales comienzan a normalizar la política monetaria podría restar atractivo a la deuda de los mercados emergentes y hacerla más costosa. Por eso se necesita prudencia fiscal para evitar intensificar el nexo soberano-bancario. Los gobiernos también pueden reforzar la confianza de los inversionistas en sus propias finanzas elaborando planes creíbles que reduzcan los déficits a mediano plazo.

También es importante afianzar la resiliencia del sector bancario preservando los colchones de capital que absorben pérdidas. Eso puede lograrse limitando la cantidad de dinero que los bancos distribuyen a los accionistas a través de dividendos y recompras de acciones, en vista de la mayor incertidumbre que rodea las perspectivas económicas. Además, quizá sea necesario recurrir a las evaluaciones de la calidad de los activos que sirven de guía para una adecuada capitalización a fin de cuantificar pérdidas ocultas y determinar qué bancos son débiles una vez que las refinanciaciones con concesiones lleguen a término.

¿Qué más pueden hacer las autoridades para protegerse? Las soluciones tienen que estar adaptadas a las circunstancias de cada país, que son muy variadas. Pero, en términos generales, deberían:

  • Establecer marcos de resolución de la deuda interna soberana para facilitar un desapalancamiento y una reestructuración ordenados en caso de que resulten necesarios;
  • Mejorar la transparencia de las exposiciones bancarias importantes a la deuda soberana a fin de evaluar el riesgo derivado de problemas con esa deuda;
  • Realizar pruebas de tensión bancaria para tener en cuenta los múltiples canales de transmisión del riesgo en el nexo;
  • Plantearse alternativas para debilitar el nexo —como recargos de capital a las tenencias bancarias de bonos soberanos por encima de cierto nivel— una vez que la recuperación económica se encuentre más arraigada y según las circunstancias de los mercados;
  • Afianzar los procedimientos para desmantelar bancos de manera ordenada, si es necesario, y proveer liquidez en caso de crisis;
  • Ahondar y diversificar la base de inversionistas para reforzar la resiliencia del mercado en países con mercados de bonos en moneda local subdesarrollados. 

Con las políticas correctas, las economías de mercados emergentes pueden diluir el nexo soberano-bancario y alejar el riesgo de una crisis financiera o económica.

*****

Andrea Deghi es Experto del Sector Financiero en la División de Análisis de la Estabilidad Financiera Mundial del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI. Previamente, trabajó en el Departamento de Políticas Macroprudenciales y Estabilidad Financiera del BCE y en el Departamento de Estudios del Deutsche Bundesbank. Su labor de investigación abarca temas como el riesgo sistémico, la intermediación financiera, los mercados inmobiliarios y la política monetaria. Tiene un doctorado en Economía otorgado conjuntamente por las Universidades de Siena, Florencia y Pisa.

Fabio M. Natalucci es Subdirector del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital. Está a cargo del Informe sobre la estabilidad financiera mundial (informe GFSR), que presenta la evaluación del FMI sobre los riesgos para la estabilidad financiera mundial. Antes de incorporarse al FMI, fue Director Principal Adjunto en la División de Asuntos Monetarios de la Junta de la Reserva Federal. Entre octubre de 2016 y junio de 2017 ocupó el cargo de Subsecretario Adjunto de Estabilidad y Regulación Financiera Internacional en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Tiene un doctorado en Economía de la Universidad de Nueva York.

Mahvash S. Qureshi es jefa de división del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI, donde dirige la División de Análisis de la Estabilidad Financiera Mundial y supervisa la elaboración de los capítulos analíticos del informe sobre la estabilidad financiera mundial. Previamente, fue subjefa de división en el Departamento de Estudios y en la División de Estudios Regionales del Departamento de África. Sus investigaciones se centran en cuestiones relacionadas con la estabilidad del sistema monetario y financiero internacional, como regímenes cambiarios, dinámica del saldo externo, flujos y controles de capital y comercio internacional y desarrollo. Es autora de numerosos estudios sobre temas de política macroeconómica internacional aparecidos en publicaciones especializadas, así como autora y editora de varios libros, entre ellos Taming the Tide of Capital Flows (MIT Press, 2017). Obtuvo su doctorado y maestría en Economía en la Universidad de Cambridge, Trinity College.

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Compras de activos por parte de bancos centrales de mercados emergentes: una herramienta eficaz pero con riegos

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Por Tobias Adrian, Christopher Erceg, Simon Gray y Ratna SahayLas compras de activos pueden ser una herramienta eficaz, pero es crucial reducir al mínimo los riesgos para la independencia de los bancos centrales y para la estabilidad de precios.

En las últimas décadas los bancos centrales en los mercados emergentes han dado importantes pasos para consolidar la credibilidad necesaria para implantar una política monetaria contracíclica. Durante la crisis de la COVID, muchos de estos bancos centrales no solo recortaron drásticamente las tasas de interés sino que desplegaron una serie de herramientas para ayudar a restablecer el funcionamiento del mercado, y una de esas herramientas fue la compra de activos. Y aunque ahora algunas de estas instituciones están considerando medidas para adoptar políticas monetarias más restrictivas, no está por demás analizar más a fondo el probable uso de estas herramientas de política en el futuro.

En años anteriores habrían sido principalmente los bancos centrales de economías avanzadas los que habrían efectuado compras de deuda pública. Sin embargo, ahora los bancos centrales de países como Sudáfrica, Polonia y Tailandia se han estrenado en el uso de compras de activos a escala significativa para combatir la disfunción en el mercado.

Tal estrategia les permitió reducir las tensiones en los mercados, pero a la hora de trazar el rumbo futuro las autoridades de estas y otras economías de mercados emergentes y en desarrollo deben tener en cuenta otras cuestiones importantes.

La principal es si las compras de activos han de ser consideradas como una respuesta excepcional ante la crisis de la COVID o como una nueva herramienta más permanente de su arsenal. Al mismo tiempo, hay que saber sortear riesgos que van desde la dominancia fiscal y la monetización de la deuda hasta la toma excesiva de riesgos.

Estos y otros asuntos se analizan en detalle en un reciente estudio del personal técnico del FMI. A continuación resumimos las conclusiones y presentamos recomendaciones preliminares.

Compras de activos: herramientas útiles que acarrean riesgos

En crisis anteriores, los bancos centrales de muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo se han mostrado reticentes a recurrir a las compras de activos por temor a generar reacciones bruscas en los mercados. Pero el hecho es que las compras de activos focalizadas que se realizaron en estos países durante la crisis de la COVID ayudaron a paliar las tensiones en los mercados financieros sin provocar salidas cuantiosas de capitales ni presiones sobre el tipo de cambio.

Esta experiencia en general positiva lleva a pensar que estos bancos centrales volverán a considerar las compras de activos en futuros episodios de turbulencia en los mercados, tal como se explicó en un reciente Informe sobre la estabilidad financiera mundial.

No obstante, si bien pueden ayudar a estos bancos centrales a cumplir con sus cometidos, las compras de activos también acarrean riesgos importantes.

Un riesgo evidente es el que atañe a los balances de los propios bancos centrales: estas entidades pueden perder dinero si compran deuda soberana o empresarial cuando las tasas de interés para diversos plazos de vencimiento están en niveles bajos, y si posteriormente las tasas de política monetaria suben drásticamente. Un balance más débil puede socavar la voluntad o la capacidad del banco central para cumplir los objetivos impuestos por su mandato cuando sea necesario endurecer la política monetaria, ante el temor de que las medidas de política requeridas perjudiquen su propia situación financiera.

Un segundo riesgo es el de la «dominancia fiscal», que significa que el gobierno ejerce presión sobre el banco central para que este vaya en busca de las metas del gobierno. Así, un banco central puede empezar a efectuar compras de activos —conforme a los objetivos exigidos por su mandato—, pero quizá le resulte difícil suspenderlas. Es muy probable que el gobierno se acostumbre al financiamiento barato derivado de las medidas del banco central, y que presione a la entidad para que mantenga esas medidas, incluso si la inflación sube y si el objetivo de estabilidad de precios exigiera que se ponga fin a las compras. La resultante pérdida de confianza en la capacidad de un banco central para mantener la inflación en niveles bajos y estables podría dar lugar a períodos de inflación alta y volátil.

En una mesa redonda sobre nuevas herramientas de política económica para las economías de mercados emergentes y en desarrollo que el FMI organizó hace poco, Lesetja Kganyago (Gobernador del Banco de la Reserva de Sudáfrica), Elvira Nabiullina (Gobernadora del Banco de Rusia) y Carmen Reinhart (Primera Economista del Grupo Banco Mundial) destacaron los riesgos que esto supone para los balances de los bancos centrales, así como los derivados de la dominancia fiscal, pero también señalaron otros inoportunos efectos secundarios. En concreto, las compras de activos podrían reducir los riesgos extremos, pero también podrían tener efectos imprevistos, como una toma excesiva de riesgos y el deterioro de la disciplina del mercado. Y una participación más activa del banco central en la formación de mercado podría inhibir el desarrollo del mercado financiero.

Principios para las compras de activos

Nuestro reciente estudio sobre compras de activos y financiamiento directo presenta algunas directrices para aprovechar las ventajas de las compras de activos y a la vez contener los riesgos. Consideramos que existe margen para que los bancos centrales utilicen estas herramientas en las economías de mercados emergentes y en desarrollo —por ejemplo para ayudar a aplacar los episodios de fuerte tensión en los mercado financieros—, pero el pilar fundamental consiste en contar con un marco de políticas sólido y creíble.

Un principio básico es que el banco central debe gozar de flexibilidad para modificar la tasa de interés de política monetaria según sea necesario para alcanzar los objetivos impuestos por su mandato. Esto es crítico. Para pagar por los activos que adquieren, los bancos centrales emiten reservas. Pero si el banco central no las esteriliza elevando su tasa de política monetaria a un nivel acorde con la estabilidad de precios, estas reservas adicionales pueden generar fuertes presiones inflacionarias.

Otro principio estrechamente relacionado es que toda compra que realice el banco central debe surgir de su propia iniciativa, y ha de efectuarse en aras de los objetivos derivados del mandato de la institución (y no los del gobierno). La magnitud y la duración de las compras de activos deben ser coherentes con esos objetivos: las compras realizadas con fines de estabilidad financiera deben ser en general de escala moderada y han de deshacerse una vez que se disipen las tensiones financieras, mientras que las compras que se efectúen para proporcionar un estímulo macroeconómico pueden ser más cuantiosas y persistentes.

La mejor forma de observar este principio es garantizando que el banco central adquiera los activos en el mercado secundario, en lugar de hacerlo «directamente» mediante compras en el mercado primario o mediante un servicio de sobregiro. El financiamiento directo ofrece al gobierno un atajo para determinar el tamaño del balance del banco central y la tasa de interés que pagará, y esto tiende a socavar la disciplina fiscal e incrementar los riesgos de monetización de la deuda.

También es crucial comunicar con claridad los objetivos de los programas de compra de activos y los criterios de entrada y salida.

Por último, nuestro estudio hace hincapié en la importancia de contar con una posición fiscal sólida. Concretamente, el gobierno debe estar en condiciones de proporcionar respaldo fiscal para cubrir cualquier pérdida que pueda surgir. Este respaldo es necesario para preservar la autonomía financiera del banco central, y para que la entidad pueda adoptar decisiones de política para cumplir su mandato, en lugar de que sus decisiones dependan de preocupaciones sobre su situación financiera (o la situación financiera del gobierno). Además, si la autoridad fiscal goza de una situación sólida, será más probable que resista la tentación de buscar financiamiento barato del banco central.

Los programas de compras de activos quizá sean un ámbito relativamente nuevo para los bancos centrales de las economías de mercados emergentes y en desarrollo, pero estos principios deberían ayudar a establecer cimientos firmes.

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Qué esperar de las reuniones de los Bancos Centrales

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Los mercados afrontan una intensa semana de Bancos Centrales. Las miradas se centran en la Fed ,el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra.

Los mercados afrontan una intensa semana de Bancos Centrales. Las miradas se centran en la Reserva Federal estadounidense -Fed-, que comunicará su decisión de tipos el miércoles, y un día más tarde lo harán el Banco Central Europeo -BCE- y el Banco de Inglaterra -BoE-.

Desde Link securities, explican

El escenario más probable, una vez que su presidente, Jerome Powell, ha dado por descartada la ‘transitoriedad’ de la inflación -el viernes se supo que esta variable se situó en noviembre en EEUU a su nivel más elevado desde 1982-, es que la Fed acelere su proceso de retirada de estímulos monetarios, en un primer lugar reduciendo más rápidamente de lo en principio esperado sus compras mensuales de activos en l os mercados secundarios -esperamos que anuncie el final de este proceso para marzo en lugar de para junio, como estaba estipulado-, y que durante el segundo semestre de 2022 comience a subir sus tipos de interés de referencia. El mercado espera que lo haga entre 2 y 3 veces

Estos analistas, agregan

Habrá que esperar al miércoles para saber qué es lo que esperan los miembros del FOMC en este sentido, algo qu plasmarán en el famoso diagrama de puntos que será publicado tras la reunión del Comité. Entendemos que la positiva reacción del viernes de las bolsas estadounidenses y la tranquilidad mostrada por los bonos a los datos de inflación indica que los inversores ya descuentan el escenario que acabamos de describir y que se encuentran a gusto con el mismo. No esperamos, por tanto, movimientos extremos en los mercados financieros de cumplirse nuestras previsiones

Mark Holman, CEO de Twentyfour AM (boutique de Vontobe l, explica que

La Reserva Federal -Fed- ya debería haber terminado con el tapering, pero lo cierto es que solo acaba de empezar y lo está haciendo a un ritmo muy lento, lo que indica que tardará siete reuniones más en completar la retirada de estímulos

El experto añade

Teniendo en cuenta nuestro temor a que la Reserva Federal actúe con retraso, pensamos que el ritmo de reducción se incrementará en la reunión del 15 de diciembre y finalizará en la reunión de marzo, dando así a la Reserva Federal la flexibilidad que necesita para subir los tipos antes si tuviese que hacer frente a una tasa de desempleo en rápido descenso

En cuanto al BCE y al BoE

Ambos órganos de gobierno se enfrentan a una difícil papeleta: endurecer sus políticas monetarias para intentar controlarla inflación, con el impacto negativo que ello tendría en unas economías en franca desaceleración o, por e l contrario, dejar ‘correr’ la inflación y mantener sus actuales políticas acomodaticias, decisión que también conlleva un elevado riesgo, ya que la inflación a la larga también penaliza el crecimiento económico

Desde Link Securities señalan

En principio la institución, a través de su presidenta, la francesa Lagarde, había anticipado que en esta reunión se determinarían las líneas básicas de la nueva política monetaria del organismo. Los estragos que está generando en la Eurozona la última ola de la pandemia y las restricciones impuestas por muchas autoridades de la región entendemos que han trastocado los planes del BCE

Para Mark Holman, la previsión más complicada es lo que hará el BCE con los dos programas de flexibilización cuantitativa que tiene en marcha, a saber, el programa de compras de emergencia frente a la pandemia (PEPP), que actualmente compra 70.000 millones de euros d e deuda soberana al mes, y el antiguo programa de compra de activos (APP), que adquiere mensualmente 20.000 millones de euros.

El CEO de Twentyfour AM, destaca

Pensamos que el BCE aumentará temporalmente el APP y después intentará que el mercado se desprenda de este aumento en 2023. Nuestra previsión principal es que el APP se incremente hasta alcanzar 50.000 millones de euros al mes para evitar un endurecimiento no deseado de las condiciones financieras

Por su parte, en Banca March recuerdan que

Isabel Schnabel ha advertido sobre los efectos negativos del programa de compras. La ejecutiva del BCE ha valorado las compras de bonos como una herramienta importante en periodos de turbulencias, aunque ha puesto en la balanza los efectos negativos que provoca en las valoraciones de activos y las distorsiones en la toma de riesgos. Las palabras de Schnabel, que suena para ocupar el trono del Bundesbank, apuntan a una menor intensidad del programa de compras para el próximo año

En cuanto al Banco de Inglaterra, en Link Securities, comentan

El Comité de Política Monetaria ya sorprendió en su anterior reunión cuando no subió sus tipos de interés de referencia en contra de lo que esperaban los mercados. Tampoco creemos que lo haga en esta ocasión ya que sus miembros esperarán a comprobar el impacto de la última ola de la pandemia en la economía británica antes de hacerlo -el mercado descuenta que sea en la reunión de febrero-. Lo que sí dará por finalizado el BoE, en línea con lo previsto, será su programa de compra de activos, aunque, como ya señalamos la semana pasada, seguirá reinvirtiendo el importe de los bonos que venzan, al menos hasta que los tipos de interés de referencia alcancen el 0,5% (actualmente están en el 0,1%)

Estos analistas concluyen

De cumplirse lo aquí expuesto, no esperamos que la reunión tenga un gran impacto en los mercados financieros británicos. Sin embargo, si el BoE opta por comenzar a subir sus tipos de interés, algo que no esperamos ni nosotros ni la mayoría de los inversores, los mercados bursátiles europeos reaccionarán de forma negativa

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