BIOETANOL

Más presión sobre los combustibles: actualizan los biocombustibles y suma otro factor de aumento para agosto

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Las Resoluciones 188 y 189 de la Secretaría de Energía fijaron los nuevos precios mínimos para agosto en el marco de la Ley 27.640 de Biocombustibles. El bioetanol elaborado a partir de caña de azúcar pasó a costar 1.061,87 pesos por litro, mientras que el producido con maíz quedó establecido en 973,24 pesos por litro, ambos con un incremento del 1,75% respecto de los valores vigentes durante julio.

En paralelo, el biodiésel destinado a la mezcla obligatoria con gasoil aumentó hasta 2.001.063 pesos por tonelada, lo que representa una suba del 4% mensual, un porcentaje que supera ampliamente la inflación estimada para junio, del 1,9%.

Si bien estos incrementos no se trasladan íntegramente al precio que pagan los consumidores, sí impactan en la estructura de costos de las petroleras debido a la obligatoriedad de incorporar biocombustibles a los combustibles fósiles. En Argentina, la nafta contiene un corte obligatorio del 12% de bioetanol, distribuido en partes iguales entre caña de azúcar y maíz, mientras que el gasoil incorpora 7,5% de biodiésel, porcentaje que puede modificarse por decisión oficial, aunque la legislación establece un piso mínimo del 5%.

El ajuste se suma a otra decisión reciente del Gobierno: la actualización parcial del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos (ICL) y del Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC), un mecanismo que el Ministerio de Economía venía postergando para evitar un mayor traslado a la inflación.

Con esa modificación, la carga tributaria sobre la nafta aumentó a 10,57 pesos por litro en concepto de ICL y 0,64 pesos por IDC. En el caso del gasoil, los valores pasaron a 9,50 pesos y 1,09 pesos por litro, respectivamente.

La estrategia oficial de escalonar los ajustes impositivos responde a un delicado equilibrio entre recomponer la recaudación fiscal y evitar un salto abrupto en uno de los precios con mayor capacidad de transmisión sobre el resto de la economía. El combustible continúa siendo uno de los principales insumos para el transporte de cargas, la producción industrial y las actividades agropecuarias, por lo que cualquier variación repercute rápidamente sobre la cadena de costos.

El campo también siente el impacto

Las resoluciones tienen además una lectura productiva. El aumento mejora los ingresos de las industrias que elaboran biocombustibles, un sector estrechamente vinculado al agro argentino. El bioetanol de maíz fortalece la cadena cerealera, mientras que el derivado de caña de azúcar beneficia principalmente a los ingenios del NOA. En tanto, el biodiésel continúa siendo una salida estratégica para la industrialización de la soja.

Desde esa perspectiva, la actualización busca preservar la rentabilidad de las plantas elaboradoras frente al incremento de los costos de producción, tal como prevé el marco regulatorio vigente. La Secretaría de Energía justificó la decisión señalando que las condiciones actuales del mercado ameritan una nueva adecuación de precios para garantizar el abastecimiento de la mezcla obligatoria.

Un mercado que también mira al petróleo

A las variables domésticas se suma un contexto internacional que mantiene elevada la incertidumbre. Las tensiones en Medio Oriente y las dificultades sobre el tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz continúan generando volatilidad en la cotización del petróleo, aunque hasta el momento parte de ese efecto fue amortiguado por la política comercial de YPF.

Desde la desregulación parcial del mercado iniciada en 2024, los precios de los combustibles dejaron de depender exclusivamente de las decisiones del Gobierno nacional. Las petroleras recuperaron mayor libertad para definir sus estrategias comerciales y ya no están obligadas a informar previamente los aumentos, un esquema que modificó el funcionamiento del mercado y permitió acelerar la recomposición de precios luego de varios años de atraso relativo.

Según datos del portal especializado Surtidores, el precio nominal de la nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires acumuló incrementos superiores al 257% desde el inicio de la actual administración, reflejando el proceso de normalización de precios impulsado tras la liberalización del sector.

En ese escenario, el ajuste de los biocombustibles representa un nuevo factor de presión sobre los surtidores. Aunque el efecto directo sea limitado por el bajo porcentaje de mezcla, la combinación entre impuestos, costos de producción y volatilidad internacional mantiene abierta la posibilidad de nuevas actualizaciones en los precios durante las próximas semanas.

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El Gobierno frena el impuesto a los combustibles y apuesta a los biocombustibles para contener la inflación

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Con el precio de la nafta por encima de los $2.000 y el impacto de la guerra en Medio Oriente trasladándose a los surtidores, el Gobierno nacional decidió suspender la actualización del impuesto a los combustibles prevista para abril. La medida, oficializada en las últimas horas, busca contener la escalada inflacionaria en un rubro sensible, pero también expone una tensión de fondo: hasta dónde puede intervenir el Estado sin desarmar su propio esquema fiscal.

La decisión no llegó sola. Se complementa con otra señal: el aumento del corte obligatorio de bioetanol al 15% en las naftas, en un intento por amortiguar el traslado del precio internacional del petróleo. En conjunto, el paquete configura una respuesta de corto plazo frente a una presión externa que el Gobierno no controla, pero que impacta de lleno en su principal objetivo económico.

Un equilibrio delicado entre inflación y recaudación

La suspensión del impuesto se inscribe en una lógica más amplia: evitar que el aumento del costo energético termine filtrándose al resto de los precios. En términos prácticos, implica resignar ingresos fiscales en un momento donde el equilibrio de las cuentas públicas sigue siendo una prioridad.

Al mismo tiempo, el incremento del componente de biocombustibles introduce un mecanismo de sustitución parcial. No se trata solo de una decisión técnica, sino de una señal política: reducir la dependencia del petróleo importado y amortiguar la volatilidad internacional con producción local.

El trasfondo es claro. La suba del barril, empujada por el conflicto en Medio Oriente, reconfigura los márgenes de maniobra. Frente a ese escenario, el Gobierno combina herramientas fiscales y regulatorias para sostener el ancla inflacionaria sin modificar el esquema general de política económica.

Presión política y disputa por la agenda energética

La decisión oficial reactivó de inmediato el frente legislativo. Desde Provincias Unidas, un grupo de diputados y una senadora reclamaron que el Congreso trate el proyecto presentado el 19 de marzo para elevar el corte obligatorio de biocombustibles a nivel nacional.

El planteo no es nuevo, pero adquiere otra dimensión tras las medidas del Ejecutivo. Los impulsores del proyecto sostienen que el contexto internacional abre una “oportunidad concreta” para reducir importaciones, generar empleo y fortalecer la industria local. También buscan que el Ministerio de Relaciones Exteriores impulse gestiones ante la Unión Europea para evitar restricciones al comercio de biocombustibles.

En ese cruce, la política energética empieza a mostrar una disputa más amplia: quién fija el rumbo de la matriz productiva y bajo qué criterios. El Gobierno toma medidas puntuales, mientras sectores legislativos intentan capitalizar ese movimiento para instalar una agenda más estructural.

Entre la urgencia y el rediseño de la matriz

El combo de medidas revela un movimiento táctico más que un cambio de paradigma. La prioridad sigue siendo contener la inflación en el corto plazo, incluso a costa de resignar recursos o intervenir precios indirectamente.

Sin embargo, el debate sobre biocombustibles introduce una variable de mediano plazo. La posibilidad de diversificar la matriz energética, reducir la exposición a shocks externos y generar divisas aparece como una discusión que excede la coyuntura.

En las próximas semanas, la clave estará en observar si el Congreso toma el guante y avanza con el proyecto pendiente, y si el Gobierno profundiza esta línea o la mantiene como una herramienta puntual. La presión internacional no cede. Tampoco la inflación. Entre ambas, se juega algo más que el precio en surtidor.

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El Gobierno habilita más bioetanol en naftas para contener el impacto del petróleo

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Un ajuste técnico con lectura económica En un contexto de presión sobre los precios energéticos, el Gobierno avanzó con una decisión de impacto indirecto pero estratégico: habilitó a las refinadoras a incrementar el contenido de bioetanol en las naftas hasta un 15%. La medida, formalizada el 26 de marzo a través de la Resolución 79/2026 de la Secretaría de Energía, busca amortiguar el traslado del encarecimiento del petróleo a los surtidores.

El movimiento no modifica el corte obligatorio vigente, pero introduce una flexibilidad clave en la composición del combustible. Para hacerlo viable, el Ejecutivo elevó el límite máximo de oxígeno permitido en naftas al 5,6%, un ajuste técnico que habilita mayor presencia de biocombustibles sin alterar formalmente la estructura regulatoria. La decisión abre una pregunta de fondo: ¿es una herramienta coyuntural para contener precios o el inicio de un rediseño más amplio en la política de combustibles?

Marco regulatorio y lógica de intervención

La resolución se inscribe en el esquema definido por la Ley de Hidrocarburos y la Ley 27.640 de biocombustibles, que establece los porcentajes obligatorios de mezcla. En ese marco, la Secretaría de Energía actúa como autoridad de aplicación y tiene facultades para ajustar las especificaciones técnicas de los combustibles.

El punto central de la norma no está en el porcentaje en sí —que ya estaba contemplado en regulaciones previas— sino en la adecuación del parámetro de oxígeno. Ese indicador resulta determinante para la calidad del combustible y está directamente vinculado con la proporción de bioetanol en la mezcla.

Según los informes técnicos que respaldan la decisión, elevar el contenido de oxígeno mejora la eficiencia de la combustión, incrementa el número de octano y reduce las emisiones de monóxido de carbono. Pero, en términos políticos, el efecto más relevante es otro: habilita a las empresas a sustituir parcialmente componentes derivados del petróleo por biocombustibles, con potencial impacto en los costos.

La resolución aclara un punto sensible: no se incorporan nuevos compuestos oxigenados. Es decir, el cambio se limita a ampliar el margen para el bioetanol, sin alterar la naturaleza del producto final ni imponer nuevas exigencias regulatorias.

Impacto en el mercado y señales a la cadena energética

El Gobierno elige un camino intermedio. No interviene directamente en precios ni modifica los cortes obligatorios, pero introduce una herramienta que puede influir en la estructura de costos de las refinadoras. En un escenario de volatilidad internacional del petróleo, esa flexibilidad puede funcionar como amortiguador.

Para las empresas, la medida abre un margen de decisión: podrán aumentar el contenido de bioetanol hasta el nuevo límite si lo consideran conveniente. No es una obligación, sino una opción habilitada por regulación. Esa lógica preserva el funcionamiento de mercado, pero bajo parámetros redefinidos por el Estado.

Al mismo tiempo, el sector de biocombustibles encuentra una señal implícita de respaldo. Aunque no se modifican los porcentajes mínimos, la ampliación del techo potencial refuerza su rol dentro de la matriz energética. En paralelo, el gasoil mantiene sin cambios su esquema, con mezclas de hasta el 20% de biodiesel ya contempladas.

Entre la coyuntura y la estrategia

La decisión aparece alineada con un objetivo inmediato: reducir el impacto del petróleo en los precios internos. Pero también deja abierta una dimensión más amplia. El uso de biocombustibles como herramienta de política energética no es nuevo, pero su activación como variable de ajuste frente a shocks externos introduce un matiz distinto.

En ese sentido, el Gobierno evita una intervención directa en precios —con alto costo político y fiscal— y opta por un mecanismo técnico que desplaza parte del problema hacia la composición del producto. Es una forma de intervenir sin hacerlo de manera explícita.

Queda por ver hasta qué punto las refinadoras utilizarán esta flexibilidad y cómo impactará en la dinámica de precios. También, si este tipo de medidas se consolidan como parte de una estrategia más amplia o quedan circunscriptas a la coyuntura.

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Biocombustibles: Energía actualizó los precios mínimos de bioetanol y biodiesel para febrero

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La Secretaría de Energía del Ministerio de Economía fijó los nuevos precios mínimos de adquisición del bioetanol y del biodiesel destinados a la mezcla obligatoria con combustibles fósiles para las operaciones de febrero de 2026, en el marco del Marco Regulatorio de Biocombustibles (Ley 27.640). Las medidas fueron formalizadas a través de las Resoluciones 25/2026 y 24/2026, publicadas en el Boletín Oficial el 2 de febrero de 2026, y constituyen una nueva adecuación del esquema de precios regulados que impacta de forma directa en la estructura de costos de la industria energética, el complejo agroindustrial y la formación de precios en surtidor.

En concreto, la Secretaría estableció un precio mínimo de $1000,868 por litro para el bioetanol elaborado a base de caña de azúcar y de $917,323 por litro para el bioetanol elaborado a base de maíz, mientras que para el biodiesel destinado a la mezcla obligatoria con gasoil fijó un valor de $1.842.796 por tonelada. Todos los valores rigen para febrero y hasta que una nueva resolución los reemplace.

Marco regulatorio y fundamentos de la actualización de precios

Las resoluciones se inscriben en el esquema normativo inaugurado por la Ley 27.640, que derogó las disposiciones de las Leyes 23.287, 26.093 y 26.334, y concentró en la Secretaría de Energía la potestad de definir metodologías y precios de los biocombustibles destinados a la mezcla obligatoria con naftas y gasoil. En ese marco, la autoridad de aplicación aprobó procedimientos específicos para la determinación de precios del bioetanol y del biodiesel, con el objetivo de reflejar costos reales de elaboración, transporte y una rentabilidad determinada, evitando distorsiones en el mercado energético.

Para el caso del bioetanol, la Resolución 25/2026 se apoya en los criterios establecidos por la Resolución 373/2023, modificada por la Resolución 709/2023, que habilitan ajustes excepcionales cuando los valores resultantes puedan generar desfasajes con los costos reales o impactos no deseados en el precio del combustible fósil en surtidor. En ese sentido, la Secretaría destacó la necesidad de revisar precios ante el contexto económico vigente y la dinámica del mercado de combustibles.

En el biodiesel, la actualización se fundamenta en el procedimiento aprobado por la Resolución 963/2023, que define la metodología de cálculo del precio de adquisición para su mezcla obligatoria con gasoil. La última adecuación había sido dispuesta por la Resolución 612/2025, vigente para enero, y la autoridad consideró que las condiciones actuales del mercado ameritan un nuevo valor para febrero.

Detalle de los valores y condiciones comerciales

De acuerdo con la Resolución 25/2026, el precio mínimo del bioetanol de caña de azúcar se fijó en $1000,868 por litro, mientras que el bioetanol de maíz quedó establecido en $917,323 por litro. Ambos valores son considerados precios mínimos obligatorios para las operaciones en el mercado interno y se aplican a la mezcla con nafta.

La norma también estableció que el plazo de pago del bioetanol no podrá exceder los 30 días corridos desde la fecha de la factura correspondiente, introduciendo una referencia temporal clave para la relación comercial entre productores y compradores.

En paralelo, la Resolución 24/2026 fijó el precio del biodiesel en $1.842.796 por tonelada para su mezcla obligatoria con gasoil. A diferencia del bioetanol, el plazo máximo de pago para el biodiesel se estableció en 7 días corridos, una condición que impacta de manera directa en el flujo financiero de las empresas productoras.

Ambas resoluciones entran en vigencia a partir de su publicación en el Boletín Oficial, consolidando un nuevo cuadro de precios regulados para el mes de febrero.

Impacto económico y reacciones sectoriales esperadas

La actualización de precios tiene repercusiones directas en el complejo agroindustrial, especialmente en los sectores vinculados a la producción de caña de azúcar, maíz y oleaginosas, que abastecen la cadena de biocombustibles. Al mismo tiempo, incide sobre las refinerías y empresas obligadas a cumplir con los cortes obligatorios, que deben incorporar estos valores en su estructura de costos.

Desde una perspectiva macroeconómica y regulatoria, las medidas buscan equilibrar la sostenibilidad de los productores de biocombustibles con la contención de impactos en el precio final de los combustibles fósiles, un aspecto sensible para la inflación y el consumo. El esquema reafirma el rol activo de la Secretaría de Energía como autoridad de aplicación y regulador de precios, en un contexto de revisión permanente del marco energético.

En este escenario, el sector seguirá de cerca la evolución de los costos y la periodicidad de las próximas actualizaciones, dado que los valores fijados rigen solo hasta la publicación de nuevos precios que los reemplacen.

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La producción de energía cayó 0,2% interanual en el tercer trimestre, con retrocesos en biodiésel y cogeneración

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La producción de energía en la Argentina registró una caída interanual del 0,2% durante el tercer trimestre de 2025, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El dato refleja un desempeño dispar dentro del sector energético, con fuertes retrocesos en algunos segmentos vinculados a los biocombustibles, contrastados con avances en la autogeneración y en la producción de bioetanol.

El informe oficial da cuenta de un escenario de heterogeneidad productiva, que combina señales de estancamiento en el nivel agregado con comportamientos divergentes entre las distintas fuentes de generación y transformación energética.

Caídas en biodiésel y cogeneración eléctrica

Dentro del desagregado sectorial, el biodiésel fue uno de los rubros más afectados, con una contracción interanual del 9,6% en el período analizado. El retroceso posiciona a este segmento como el de peor desempeño relativo dentro del conjunto energético relevado por el organismo estadístico.

También mostró una evolución negativa la cogeneración eléctrica, cuya producción se redujo 2,9% interanual durante el tercer trimestre. Este comportamiento contribuyó a explicar la leve caída del nivel general de producción de energía, al tratarse de un componente relevante dentro de la matriz de generación.

En conjunto, estos descensos evidencian las dificultades que atraviesan algunos eslabones de la producción energética, en particular aquellos asociados a procesos industriales específicos y a la transformación de insumos energéticos.

Avances en autogeneración y bioetanol

En contraste con los retrocesos mencionados, el informe del INDEC destacó el crecimiento de otros segmentos. La autogeneración de energía registró un incremento interanual del 7,9%, consolidándose como uno de los principales motores de expansión dentro del sector durante el trimestre.

Por su parte, la producción de bioetanol mostró una suba del 5,3% interanual, aportando una señal positiva en el marco de un contexto general marcado por la desaceleración. Estos avances amortiguaron parcialmente el impacto de las caídas observadas en otros rubros y explican que la contracción total del sector haya sido limitada.

Lectura sectorial y posibles implicancias

El desempeño del tercer trimestre de 2025 expone una dinámica fragmentada en la producción energética, con segmentos en expansión que conviven con caídas significativas en otros. La baja del 0,2% interanual en el nivel agregado sugiere un escenario de estancamiento, más que una contracción generalizada, aunque con implicancias diferenciadas según el tipo de producción.

Para los sectores vinculados al biodiésel y a la cogeneración, el retroceso podría traducirse en tensiones productivas y operativas, mientras que el crecimiento de la autogeneración y del bioetanol refuerza el peso de estos segmentos dentro del entramado energético. La evolución futura de estas tendencias será clave para evaluar la sostenibilidad del abastecimiento y el perfil productivo del sector.

Indicadores Energeticos INDEC by CristianMilciades

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