Brasil

Brasil, sin salida

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RÍO DE JANEIRO, New York Times. La agonía que asfixia a Brasil desde el controvertido proceso que culminó con la salida de la presidenta Dilma Rousseff, en agosto de 2016, ha llegado a su punto más alto. El miércoles 17 de mayo, el diario O Globo reveló una grabación en la que Joesley Batista —dueño del mayor frigorífico del mundo, JBS—, le contó al presidente Michel Temer en un encuentro personal que pagaba una mensualidad al exdiputado Eduardo Cunha en la cárcel. Cunha, aliado de Temer, es el extodopoderoso presidente la Cámara de Diputados que lideró el proceso de destitución de Rousseff y terminó preso por corrupción. Desde que fue encarcelado es un hombre-bomba a punto de explotar. Si cuenta lo que sabe puede desestabilizar aún más la política y la economía.

Es irónico que el punto de inflexión en el juicio contra Rousseff también haya sido la publicación de una escucha telefónica en la que ella y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva acordaban el envío de su designación como ministro para que él lo usara “en caso de necesidad”. Quienes protestaban en las calles contra Dilma vieron allí un intento de proteger a Lula de las investigaciones en su contra y reaccionaron con furia. El partido de Temer, Partido del Movimiento Democrático Brasileño, siempre estuvo involucrado en la investigación Lava Jato, de modo que la sorpresa ha sido más por la grabación en audio del presidente que por la denuncia.

La crisis política de los últimos años enseñó dos cosas a los brasileños: que los políticos no aprenden de los errores ajenos —siguen siendo intervenidos y grabados diciendo las peores barbaridades— y que nunca sabemos si ya hemos llegado al fondo del abismo.

 

El Partido de la Social Democracia Brasileña —principal partido de oposición al Partido de los Trabajadores de Dilma y Lula,  que hoy sirve como línea de auxilio al gobierno Temer— también ha sido golpeado por las revelaciones del miércoles. Su presidente, el senador Aécio Neves, fue grabado solicitando dos millones de reales al mismísimo Joesley Batista. En la grabación, descaradamente, pide que la persona designada para buscar la plata sea alguien “que nosotros podamos matar antes de que delate”. La grabación fue hecha en abril, más de dos años después del inicio de Lava Jato, lo que deja claro que algunos políticos siguen seguros de su impunidad.

Al día siguiente de la publicación del audio, en un pronunciamiento público tras una jornada de rumores políticos sobre su renuncia y hasta un cierre temporal de las operaciones de la bolsa de valores para frenar su caída, Temer dijo que no renunciará al gobierno. Aun así, miembros de su gabinete amenazaron con renunciar y el Partido Socialista de Brasil ya abandonó su alianza parlamentaria con el presidente. Otros tres discuten seguir el mismo camino. Si mantiene su negativa a renunciar, pero tampoco logra reorganizar su base de apoyo, podría abrir las puertas a un nuevo juicio político para destituir a un presidente.

Esta semana la Corte Suprema decidirá si la investigación contra Temer sigue o no. Será un día decisivo. Y no solo la posible complicidad para comprar el silencio de Cunha pesa en su contra. En la misma grabación, Batista dice haber corrompido a dos jueces y un procurador en Brasilia para obstruir investigaciones contra su empresa. Temer, quien tiene la obligación legal de reportar estos delitos, no lo cuestionó. Uno de sus asesores más cercanos también fue grabado por la Policía Federal recibiendo una maleta de dinero por un soborno.

La próxima semana, el presidente también será juzgado por acusaciones de donaciones ilegales para su campaña junto a Dilma en 2014. Hasta la semana pasada se esperaba que la mayoría de la corte lo salvara de perder la presidencia para evitar una nueva crisis política. Ahora él mismo es la crisis política y su salida por decisión de la corte electoral se vuelve una solución posible.

Si la salida de Temer es confirmada, la constitución prevé una elección indirecta, con un nuevo presidente elegido por el parlamento. Con más de la mitad del parlamento involucrado en denuncias de corrupción, resolveremos la vacante en la presidencia, pero no la legitimidad del presidente.

El 12 de mayo, Temer cumplió su primer año como el presidente más impopular de Brasil: tiene ocho por ciento de aprobación, menos que Rousseff en la víspera del juicio político. Si logra sostenerse será porque ha convencido al mercado financiero de que su impopularidad puede ser un triunfo. Como no necesita rendir cuentas a una base popular, porque no la tiene, sería la persona ideal para aplicar el amargo ajuste económico necesario para que la economía vuelva a crecer. Según una encuesta de DataFolha, la mayoría de los brasileños cree que su reforma laboral beneficia más a los empresarios que a los trabajadores.

En abril se realizó el mayor paro nacional en dos décadas y, el 1 de mayo, día de los trabajadores, estuvo marcado por protestas. Pero el gobierno no escucha el grito de las calles. El audio de Temer produjo un nuevo grito, el de “Diretas Já” (“¡Elecciones directas ya!”), una consigna utilizada por la resistencia a la dictadura en los ochenta. Es difícil saber si el congreso modificará la constitución para convocar nuevas elecciones y tampoco hay un líder capaz de unir al país en la escena política.

Cuando Rousseff dejó la presidencia escribí que muchos manifestantes reaccionaban ante ella como hinchas de fútbol. Estos fanáticos, vestidos con las camisetas verde y amarillo de la Selección Nacional de Brasil, lograron fracturar al PT, pero el sistema político podrido siguió en pie. La lección que debería quedar de la crisis es que solo la gente en las calles puede impedir un nuevo pacto entre la élite política. A estas alturas, es comprensible el fastidio con la política, pero sin una intensa participación popular el país seguirá sin salida.

 
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Brasil: desorden y retroceso

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Corría el 26 de octubre de 2014 y en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia democrática del Brasil, el binomio integrado por Dilma Rousseff (PT) y Michel Temer (PMDB) se imponía por escaso margen (menos del tres por ciento) al integrado por Aécio Neves y Aloysio Nunes (PSDB).

Acusaciones mutuas de corrupción, intemperancia y deslealtad habían precedido el virulento final de campaña, casi como un sino de la hecatombe política y económica que luego asolaría al Brasil.

Algo más de dos años después, aquellos cuatro integrantes de esas dos fórmulas presidenciales son un muestrario de las semblanzas del poder, en un país devastado por la corrupción, los negociados de la política, el fracaso de la economía (la mayor recesión que se recuerde en años) y el regreso a la pobreza de miles de brasileños. Un sistema institucional quebrado y al borde del abismo, que sólo es sostenido desde la incolumidad del Poder Judicial, el único que muestra credibilidad y solvencia en su quehacer y mantiene el respeto de la ciudadanía.

Dilma Rousseff, la heredera de Lula Da Silva y del Partido de los Trabajadores, terminó destituida en mayo de 2016 a consecuencia de un impeachment (juicio político) en el que el Senado, con más de dos tercios de sus miembros, la encontró culpable de crímenes de responsabilidad, basado en que violó normas fiscales maquillando el déficit presupuestal de su gobierno. No hubo en ese escándalo una condena formal por corrupción, pero recientemente una confesión de un ex ejecutivo de Odebrecht a la que accedieron los fiscales afirma que la ex Presidente conocía el origen espurio de los fondos utilizados en su campaña, lo que dio argumentos al Tribunal Superior Electoral, que el próximo 6 de junio debe decidir si condena a Dilma a la pérdida de sus derechos políticos por ocho años, lo que en la práctica sería su partida de defunción pública.

Aécio Neves, el rival presidencial vencido en 2014, se convirtió en socio político en el poder de Michel Temer tras la caída de Rousseff. Había pronosticado pocos meses después de la asunción de Dilma que esta tendría dificultades para terminar su mandato. Acusado durante aquella campaña de nepotismo por emplear a familiares suyos cuando era gobernador en Minas Gerais, acaba de ser apartado de su cargo como senador por orden del Supremo Tribunal Federal, allanados su casa y su despacho en el Congreso, y detenido junto con su hermana, luego de ser grabado pidiendo sobornos a la empresa frigorífica JBS por dos millones de reales. A lo que se suma la difusión por la cadena O’Globo de imágenes bochornosas que muestran a emisarios de Temer y al primo de Neves recibiendo valijas repletas de reales.

Aloysio Nunes Ferreira, candidato a la Vicepresidencia, compañero de fórmula de Neves y también integrante del Partido de la Social Democracia Brasileña, fue designado por Temer, en marzo pasado, a cargo del Palacio de Itamaraty, en reemplazo del renunciante ministro de Relaciones Exteriores José Serra, quien saliera del poder alcanzado por el escándalo de la Operación Lava Jato. Aloysio asumió su cargo de canciller aún en medio de acusaciones de solicitar recursos y recibir sobornos de hasta 500 mil dólares por parte de Odebrecht en un hotel en San Pablo, en el año 2010, investigación avalada ahora por el Supremo Tribunal Federal. Un tercio del gabinete presidencial se encuentra señalado por las imputaciones de la Procuraduría General, entre ellos los principales responsables del gobierno, como el jefe de gabinete y el secretario general de la Presidencia. Por eso no asombra la continua sangría de ministros que renuncian a sus cargos, como lo han hecho en las últimas horas el ministro de Cultura, el de Defensa y el de Ciudades, aludiendo a “los últimos acontecimientos”, “la inestabilidad política” y “los hechos que envuelven directamente a la Presidencia de la República”.

El camaleónico Michel Temer ha resultado ser un digno representante de las tradiciones del Partido del Movimiento Democrático Brasileño. Siendo el partido político más grande del Brasil, exhibe el raro privilegio de haber formado parte de todas las coaliciones gubernamentales desde hace décadas y de que casi sin postular candidatos a la Presidencia consiguió que tres de sus miembros (José Sarney, Itamar Franco y el mismo Temer) accedieran a la primera magistratura por la salida o la muerte del presidente de turno. Quizás por eso, Dilma Rousseff lo acusó de haber complotado en su contra y ser “el jefe de los conspiradores” de su destitución, utilizando el brazo ejecutor del ex presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien aceptó el pedido de impeachment a Rousseff estando él mismo acusado de cobrar al menos cinco millones de dólares en sobornos por contratos de Petrobras.

El actual presidente del Brasil, de 76 años de edad, abogado de profesión e hijo de inmigrantes libaneses que llegaron al país del futuro, comenzó su meteórica carrera pública como ex procurador del Estado de San Pablo, para luego ingresar como legislador a la Cámara de Diputados, de la que fue elegido presidente varias veces. Ha sabido ganarse, por parte de amigos y enemigos, el mote de político hábil, frío, calculador, cerebral e imperturbable. Pese a asumir la Presidencia en medio de acusaciones e investigaciones de corrupción, supo sostenerse hasta ahora en virtud de la inmunidad que le otorga su cargo, y postergar las pesquisas en su contra sobre posibles delitos cometidos en el pasado.

Pero Temer, el presidente más impopular de los últimos tiempos, acaba de ser sorprendido con la divulgación de audios que lo tienen como protagonista avalando sobornos en el ejercicio de su función y autorizando pagos para silenciar a Eduardo Cunha, “el entregador de Dilma”, quien fuera condenado a quince años de prisión. Esa conversación de marzo pasado con uno de los dueños del megafrigorífico JBS, devenido en un nuevo arrepentido de la Justicia brasileña, ha provocado la inmediata apertura de una investigación en su contra por orden del Tribunal Supremo. Pero también ha sido presentado un pedido de impeachment para ser tratado en la Cámara de Diputados, en cuyo recinto y a gritos se clamaba: “Fuera Temer”.

De recorrer la misma trama que terminó con el mandato de Dilma, se enfrentará la paradoja de que, en caso de ser suspendido, no podrían reemplazarlo interinamente ni el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, ni el de la Cámara de Senadores, Eunicio Oliveira, al encontrarse ambos investigados por corrupción del caso Lava Jato. Asumiría provisionalmente los destinos del país, en tal contexto, la presidente del Tribunal Supremo Federal, Cármen Lúcia, a quien acusan de reunirse en secreto con empresarios a fin de iniciar la convocatoria a elecciones indirectas para que el Congreso elija al Presidente que completará el período hasta fines de diciembre de 2018.

La Constitución de Brasil sólo prevé el llamado a elecciones populares para el caso de que la renuncia del presidente y del vicepresidente suceda durante la primera mitad del mandato, lo que ya aconteció. Por esa razón, un grupo de parlamentarios impulsa una enmienda constitucional y alienta a que en las manifestaciones populares que empiezan a extenderse por todo Brasil reclamando la salida de Temer se incluya la consigna: “Directas ya”. Si la situación se volviera incontrolable, el Tribunal Superior Electoral podría encontrar algún vericueto legal para anular la designación de Michel Temer como presidente de Brasil y buscar una salida más urgente.

El país del “ordem e progreso” se encuentra en desorden institucional, repliegue económico y afrontando el mayor desafío de su historia, que es la reconstrucción de la credibilidad de su clase política y empresarial. En medio del creciente descontento social, los medios de comunicación juegan un papel decisivo al exponer imágenes obscenas de riqueza y difundir audios escandalosos, provistos por una Justicia poco inocente, que alimentan la reacción de las masas y confirman que en el Brasil actual, pese a todo lo sucedido, se siguen pagando coimas, utilizando dineros non sanctos y pactando negocios espurios en la cima del poder.

Debilitado por la pérdida de sus aliados estratégicos, la fragilidad social, el vaciamiento de su gabinete y la impopularidad, Michel Temer resiste los embates del final apenas a un año de su asunción. Su “no renunciaré” recuerda al “jamás renunciaré” de Dilma, lo que demuestra que cuando un político cae en desgracia y en soledad, no puede impedir que la trama secreta de oscuras intereses, miedos y traiciones lo termine arrastrando fuera del Olimpo del poder. Muchos creen que la única razón de Temer por aferrarse al cargo es que con ello sostiene la posibilidad de destruir pruebas, presionar testimonios, intimidar víctimas y hasta obstruir las investigaciones que lo tienen como destinatario.

El quinto país más extenso del mundo y el más importante del Cono Sur atraviesa un momento histórico en el que debate su futuro desde la imperiosa necesidad de una recreación institucional. Todo parece indicar que lo hará sin aquellos cuatro protagonistas del ballotage presidencial de 2014, y que el Brasil del futuro asomará sin Dilma, sin Aécio, sin Aloysio y sin Temer.

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Michel Temer dijo que si lo quieren afuera del Gobierno, lo tendrán que “derribar”

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En la primera entrevista que dio tras el escándalo, el presidente de Brasil se defendió de las acusaciones.

“Si quieren, me tendrán que derribar. Porque si yo renuncio, sería una declaración de culpa”. Así desafió Michel Temer a sus adversarios en el mano a mano que sostuvo que el diario Folha de S. Paulo. En medio del escándalo de corrupción que lo señala como partícipe de los sobornos, el presidente de Brasil insistió en que él no tiene nada que ver con la trama de Lava Jato.

La semana pasada, un audio publicado por los medios brasileños mostraba una conversación entre el mandatario y el dueño del frigorífico más grande del país, Joesley Batista, en la que se sospecha Temer pide al empresario que mantenga el pago de sobornos a un testigo clave que podría implicarlo en la causa.

Al respecto, el presidente aseveró que Batista “induce la conversación”, intenta manejarla y forza una declaración sobre Eduardo Cunha, juez encarcelado por el escándalo de corrupción y uno de los impulsores del impeachment a Dilma Rousseff . Justamente a Temer lo acusan de pagar dinero a Cunha para conseguir su silencio.

“Lo único que le dije es que había mantenido una buena relación con él”, aseguró el presidente de Brasil durante la crisis más fuerte de su gobierno. Asimismo, el mandatario indicó en su defensa que Cunha “emitió una carta en la que dice que jamás le pidió dinero a Joesley y mucho menos a mí”.

Temer también dijo que suele mantener audiencias que no están en su agenda, para justificar por qué ese día atendió a Batista pese que no había registro, e insistió en que no sabía que era investigado cuando fue a verlo.

“Se creó un clima que permea esta entrevista de que va a ser un desastre, de que Temer está perdido; yo no estoy perdido”, subrayó a Folha. “Voy a revelar fuerza política a lo largo de las próximas semanas, con la votación de leyes importantes”, agregó y reconoció que el estallido del escándalo “causó un mal a la economía del país”, en pleno proceso de recuperación.

Al ser consultado sobre su reacción respecto de la denuncia que le hizo el empresario, el mandatario indicó: “Yo oigo a mucha gente y mucha gente me dice las mayores tonterías que no tomo en cuenta. El objetivo central de la conversación no era ese. Él fue llevando la conversación a ese punto, mis respuestas eran monosilábicas”.

Sobre cómo fue que un empresario entró a su casa con un grabador escondido, Temer se mostró preocupado y dejó entrever que tendrá que tener más cuidado: “Sólo tenía un detector de metales”. También repitió su teoría de que todo fue un acto montado: “Batista tuvo un entrenamiento de 15 días para saber cómo para grabar, hacer la delación y cómo encaminar la conversación”.

Por último, al ser preguntado por una de sus respuestas a Batista, cuando le dice que puede hablar de “todo” con su asesor Rodrigo Rocha Loures, Temer dijo que lo que quiso decir fue “todo lo administrativo”. “Yo sé la insinuación que hicieron. Por supuesto que no es eso. Sería una imbecilidad de mi parte”.

Anoche, en búsqueda de una demostración de fuerza, Temer se reunió con sus ministros y algunos líderes de los partidos políticos que forman la coalición gubernamental. Originalmente se había convocado a una cena con todos los integrantes de la alianza, pero ante la baja adhesión, el presidente la canceló y en su lugar organizó un encuentro informal.

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El estado de la economía de Brasil, el impacto de la crisis y cómo puede afectar a la Argentina, según Ecolatina

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La consultora Ecolatina elaboró un informe donde da cuenta del real estado de la castigada economía brasileña, el estatus de un proceso muy anémico de recuperación y el impacto que puede tener la crisis política tanto en la actividad del gigante sudamericano, como en la Argentina.

Algunos de los puntos que destaca Ecolatina son los siguientes:

El 2016 fue malo para Brasil y este venía mejorando pero poco, parecido a la Argentina

Al igual que en nuestro país, el 2016 no fue un año positivo en materia económica para Brasil: la actividad del país vecino se contrajo significativamente (-3,6%), por segundo año consecutivo. Sin embargo, el arranque de 2017 mostró que Brasil podría estar dejando atrás la recesión.

  • Tras el cambio de gobierno de mediados de 2016, la confianza de los agentes económicos mejoró y ello permitió cierta mejora en la actividad. Sin embargo, los recientes acontecimientos que involucran al Presidente Temer muestran que la crisis política continúa.
  • Con el arranque del año en curso, los mercados renovaron su confianza en Brasil. El mayor influjo de capitales del exterior se tradujo en una significativa apreciación del real (aproximadamente 10% desde el pico de fines de 2016 y comienzos de mayo) que ubicó el tipo de cambio oficial por debajo de los niveles previos al triunfo de Trump; y en un fuerte incremento de las acciones (el Bovespa trepó casi 20% desde el mínimo de diciembre del año pasado).
  • Leve recuperación en el primer trimestre
  • Más importante aún, la economía real arrojó señales de recuperación en el primer trimestre de 2017. Según datos del Banco Central de Brasil, en los primeros tres meses del año la actividad económica trepó 1,1% en términos desestacionalizados y 0,3% en la comparación interanual, cortando una racha de caídas consecutivas de dos años.
  • Asimismo, el alza de precios se moderó significativamente en 2017: tras finalizar con una inflación de 6,3% en 2016 (cerca del límite superior de 6,5% de la meta del Banco Central de Brasil), en abril la inflación interanual se redujo a 4,1%, ubicándose por primera vez por debajo del objetivo del año. Esto le permitió a la autoridad monetaria reducir la tasa de referencia de política monetaria (la SELIC bajó 3 p.p. desde octubre del año pasado), cuando en los últimos tres año sólo se había movido al alza.
  • Algunos meses atrás el concenso de mercado pensaba que, luego de dos años de caída, en el 2017 la economía brasileña conseguiría salir lentamente de la recesión. De acuerdo al relevamiento de expectativas del Banco Central de Brasil realizado a los pocos meses de asumir Temer, la economía crecería más de 1% este año. Sin embargo, el “optimismo” se diluyó con el correr del tiempo, y la última encuesta de mayo marca un incremento mínimo de sólo 0,5% del PBI para 2017.
  • Faltan de inversiones y sube el desempleo
  • La imposibilidad de resolver el desequilibrio fiscal socavó la confianza de los inversores extranjeros profundizando la recesión. Desde 2014 que la inversión viene cayendo en el país, acumulando una contracción cercana al 26% en los últimos tres años. Ello derivó en un importante deterioro del mercado de trabajo: desde comienzo de 2015 la tasa de desempleo comenzó a elevarse sostenidamente, pasando de 6,8% de la PEA en 2014 a 13,2% en el primer trimestre de 2017. Los problemas del mercado laboral afectaron negativamente el consumo: en los últimos dos años el gasto de las familias se contrajo 7%.
  • La performance de la economía brasileña tiene un impacto elevado sobre nuestro país. Por las acotadas perspectivas de crecimiento para 2017, se descontaba que Brasil no traccionaría nuestra economía, pero al menos no volvería a jugar en contra como lo hizo en los últimos dos años. Sin embargo, los recientes acontecimientos suman incertidumbre a la hora de consolidar la recuperación del nivel de actividad local.
  • Si se complica Brasil, la Argentina se queda sin la tracción que podía ofrecer el país vecino
  • Como señal de la mejora económica del país vecino, las exportaciones de Argentina a Brasil habían comenzado recuperarse desde fines de 2016 (en los últimos cinco años cayeron), pero en marzo y abril mostraron resultados nuevamente negativos. Un nuevo golpe sobre la demanda interna y una suba del real brasileño amenaza las posibilidades del intercambio bilateral.
  • En síntesis, si la situación política no se soluciona rápidamente, la incipiente recuperación de la economía brasileña puede marchitarse acotando las perspectivas de recuperación de la actividad local.

 

 

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Las cinco claves económicas de la semana que pasó

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A continuación repasamos cinco noticias económicas de impacto internacional, nacional y local de la semana que concluyó ayer:

Por Martín Boerr

  1. En Brasil todo cambió en unas pocas horas. Este domingo y a pesar de la negativa de Michel Temer a renunciar, la sensación es que los días del mandatario brasileño están contados. Pero hace cinco días nadie hubiera imaginado este desenlace. Todo estalló a partir de la escucha telefónica en la que Wesley Batista grabó a Temer pidiendo sobornar al diputado (preso) Da Cunha para que siga callado en la causa Lava Jato. Todavía es prematuro para determinar el impacto que tendrá esta crisis política (y su impacto en la economía del gigante), en la Argentina. Hay que tener en cuenta que Brasil viene de un período de recesión y desempleo que motorizan el descontento generalizado contra la clase política. La recuperación que muestra económicamente y que la Argentina tanto necesita, ahora parece jaqueada. Un dato más: A pesar del escándalo, Brasil es la envidia de los argentinos. Allá hay revelaciones fuertes y hay consecuencias. Acá, a pesar de las denuncias y los escándalos, la sensación es que nunca pasa nada.
  2. ¿Qué dejó la gira de Macri por China? El presidente concluyó su gira por Dubai, China y Japón. Sin dudas lo más fuerte estuvo en su visita al país de la Gran Muralla. La Argentina ya viene trabajando en diversos acuerdos de inversión con la segunda economía del mundo. En Misiones hay un par de capítulos también de estos acuerdos. Como ya se había confirmado, los chinos venderán casas para uso social y algunas de esas 14.000 viviendas llegarán a Misiones. Habrá que ver la oportunidad para el componente local que indefectiblemente llevarán esas viviendas. El otro acuerdo tiene que ver con inversiones chinas para renovar las líneas de transmisión de Emsa en la provincia. Además, habría otras posibles inversiones en energía que los chinos están analizando en la tierra colorada.
  3. “La meta (inflacionaria) no se mancha”. Algo así pareció decir Federico Sturzenegger el miércoles cuando en una aparición pública confirmó que el Banco Central no va a modificar su meta inflacionaria que tiene un mínimo de 12 y un máximo de 19% para este año. Nadie cree que pueda cumplirlo. Pero el titular del BCRA en lugar de modificar esa meta, prefiere seguir sosteniendo que la inflación estará en ese rango. Será durante el año una de las promesas oficiales más discutidas, y una y otra vez contrastada con la realidad. Como el famoso “segundo semestre” del año pasado, la “lluvia de inversiones” que por ahora es una fina llovizna. Sin mencionar a la recesión que ya se terminó, pero que no se siente en la calle. El otro dato a tener en cuenta es que el BCRA sigue sosteniendo tasas muy altas y una bicicleta financiera a la que ahora le apareció otro riesgo. ¿Cuál es? Que parte de los millonarios fondos que hay colocados en Lebacs se pasen al dólar, si perciben que se llegó al fin del “dolar barato” en la Argentina. ¿Qué pasa si en el próximo vencimiento de Lebacs la mitad de los inversores decide pasarse al dólar? planteó la ex presidente en un twitter. Más de uno se quedó pensando. La política de Sturzenegger es como acumular nafta en barriles en el sótano de tu casa. No pasa nada, hasta que hay una chispa…
  4. Lo que dejó Rogelio Frigerio en su paso por Posadas (muy poco). El anuncio de la prórroga del ITC y poca cosa más es lo que dejó, en concreto, la visita del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, a Posadas esta semana. El funcionario con más poder dentro del elenco ministerial para asignar recursos a provincias, siguió con su discurso de no considerar medidas más contundentes para paliar las asimetrías con Paraguay, por citar una de las demandas recurrentes que le hacen acá funcionarios y empresarios. Tampoco vino con grandes anuncios de obras públicas. La única gran obra prevista para este año en Misiones es la reforma integral del aeropuerto de Cataratas, cuyo comienzo viene algo demorado en medio de las pujas entre el Gobierno Nacional y AA2000 por la concesión. De todas formas esta órbita está dentro de la órbita de Dietrich. Como dijo a Economis el titular de la Cámara de la Construcción filial Misiones, Alejandro Cáceres Barrios, las obras en marcha son las que ya se estaban haciendo con el anterior gobierno. No hay licitaciones nuevas. Sacando a Tecnópolis Federal, el Plan Belgrano no trajo nada nuevo ni concreto para la provincia, que es la más relegada junto a Formosa en este ambicioso proyecto que incluye a los diez distritos del NEA y NOA. Además, se eleminó de raíz a Misiones y Corrientes del gasoducto NEA, porque Bolivia no puede garantizar la provisión del fluido. Y la reactivación del tren Buenos Aires-Posadas es apenas una expresión de deseo sin ninguna voluntad política seria. Eso sí, como todo en Cambiemos, la buena onda es lo que sobra y el discurso del nieto de uno de los fundadores del desarrollismo no cambia: “Seguimos trabajando”.
  5. El dólar empezó a moverse. Gracias al “efecto Temer” el dólar en la Argentina pegó un salto y subió 40 centavos el jueves, superando los 16 pesos en las casas de cambio de la city porteña. El viernes retrocedió un poco, pero aparecieron las compras oficiales para que no se perdiera ese avance tan esperado por muchos sectores productivos en la Argentina. Ahora habrá que moniteorear como sigue la crisis en Brasil y su impacto en la economía local. Pero la sensación es que las autoridades monetarias aquí aprovecharon para corregir un poco el valor de una divisa que está muy retrasada y afecta mucho a las exportaciones y la competitividad argentina. (No está demás hacer una aclaración para el lector, siempre se dice que el BCRA subió o bajó o ayudó a hacer subir o bajar el valor del dólar. En rigor, lo que hace el BCRA es influir en el valor del peso ante la moneda norteamericana y normalmente el resto de las monedas. Argentina no tiene peso ni influencia para mover la aguja en la cotización del dólar, que se define en un mercado multimillonario en otras plazas).
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