Bienestar laboral

Posadas reunió a especialistas de ergonomía todo el país para debatir sobre prevención en el trabajo

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La transformación del mundo del trabajo ya no se mide únicamente por la incorporación de nuevas tecnologías o por el crecimiento de la productividad. Cada vez cobra mayor relevancia la calidad de los entornos laborales y el cuidado de quienes sostienen la actividad económica. Bajo esa premisa, Posadas fue sede de la IX Jornada Nacional de Ergonomía, un encuentro que puso en agenda la necesidad de consolidar una cultura preventiva capaz de reducir riesgos, mejorar la salud de los trabajadores y fortalecer la competitividad de las organizaciones.

La actividad reunió a profesionales, estudiantes, representantes de empresas, organismos públicos y privados, además de especialistas vinculados a la seguridad e higiene laboral. El objetivo fue promover el intercambio de experiencias y actualizar conocimientos sobre una disciplina que dejó de ser un aspecto complementario para convertirse en un componente estratégico dentro de las políticas de gestión del empleo.

La apertura contó con la participación de la ministra de Trabajo y Empleo de Misiones, Silvana Giménez; el gerente de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), Darío Costa; representantes de la Asociación de Ergonomía Argentina (AdEA), de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Facultad Regional Resistencia y referentes regionales especializados en la materia.

Durante la jornada se destacó que la ergonomía no solo contribuye a disminuir accidentes y enfermedades profesionales, sino que también mejora los procesos productivos, incrementa la eficiencia organizacional y favorece ambientes laborales más saludables. En un escenario donde el bienestar de las personas comienza a ser considerado un activo estratégico para empresas e instituciones, la prevención aparece como una inversión con impacto económico y social.

Las exposiciones abordaron herramientas aplicables a distintos sectores productivos, haciendo foco en la gestión de riesgos, la adaptación de los puestos de trabajo y el diseño de estrategias orientadas a preservar la salud física y mental de los trabajadores. El intercambio permitió compartir experiencias entre especialistas y organizaciones que enfrentan desafíos similares en contextos productivos diversos.

Uno de los ejes centrales del encuentro fue la necesidad de profundizar la articulación entre el Estado, las universidades, las entidades profesionales y el sector privado. Los participantes coincidieron en que la construcción de una verdadera cultura preventiva requiere políticas sostenidas, formación permanente y una visión integral que incorpore la salud ocupacional como parte del desarrollo económico.

La realización de la IX Jornada Nacional de Ergonomía consolida a Misiones como un espacio de referencia para el debate sobre las nuevas condiciones del trabajo y reafirma el compromiso provincial con políticas públicas orientadas a construir entornos laborales más seguros, saludables y sostenibles. En un contexto de profundas transformaciones del mercado laboral, la prevención deja de ser un costo para convertirse en una herramienta de desarrollo humano y productividad de largo plazo.

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Islandia consolidó la semana laboral de cuatro días y los resultados le dan la razón a la Generación Z

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Mientras gran parte del mundo todavía debate si reducir la jornada laboral afecta la productividad, Islandia ya convirtió ese modelo en una política consolidada. Desde 2019, el país avanzó con una reducción de la carga horaria semanal -de 40 a 36 horas en la mayoría de los casos- sin recortar salarios, y seis años después los resultados económicos y sociales muestran que el experimento no solo funcionó, sino que fortaleció su competitividad.

Actualmente, cerca del 86% de la población trabajadora islandesa accede a esquemas de menor carga horaria o a condiciones equivalentes de flexibilidad laboral. Lo que inicialmente despertó dudas empresariales por posibles caídas de productividad, mayores costos operativos y menor rentabilidad, terminó generando el efecto inverso: más eficiencia, menor estrés y mejores indicadores macroeconómicos.

Uno de los principales temores era que trabajar menos horas implicara producir menos. Sin embargo, los datos muestran que la productividad no cayó y, en varios sectores, incluso mejoró, con un crecimiento estimado del 1,5% anual. La clave no estuvo en “trabajar menos”, sino en reorganizar mejor el trabajo.

Las empresas debieron rediseñar procesos internos: reuniones más breves, eliminación de tareas redundantes, mayor automatización, mejor uso de la tecnología y una cultura orientada a resultados en lugar de presencia física. La lógica cambió de “cumplir horario” a “cumplir objetivos”.

Ese reordenamiento también tuvo impacto directo en la calidad de vida. La reducción del estrés laboral, la mejora en la conciliación entre vida personal y trabajo, y una mayor participación masculina en las tareas domésticas fortalecieron indicadores de bienestar y equidad de género.

En paralelo, la economía islandesa mantuvo un fuerte dinamismo. Durante 2025, el país registró un crecimiento del 4,9%, muy por encima del promedio europeo, estimado en torno al 2%. Parte de esa expansión se explica por una mayor circulación interna del consumo: más tiempo libre también implica mayor gasto en recreación, servicios y actividades vinculadas al ocio.

La transformación no habría sido posible sin una fuerte base tecnológica. Islandia cuenta con una de las infraestructuras digitales más avanzadas de Europa, y la digitalización empresarial fue central para sostener el nuevo esquema. Desde la educación temprana, el sistema formativo impulsa competencias digitales que luego permiten una inserción laboral más eficiente, especialmente para las nuevas generaciones.

En ese contexto, la llamada Generación Z aparece como una de las grandes impulsoras conceptuales de este cambio. Para este segmento, la productividad no depende de la cantidad de horas frente a una pantalla, sino de la calidad del tiempo invertido. Y la experiencia islandesa parece validar esa visión.

Diversos estudios reflejan que el 81% de los jóvenes considera que una semana laboral más corta mejora el rendimiento, reduce el burnout y favorece un mejor equilibrio entre desarrollo profesional y vida personal.

Mientras otros países aún discuten reformas parciales, Islandia ya ofrece un caso concreto: menos horas no necesariamente significan menos crecimiento. En algunos casos, puede ser exactamente lo contrario.

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Trabajo remoto exige rediseñar el bienestar laboral

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El 28 de abril se conmemora el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, una fecha que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece para recordar la urgencia de garantizar entornos laborales seguros, saludables y dignos. Sin embargo, la transformación hacia modelos de trabajo remoto, digital e híbrido ha ampliado la conversación hacia riesgos menos visibles, pero igual de críticos, como la salud mental y los factores psicosociales, asociados con más de 840,000 muertes al año, según la OIT.

Tras la aceleración digital de los últimos años, el home office se ha consolidado como un modelo predominante en la industria tecnológica. Informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) revelan que México se mantiene entre los países con mayor carga laboral del mundo, con cerca de 2,200 horas trabajadas al año —por encima del promedio de la OCDE de 1,752 horas—, lo que, combinado con esquemas remotos, puede difuminar los límites entre la vida personal y profesional.

Para Sonia Durán, Gerente de Capital Humano en Ecosistemas Global, “el home office no garantiza bienestar por sí solo. Sin una estructura clara, puede generar jornadas extendidas, aislamiento y una sensación constante de urgencia. La clave está en diseñar modelos de trabajo que realmente respeten los tiempos y la salud mental de las personas.”

Si bien el trabajo remoto ha traído beneficios como flexibilidad, reducción de traslados y mayor autonomía, también ha evidenciado nuevos riesgos asociados a la salud mental. Datos del Instituto Mexicano del Seguro Social señalan que el 75% de los trabajadores en el país experimenta fatiga por estrés laboral, mientras que el 57% reporta ansiedad y el 34% cansancio extremo.

Uno de los sectores más afectados es el de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). En un entorno donde la operación depende de la conectividad permanente y la resolución ágil de problemas, el riesgo de desgaste emocional es mayor. La ausencia de límites claros entre horarios laborales y personales, así como la sobrecarga de reuniones virtuales, son factores que impactan directamente en la productividad y el compromiso de los equipos.

Para hacer frente a este escenario, Ecosistemas Global identifica tres pilares fundamentales para gestionar de manera saludable el trabajo remoto:

  1. Liderazgo digital consciente: Formar líderes que gestionen por objetivos y no por presencia, fomentando la confianza y evitando la supervisión excesiva.
  2. Estructura y claridad operativa: Definir horarios, metas y canales de comunicación que eviten la saturación digital y reduzcan la incertidumbre.
  3. Desconexión y flexibilidad real: Promover políticas que respeten los tiempos personales y prevengan la hiperconectividad, como límites de horario y pausas activas.

Esta fecha abre la conversación sobre la necesidad de actualizar las estrategias de bienestar ante la nueva realidad laboral. Para Durán, “el cambio es urgente y no se trata solo de adaptar el trabajo al formato remoto, sino de rediseñarlo para que sea sostenible en el tiempo. La salud mental debe ser parte central de cualquier modelo laboral”.

A medida que la digitalización avanza, particularmente en el sector TIC, la adopción de esquemas de trabajo remoto bien estructurados se perfila como un factor estratégico. Más allá del bienestar individual, su impacto se refleja en la capacidad de las organizaciones para innovar, mantener la productividad y retener talento. “El futuro del trabajo es flexible, pero también debe ser humano. Las empresas que logren equilibrar ambos aspectos serán las que lideren el cambio”, concluye.

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Lula impulsa el debate por el fin de la jornada 6×1 en Brasil y pone el foco en el bienestar laboral

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, abrió un debate de alto impacto económico, social e institucional al plantear públicamente la discusión sobre el fin de la denominada jornada laboral 6×1, con el objetivo de garantizar dos días de descanso semanal para los trabajadores. El anuncio, realizado a través de sus redes sociales, vincula productividad, avances tecnológicos y calidad de vida, y vuelve a instalar en la agenda regional el equilibrio entre trabajo y bienestar.

Transformaciones del mundo del trabajo y el debate por la jornada laboral

“El mundo del trabajo está en transformación”, sostuvo Lula al introducir el tema. En su mensaje, el mandatario enmarcó la discusión en un contexto global atravesado por cambios tecnológicos profundos y nuevas exigencias sobre el desempeño laboral. En ese sentido, citó al filósofo coreano Byung-Chul Han, quien caracteriza a la actualidad como una “sociedad del cansancio”, en la que la presión permanente por el rendimiento impacta directamente en el equilibrio entre la vida personal y profesional.

La referencia no es menor. El concepto de “sociedad del cansancio” apunta a un modelo productivo que, aun sin coerción directa, genera autoexigencia constante y desgaste psicosocial. Al incorporar esta mirada, el presidente brasileño introduce un componente cultural y filosófico al debate laboral, alejándolo de una discusión puramente técnica o sindical.

En este marco, Lula afirmó que en Brasil se está discutiendo el fin de la jornada 6×1, un esquema que concentra seis días de trabajo por uno de descanso. El objetivo explicitado es asegurar que el trabajador cuente con dos días de descanso semanal, una modificación que, de concretarse, implicaría una redefinición de la organización del tiempo de trabajo en amplios sectores de la economía.

Productividad, tecnología y bienestar: fundamentos del planteo presidencial

Uno de los ejes centrales del mensaje presidencial es la relación entre productividad y tecnología. Según planteó Lula, los avances tecnológicos permitieron alcanzar “niveles inimaginables de productividad”. Esta afirmación introduce un argumento clave: si la capacidad productiva aumentó de manera exponencial, el debate ya no debería centrarse únicamente en cuánto se produce, sino en cómo se distribuyen los beneficios de ese incremento.

“Es hora de pensar en el bienestar de las personas”, subrayó el mandatario, al conectar directamente innovación tecnológica con calidad de vida. El planteo sugiere que el progreso técnico abre una ventana para revisar esquemas laborales históricos que hoy podrían resultar desfasados frente a las nuevas condiciones de producción.

Desde una perspectiva económica, esta discusión interpela a empresas, sindicatos y al Estado, ya que una eventual modificación del régimen de descanso semanal tendría efectos sobre costos laborales, organización de turnos y productividad sectorial. En términos institucionales, el debate anticipa posibles reformas normativas que requerirían consensos amplios y un análisis detallado de su implementación.

Impacto y reacciones posibles

El posicionamiento público de Lula instala el tema en el centro de la agenda política brasileña y regional. Sectores vinculados al trabajo podrían interpretar la iniciativa como una señal de fortalecimiento de derechos laborales, mientras que actores empresariales podrían poner el foco en la necesidad de evaluar impactos económicos y operativos.

Más allá de las reacciones, el mensaje presidencial marca una definición política clara: el bienestar laboral pasa a ser un componente explícito de la discusión sobre desarrollo y productividad. En un contexto global de cambios acelerados en el empleo, la postura de Brasil introduce un debate que trasciende fronteras y reabre la pregunta sobre cómo compatibilizar crecimiento económico, innovación tecnológica y calidad de vida.

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Cae el burnout en Argentina, pero persiste una fuerte brecha educativa

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El nivel de burnout en la población trabajadora argentina mostró una baja significativa en el último trimestre de 2025 y se ubicó en 19,9%, uno de los registros más bajos desde 2018. Sin embargo, el dato positivo convive con una advertencia clave: el desgaste laboral aumenta de manera marcada entre las personas con menor nivel educativo, donde el 41% presenta síntomas de estrés crónico. Así lo revela el último informe del Observatorio de Tendencias de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21, que vuelve a poner el foco en las desigualdades estructurales del mercado laboral argentino.

Una mejora generalizada en los indicadores de bienestar laboral

La nueva medición de burnout correspondiente al último trimestre de 2025 confirma una tendencia descendente iniciada a mediados de 2024. Según el estudio, el 19,9% de las personas encuestadas manifestó síntomas asociados al burnout, lo que implica una caída de 4 puntos porcentuales respecto del primer trimestre de 2025, cuando el indicador alcanzaba el 23,9%.

El relevamiento se realizó mediante el Maslach Burnout Inventory (MBI), el instrumento de referencia a nivel internacional para evaluar el agotamiento emocional, el distanciamiento mental respecto del trabajo y la disminución del rendimiento laboral vinculados al estrés crónico. Desde 2018, este indicador es utilizado de manera sistemática por Insight 21 para analizar la evolución del bienestar laboral en la Argentina.

Los resultados muestran una mejora transversal en los principales segmentos analizados. El burnout disminuyó tanto en hombres como en mujeres y en todos los rangos etarios. Los niveles más bajos se registran entre los jóvenes de 18 a 29 años, mientras que las caídas más pronunciadas se observan en los grupos de 30 a 39 y 40 a 49 años, consolidando un cambio de tendencia luego de los picos registrados en años previos.

En términos históricos, el valor de 19,9% se ubica entre los más bajos de la serie iniciada en 2018, lo que refuerza la lectura de una recuperación gradual del bienestar laboral en el país, al menos en términos agregados.

La educación como factor crítico: el 41% con nivel primario presenta burnout

Pese a la mejora general, el informe advierte una brecha estructural persistente y creciente al analizar el burnout según el nivel educativo. Mientras que el desgaste laboral disminuyó en personas con estudios secundarios y superiores, se registró un aumento significativo en la población con nivel primario, donde el 41% presenta síntomas de burnout.

La diferencia entre quienes tienen menor escolaridad y aquellos con formación media o superior supera los 20 puntos porcentuales, un dato que refuerza la vulnerabilidad de los trabajadores con menos herramientas formativas frente a contextos laborales inestables.

Que los niveles generales de burnout estén bajando es una señal positiva, pero no puede leerse de manera aislada. Los datos muestran con claridad que las personas con menor escolaridad están más expuestas al desgaste, en gran parte porque enfrentan mayores niveles de incertidumbre laboral, menos herramientas para adaptarse a contextos cambiantes y una menor previsibilidad sobre su futuro”, explicó la Dra. Florencia Rubiolo, directora de Insight 21.

Este patrón no es nuevo, pero el último informe muestra que la brecha no solo persiste, sino que se amplía, lo que plantea un desafío directo para las políticas públicas, las estrategias empresariales y los programas de formación laboral.

Infografía Sobre Burnout by CristianMilciades

Implicancias económicas e institucionales del informe

El estudio de Insight 21 vuelve a posicionar al burnout como una variable clave para analizar la productividad, el ausentismo, la rotación laboral y los costos económicos asociados al estrés crónico. Aunque el informe se concentra en la medición del fenómeno, sus conclusiones refuerzan la necesidad de intervenciones diferenciadas según el perfil educativo y laboral.

Desde una perspectiva institucional, el informe reafirma la importancia de contar con evidencia empírica sistemática para diseñar políticas orientadas a reducir las desigualdades en materia de salud laboral. En ese sentido, el Observatorio de Tendencias de la Universidad Siglo 21 se consolidó desde 2018 como una referencia académica para el seguimiento del bienestar laboral en la Argentina.

La persistencia de altos niveles de burnout en los sectores con menor escolaridad plantea interrogantes sobre la calidad del empleo, la estabilidad laboral y el acceso a instancias de capacitación, en un contexto donde el estrés crónico sigue afectando a casi uno de cada cinco trabajadores argentinos, incluso en un escenario de mejora general.

Informe Burnout Diciembre 2025 by CristianMilciades

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