BOLSA DE COMERCIO DE ROSARIO

Los siete nudos marítimos que sostienen el comercio mundial y por qué también importan para Argentina

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El comercio mundial depende de una infraestructura mucho más estrecha de lo que su escala global podría sugerir. Miles de millones de toneladas de mercancías circulan cada año a través de un conjunto reducido de canales, estrechos y rutas marítimas que funcionan como verdaderos cuellos de botella de la economía internacional. Cuando uno de esos puntos se altera, el impacto puede trasladarse rápidamente al costo del transporte, los precios de la energía, las cadenas de suministro y, finalmente, a la inflación.

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado a partir de información de PortWatch del Fondo Monetario Internacional, pone el foco sobre siete pasos estratégicos que actualmente no atraviesan una crisis abierta comparable con Ormuz, Bab el-Mandeb o Kerch, pero cuya importancia sistémica resulta decisiva: el Cabo de Buena Esperanza, el Canal de Panamá, los estrechos de Taiwán, Malaca y Lombok, el Canal de la Mancha y Gibraltar.

Sin atravesar hoy una crisis abierta, el Cabo de Buena Esperanza, los canales de Panamá y de la Mancha y los estrechos de Taiwán, Malaca, Lombok y Gibraltar son nudos estructurales que sostienen el comercio marítimo mundial.

A diferencia de los estrechos que abordamos en el Informativo Semanal anterior, los estrechos que siguen no atraviesan hoy conflictos abiertos, o de la intensidad de Ormuz, Bab el-Mandeb o Kerch. Sin embargo, eso no les resta protagonismo: son nudos estructurales del comercio marítimo, sin los cuales buena parte de las rutas mundiales debería resignarse a alternativas bastante más costosas y lentas, o a la propia imposibilidad del comercio.

Más aún, nos sorprenderá observar que los estrechos que más ocupan los titulares por el hecho de atravesar una crisis abierta no son necesariamente los de mayor tránsito. En este sentido, es esencial destacar los pasos con más tráfico del mundo, los que operan hoy en día sin los sobresaltos de un conflicto bélico. Destacamos a continuación siete cruces esenciales para el comercio mundial a partir de los datos de la base Portwatch del FMI. Esta releva periódicamente la logística de puertos y estrechos a nivel global.


Cabo de la Buena Esperanza

El actual conflicto en Medio Oriente ha generado complicaciones en el transporte marítimo, obligando al sector a buscar desvíos seguros frente a puntos críticos como el Estrecho de Ormuz, el de Bab el-Mandeb y el Canal de Suez. En este contexto, el Cabo de Buena Esperanza vuelve a cobrar protagonismo. Ubicado en el extremo sur de Sudáfrica, este paso es vital para el comercio internacional, especialmente para el traslado de petróleo y gas natural licuado.

A diferencia de otras vías abordadas en este Informativo Semanal, como el Canal de Suez, el Estrecho de Ormuz o el Estrecho de Malaca, navegar por el Cabo de la Buena Esperanza implica tomar una ruta a océano abierto alrededor de la parte más austral de África. Por lo tanto, la ruta es prácticamente imposible de bloquear en el sentido que actualmente vemos en el escenario internacional. Sin embargo, como bien destacó Cancillería en un informe reciente, tomar este estrecho implica para muchas rutas un mayor costo y una mayor demora en los plazos de navegación, agregando entre 10 y 15 días a plazos tradicionales, como, por ejemplo, el transporte desde Europa hacia Medio Oriente.

Con sus intermitencias, las crisis en Medio Oriente han generado desde 2023 un incremento estructural en el tránsito semanal de buques por el Cabo de la Buena Esperanza. De acuerdo con la EIA (U.S. Energy Information Administration), en 2022 se transportaban por este paso un promedio de 6,2 millones de barriles de petróleo por día, número que ascendió a 9,1 millones de barriles en el primer semestre de 2025. Considerando todos los buques que han salido del Up River el año pasado, estimamos que el 61% de ellos ha atravesado el Cabo de la Buena Esperanza con productos argentinos para llegar a su destino. 


Canal de Panamá

Inaugurado en 1914 y ampliado en 2016, el canal de Panamá es de las obras de ingeniería más trascendentales del siglo XX. Este canal une el océano Atlántico con el Pacífico, reduciendo de manera sustancial los tiempos de navegación entre ambos. El Canal de Panamá conecta 180 rutas marítimas y 1920 puertos del mundo ubicados en 170 países, de acuerdo con datos de la Autoridad del Canal de Panamá. Más de 11.000 buques cruzaron el Canal de Panamá el año pasado, cerca del 3% del comercio marítimo global.

Este canal es un epicentro de tránsito de especial importancia para el hemisferio norte. Más del 65% de su flujo marítimo proviene de la costa este de los Estados Unidos, con especial protagonismo de la logística desde la potencia norteamericana hacia el continente asiático. Sin embargo, también es relevante para las exportaciones de esa misma región hacia el litoral pacífico de América. Europa también es un gran usuario del canal para sus exportaciones hacia la costa oeste del continente americano. Medidos en flujos por país, sus principales usuarios son Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur, Chile, México y Perú. Luego de la marcada sequía que afectó al canal en 2023 y 2024, que recortó notablemente los tránsitos de buques, hoy el Canal opera más cerca de sus promedios históricos.

Con todo, el canal no está exento de rispideces. En enero de 2026 la Corte Suprema de Panamá declaró inconstitucional la concesión que la empresa china CK Hutchison tenía desde 1997 sobre los puertos de Balboa y Cristóbal, en ambos extremos de la vía. Esto se dio en el marco de la presión de Washington para reducir la influencia china sobre la infraestructura. La compañía cesó sus operaciones en febrero, y su lugar fue ocupado de forma transitoria por subsidiarias de Maersk y MSC. El gobierno estadounidense celebró la decisión, mientras que el gobierno chino la rechazó. 

Cómo se destacó recientemente desde la BCR, la Argentina no es un gran usuario del Canal en su logística exportadora. Por los destinos preponderantes de sus exportaciones y su ubicación, con amplio frente sobre el Atlántico, nuestro país puede exportar directamente a Estados Unidos, Europa y África sin hacer uso del Canal. (Hay algunas excepciones de productos que van a la costa oeste de EE. UU. tomando la vía de Panamá.) No conforme con ello, la ruta más habitual hacia el continente asiático se realiza atravesando el Cabo de la Buena Esperanza, al sur de Sudáfrica. Sin embargo, el crecimiento exportador esperado en energía y minería, además de la inmensa relevancia del agro, pueden abrir oportunidades para mejorar el comercio y la cooperación entre naciones.


Estrecho de Taiwán

El Estrecho de Taiwán, de apenas 130 kilómetros de ancho en su punto más angosto, separa la isla del territorio continental chino y conecta el mar de la China Oriental con el mar de la China Meridional. Es una de las arterias más transitadas del comercio marítimo asiático: por sus aguas circula una porción sustancial del tráfico mundial de contenedores entre los puertos de China, Japón y Corea del Sur y el resto del mundo, además de buena parte de los embarques de gas natural licuado con destino al noreste asiático. A esto se suma su peso como epicentro de la industria de semiconductores, ya que la isla concentra la mayor parte de la producción mundial de chips avanzados, insumo crítico para la tecnología, la inteligencia artificial y buena parte de la manufactura global.

Esa doble relevancia de paso naviero y de polo productivo convive con una tensión militar persistente. Un escenario de disrupción no solo afectaría la navegación regional: golpearía de lleno tanto las cadenas de suministro de chips como los flujos comerciales que hoy atraviesan el estrecho sin mayores sobresaltos.


Estrecho de Malaca

El estrecho de Malaca es, junto con Ormuz, el otro gran nudo del comercio marítimo mundial, aunque su relevancia rara vez ocupa los titulares. Conecta el océano Índico con el Pacífico y es la ruta obligada para el acceso hacia y entre economías como India, China, Japón y Corea del Sur. Según datos del FMI, es el punto estratégico de mayor peso del mundo: concentra el 13,7% del peso agregado global, por delante de Taiwán y el Cabo de Buena Esperanza. En lo que va de 2026 lo ha cruzado, en promedio, 226 buques por día (equivalente a más de 82.000 al año), frente a un promedio de 183 buques diarios en el período 2019-2023 (+23%).

Más de un quinto del comercio marítimo mundial pasa por este estrecho, que, a la altura del Canal de Phillips, cerca de Singapur, tiene un ancho de tan solo unos 2,8 kilómetros. Más de un cuarto del comercio mundial del petróleo atraviesa Malaca, una proporción aún más grande que la del Estrecho de Ormuz. A diferencia de Suez o Panamá, canales con su autoridad portuaria bajo la órbita de un solo estado, Malaca cae bajo la jurisdicción de Indonesia, Malasia y Singapur. Se encuentra regido por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ratificada por estos tres países, recortando a estos países el cobro de derechos de paso o la restricción de acceso.

Su flota está liderada por los tanqueros, que explican el 36% de los tránsitos y el 40% del peso, seguidos por los graneleros (26%  y 40%, respectivamente) y los portacontenedores (26% y 21%, respectivamente). Debido a este volumen, Malaca concentra una porción notable del comercio marítimo mundial: el 18,5% del peso de tanqueros global, el 16% del de contenedores y el 9% de la carga a granel, de la cual depende en gran medida el abastecimiento energético asiático.

Su punto débil es la profundidad: apenas 25 metros en sus tramos más someros, insuficientes para los petroleros de mayor tamaño, conocidos como VLCC o aquellos que exceden el límite Malaccamax. Esta limitación geográfica, más que cualquier tensión geopolítica puntual, es la que empuja parte del tráfico hacia rutas alternativas como Lombok o Luzón.


Estrecho de Lombok

El estrecho de Lombok, en Indonesia, es la alternativa más utilizada por los buques que exceden las dimensiones de Malaca. Con una profundidad mínima de 250 metros —diez veces la de Malaca en sus tramos menos profundos—, permite el paso de los grandes petroleros que superan el límite Malaccamax. La contracara es previsible: desviarse por Lombok implica más millas, más tiempo y más costo logístico.

Según datos del FMI, la flota que lo transita está dominada por graneleros (74% de los tránsitos, 94% del peso), muy por encima de los tanqueros (20% y 5,8%, respectivamente); portacontenedores y carga general son prácticamente inexistentes. El tanquero promedio que cruza Lombok pesa apenas 20.200 toneladas, mientras que el granelero promedio ronda las 87.400 toneladas, tomandoel período 2019-2023, y en este último caso ya supera las 103.400 t en lo que va de 2026 (+18%), reflejo de embarcaciones cada vez más grandes.

A diferencia de los estrechos del informe anterior, Lombok no atraviesa una crisis coyuntural, sino un crecimiento estructural sostenido. En el período 2019-2023 transitaban, en promedio, 35 buques diarios, equivalentes al 1,8% de los tránsitos y el 4,2% del peso agregado de los 28 puntos estratégicos relevados por el FMI. En lo que va de 2026 el tránsito diario subió a 38 buques (+7%) y el volumen transportado saltó a 4,9% del total global (+25% en toneladas). Dentro del comercio granelero mundial, la participación de Lombok pasó del 7,8% al 8,3% del peso; en tanqueros, aunque todavía marginal, casi se duplicó del 0,8% al 1,1%.


Canal de la Mancha (Estrecho de Dover)

El Canal de la Mancha conecta el Reino Unido de Gran Bretaña con Europa continental y sirve de bisagra entre el Atlántico y el Mar del Norte, lo que lo convierte en una arteria indispensable para el comercio intraeuropeo. Por cantidad de buques, es uno de los pasos marítimos más transitados del planeta: según datos del FMI, en lo que va de 2026 promedia 168 buques por día, el cuarto tránsito más alto de los 28 relevados, solo detrás de Taiwán, Malaca y Corea.

Los tanqueros explican el 35% de los tránsitos, pero el 40% del peso transportado de todo tipo de buque, y concentran el 9,1% del peso tanquero mundial. Los contenedores (21% de los tránsitos, 29% del peso) y los graneleros (14% y 27%, respectivamente) completan un mix de carga inusualmente diversificado para un estrecho de esta escala. La carga general, en cambio, explica una cuarta parte de los tránsitos, pero apenas el 3,5% del peso: son buques chicos de cabotaje de corta distancia, reflejo del intenso tráfico regional europeo. En conjunto, representa el 9% del tránsito global y el 6% del peso agregado.


Estrecho de Gibraltar

El estrecho de Gibraltar es la puerta obligada entre el Mediterráneo y el Atlántico, en el punto donde España y Marruecos se aproximan a apenas 14 km. Según datos del FMI, en el período 2019-2023 transitaban por Gibraltar en promedio 130 buques diarios, equivalentes al 6,5% de los tránsitos y el 6,1% del tonelaje agregado global. Es, por volumen de tráfico, uno de los pasos marítimos más relevantes del mundo, flujo que lo convirtió en la principal plaza de reabastecimiento de combustible (bunkering) del Mediterráneo.

La flota que lo transita muestra una composición notablemente equilibrada, sin un tipo de buque dominante: los tanqueros explican el 32% de los tránsitos y el 33% del peso; los contenedores el 24% y el 29%, respectivamente; y los graneleros el 22% y un considerable 36%, respectivamente. La carga general completa un 17% de los tránsitos, pero solo el 2% del volumen transportado. Por Gibraltar pasa el 10% del peso mundial transportado en portacontenedores y el 7% de la carga tanquera global.

A diferencia de otros estrechos de esta serie, Gibraltar no atraviesa una crisis propia, pero los datos muestran un quiebre claro que vale la pena señalar: el tránsito diario alcanzó un pico de 146 buques en 2023, y desde enero de 2024 (coincidiendo con la intensificación de los ataques hutíes en el Mar Rojo y el desvío creciente de buques hacia el Cabo de Buena Esperanza) cayó a un nivel de entre 132 y 134 buques diarios, una contracción del 8% en cantidad de tránsitos y del 14% en peso transportado respecto del pico de 2023. El golpe no fue parejo entre tipos de carga: los graneleros sufrieron la caída más pronunciada (-25% en peso), mientras que tanqueros (-11%) y sobre todo los portacontenedores (-3%) resultaron comparativamente más resilientes. 

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Mercados: el petróleo vuelve a tensionar a la inflación global mientras Argentina apuesta a una recuperación en el segundo semestre

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La economía global atraviesa una semana en la que tres variables volvieron a quedar estrechamente vinculadas: inflación, energía y política monetaria. La moderación de los precios en Estados Unidos alivió parcialmente la presión sobre la Reserva Federal, pero la persistencia de las tensiones en Medio Oriente y la volatilidad del petróleo mantienen abierto uno de los principales riesgos para la inflación internacional. En Argentina, mientras tanto, el mercado ajustó sus expectativas de actividad y mantiene una visión de recuperación durante el segundo semestre.

El panorama surge de la actualización semanal de mercados elaborada por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que pone el foco sobre la evolución de los precios estadounidenses, el conflicto en Medio Oriente, el petróleo y las nuevas proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central.

La inflación en Estados Unidos, las tensiones en Medio Oriente y la evolución del petróleo marcaron la agenda internacional, mientras que en Argentina el REM y el riesgo país concentraron la atención de los mercados.

Inflación de Estados Unidos y las decisiones de la Fed

La inflación de Estados Unidos mostró una moderación durante julio. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba de 0,1% mensual, mientras que la variación interanual descendió hasta 3,4%, en línea con las expectativas del mercado. Por su parte, el IPC núcleo, que excluye los componentes más volátiles de alimentos y energía, se ubicó en 2,5% interanual.

El dato consolida una desaceleración respecto de los niveles observados durante los meses anteriores. Luego de ubicarse en 2,8% interanual antes del inicio de las hostilidades entre Israel, Estados Unidos e Irán a fines de febrero, la inflación alcanzó un máximo reciente de 4,2% interanual en mayo, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía. Durante julio, en cambio, la caída del precio de la gasolina, asociada al cese temporal de las hostilidades, contribuyó a moderar el nivel general de precios, aunque el posterior recrudecimiento del conflicto mantiene la evolución del petróleo como uno de los principales riesgos para la trayectoria inflacionaria. 

La publicación del índice resulta relevante de cara a las próximas decisiones de la Reserva Federal. En su reunión de finales de julio, el Comité Federal de Mercado Abierto mantuvo la tasa de interés sin cambios, aunque tres de sus miembros votaron a favor de incrementarla. La persistencia de una inflación anual superior al objetivo del 2%, combinada con la relativa solidez del mercado laboral, había fortalecido los argumentos a favor de un mayor endurecimiento monetario.

Sin embargo, la moderación del IPC de julio redujo la presión para avanzar con una nueva suba de tasas. Tras conocerse el dato, disminuyeron las probabilidades implícitas en el mercado de un incremento en la reunión de septiembre. De esta manera, la atención de los inversores continuará centrada en la evolución de la inflación, el mercado laboral y los precios de la energía, factores que serán determinantes para las próximas decisiones de política monetaria.


Las tensiones en Ormuz mantienen la volatilidad del petróleo

El precio del petróleo mostró una elevada volatilidad durante 2026, principalmente a partir del conflicto en Medio Oriente. El Brent, que comenzó el año en torno a US$ 60 por barril, alcanzó un máximo de US$ 138 a comienzos de abril, para luego retroceder ante los períodos de distensión y las expectativas de una solución negociada.

Durante la última semana, las dificultades para alcanzar un acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la incertidumbre sobre la reapertura del Estrecho de Ormuz volvieron a presionar los precios. Los futuros del Brent se recuperaron hasta ubicarse cerca de USD 89 por barril el 12 de agosto. La persistencia de las restricciones en una de las principales rutas del comercio mundial de petróleo mantiene al conflicto como un riesgo relevante para los precios de la energía y la inflación internacional.


Expectativas de crecimiento para 2026 

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) mostró, para la mediana de las estimaciones, que el Producto Interno Bruto ajustado por estacionalidad se habría contraído 0,4% durante el segundo trimestre del año, una corrección de 1,0 p.p. respecto del relevamiento anterior. Sin embargo, los analistas anticipan una recuperación de la actividad durante la segunda mitad del año. Para el tercer trimestre proyectan un crecimiento desestacionalizado de 1,0%, mientras que para el cuarto trimestre esperan una expansión de igual magnitud. En este contexto, la previsión de crecimiento del PIB para el conjunto de 2026 se ubicó en 2,7% de acuerdo con el REM del BCRA.

Por su parte, las expectativas financieras permanecieron relativamente estables. La TAMAR de bancos privados se ubicaría en 22,4% TNA durante agosto y en 22,2% hacia diciembre. En tanto, la mediana de las proyecciones para el tipo de cambio nominal se ubicó en $1.512 por dólar para agosto y en $1.652 para diciembre de 2026.

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Retenciones al agro: las seis principales cadenas aportarían US$ 4.613 millones al fisco en 2026

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Las retenciones al agro volverían a mostrar en 2026 una paradoja fiscal: el Estado recaudaría prácticamente lo mismo que un año atrás pese a que las alícuotas de los derechos de exportación (DEX) son menores. La explicación está en una combinación de mayor volumen exportado, cambios en el momento en que las empresas registran sus operaciones y el efecto estadístico de las rebajas transitorias aplicadas durante 2025.

De acuerdo con una estimación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las seis principales cadenas agroindustriales —soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo— aportarían unos US$ 4.613 millones en derechos de exportación durante todo 2026. El monto resulta apenas 1% inferior a los US$ 4.665 millones recaudados en 2025 y marca una relativa estabilidad del aporte del complejo agroexportador a las cuentas públicas.

La recaudación por retenciones se mantiene estable respecto a 2025, con menores alícuotas y mayor volumen exportado. Sin embargo, el efecto intertemporal de bajas transitorias de DEX comprime la recaudación del 1er semestre, que se compensa en el 2do.

Para 2026, el aporte de las seis principales cadenas del agro (soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo) en concepto de derechos de exportación se proyecta en US$ 4.613 millones, prácticamente sin cambios respecto de los US$ 4.665 millones de 2025 (-1% interanual. Este guarismo se encuentra por debajo de los máximos de 2021 y 2022 (US$ 8.373 y US$ 9.101 millones), cuando los precios internacionales de los commodities agrícolas alcanzaron sus máximos históricos al desatarse la guerra entre Rusia y Ucrania, pero un 50% por encima del mínimo de 2023, año de la histórica sequía.

Discriminando por complejos, el de la soja (que incluye poroto, harina, aceite y biodiesel) continúa siendo el principal aportante, con US$ 3.275 millones proyectados para el año 2026, dado que es el producto que afronta las mayores alícuotas. Le siguen el complejo maíz con US$ 754 millones, el de trigo con US$ 324 millones, el de girasol con US$ 158 millones, y los de cebada y sorgo con US$ 79 millones y US$ 22 millones, respectivamente.

Sin embargo, los esquemas temporales de modificación de alícuotas de derechos de exportación vigentes en el 2025 sí impactan en el flujo intertemporal de la recaudación proyectada para el 2026. Así, en el primer semestre del año los seis principales complejos del agro aportaron US$ 1.881 millones en concepto de Derechos de Exportación (DEX). El monto implica una caída del 51% frente a los US$ 3.804 millones del primer semestre de 2025 y se ubica como el segundo registro más bajo de los últimos seis años, solo por encima de 2023 (US$ 1.153 millones).

No obstante, esta comparación interanual está fuertemente condicionada por dos esquemas excepcionales que rigieron durante 2025 y que alteraron el patrón habitual de declaración y tributación. 

Por un lado, la reducción temporaria de alícuotas vigente entre febrero y junio de 2025 incentivó una fuerte anticipación en el registro de ventas al exterior (DJVE). Ese mayor volumen declarado más que compensó las menores alícuotas y precios, apuntalando la recaudación del primer semestre de 2025 y elevando así la base de comparación contra la que hoy se mide 2026.

Por otro, la eliminación temporaria de DEX de septiembre de 2025 permitió registrar ventas al exterior libres de retenciones hasta alcanzar un cupo de negocios. Esto comprimió la recaudación por retenciones del segundo semestre de 2025, que tocó los US$ 861 millones y, al mismo tiempo, consumió parte del volumen que, bajo un patrón normal, se habría declarado y tributado a comienzos de 2026.

Así, el bajo aporte del primer semestre se compensa con una marcada recuperación proyectada para el segundo, una vez normalizado el patrón de declaraciones de venta al exterior, asumiendo que un ritmo de anote de DJVE como proporción de la producción igual al promedio de últimos 5 años. En definitiva, se estima que el aporte del agro en concepto de retenciones entre julio y diciembre del 2026 ascienda a US$ 2.731 millones, más que triplicando la recaudación por igual concepto del segundo semestre de 2025, y dejando la recaudación total por DEX para el año 2026 en US$ 4.613 millones.

Vale mencionar que durante todo el 2026 ya rigió la baja permanente de alícuotas a los derechos de exportación dispuesta el 7 de diciembre de 2025. Si bien ello implica una menor tributación por unidad exportada respecto de la vigente durante buena parte del año anterior, el aumento en el volumen exportado por las cadenas del agro compensa dicha reducción y contribuye a estabilizar el resultado fiscal entre años. 

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Las exportaciones de maíz en máximos históricos y la cosecha podría llegar a 70,5 millones de toneladas

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La cadena agroexportadora argentina atraviesa uno de sus momentos de mayor intensidad. Julio se convirtió en el mes con mayores exportaciones de maíz de la historia del país, mientras una nueva estimación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) elevó la producción de la campaña 2025/26 a 70,5 millones de toneladas. La combinación de una cosecha excepcional y una fuerte aceleración de los embarques consolida al cereal como uno de los principales motores del comercio exterior agroindustrial.

Julio se convirtió en el mes con más exportaciones de maíz en la historia argentina. La comercialización de soja se rezaga con relación al resto de los cultivos. En el frente externo, el USDA trajo novedades para el mercado de trigo y maíz.

1. Sigue subiendo el techo: la producción de maíz en Argentina alcanzaría las 70,5 Mt

En su último reporte mensual, GEA-BCR reestimó la cosecha de maíz 2025/26 en 70,5 Mt (+2,5 Mt), blindando la cifra productiva de una campaña que quedará para la historia. De esta forma, la oferta total para el presente ciclo queda en 77,0 Mt, con stocks finales previstos en 12,3 Mt.

Se refuerza así la expectativa de una Argentina acaparando los mercados de exportación. En este sentido, la práctica exportadora acompañó más que favorablemente, rompiendo todos los parámetros en los embarques de julio: se exportaron 5,14 Mt de maíz, el mejor mes de exportación de maíz de la historia argentina, según datos de NABSA. Esta sería la segunda vez en que se superan las 5 Mt enviadas al exterior en un mes, siendo abril de este ciclo el otro registro que batió esta marca con 5,08 Mt.

En el acumulado de lo que va de la campaña (marzo a julio) los despachos de maíz ya acumulan 22,21 Mt. Así, el avance del programa exportador de 51% estaría en línea con el promedio de las últimas cinco campañas, sin contar la 2022/23. 

El line-up siguió de cerca y de forma anticipada el ritmo exportador, al igual que la entrada de camiones a los puertos. Sin embargo, ambas variables muestran un desempeño más débil para la última semana, afectados por las recurrentes lluvias que retrasan el secado del grano y demoran la recolección. La entrada de maíz para descargar en los puertos en camiones fue de 865.567 Tn, cuando el promedio de las cuatro anteriores fue de 1,08 Mt (-20,6%) y por debajo del promedio quinquenal para esta semana. Es el mismo caso con el line-up, que actualmente está 12,5% por debajo del promedio del último lustro para esta semana.

El avance de la cosecha a nivel nacional es de 89% y el rezago continúa, con un progreso que está 8 p.p. por debajo del promedio del último quinquenio a esta semana y con 11,58 M ha restantes por trillar. Argentina sigue siendo el origen más competitivo del mundo, y resulta vital aprovechar esta ventana temporal que brinda la estacionalidad, debido a la cercanía de la cosecha del hemisferio norte. 

En lo que a tónica comercial respecta, en la última semana industria y exportación compraron un total de 1,22 Mt de grano para la campaña actual y la nueva, con una pizarra promedio $277.300/t, $3.000/t por debajo de la semana anterior. En julio se comercializaron 4,36 Mt de la 2025/26, casi cuatro veces el volumen de junio. El total comprometido llega a 35,62 Mt, un 51% en relación con la producción total estimada. En esta semana la cotización local ajustó fuertemente a la baja y llegó a negociarse en $263.000/t, su nivel más bajo desde fines de junio, presionado por la estacionalidad del maíz tardío.


2. La comercialización de soja en compás de espera

Ya empezando a cerrar compromisos para la campaña 2026/27, el ritmo de comercialización de la soja de la actual cosecha aun muestra un rezago con relación al promedio de la última década. Al 5 de agosto se habían comprometido un total de 24,3 Mt, casi 5 Mt por debajo de la media. En términos relativos, y en el contexto de mejoras productivas de la campaña en curso, ello representa el 47,2% de la producción estimada para la 2025/26, el porcentaje más bajo de los últimos 25 años para esta altura del año. 

Sin embargo, al analizarlo desde una perspectiva agregada, si se suma la comercialización total de soja, maíz, trigo y girasol, el total negociado a esta altura del año alcanza las 85,74 Mt, un récord en 25 años medido en términos absolutos.

Con relación a los precios, la Pizarra Rosario para soja promedió 337,5 US$/t en la semana, cerca de -0,9% de los valores de comienzos de agosto, y prácticamente en línea con el nivel que la oleaginosa mostraba a principios de año. Este hecho cambia cuando lo analizamos con relación al poder de compra en el mercado local: ajustado por inflación, el precio se encuentra -14,9% por debajo de enero. 

La brecha se amplía cuando se estira el rango de análisis. Contra los precios a esta misma altura de 2024, la soja medida en dólares se ubica hoy un 21% por encima, pero medido contra la inflación queda -2% por debajo. 


3. El mercado de trigo en el ojo de la tormenta

La salida del informe mensual de estimaciones de oferta y demanda del USDA (WASDE, por sus siglas en inglés) vino a traer claridad a un mercado de granos que atraviesa un contexto de gran incertidumbre. Son varios los frentes que dejaban dudas a los operadores, y conocidas las cifras los precios tomaron trayectorias dispares. Vale la pena repasar los puntos más importantes y por qué las cotizaciones reaccionaron de esta manera.

El trigo captaba gran parte de la atención de los operadores, pero el reporte terminó siendo neutral para sus precios. En primera instancia, la producción norteamericana se reestimó en 41,7 Mt (-0,1 vs jul.), aunque los operadores esperaban un ajuste aún mayor. Esa misma magnitud de cambio para los stocks finales, que terminaron en 19,5 Mt, estuvo en línea con lo anticipado. La cotización del futuro más operado cayó US$ 1/t tras conocidas las cifras, aunque terminó la rueda en terreno positivo en US$ 239,9/t (+US$ 8,3, 3,6% intradiario), revelando que las subas respondieron más al contexto geopolítico que al informe. 

Respecto a las disrupciones en el Mar Negro, USDA recortó las estimaciones de exportación rusas y ucranianas en 46,0 Mt (-1,5 vs jul.) y 13,5 Mt (-1,0 vs jul.), respectivamente. El evento que más agitó al cereal durante la rueda fue el ataque ucraniano a las terminales graneleras de Novorossíysk, el principal puerto exportador de trigo ruso, obligando a dos de las mayores terminales a suspender sus operaciones. Además, según Reuters, los embarques de granos ucranianos cayeron un 76% en las dos primeras semanas de agosto vs. el mismo período del año anterior. 

El maíz estuvo en el centro de la escena. Debido a la cercanía de la temporada de cosecha del hemisferio norte y tras haber atravesado inclemencias climáticas en orígenes clave como Francia, se esperaban fuertes reducciones en las estimaciones de producción y exportaciones para este cultivo. El organismo norteamericano recortó los stocks finales para la 2026/27 estadounidense por encima de lo esperado en la previa, señalando un balance más ajustado. Los fondos fueron compradores netos agresivos de 57,500 contratos de maíz el 12 de agosto, la mayor posición de compra en semanas, resultando en una suba del precio del contrato más operado subiendo inmediatamente US$ 2/t hasta 186,6/t, y terminando la jornada en US$ 189,36/t (+4,5%), su punto más alto en dos semanas.

Por el lado de la soja, la reacción fue levemente bajista. Si bien el USDA recortó el rendimiento para la 2026/27 norteamericana, elevó la superficie, lo que redundó en una producción y unos stocks mayores a lo esperado, anunciando un balance menos ajustado. La cotización reaccionó inmediatamente con una baja marginal. Aun así, la soja cerró al alza (+1,24%) por arrastre del maíz, tensiones en el Mar Negro y ventas activas de exportación (USDA reportó venta de 244.000 TM de soja a China para 2026/27).

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Menos faena y más kilos: la ganadería argentina da señales de un posible giro hacia la retención

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La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que tres indicadores comienzan a alinearse en una misma dirección: menos animales enviados a faena, una participación decreciente de las hembras y un mayor peso promedio por cabeza. El cuadro todavía no alcanza para confirmar el inicio de una fase de retención, pero sí permite identificar una transición potencial después de varios años caracterizados por la reducción del stock bovino.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) entre enero y julio de 2026 se faenaron 7,1 millones de cabezas, un 9,5% menos que en igual período del año pasado y cerca de un 10% por debajo del promedio de los últimos cinco años. Se trata, además, del volumen más bajo para los primeros siete meses de un año en nueve años y la proporción de hembras cayó al 44,3% en julio. Junto con un peso de la hacienda en máximos y una tasa de extracción en disminución, la oferta parece alejarse de la fase de liquidación.

En el presente artículo se analizará el desempeño del sector bovino nacional durante los primeros siete meses de 2026, a partir de distintos indicadores de oferta y su posible relación con el ciclo ganadero en Argentina.


La faena de hembras entra en zona umbral

El volumen y la composición de la faena son la principal puerta de entrada para leer en qué fase del ciclo se encuentra la ganadería. En lo que va de 2026, ambos indicadores comenzaron a dar señales. La faena durante los primeros siete meses de 2026 se ubicó en 7,1 millones de cabezas. Esto representa una disminución del 9,5% en comparación con el mismo período del año pasado, y cerca de 10% menos comparado contra el promedio de los últimos cinco años para dicho período. Además, es el registro más bajo en nueve años. El contexto de los últimos años estuvo caracterizado por una fase de liquidación de stocks que comenzó en el año 2019. Entre 2018 y 2025, la cantidad de cabezas en Argentina cayó de 55,0 a 50,9 millones, es decir, hubo en el transcurso de esos años una reducción del rodeo de 4,1 millones de bovinos.

Con la mejora en los precios de la hacienda, que alcanzaron en el transcurso del año en curso récords históricos (medidos tanto en dólares corrientes como en pesos reales deflactados por IPC), sumado a la adecuada disponibilidad hídrica generalizada en buena parte de las áreas productivas, se han visto incrementados los incentivos para reducir la faena de hembras y orientar la estrategia productiva hacia una recomposición de stocks. Todavía no hay evidencia concluyente acerca de que nos encontremos ingresando en una fase de retención, pero sí se observa que algunos indicadores comienzan a alejarse de los umbrales que indican liquidación.

Un ejemplo de lo anterior es el dato de porcentaje de hembras sobre el total de la faena. Históricamente, valores de este indicador por encima del 47% han tendido a coincidir con las fases de liquidación, mientras que valores por debajo del 43% han sido más acordes a fases de retención. Durante el agregado de los primeros siete meses de 2026 el registro se ubica en 46,6%, un valor relativamente alto, pero dentro de la zona umbral entre fases. Además de eso, se observa una tendencia decreciente en el transcurso del año de la proporción de hembras en la faena. En el último mes con datos oficiales, que es julio, la proporción de hembras en la faena disminuyó hasta el 44,3%, siendo este el mínimo registro en 44 meses, el cual ubica al indicador en una “zona intermedia” entre las dos fases que caracterizan el ciclo. 

Desde luego, cabe aclarar que el registro de julio todavía no confirma una fase de retención: para ello el indicador debería ubicarse debajo del 43%, y luego sostenerse en esa zona durante varios meses consecutivos, algo que no ocurre desde 2017. Lo que sí muestran los datos es una zona de posible transición: la señal es coherente con la idea de que el ciclo podría estar comenzando a girar de la liquidación hacia la retención, aunque el cambio no está aún definido ni consolidado, para ello habría que ver si la tendencia se ratifica en los últimos meses del año.


Menos cabezas, pero mayor peso

Los mismos factores que incentivan a la retención de hacienda, es decir, la buena disponibilidad hídrica y los altos precios del kilogramo vivo, impulsaron también a extender el engorde y a enviar animales más pesados a faena. A partir de ello, el peso promedio por animal ascendió durante los primeros siete meses de 2026 a 238,2 kg gancho, superando en 7,6 kg por animal al registro del año pasado, y en 9,5 kg al promedio del último lustro. Este peso promedio es el máximo en los registros para el período considerado, con datos desde 1990.

Si se observan los datos mensuales, en lugar del promedio enero-julio, los datos son aún más alentadores: en julio de 2026, el peso promedio por animal ascendió hasta los 244,3 kg gancho, el máximo valor en los registros. Esta dinámica de mayor agregado de peso previo a la faena se ve también reflejada en las existencias que hay en los establecimientos de engorde a corral. Tal como indica el informe de Rosgan del presente informativo, las mismas alcanzaron las 2.131.785 cabezas al 1° de agosto, lo que representa un incremento interanual del 4,9% respecto del mismo mes del año pasado.


La tasa de extracción también cerca de un valor umbral

Un último indicador que resulta de interés para analizar el estado del ciclo ganadero es el de la tasa de extracción, que puede ser aproximada a partir de la relación entre la faena total durante un año y el stock de bovinos al comienzo de este. En Argentina, la bibliografía especializada indica que existe un valor umbral del 24%: niveles por debajo de esta cifra suelen asociarse a períodos de retención (como ocurrió entre 2011 y 2018, donde el promedio fue del 23,2%), mientras que valores superiores sugieren una fase de liquidación.

Si se realiza el ejercicio teórico de anualizar la faena en base a los primeros siete meses de 2026 y a la estacionalidad promedio de los últimos años, el resultado sería una faena anual de alrededor de 12,3 millones de cabezas en el año en curso. Frente a un stock de 50,9 millones de cabezas a fines del año 2025, esto daría como resultado una tasa de extracción de 24,3% durante 2026, prácticamente en el umbral que delimita el paso de una fase a otra. Si efectivamente se mantuviese esta dinámica hasta fin de año, sería posible que hacia fines de año los stocks presentasen una ligera suba, dado que esto es lo que ha sucedido generalmente en años con niveles de extracción similares. De darse esta situación, los stocks podrían ubicarse en un entorno cercano a las 51,1 millones de cabezas a fines de año. Cabe mencionar, sin embargo, que esto constituye solo un ejercicio teórico, dado que todavía restan verse los movimientos durante los últimos cinco meses del año.

En síntesis, los tres indicadores analizados —una faena en mínimos con una participación de hembras en descenso, un peso por animal en máximos históricos y una tasa de extracción ubicada apenas por encima de su valor umbral— apuntan en una misma dirección: la de una posible transición desde la fase de liquidación hacia una de retención. Ninguno de ellos alcanza todavía para confirmar el inicio de esa nueva etapa, que recién podrá darse por consolidada si la tendencia se sostiene en lo que resta del año. Será clave, por lo tanto, continuar monitoreando de cerca la evolución de estos indicadores en los próximos meses.

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