Belém

Cumbre de Líderes pasa testigo a COP30 con el débil balance del Acuerdo de París

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Escribe Mario Osava / Inter Press Service – Diez años después de su firma, el tratado intergubernamental no logró reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para contener en 1,5 grados Celsius el recalentamiento planetario en este siglo. Pero fue “un gran paso adelante”, sostuvo Stiell tras la clausura de la Cumbre de Líderes mundiales, que antecedió a la COP30.

La COP30 (30 Conferencia de las Partes) de la convención sobre el clima, abrirá sus negociaciones el lunes 10 en Belém, que se prolongarán hasta el día 21, ya sin la presencia de jefes de Estado y de gobierno.

Sin el Acuerdo de Paris el mundo tendría “un futuro imposible de calentamiento descontrolado, de hasta cinco grados. Gracias a ello, la curva se inclinó por debajo de los tres grados”, comparó Stiell.

Un total de 57 jefes de Estado y de gobierno, según la cancillería brasileña, estuvieron reunidos en Belém, la capital del estado de Pará, durante dos días, para discutir los temas centrales de la COP30.

El financiamiento climático, acordado en 300 000 millones de dólares anuales pero que los países del Sur global quieren elevar a 1,3 billones (millones de millones) para 2035, “es el gran acelerador” para intensificar las acciones, definió Stiell.

Con esos recursos destinados especialmente a los países pobres y más afectados por la emergencia climática se buscaría cumplir la meta de 1,5 grados acordado en 2015 en la COP21, celebrada en Paris en 2015.

Agenda de la COP30

Ese tema, central en la COP29 de 2024 en Bakú, la capital del Azerbaiyán, vuelve a los debates en Belém, cuyos temas principales definidos anteriormente son la implementación de los acuerdos ya firmados y las medidas de adaptación al cambio climático como nueva prioridad.

La sustitución de los combustibles fósiles, tema central en la COP28 de Dubái, en 2023, también ganó empuje en la Cumbre de Líderes, así también la deforestación, que se busca reducir a través de la propuesta brasileña del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, en inglés).

El anfitrión, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, sorprendió por lo menos la audiencia nacional al inaugurar el jueves 6 la cumbre resaltando la necesidad de “superar la dependencia de los combustibles fósiles” como una de las prioridades de la lucha climática, además del financiamiento climático y la preservación forestal.

Apenas 17 días antes él mismo había celebrado la autorización ambiental para la exploración petrolera en la cuenca de la desembocadura del río Amazonas, ante protestas de los indígenas, el movimiento ambientalista e incluso por representantes de la agricultura volcada a los biocombustibles.

La cuenca se extiende por un área marítima de 268 000 kilómetros cuadrados, más grande que el Reino Unido, donde se cree que existen yacimientos muy productivos por la proximidad con Guyana, que triplicó su producto bruto interno desde 2019 gracias al petróleo descubierto em 2015.

Políticos interesados en la nueva frontera de hidrocarburos, incluso miembros del mismo gobierno, argumentan que las ganancias petroleras son necesarias para promover la transición energética, al generar nueva capacidad de inversión en las alternativas.

“Brasil no puede renunciar a esa riqueza”, justificó Lula su apoyo a la búsqueda de petróleo en el mar amazónico por la estatal Petrobras y las presiones sobre las autoridades ambientales para que concedieran la licencia de exploración.

Una de las sesiones de la Cumbre de Líderes de la COP30, anticipada para evitar problemas de alojamiento durante la conferencia climática que tendrá lugar del 10 al 21 de noviembre con cerca de 50 000 participantes en Belém, una ciudad de 1,4 millones de habitantes y situada em la Amazonia brasileña. Imagen: Ricardo Stuckert / COP30

Ambiguedad brasileña

Quedó evidente la contradicción con su posición manifestada en la cumbre, de condena a los combustibles fósiles, en coincidencia con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres.

“Invertir en combustibles fósiles es apostar contra la humanidad y contra la economía. Es autodestructivo”, dijo Lula en su discurso.

Guterres, por su parte, admitió el fracaso de las acciones climáticas hasta ahora para sostener el límite de 1,5 grados, pero afirmó que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nunca renunciará a esa meta, “una línea roja”, y que hará todo para alcanzar cero emisiones netas de gases invernadero hasta 2050.

Un rechazo más contundente a la energía fósil manifestó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, que defendió la eliminación progresiva de los combustibles fósiles en el mundo, coherente con su política interna que promueve la desactivación de la industria petrolera en el país.

Es un tema de negociación decisiva en las COP porque la producción y consumo de energía representan cerca de 70 % de los gases que recalientan la tierra.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, en la Cumbre de Líderes de Belém. Ambos coincidieron en la necesidad de sustituir los combustibles fósiles para evitar el colapso climático del planeta. Imagen: Lucas Landau /COP30

Hoja de ruta del financiamiento

Algún aliento entre gobernantes generó la presentación del informe La Hoja de Ruta de Bakú a Belém, que apunta mecanismos para elevar el financiamiento climático pretendido de 1,3 billones de dólares al año a partir de 2035.

Elaborado por los presidentes de la COP30 y COP29, el brasileño André Corrêa do Lago y el azerbaiyano Muhktar Babayev, el informe de 80 páginas propone cambios en la arquitectura financiera mundial, con la adopción de distintos mecanismos para alcanzar la meta.

El mercado de carbono, el canje de la deuda externa de países pobres por protección ambiental y tributos sobre transacciones financieras internacionales y sobre consumo de los ricos, como pasajes aéreos en primera clase, hacen parte del repertorio de medidas.

Cambios en los subsidios, como la reducción a los concedidos a combustibles fósiles, y reducción de los intereses sobre la financiación de fuentes limpias de energía podrían representar centenares de mil millones de dólares para la mitigación climática, asegura el informe que recibió 227 sugerencias de variados sectores, públicos y privados.

Pero ambientalistas recibieron con muchas críticas la hoja de ruta. Es genérico, no asegura compromisos sino posibilidades, y no define responsabilidades de los países ricos ni responde a las demandas de los países en desarrollo, según los críticos.

Es “un mapa sin brújula”, definió Rebecca Thissen, una activista de la red internacional Climate Action Network, en la publicación digital InfoAmazonia del 5 de noviembre.

Un mecanismo concreto de financiación en beneficio del clima es el Fondo de Bosques Tropicales para Siempre. La propuesta brasileña prevé la captación de 125 000 millones de dólares en un fondo fiduciario que remunerará los países que logren preservar sus bosques.

Los países potencialmente beneficiados suman 74. La meta original es captar 25 000 millones de dólares de gobiernos y bancos públicos, para luego completar el fondo con aportes privados.

No se trata de donaciones ni créditos, sino de un fondo de inversiones cuyas utilidades se distribuirían a los dueños del capital y a los países de bosques preservados. Es una forma de contar con beneficios y utilidades permanentes y por tiempo indeterminado, por eso se considera un mecanismo innovador y sostenible de mantener “los bosques en pie”.

Además, el 20 % de las ganancias se destinarán a los pueblos indígenas y tradicionales, reconocidos como guardianes de la naturaleza en sus territorios demarcados.

La declaración del lanzamiento del TFFF el 6 de noviembre contó con la firma de 53 países y en su primer día cinco países anunciaron un aporte total de casi 5600 millones de dólares, ya que Noruega anunció una inversión de 3000 millones de dólares y Francia 500 millones de euros.

A eso se suman los aportes de Brasil e Indonesia, potenciales beneficiados por disponer de grandes bosques tropicales, de 1000 millones de dólares cada uno. Portugal se juntó el grupo pero con una suma pequeña, un millón de dólares.

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EEUU renuncia a tener un negociador de alto nivel en la COP30

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Escribe Thalif Deen / Inter Press Service – «¿Ha renunciado el mundo a luchar contra el cambio climático?», fue la pregunta retórica que planteó estos días el diario The New York Times, tal vez con cierto sarcasmo. La respuesta de Estados Unidos la tuvo cuando la Casa Blanca anunció que no enviará ningún funcionario de alto nivel a la COP30, que hospeda Belém do Pará, en Brasil.

Podría parecer así, responde a la pregunta del diario neoyorquino Christiana Figueres, socia fundadora de la organización no gubernamental Global Optimism, «ya que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, alardea sobre los combustibles fósiles, Bill Gates da prioridad a la salud infantil sobre la protección del clima y las empresas petroleras y gasísticas proyectan décadas de mayor producción».

Pero eso está lejos de ser el panorama completo, dijo Figueres, al destacar que la abrumadora mayoría de la población mundial  quiere medidas climáticas más contundentes.

Ese es el resultado de sondeos de Cobertura Climática Actual, un consorco mundial de medios, que destaca que entre 80 % y 89 % de la población exige esa contundencia climática, según sus redacciones asociadas.

Las tecnologías de energía limpia están atrayendo el doble de inversión que los combustibles fósiles, y la energía solar y la agricultura regenerativa están en auge en todo el Sur global, afirmó Figueres, quien fue secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc) entre 2010 y 2016, cuando se aprobó, en 2015, el Acuerdo de París sobre el clima.

Estados Unidos resaltará su deserción de la lucha climática al no enviar negociadores representativos a la COP30, la 30 Conferencia de las Partes de la Cmnucc, que comienza el lunes 10 en la ciudad de Belém, en plena Amazonia de Brasil.

Eso sucede después que el presidente Donald Trump iniciase el proceso de abandono del Acuerdo de París, nada más retornar a la Casa Blanca en enero, después de haberlo hecho ya durante su primer mandato (2017-2021), aunque Estados Unidos sigue siendo uno de los 197 Estados Parte de la Cmnucc.

John Noel, activista de Greenpeace International, dijo a IPS que la actual administración está cediendo el liderazgo y la influencia sobre el futuro de la energía limpia a otros países.

«Es trágico, pero no sorprendente. Sin embargo, para aquellos de nosotros que nos dirigimos a Belém desde Estados Unidos, contamos con el sólido respaldo de la opinión pública, que apoya ampliamente el Acuerdo de París, y estamos más comprometidos que nunca», aseguró.

Señaló que existen vías para la ambición climática a nivel subnacional, como los mecanismos de «quien contamina paga» y los incentivos estatales para la energía limpia durante el lapso federal de apoyo.

«Los líderes mundiales de la COP30 deben avanzar para adoptar objetivos climáticos ambiciosos, poner fin a la deforestación mundial para 2030 y promover una transición energética justa, y la acción climática debe continuar», dijo Noel.

La COP30 ha sido precedida en esta ocasión por una Cumbre de Lideres, en que participan el jueves 6 y este viernes 7 los gobernantes de cerca de 60 países, para concentrarse desde el lunes las negociaciones sobre el financiamiento climático y otras prioridades de la crisis.

En su discurso ante la sesión plenaria de esa Cumbre de Líderes sobre el clima en Belém,  el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo el jueves 6 que «la cruda realidad es que no hemos logrado garantizar que nos mantengamos por debajo de 1,5 grados».

«La ciencia nos dice ahora que es inevitable un rebasamiento temporal del límite de 1,5 grados, que comenzará a más tardar a principios de la década de 2030. Necesitamos un cambio de paradigma para limitar la magnitud y la duración de este rebasamiento y reducirlo rápidamente», reclamó.

Insistió que incluso un rebasamiento temporal tendrá consecuencias dramáticas para el planeta y quienes habitan en él. Adujo que podría empujar a los ecosistemas más allá de puntos de inflexión irreversibles, exponer a miles de millones de personas a condiciones inhabitables y amplificar las amenazas a la paz y la seguridad.

Cada fracción de grado significa más hambre, desplazamientos y pérdidas, especialmente para los menos responsables. Se trata de un fracaso moral y una negligencia mortal, advirtió.

«Las Naciones Unidas no renunciarán al objetivo de 1,5 grados», subrayó.

Aunque la tecnología de energía limpia está progresando rápidamente, se considera que la voluntad política se está debilitando y que los esfuerzos actuales son insuficientes para evitar un calentamiento significativo.

Por ejemplo, a pesar del compromiso de reducir las emisiones de metano, un nuevo informe de la ONU indica que es probable que no se cumpla el objetivo.

Anuradha Mittal, directora ejecutiva del estadounidense Instituto Oakland, dijo a IPS que la gente debe estar muy preocupada por el hecho de que los gobiernos, especialmente los de los países occidentales del Norte global, que son los principales responsables de la crisis climática, estén lejos de cumplir sus compromisos en cuanto a la reducción de los gases de efecto invernadero y de ayudar a los países con niveles adecuados de asistencia financiera para la mitigación y la adaptación.

«Debería ser igualmente preocupante que esos mismos gobiernos, y destacadas instituciones financieras como el Banco Mundial, estén promoviendo soluciones climáticas falsas, como los mercados de carbono, que han demostrado ser totalmente ineficaces para reducir las emisiones», afirmó.

Además, debe quedar claro para todos que la nueva fiebre minera «que estamos presenciando por los llamados minerales críticos no tiene nada que ver con la transición energética, sino más bien con la competencia mundial por los minerales para diversas industrias, como la militar, las tecnologías de la comunicación y los vehículos eléctricos».

Señaló que la enorme cantidad de minerales como el litio y el cobalto será imposible de suministrar sin crear otra crisis medioambiental y humana. «Es hora de que los gobiernos tomen decisiones responsables para lograr una verdadera transición energética y dejen de expandir sectores como el militar, que desvían los recursos públicos y contribuyen en gran medida a las emisiones», dijo.

Está ampliamente documentado, remarcó, que es imposible sustituir simplemente los vehículos de gasolina existentes por vehículos eléctricos. «Si se proyecta la demanda actual de vehículos eléctricos hasta 2050, solo el mercado estadounidense de vehículos eléctricos necesitaría el triple de la cantidad de litio que se produce actualmente en todo el mundo», advirtió.

«Necesitamos políticas agresivas para reducir el número y el tamaño de los vehículos personales y desplegar infraestructuras públicas eficaces y otros medios de transporte con bajas emisiones de carbono», dijo Mittal.

una reunión en Qatar, el 4 de noviembre, Guterres afirmó que los gobiernos deben acudir a la reunión de la COP30 con planes concretos para reducir drásticamente sus propias emisiones durante la próxima década, al tiempo que garantizan la justicia climática a quienes se encuentran en primera línea de una crisis que ellos no han provocado.

«Basta con mirar a Jamaica», dijo, en referencia a la catastrófica devastación causada a fines de octubre por el huracán Melissa.

La revolución de la energía limpia significa que es posible reducir las emisiones y, al mismo tiempo, hacer crecer las economías. Sin embargo, los países en desarrollo siguen careciendo de la financiación y las tecnologías necesarias para apoyar estas transiciones.

En plena Amazonia, la mayor selva del planeta, los países deben acordar un plan creíble para movilizar 1,3 billones (billones de billones) de dólares anuales en financiación climática para 2035 para los países en desarrollo, afirmó Guterres.

«Los países desarrollados deben cumplir su compromiso de duplicar la financiación para la adaptación hasta alcanzar al menos 40 000 millones de dólares este año. Y el Fondo de Pérdidas y Daños debe capitalizarse con contribuciones significativas», demandó.

Para Guterres, la COP30 en Belém debe ser el punto de inflexión, en el que el mundo presente un plan de respuesta audaz y creíble para cerrar las brechas de ambición y aplicación.

«Movilizar 1,3 billones de dólares al año para 2035 en financiación climática para los países en desarrollo; y promover la justicia climática para todos. El camino hacia los 1,5 grados es estrecho, pero está abierto», consideró.

Y exhortó: «Aceleremos para mantener vivo ese camino por las personas, por el planeta y por nuestro futuro común».

Mientras tanto, una nueva investigación de Oxfam y CARE Climate Justice Centre revela que los países en desarrollo del Sur global están pagando ahora más a las naciones ricas por los préstamos para la financiación climática de lo que reciben: por cada cinco dólares que reciben, pagan siete dólares. Ello porque 65 % de la financiación se entrega en forma de préstamos.

Esta forma de especulación con la crisis por parte de los países ricos está agravando la carga de la deuda y obstaculizando la acción climática.

Para agravar este fracaso, los profundos recortes en la ayuda exterior amenazan con reducir aún más la financiación climática, traicionando a las comunidades más pobres del mundo, que son las que más sufren los efectos de los crecientes desastres climáticos, según el informe conjunto.

Algunas conclusiones clave del informe:

• Los países ricos afirman haber movilizado 116 000 millones de dólares en financiación climática en 2022, pero el valor real es solo de entre 28 000 y 35 000 millones de dólares, menos de un tercio de la cantidad prometida.

• Casi dos tercios de la financiación climática se concedieron en forma de préstamos, a menudo a tipos de interés estándar sin concesiones. Como resultado, la financiación climática aumenta cada año la deuda de los países en desarrollo, que actualmente asciende a 3,3 billones de dólares. Países como Francia, Japón e Italia se encuentran entre los principales responsables.

• Los países menos adelantados solo recibieron 19,5 % y los pequeños Estados insulares en desarrollo 2,9 % del total de la financiación pública para el clima entre 2021 y 2022, y la mitad de esa cantidad fue en forma de préstamos que deben devolver.

• Los países desarrollados se están beneficiando de estos préstamos, ya que los reembolsos superan los desembolsos. En 2022, los países en desarrollo recibieron 62 000 millones de dólares en préstamos para el clima. Estimamos que estos préstamos darán lugar a reembolsos de hasta 88 000 millones de dólares, lo que supondrá «un beneficio» de 42 % para los acreedores.

• Solo 3 % de la financiación se destina específicamente a mejorar la igualdad de género, a pesar de que la crisis climática afecta de manera desproporcionada a las mujeres y las niñas.

«Los países ricos están tratando la crisis climática como una oportunidad de negocio, no como una obligación moral», afirmó Nafkote Dabi, responsable de políticas climáticas de Oxfam. «Están prestando dinero a las mismas personas a las que han perjudicado históricamente, atrapando a las naciones vulnerables en un ciclo de deuda. Se trata de una forma de especulación con la crisis», añadió.

Este fracaso se produce en un momento en que los países ricos están llevando a cabo los recortes más drásticos en la ayuda exterior desde la década de 1960.

Los datos de la Organización de la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) muestran una caída de 9 % en 2024, y las previsiones para 2025 apuntan a un recorte adicional de 9-17 %.

A medida que se intensifican los efectos de los desastres climáticos provocados por los combustibles fósiles —que solo en 2024 han desplazado a millones de personas en el Cuerno de África, han afectado a otros 13 millones en Filipinas y han inundado a 600 000 personas en Brasil—, las comunidades de los países de bajos ingresos disponen de menos recursos para adaptarse al rápido cambio climático, según el estudio.

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Historial de incumplimientos climáticos pesa sobre la COP30 en Belém

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Escribe Emilio Godoy / Inter Press Service – Las cumbres climáticas tienen una ineludible lista de metas, compromisos y procesos inconclusos. En la antesala de una nueva conferencia, la COP30, a realizarse en Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, desde el lunes 10 de noviembre, fue el propio secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien lo reconoció.

“Fallamos en evitar un aumento de temperatura bajo 1,5°C en los próximos años”, dijo en entrevista con Sumaúma, en referencia a la meta principal del Acuerdo de París sobre cambio climático.

Pero la situación no es nueva. La historia, desde al menos la 26 Conferencia de las Partes (COP26) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc), en la ciudad escocesa de Glasgow, es una de incumplimientos y de avances escasos, tanto en América Latina como en el mundo, como lo exhibe una revisión realizada por este medio. 

Un ejemplo es la famosa “salida” de los combustibles fósiles y el aumento de generación a partir de energías renovables, acordados en el marco del Balance Mundial realizado en la COP28 en Dubái.

Para Claudio Angelo, del brasileño Observatorio del Clima, el problema consiste en la falta de plazos y formas de aplicación de las medidas en torno a compromisos como el abandono progresivo de los combustibles fósiles y el crecimiento de la generación de energía renovable.

“Nadie o casi nadie dijo lo que iba a hacer para su salida en las NDC. Las renovables avanzan sin concomitantemente abandonar fósiles, tendremos un escenario de adición, no una sustitución. Brasil no es un buen ejemplo, porque la generación siempre fue renovable”, analiza desde Brasilia.

Las NDC son las contribuciones determinadas a nivel nacional, el conjunto de políticas voluntarias de mitigación que cada país presenta para cumplir con el Acuerdo de París firmado en 2015. Y un común denominador, explica Angelo, es precisamente la ausencia de los compromisos obtenidos en los documentos que deberían guiar las políticas climáticas.

Si bien el Balance Mundial —proceso mediante el cual los países y otros actores revisan su avance hacia los objetivos de reducción de emisiones y control del calentamiento global—, junto con otras iniciativas como la la Alianza de Marrakech para la Acción Climática Global —una plataforma que vincula a gobiernos, ciudades, empresas y pueblos indígenas con el fin de reducir emisiones y fortalecer la resiliencia frente a los impactos climáticos—, marcan la ruta para cumplir con el Acuerdo de París, esta ha sido muy accidentada.

El estado de los compromisos de cara a Belém

La nororiental ciudad de Belém, en el estado amazónico de Pará, será la casa de la COP30 entre el 10 y 21 de noviembre, en busca de nuevas metas y de retomar – teóricamente – la senda perdida hacia el control de la catástrofe climática.

Un análisis de Carbon Brief muestra que apenas un tercio de las nuevas NDC menciona el compromiso de salida de los combustibles fósiles acordado en el Balance Mundial de la COP28. Brasil, por ejemplo, menciona el compromiso de salida de los fósiles, pero no establece metas concretas ni fechas para realizarlo. 

Las NDC son, precisamente, los instrumentos donde se deberían explicitar las medidas concretas para lograr los compromisos realizados. 

El caso brasileño —país que preside la COP30— se suma al de los otros grandes de la región, como México y Argentina. Si bien los tres han aumentado la generación eléctrica a partir de fuentes renovables, se ha tratado más de una complementariedad que de una sustitución, ya que continúan con fuertes inversiones en los fósiles.

De los países de la región, solo Chile y Cuba mencionan y establecen metas concretas y medibles para la salida de los fósiles, según establece un análisis del think thank E3G. Colombia, el único país productor de fósiles que suscribe al voluntario Tratado de No Proliferación de los Combustibles Fósiles, menciona la meta pero no establece medidas concretas a nivel nacional.

En su nueva NDC, Brasil se compromete al incremento de la participación de tecnologías y fuentes limpias, renovables y de bajo carbono en la matriz nacional.

Pero, a pesar del progreso renovable, la dependencia de Brasil de los combustibles fósiles contradice su política climática. El país figura entre las 10 naciones con las mayores reservas de crudo desarrolladas y planea aumentar su producción de gas y petróleo.

La producción de petróleo totalizaría 5,3 millones de barriles diarios (mb/d) en 2030 y disminuiría a 4,4 Mb/d en 2034, para un aumento de 30 % frente a 2023. Mientras, la producción de gas saltaría a 118% en 2031, en comparación con 2023.

Al mismo tiempo, el grupo petrolero estatal Petrobras ya recibió un permiso de exploración de petróleo en la desembocadura del río Amazonas. 

En los últimos años, se ha vuelto costumbre que cada COP termine con una declaración final, de naturaleza política y que recoge los principales compromisos asumidos.

Sin embargo, hay voces que apuestan a que no existan más y se apliquen mecanismos de implementación que den seguimiento real a los compromisos plasmados en años anteriores.

Las COP también han sido sede de una serie de compromisos voluntarios de los países, acordados por fuera de los mecanismos propios de la Cmnucc y, por ello, libres de escrutinio dentro del sistema climático internacional.

Según un conteo del sitio Ambición COP,  desde 2021, América Latina ha asumido 444 compromisos voluntarios, con Brasil a la cabeza (45), seguido por Chile y Colombia (43 cada uno), México (28) y Argentina (21).

En cumbres climáticas, como la 29 en Bakú, La capital de Azerbaiyán, los países participantes asumieron y reafirmaron metas climáticas, algunas de ellas voluntarias, de escaso avance. Imagen: Cmnucc

Defectos comunes

México vive una contradicción similar a la de Brasil. Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido 12 300 millones de dólares para generación renovable. Y 3600 millones para producción fotovoltaica descentralizada en las casas. Mantiene la política de apoyo público a las estatales Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex).

El gobierno ha establecido un objetivo para que Pemex aumente la producción de petróleo de 1,5 mbd a 1,8 millones a 2035, así como la producción gasífera, de 3800 millones de pies cúbicos (p3) diarios a 5000 millones de p3.

Entre 2013 y 2024, el gobierno mexicano proporcionó a Pemex unos 140,000 millones de dólares en apoyo financiero, de los cuales asignó 105,000 millones después de 2019, mientras el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) frenaba la transición energética.

Sheinbaum, su sucesora, anunció en agosto último la construcción de dos plantas termosolares en el noroccidental estado de Baja California Sur. Para la generación de más de 100 megavatios.

La matriz mexicana depende de los fósiles, pues en la producción energética representa  90 % y en la eléctrica, casi 80 %. Las renovables aportan 21 % de la generación eléctrica del país.

El nuevo plan eléctrico mexicano considera adiciones de energía eólica de 23,5 % y de solar fotovoltaica de 44 % para 2030. De esa cuenta, la meta de energía limpia consiste en 38,5 % para 2030 y 43,7 % para 2039.

Sin embargo, estos anuncios quedan cortos frente al compromiso asumido en Dubái.

“No hay modalidades y guías de aplicación. Nos falta una interacción más clara entre la ambición y la aplicación, tenemos que promoverla y a partir de ella, elevar la ambición. La presidencia (brasileña) de la COP tiene el reto de cómo pasar de la promesa a la acción”, dice Mariana Gutiérrez, gerente de Diplomacia y Transparencia Climática de la no gubernamental Iniciativa Climática de México, desde Ciudad de México.

Por otro lado, en Argentina la transición marcha en reversa durante la gestión del ultraderechista Javier Milei desde 2023. Pues más de la mitad de la electricidad procedió del petróleo y gas en 2024, mientras las renovables representaron 13 %.

Para este año, Argentina asumió el compromiso de la contribución renovable de 20 %.

A diferencia de otros países latinoamericanos y pese a su dependencia fósil, Colombia tiene metas ambiciosas de transición, con la incógnita del avance que logren.

Tres cuartos de la energía generada dependen de petróleo, gas o carbón y menos de 5 % de renovables no convencionales. En la generación eléctrica, el protagonismo lo tienen las hidroeléctricas con 58 %. Más de un tercio proviene de fósiles y el aporte de solares y eólicas es mínimo. 

Los escenarios del Plan Nacional de Energía 2022-2052 de Colombia proyectan reducciones a largo plazo en la producción de combustibles fósiles. La Hoja de Ruta para una Transición Energética Justa reitera la intención gubernamental de la eliminación gradual de la producción fósil.

Para ese propósito, Colombia anunció 14 500 millones de dólares para la transición energética, incluido el alejamiento de la producción fósil.

En un bosque

Otros compromisos han corrido el mismo destino. Por caso, deforestación, meta voluntaria asumida en la COP26 de Glasgow y repetida en la cumbre de Dubái.

La Declaración de Líderes sobre los Bosques y el Uso de la Tierra de Glasgow de 2021. Que respaldaron unos 150 países, consiste en el freno y reversión de la pérdida de bosques y la degradación del suelo para 2030.

Al año siguiente, el planteamiento mutó a la Alianza de Líderes de Bosques y Clima, durante la COP27. Celebrada en Sharm el Sheij (Egipto), y la declaración final de Dubái recogió los objetivos del anuncio de Glasgow.

Pero como lo muestra el reciente reporte “Evaluación de la declaración de bosques 2025”. La brújula hacia la meta de cero deforestación de 2030 está extraviada.

Por mucho, Brasil encabeza el problema en la región, con un nivel de 1.89 millones de hectáreas en 2024. Si bien la tendencia viene a la baja desde 2021. Luego del desastre ambiental empujado por la administración del ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2023).

Para Angelo, del Observatorio del Clima, el tema forestal es menos complicado, pero “igual los criterios y plazos, especialmente el financiamiento. Es algo que hace falta definir” y resalta “la necesidad” de una hoja de ruta para la salida de fósiles y deforestación cero. Pero cuestiona que “ni siquiera están en la agenda formal”.

Le sigue Colombia, con un nivel de 200 000 hectáreas en 2023, más que el año previo. Mientras, México presenta una tendencia alcista desde 2020, con una tala de 180 000 hectáreas en 2023. En ese mismo año, Argentina perdió 130 000 hectáreas de bosque, tendencia a la baja desde 2021.

Para la mexicana Gutiérrez, la COP30 “debería ser el momento adecuado para evaluar avances, corregir el rumbo y acelerar la aplicación de los compromisos globales”.

Un asunto gaseoso

El combate a las emanaciones de metano, especialmente procedentes de la industria de hidrocarburos. Ha corrido también la misma suerte que otros compromisos, voluntarios o no.

Desde el lanzamiento del Compromiso Global de Metano de la COP28 en Glasgow, acordado por unos 150 países y que busca la reducción de emisiones en 30 %, por debajo de los niveles de 2020, para 2030, han surgido varias iniciativas de apoyo a ese compromiso, pero aún sin resultados concretos, por lo que la meta permanece lejana.

En 2024, Brasil emitió 21 882 kilotones de metano y de los cuales 1889 provienen de la producción energética. Para situarse en el cuarto puesto global. Un kilotón equivale a 1000 millones de toneladas.

Su NDC menciona someramente la reducción de emisiones del petróleo y gas.

Entre tanto, Chile generó 16 384 kilotones en 2022 y de los cuales 14 % se originó en el ramo energético. La meta de su NDC es la reversión del crecimiento en 2025.

Argentina, por su parte, lanzó a la atmósfera 5430 kilotones y de los cuales casi un tercio provino del sector energético, detrás del ramo agrícola.

México es el décimo contaminador mundial, al emitir 6449 kilotones, de los cuales 1989 procedió de la explotación de hidrocarburos.

Uno de sus mayores problemas es la quema y el venteo de gas en instalaciones de hidrocarburos, al punto que alcanzó 5724 millones de metros cúbicos en 2024. Con un crecimiento de 4 % frente al año previo, para situarse entre los nueve países con esas prácticas.

En la región, Colombia es de los menores emisores, con 3641 kilotones, 814 originados por los hidrocarburos.

Brasil, Colombia y México respaldan la meta de cero quema de gas en 2030 del Banco Mundial, mas no Argentina.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ya alertó de la gravedad del problema en un reciente informe. Al señalar que las empresas y gobiernos en el mundo solo atendieron 12 % de las 3500 alertas sobre fugas de metano que el organismo mundial lanzó en 2024. Y por lo que las metas globales de reducción de esas emisiones están lejanas.

Este reportaje se elaboró con el apoyo del programa de cobertura de la COP30 de Climate Tracker América Latina, respaldada por Oxfam.

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El cambio climático reducirá drásticamente las cosechas

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Inter Press Service – El cambio climático socavará drásticamente la productividad agrícola y el bienestar humano, con algunos de los mayores riesgos concentrados en los países menos capacitados para adaptarse, expuso un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

Los datos del Pnud muestran que los países más pobres del mundo se enfrentan a algunas de las mayores pérdidas en productividad agrícola, con una proyección de disminución de la producción media nacional de cultivos de entre 25 % y 30 % para finales de siglo, en un escenario de emisiones muy elevadas.

Controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, que calientan la atmósfera, es un objetivo global, y la inmensa mayoría de las naciones, en el Acuerdo de París de 2015, fijó el objetivo de que para finales de siglo la temperatura media del planeta no exceda de dos grados centígrados (°C) sobre los niveles de la era preindustrial.

Ahora, el estudio de la plataforma Human Climate Horizons, del Pnud, afirma que, incluso considerando la adaptación de los agricultores al cambio climático, más de 90 % de los países evaluados (161 de 176 analizados) experimentarán disminuciones en el rendimiento de los cultivos básicos para finales de siglo.

La investigación analizó seis cultivos básicos: maíz, arroz, trigo, soja, yuca y sorgo.

El África subsahariana y partes de Asia, donde los agricultores dependen en gran medida de la lluvia en lugar del riego, son especialmente vulnerables y tienen menos recursos para adaptarse a las condiciones cambiantes.

Pero las potencias agrícolas tampoco se salvan. Las economías consideradas “graneros del mundo” -incluidas las principales productoras de trigo y soja- no están aisladas del impacto.

Bajo un calentamiento severo, esas potencias muestran las mayores pérdidas de rendimiento, con caídas que alcanzan a 40 %, lo que podría generar efectos en cadena sobre los precios de los alimentos, el comercio y la estabilidad global.

De ese modo “el cambio climático no es solo un desafío ambiental; es una profunda crisis de desarrollo”, advierte el experto Pedro Conceição, director de la oficina del Informe Sobre Desarrollo Humano del Pnud.

“Las altas cosechas no solo son importantes para la seguridad alimentaria; también sustentan los medios de vida y abren caminos para la diversificación económica y la prosperidad. Las amenazas a los rendimientos agrícolas son amenazas para el desarrollo humano hoy y en el futuro”, expuso Conceição.

Un sistema alimentario ya debilitado y vulnerable

El panorama futuro mostrado se superpone a una crisis ya instalada, y el Pnud recordó que en estos días la FAO en su informe El Estado de la Alimentación y la Agricultura 2025 alertó de que la degradación del suelo causada por el ser humano ya ha reducido la productividad agrícola global en al menos 10 %.

Ese informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) indicó que la sola degradación de os suelos ha afectado la alimentación y modos de vida de unos 1700 millones de personas.

El cambio climático, por lo tanto, “no actúa en el vacío, sino que golpea un sistema alimentario ya debilitado y vulnerable, creando una tormenta perfecta para la seguridad alimentaria mundial”, expone el reporte del Pnud.

Pero el estudio también ofrece un mensaje de esperanza: reducir las emisiones importa, y cuando los países cortan las emisiones a niveles moderados, las pérdidas de cultivos hacia 2100 son menos de la mitad que bajo escenarios de altas emisiones.

Hacia un futuro sostenible y equitativo

El Pnud considera que hallazgos como los de su estudio “resuenan con la Declaración de Belém sobre el hambre, la pobreza y la acción climática centrada en el ser humano, previa a la COP30 en Brasil”, enfatizando que los sistemas alimentarios y la equidad deben ser centrales en las estrategias climáticas globales.

Se prevé que esa declaración se adopte en una reunión de líderes previa a la COP30 (la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que se desarrollará desde el 10 de noviembre en la ciudad brasileña de Belém, en plena Amazonia.

Conceição remarcó el criterio de que “el camino hacia un futuro sostenible y equitativo reside en una acción climática centrada en las personas”.

“Garantizar que cada persona mantenga el acceso a alimentos suficientes, nutritivos y confiables no es solo una cuestión de supervivencia; es una piedra angular de la dignidad y el desarrollo humano”, abundó.

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Cumbre de líderes clama por más acción frente al cambio climático

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Inter Press Service – Nuevos reclamos en favor de la acción global por el clima, y críticas al desdén por esa causa que prevalece en Washington, marcaron este jueves 6 el primero de los dos días de la cumbre de líderes mundiales que actúa de prólogo a la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático en la ciudad de Belém, en la Amazonia brasileña.

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, anfitrión de la cita de líderes y de la COP30, advirtió en su discurso que “es hora de tomar en serio las advertencias de la ciencia”, poque el cambio climático podría cobrar hasta 250 000 vidas cada año y contraer en un tercio el producto interno bruto mundial.

Denunció que “las fuerzas extremistas fabrican falsedades para obtener ventajas electorales y atrapar a las futuras generaciones en un modelo obsoleto que perpetúa las desigualdades sociales y económicas y la degradación ambiental”, una crítica apenas velada, sin nombrarlo, al presidente estadounidense Donald Trump.

La cumbre de líderes reúne durante dos días a 17 jefes de Estado, otros tantos vicepresidentes o jefes de gobierno de cinco continentes, y decenas de ministros y responsables de alto nivel de otros gobiernos e instituciones internacionales.

Se estrenó como modalidad para descongestionar la carga de numerosas delegaciones que convergen en Belém, cerca de la desembocadura del río Amazonas, declarada capital temporal de Brasil, a lo largo de la COP30, que se desarrollará entre los días 10 y 21.

Lula remarcó que mientras las rivalidades estratégicas y los conflictos armados “desvían la atención y agotan los recursos que deberían destinarse a combatir el calentamiento global”, ocurre que “la ventana de oportunidad que tenemos para actuar se está cerrando rápidamente”.

Sin embargo, se declaró “convencido de que, a pesar de nuestras dificultades y contradicciones, necesitamos hojas de ruta para revertir de manera justa y estratégica la deforestación. Superar la dependencia de los combustibles fósiles y movilizar los recursos necesarios para lograr esos objetivos”.

A su turno, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió “medidas urgentes” para reducir las temperaturas globales y “mantener al alcance el objetivo de 1,5 °C”, a fin de que a mediados de siglo la temperatura media del planeta no exceda de 1,5 grados Celsius sobre el promedio de la era preindustrial.

“Cada fracción de grado implica más hambre, desplazamiento y pérdidas, especialmente para los menos responsables. Podría llevar a los ecosistemas a puntos de inflexión irreversibles. Exponer a miles de millones de personas a condiciones inhabitables y agravar las amenazas a la paz y la seguridad”, dijo Guterres.

Entre los primeros europeos en intervenir estuvieron el príncipe Guillermo de Inglaterra y el primer ministro británico, Keir Starmer. El heredero del trono hizo un apasionado llamado a los líderes para aprovechar lo que denominó “el poder del optimismo urgente”.

Starmer, en un tono menos optimista, deploró que “se ha perdido el consenso” en materia climática. Pero reiteró el apoyo británico a los compromisos que se adopten para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta.

El representante de China, Ding Xuexiang, viceprimer ministro y número tres en la jerarquía de gobierno de ese páis, llamó a “traducir el compromiso climático en acciones; las acciones hablan más que las palabras”.

“Necesitamos eliminar las barreras comerciales y fortalecer la colaboración internacional para alcanzar los objetivos globales de sostenibilidad”, agregó Ding.

Del lado latinoamericano surgieron duras críticas al presidente Trump. Comenzando con el mandatario colombiano Gustavo Petro, quien advirtió de que “el colapso se acerca si Estados Unidos no se mueve hacia la descarbonización”.

Para Petro, la ausencia en Belém de una delegación estadounidense de alto nivel “es un mensaje muy claro. “El señor Trump está contra la humanidad al no venir acá. ¿Qué hacemos? Dejarlo solo. El olvido es el peor castigo. Cuando quiera hablar, hablamos, pero sobre la vida”, apuntó.

Criticó los nuevos permisos de prospección petrolera dados por Trump en su país. “No es taladrar, taladrar y taladrar, está 100 por ciento equivocado”. Y también criticó que los países de la alianza militar atlántica, la Otan, gasten más dinero en armas pues “No es Rusia el enemigo. Es el cambio climático”.

También el presidente chileno Gabriel Boric destacó en su intervención que los actuales “son tiempos en que surgen voces que deciden ignorar o negar la evidencia científica sobre la crisis climática”.

“Sin ir más lejos, el presidente de los Estados Unidos en la última Asamblea General de la ONU dijo que la crisis climática no existe. Y eso es mentira», dijo Boric.

Brasil también presentó en esta cumbre, y recibió reconocimiento y respaldo, del nuevo Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre. Que recompensará a los países que logren detener la deforestación. Canalizando recompensas de cuatro dólares por hectárea a 74 países elegibles para la conservación de sus bosques.

El Fondo prevé movilizar unos 4000 millones de dólares anuales y Brasil hará un aporte inicial de 1000 millones, se indicó.

Los discursos de la cumbre de líderes continuarán hasta el cierre de la jornada de este viernes 7. Sin que se prevea la adopción de una declaración conjunta, pues se la planteó como una reunión con amplia libertad de temas y exposiciones. Al servir de prólogo a la conferencia climática que sí debe llegar a conclusiones y compromisos.

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