BONCAP

Extendieron el plazo para que contratistas acepten bonos a cambio de deudas por obra pública

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El Gobierno nacional prorrogó hasta el 23 de julio de 2026 el plazo para que las empresas contratistas de obra pública puedan adherir al Régimen Simplificado de Extinción de Obligaciones, un mecanismo que permite cancelar acreencias con el Estado mediante la entrega de títulos públicos (bonos). La decisión busca ampliar la participación de las empresas alcanzadas sin modificar las condiciones económicas del programa ni el monto máximo previsto para su implementación.

La medida fue oficializada mediante la Resolución 2/2026, firmada por el secretario de Coordinación de Infraestructura, Fernando Augusto Hermann, luego de que distintos contratistas solicitaran más tiempo para completar la presentación de la documentación requerida a través de la plataforma Trámites a Distancia (TAD).

El régimen está dirigido a empresas con contratos de las Secretarías de Obras Públicas y de Transporte, dependientes del Ministerio de Economía, y comprende deudas devengadas entre el 1° de enero de 2022 y el 31 de diciembre de 2025, así como obligaciones derivadas de contratos extinguidos desde 2024.

La propuesta oficial contempla cancelar esas obligaciones mediante la entrega de tres instrumentos financieros en pesos —LECAP y BONCAP— dentro de un cupo máximo de $221.119.509.519. De esta manera, el Estado busca regularizar pasivos acumulados sin realizar desembolsos inmediatos de caja, reemplazando deuda comercial por deuda financiera.

El plazo original de adhesión vencía a mediados de julio, pero el Gobierno resolvió extenderlo una semana más con el objetivo de garantizar una mayor concurrencia de empresas y facilitar la carga de la información necesaria para acceder al esquema.

La prórroga únicamente modifica la fecha límite para manifestar la voluntad de adhesión. Una vez presentada la solicitud, los contratistas dispondrán de diez días hábiles adicionales para incorporar toda la documentación respaldatoria de sus acreencias, incluyendo el cálculo de los intereses generados por la mora del Estado.

Uno de los aspectos centrales del régimen es que la adhesión implica la renuncia expresa a cualquier reclamo administrativo o judicial vinculado con las obligaciones alcanzadas. Es decir, quienes acepten el pago mediante bonos deberán desistir de las acciones iniciadas o futuras contra el Estado Nacional respecto de esos contratos.

Antes de la firma de cada acuerdo individual, la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) deberá intervenir para verificar la documentación y validar el procedimiento, incorporando una instancia de control sobre las acreencias reconocidas.

Desde la perspectiva económica, la herramienta forma parte de la estrategia del Gobierno para ordenar el pasivo acumulado por obras públicas sin incrementar la presión sobre las cuentas fiscales. Al mismo tiempo, procura ofrecer una alternativa a empresas que mantienen créditos pendientes de cobro, muchas de las cuales enfrentan problemas de liquidez tras la paralización o reestructuración de proyectos de infraestructura.

Aunque el mecanismo no sustituye el pago en efectivo que reclaman numerosos contratistas, la ampliación del plazo refleja la intención oficial de facilitar el acceso al régimen y ampliar el universo de empresas que opten por esta vía de regularización. El resultado de la convocatoria permitirá medir el nivel de aceptación del sector privado y el grado de confianza en los instrumentos financieros ofrecidos por el Estado para cancelar sus compromisos pendientes.

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Caputo propone cancelar deudas de obra pública con bonos

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El Ministerio de Economía creó un Régimen Simplificado de Extinción de Obligaciones para saldar deudas con contratistas mediante títulos públicos. El esquema alcanza obligaciones acumuladas entre 2022 y 2025 y establece un cupo máximo de $221.119,5 millones, priorizando la regularización de pasivos sin ampliar el gasto presupuestario.

La medida, oficializada mediante la Resolución 1/2026 de la Secretaría de Coordinación de Infraestructura, introduce un mecanismo voluntario para que empresas contratistas acepten bonos del Tesoro como forma de cancelación de certificados de obra, redeterminaciones de precios, acopio de materiales y obligaciones derivadas de contratos rescindidos. El objetivo oficial es ordenar los pasivos heredados de la obra pública preservando la estrategia de equilibrio fiscal.

Para el sector constructor, la resolución representa un cambio relevante: el Estado reconoce la existencia de obligaciones pendientes, pero reemplaza el pago en efectivo por instrumentos financieros que podrán mantenerse hasta su vencimiento o negociarse en el mercado secundario. La decisión traslada parte del costo financiero a las empresas, aunque también abre una vía para destrabar créditos cuya percepción permanecía incierta.

Un mecanismo para normalizar pasivos sin afectar el presupuesto

El régimen estará disponible para contratos ejecutados bajo la Ley 13.064 y también para obras financiadas por organismos multilaterales, siempre que dependan de las Secretarías de Obras Públicas o Transporte.

Las empresas tendrán 10 días hábiles desde la entrada en vigencia de la resolución para solicitar su adhesión mediante la plataforma Trámites a Distancia (TAD). Posteriormente deberán presentar la liquidación de sus acreencias, acompañada por la documentación respaldatoria y el cálculo de intereses por mora cuando correspondan. El procedimiento y el modelo de adhesión fueron aprobados en un anexo específico de la resolución.

Una vez validados los montos, ambas partes suscribirán un acta acuerdo que formalizará la cancelación de las obligaciones mediante títulos públicos.

Tres bonos para cancelar la deuda

El esquema combina tres instrumentos del Tesoro Nacional, distribuidos prácticamente en partes iguales:

  • 33% en una Lecap con vencimiento el 30 de octubre de 2026.
  • 33% en un Boncap con vencimiento el 15 de enero de 2027.
  • 34% en un Boncap con vencimiento el 30 de abril de 2027.

Los títulos serán entregados a su valor técnico al día hábil anterior a la transferencia y el programa tendrá un límite global de $221.119.509.519, que funcionará como cupo máximo de adhesión.

La adhesión implica renunciar a reclamos futuros

Uno de los aspectos más relevantes para las empresas es que el ingreso al régimen no sólo supone aceptar bonos como medio de pago.

La resolución establece que cada contratista deberá desistir expresamente de los reclamos administrativos o judiciales vinculados al contrato alcanzado y renunciar a futuras acciones relacionadas con la ecuación económica o financiera derivada de la modalidad de cancelación elegida.

Desde la óptica jurídica, el mecanismo busca otorgar certeza al Estado respecto del cierre definitivo de cada obligación una vez entregados los títulos.

Para muchas firmas, la posibilidad de convertir créditos demorados en activos financieros puede mejorar la previsibilidad patrimonial, aunque no necesariamente la liquidez inmediata.

La decisión también introduce un nuevo criterio para evaluar el riesgo contractual con el Estado nacional: los pagos pendientes podrán transformarse en instrumentos financieros cuya rentabilidad dependerá tanto de su vencimiento como de las condiciones del mercado secundario.

La eficacia del régimen dependerá del nivel de adhesión de las constructoras y del comportamiento de los títulos públicos utilizados para cancelar las acreencias. Si los bonos conservan liquidez y valor de mercado, el mecanismo podría acelerar el saneamiento de pasivos de la obra pública. Si, por el contrario, las empresas enfrentan dificultades para convertir esos activos en financiamiento operativo, persistirá el desafío de recomponer el capital de trabajo en un sector que continúa condicionado por la escasa ejecución de nuevas obras nacionales.

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El Tesoro patea vencimientos de deuda con el Banco Central y despeja presiones financieras de corto plazo

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El Ministerio de Economía concretó una conversión de deuda en manos del Banco Central (BCRA) que permitirá trasladar vencimientos previstos para junio de 2026 hacia 2027. La operación involucra hasta $60.000 millones de valor nominal y forma parte de la estrategia oficial para reducir necesidades de financiamiento inmediatas y mejorar el perfil de vencimientos del Tesoro.

La medida fue formalizada mediante la Resolución Conjunta 33/2026 de las secretarías de Finanzas y Hacienda. El mecanismo consiste en intercambiar bonos que vencían el 30 de junio de 2026 por una nueva combinación de títulos con vencimientos en enero y mayo de 2027, ambos en poder del Estado nacional.

Desde la óptica financiera, la operación no implica nueva emisión de deuda para financiar gasto adicional, sino una reestructuración de compromisos existentes dentro del propio sector público. El objetivo es ganar tiempo y reducir la concentración de vencimientos que el Tesoro debía afrontar en las próximas semanas.

La conversión alcanza tres instrumentos que estaban en cartera del Banco Central: un bono ajustado por inflación (BONCER TZX26), un bono capitalizable (BONCAP T30J6) y un bono a tasa dual (TTJ26), todos con vencimiento previsto para fines de junio de este año.

A cambio, el BCRA recibirá una canasta compuesta en partes iguales por dos bonos capitalizables con vencimientos en enero de 2027 y mayo de 2027.

La decisión permite al Tesoro desplazar obligaciones hacia adelante sin necesidad de recurrir al mercado para captar fondos frescos. Para la administración financiera nacional, esto representa una reducción de las necesidades de refinanciamiento en el corto plazo y una mejora en la distribución temporal de los compromisos de deuda.

Para los analistas del mercado, la variable clave no es el monto involucrado sino la señal que transmite la operación: Economía continúa priorizando la extensión de plazos y la reducción de riesgos asociados a grandes concentraciones de vencimientos.

Por qué importa al sector productivo

A primera vista, una conversión de deuda entre el Tesoro y el Banco Central parece alejada de la actividad económica real. Sin embargo, el manejo del calendario financiero del Estado tiene efectos indirectos sobre variables que impactan en empresas, exportadores e inversores.

Cuando el Gobierno enfrenta fuertes vencimientos en períodos cortos, aumenta la necesidad de obtener financiamiento o captar liquidez del mercado. Eso puede traducirse en mayores tasas de interés, más competencia por los pesos disponibles y mayor incertidumbre financiera.

La extensión de vencimientos busca evitar esos escenarios y otorgar previsibilidad al programa financiero oficial.

Para sectores productivos intensivos en financiamiento —como agroindustria, forestoindustria, construcción, logística o industria manufacturera— la estabilidad de las condiciones financieras es un componente relevante al momento de planificar inversiones o gestionar capital de trabajo.

Desde 2024, la política financiera nacional ha mostrado una creciente utilización de canjes, conversiones y reordenamientos de deuda para administrar vencimientos sin generar tensiones adicionales sobre el mercado.

La operación anunciada ahora tiene además una particularidad: se realiza con títulos que ya estaban en manos del Banco Central, lo que reduce riesgos de volatilidad asociados a inversores privados y facilita la ejecución de la estrategia oficial.

Los principales efectos de la medida son reducción de vencimientos concentrados en junio de 2026. Extensión del perfil de deuda hacia 2027. Menor presión sobre las necesidades inmediatas de financiamiento. Mayor previsibilidad para la programación financiera del Tesoro. Menor riesgo de tensiones sobre el mercado de deuda en pesos.

Contexto para las economías regionales

Para las provincias del NEA, donde el acceso al crédito sigue siendo uno de los principales desafíos para la inversión productiva, la estabilidad macrofinanciera continúa siendo un factor determinante.

La evolución de las tasas de interés, la liquidez del sistema y la capacidad del Gobierno nacional para administrar sus compromisos de deuda influyen sobre las condiciones de financiamiento disponibles para empresas exportadoras, industrias regionales y proyectos de infraestructura.

Aunque la conversión anunciada no genera efectos inmediatos sobre la economía real, contribuye a despejar uno de los focos de presión financiera que el mercado observaba para el segundo semestre del año.

La operación confirma que el Gobierno continuará utilizando herramientas de administración de pasivos para evitar concentraciones de vencimientos y sostener el proceso de normalización financiera. El desafío no pasa únicamente por postergar deuda, sino por consolidar una estructura de financiamiento que reduzca gradualmente la dependencia de refinanciaciones permanentes. Para el sector privado, la variable relevante seguirá siendo si estas medidas logran traducirse en un entorno de tasas más predecible y en una menor volatilidad financiera durante los próximos trimestres.

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Nación cancela $813 mil millones con CABA

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La Casa Rosada formalizó una operación financiera por $813.442 millones para cancelar parte de la deuda que mantiene con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el conflicto judicial de la coparticipación. La cancelación no será en efectivo, sino mediante la entrega de bonos y letras del Tesoro con vencimientos entre 2026 y 2027. La decisión, publicada por el Ministerio de Economía, tiene una lectura que excede la ingeniería financiera: mientras Nación busca evitar una mayor salida de caja en pesos, las provincias observan cómo el Gobierno prioriza resolver litigios con distritos de peso político y financiero en un contexto de extrema restricción presupuestaria.

Para Misiones, la señal tiene un doble impacto. Por un lado, confirma que la administración nacional continuará utilizando instrumentos de deuda para administrar obligaciones judiciales y fiscales. Por otro, reabre la discusión sobre la distribución de recursos federales y la capacidad de negociación de las provincias periféricas frente al poder central.

La Resolución Conjunta 29/2026 de Finanzas y Hacienda establece que el pago se realizará mediante una combinación de BONCAP y LECAP capitalizables. El esquema evita un desembolso inmediato de liquidez y traslada vencimientos hacia adelante, una estrategia consistente con la política financiera que impulsa el equipo económico de Luis Caputo: preservar reservas, sostener el superávit financiero y evitar emisión monetaria directa.

El punto central es político. La deuda con CABA surge de la cautelar de la Corte Suprema por la quita de fondos coparticipables aplicada durante la gestión de Alberto Fernández. El Gobierno nacional decidió ahora cerrar parte de esa discusión mediante títulos públicos, en un movimiento que busca reducir incertidumbre judicial y enviar una señal de cumplimiento al mercado.

Para las provincias del NEA, donde la dependencia de transferencias nacionales es estructuralmente más alta, el dato no pasa inadvertido. Misiones mantiene históricamente un reclamo por inequidades en la distribución de recursos federales y por el costo económico de las asimetrías fronterizas con Brasil y Paraguay. Mientras CABA logra monetizar judicialmente su reclamo, las provincias fronterizas continúan negociando compensaciones fiscales vinculadas al comercio, el combustible y la competitividad regional.

La diferencia no es menor. En el AMBA, la discusión gira alrededor del reparto de impuestos nacionales. En Misiones, el problema incorpora además la pérdida de consumo hacia Encarnación o Foz do Iguaçu cuando el tipo de cambio genera distorsiones de precios. Esa fuga impacta directamente sobre comercio, empleo y recaudación provincial.

El uso de bonos para cancelar deuda también tiene implicancias sobre la economía real. La decisión evita presión inmediata sobre el gasto corriente, pero incrementa compromisos financieros futuros. Para sectores productivos del NEA, eso implica que la posibilidad de una expansión fiscal nacional orientada a infraestructura o programas de estímulo seguirá limitada.

La cadena forestal, la yerba mate y el comercio fronterizo dependen en gran medida de costos logísticos, rutas, energía y consumo interno. Si el Tesoro concentra recursos en estabilización financiera y administración de deuda, el margen para políticas activas sectoriales continúa siendo reducido.

Además, el instrumento elegido muestra otro dato relevante para el sector privado: Economía continúa profundizando el mercado de títulos en pesos como mecanismo central de financiamiento. La señal busca fortalecer la curva en moneda local y sostener la estrategia de desinflación sin recurrir al financiamiento monetario del Banco Central.

Los bonos utilizados para cancelar la deuda con CABA tienen vencimientos relativamente cortos:

  • 20% del pago se hará con un BONCAP al 30 de junio de 2026.
  • Otro 40% se distribuye entre LECAP con vencimiento en agosto y octubre de 2026.
  • El 40% restante irá a un BONCAP con vencimiento en abril de 2027.

El mensaje implícito es que el Gobierno apuesta a mantener condiciones financieras relativamente estables durante los próximos dieciocho meses para refinanciar esos compromisos sin tensiones mayores.

Para Misiones, el movimiento vuelve a instalar un interrogante de fondo: cómo se reposicionan las provincias exportadoras y fronterizas dentro del nuevo esquema fiscal argentino. La administración Milei sostiene un enfoque de fuerte centralización financiera y disciplina del gasto. Eso obliga a las provincias a fortalecer recursos propios y competitividad regional en un contexto donde la asistencia nacional aparece cada vez más condicionada.

El escenario a seguir de cerca es doble. Primero, cómo reaccionará el resto de las provincias frente al acuerdo financiero con CABA y si reaparecen reclamos por fondos compensatorios. Segundo, qué margen real tendrá Nación para sostener el equilibrio fiscal sin afectar obra pública, infraestructura logística y programas vinculados a economías regionales. En una provincia como Misiones, donde el costo del transporte y la competencia fronteriza condicionan toda la actividad económica, esa discusión impacta directamente sobre producción, empleo y consumo.

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Finanzas superó los vencimientos y captó más de $10 billones en la licitación

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La Secretaría de Finanzas logró este martes un rollover del 124,2% en la licitación de deuda en pesos y dólares, al adjudicar $10,34 billones frente a vencimientos del día, tras recibir ofertas por $11,17 billones. El resultado refuerza la estrategia oficial de financiamiento en el mercado local y consolida la capacidad del Tesoro para cubrir compromisos sin recurrir a emisión monetaria, en un contexto de tasas reales elevadas y fuerte concentración de colocaciones a tasa fija y ajustadas por inflación.

Rollover positivo y fuerte demanda por instrumentos en pesos

Según informó oficialmente la Secretaría de Finanzas, en la licitación realizada el 28 de enero de 2026 se recibieron 7.325 ofertas, por un valor efectivo total de $11,17 billones, de los cuales se adjudicaron $10,34 billones, lo que implicó un rollover del 124,20% sobre los vencimientos del día.

Del total adjudicado, la mayor parte correspondió a instrumentos denominados en pesos, con un valor efectivo de $10,23 billones, mientras que los títulos en dólares estadounidenses sumaron el equivalente a $102.935 millones, calculados al tipo de cambio de referencia de la Comunicación “A” 3500 del BCRA, que fijó el dólar en $1.441,3245.

En términos de estructura, el Tesoro volvió a concentrar la demanda en LECAP y BONCAP a tasa fija, que absorbieron más de $6,9 billones, con vencimientos escalonados entre marzo de 2026 y enero de 2027. La LECAP S16M6, con vencimiento el 16 de marzo de 2026, fue el instrumento más demandado, con adjudicaciones por $4,91 billones, a una tasa efectiva mensual (TEM) de 2,99%, equivalente a una TIREA del 42,41%.

Le siguieron la S31L6, con vencimiento el 31 de julio de 2026, por $1,84 billones a una TEM de 2,75% y TIREA del 38,48%, y la S30N6, con vencimiento el 30 de noviembre de 2026, que captó $0,04 billones. En tanto, el BONCAP T15E7, con vencimiento el 15 de enero de 2027, sumó $0,19 billones.

CER, TAMAR y dólar linked: cobertura inflacionaria y cambiaria

Además de la tasa fija, la licitación mostró una participación relevante de instrumentos ajustados por CER, que en conjunto captaron más de $2,5 billones, reflejando la persistente demanda de cobertura frente a la inflación.

Entre ellos se destacó la LECER X30N6, con vencimiento el 30 de noviembre de 2026, que adjudicó $1,07 billones a una TIREA del 8,35%, y la X31L6, con vencimiento el 31 de julio de 2026, por $0,44 billones a 7,83% TIREA. A plazos más largos, los bonos TZX27 y TZX28, con vencimientos en junio de 2027 y junio de 2028, sumaron en conjunto $1 billón, con tasas reales que oscilaron entre 8,13% y 8,75%.

Por su parte, el instrumento a tasa variable TAMAR, la LETRA M31G6 con vencimiento el 31 de agosto de 2026, adjudicó $0,75 billones, con un margen del 6,24%, consolidando su rol como alternativa para inversores que buscan cobertura frente a eventuales movimientos de tasas.

En dólares, el Tesoro reabrió la Letra dólar linked D30A6, con vencimiento el 30 de abril de 2026, que adjudicó USD 72 millones, equivalentes a $102.935 millones, a una TIREA del 6,02%, manteniendo activa la oferta de cobertura cambiaria dentro del esquema de financiamiento.

Señal al mercado y sostenibilidad del financiamiento

El resultado de la licitación refuerza la señal de confianza del mercado en la estrategia de deuda del Tesoro, en un escenario donde el Gobierno busca sostener el financiamiento en pesos y evitar desvíos del ancla fiscal. La magnitud del rollover, superior al 120%, permite no solo cubrir los vencimientos inmediatos sino también generar un excedente de liquidez, clave para la administración de caja.

No obstante, el costo del financiamiento sigue siendo elevado, con tasas efectivas anuales que superan el 40% en los tramos cortos, lo que plantea desafíos hacia adelante en términos de sostenibilidad, especialmente si el contexto inflacionario y financiero no muestra una desaceleración significativa.

La combinación de instrumentos a tasa fija, CER, TAMAR y dólar linked confirma una estrategia diversificada, orientada a captar distintos perfiles de inversores y a extender, de manera gradual, el horizonte de vencimientos del Tesoro.

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