Brasil

Temer moviliza al ejército para reprimir las protestas en Brasilia

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El presidente de Brasil ordenó por decreto la intervención de la policía federal o el ejército para enfrentar a los manifestantes que piden su renuncia.

El presidente de Brasil, Michel Temer, decretó la intervención de tropas federales -policía federal o ejército- para enfrentar a los manifestantes que piden su renuncia en Brasilia, para proteger los edificios públicos, frente a las protestas violentas por las que fueron evacuados los ministerios, informó el ministro de Defensa, Raúl Jungmann, en un pronunciamiento por la televisión oficial.

Las sedes de los ministerios del gobierno de Brasil debieron ser evacuados este miércoles por la tarde en Brasilia, donde manifestantes que reclamaban la renuncia del presidente Michel Temer provocaron incendios en edificios públicos.

Manifestantes realizan barricadas y se enfrentan con la policía en la Explanada de los Ministerios, como se denomina a la región de Brasilia que alberga a los ministerios y las sedes de los tres poderes del Estado.

Frente al Congreso Nacional, en tanto, miles de personas exigen la renuncia de Temer.

En tanto, la policía brasileña reprimió con gases lacrimógenos y spray de pimienta a los manifestantes que intentaban cruzar el perímetro de seguridad montado en torno al Congreso Nacional.
La protesta llamada “Ocupa Brasilia” fue organizada por centrales sindicales y movimientos sociales de todo el país, y exige la renuncia de Temer, elecciones directas anticipadas y el fin del tratamiento parlamentario de las reformas laboral y previsional.

Fotos MidiaNinja

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Crecimiento dispar de las exportaciones argentinas por un Brasil que continúa arrastrando

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Abeceb, El saldo comercial argentino sigue fuertemente vinculado a lo que suceda en Brasil. Mientras que las exportaciones al principal socio crecieron tan solo 1% en lo que va del año, las importaciones registraron un salto de 23,4%. De esta manera, el déficit comercial con Brasil alcanzó 2358 millones de dólares en el acumulado a abril.

En este contexto, el reciente escándalo de corrupción que pone en jaque la continuación del gobierno brasileño surge en mal momento, justo cuando la principal economía regional comenzaba a levantar cabeza. Si bien todavía es muy pronto como para saber con certeza la magnitud del impacto, es claramente una mala noticia para las exportaciones argentinas, principalmente las industriales que parecían dar señales de vida desde fines de 2016.

Las exportaciones se estancan en abril

A nivel general, las exportaciones argentinas volvieron a crecer levemente en abril, 1,7% respecto al mismo mes del año pasado, aunque con resultados mixtos. En términos desestacionalizados, el resultado fue una caída de 6,8%.

El resultado exportador respondió a un aumento promedio de 5,8% i.a. en los precios de exportación, principalmente por la recuperación de los precios de los productos primarios, que logró compensar una caída de -3,9% i.a. en las cantidades exportadas. Sin embargo, la caída en las cantidades exportadas se relaciona con la demora en la venta de cereales, con un contracción de -8,4% en la cantidad exportada de productos primarios.

El retraso de la cosecha por contingencias climáticas y comportamientos especulativos de productores a la espera de mejores precios de exportación explican la contracción en un contexto de una cosecha esperada de granos de 130 millones de toneladas, 4,6% respecto a la campaña anterior. El reciente salto en el tipo de cambio y la estabilización del precio de la soja en las últimas semanas deberían llevar a una mayor liquidación en las próximas semanas.

Las exportaciones a Brasil, que habían mostrado algunas señales de recuperación desde fines de 2016 volvieron a caer en abril, cerca del 8%, producto de escasas ventas de automóviles en el mercado vecino. De esta manera, la exportación de vehículos cayó -17,9% i.a. en abril y acumula una caída interanual de -9,3% en los primeros cuatro meses del año. 
Pese al arrastre de Brasil, las exportaciones de manufacturas de origen industrial (MOI) volvieron a crecer 3,9% en cantidades, acumulando un alza de 7,6% en cantidades en lo que va del año. El aumento respondió en parte a un crecimiento de la exportación de vehículos, producto de una diversificación de los destinos fuera de Brasil, con mayores ventas a Perú, Centroamérica, México y Chile entre otros destinos regionales. A su vez, la exportación de metales comunes y derivados muestra un repunte significativo debido a la baja base de comparación en 2016.

Se modera el crecimiento de las importaciones
Los valores importados durante abril se incrementaron en la comparación interanual, aunque a menor ritmo de lo que se registró en marzo, creciendo 13,6% i.a. El aumento en las cantidades importadas fue de 5,4% con respecto al mismo mes de 2016, la mitad de lo que se registró durante el tercer mes del año (+10,6 i.a.). Con esto, las cantidades importadas en el periodo enero-abril crecieron 4,3% i.a. y los valores importados avanzaron 9,1%.

Se destacó nuevamente el incremento en los valores importados de Bienes de Capital que crecieron 25,5% (+15,0% en cantidades), indicando mejores posibilidades de crecimiento para la inversión. El crecimiento de las mismas estuvo traccionado principalmente por las compras de Equipos de transporte industriales (+114,9% i.a.), relacionadas con la performance del sector agropecuario. Sin embargo, la caída en las cantidades importadas de Bienes intermedios (-7,4% i.a.), no es una noticia alentadora para el desempeño del sector industrial.

Por otro lado, el incremento notorio de las importaciones de Combustibles y Lubricantes durante el mes, que se ampliaron en USD 175 M con respecto a abril 2016 (+85,5% i.a.), se atribuye a la baja base de comparación que se registró en el cuarto mes del año previo (USD 204 M).

La importación de vehículos por su parte continuó creciendo fuertemente, 32,7% en abril, aunque mostrando una leve desaceleración respecto al ritmo de meses anteriores (+63,9%). La tendencia se vincula con la desaceleración de las ventas de vehículos en el mercado local y una fuerte acumulación de stocks por parte de las terminales.

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El mundo, un lugar adverso para Macri

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La nueva crisis en el gobierno brasileño tuvo impacto inmediato sobre la Argentina: en la bolsa -con epicentro en Petrobrás y otros valores de origen verdeamarelo-, en el tipo de cambio, y en las expectativas en general. Macri nunca se pegó demasiado al cuestionado Michel Temer, aunque lo apoyó, y al mismo tiempo eligió no explicarle  claramente a la opinión pública argentina que una parte no menor de los problemas socioeconómicos domésticos se originaban en el descalabro macroeconómico de su principal socio comercial. Desde el comienzo, Cambiemos planteó a su electorado que el mundo era una de las esperanzas del “nuevo rumbo” y por eso se resiste a admitir que este entorno internacional solo provee calamidades.

La resolución de esta crisis brasileña es incierta. Brasilia está azotada por un colapso de la legitimidad. El origen cuestionable de la actual administración, las severas causas de corrupción y las acusaciones cruzadas se deglutieron el prestigio de una dirigencia completa. Temer, profundamente impopular ya anunció que no renunciará, aunque diferentes líderes políticos y la misma cadena Globo se lo pidan públicamente. Más grave aún fue el “escrache” mediático y posterior desplazamiento del Congreso de Aecio Neves, presidente y ex candidato presidencial del Partido Social Demócrata de Brasil. La muerte política de Neves deja a los “tucanos”, la fuerza fundada por Fernando Henrique Cardoso y José Serra que domina en San Pablo, sin proyecto de futuro. ¿Quién sucederá a Temer? ¿Lula, quien con solo 30% de imagen positiva es hoy el político más potente de Brasil? El PT también está bajo asedio judicial y enfrenta incertidumbres no menos graves.

La izquierda y el PT reclaman adelantar las elecciones: sostienen que Temer no da para más. Pero los plazos presidenciales son estrictos, están fijados por la Constitución, y no se pueden alterar fácilmente. Los bloques parlamentarios opositores impulsan una enmienda constitucional para flexibilizar los plazos, pero carecen de mayorías. Temer intenta ganar tiempo, flotar, prolongar la transición. Se podría promover un juicio político en su contra -seguramente, con elementos más concretos que el proceso que se le hizo a Rousseff- aunque hoy no hay números para llevarlo adelante. Sin embargo, la coalición de gobierno también está sobre cuerdas flojas. Diversos partidos y dirigentes -ministros incluidos- ya toman distancia de un presidente sin votos ni prestigio, temerosos de que la impopularidad los afecte en una futura contienda electoral. La justicia será el actor de última instancia en esta frágil gobernabilidad.

La amplia coalición política y económica que respaldó la desprolija destitución de Dilma Rousseff y avaló el desembarco de Michel Temer a la presidencia está descoordinada. La apuesta es a una tecnocracia de transición, basada en nombres con prestigio y con perfil más técnico que político, y en lo posible que hayan actuado en los dos gobiernos. Gerentes de transición. Los nombres van desde el actual ministro de Hacienda Henrique Meirelles, hasta el ex ministro de defensa Nelson Jobim. Sea para asumir los cargos principales, o al menos un mayor liderazgo ante los mercados y la sociedad. Se espera que un gobierno de estas características, apoyado en factores de poder y sin legitimidad electoral, pueda implementar medidas económicas de ajuste y austeridad fiscal. El enfoque es erróneo: la evidencia histórica muestra que los gobiernos débiles son los que más dificultades tienen para implementar políticas sostenibles. Aunque tal vez no sea esa la preocupación: una de las características de esta crisis brasileña, además del descalabro económico y la atomización del liderazgo político, son las grietas que se han creado dentro de la clase empresarial. El Brasil atravesó diferentes crisis políticas y económicas durante su corta vida como república independiente, pero el fenómeno de los grandes empresarios presos, procesados y lanzando acusaciones es novedoso, inédito y terminal. El conglomerado desarrollista brasileño, ese empresariado nacional que tanta admiración generaba afuera, parece tan afectado por la tormenta como el sistema de partidos o los pobres cada vez más pobres por culpa de una depresión económica que arrastra varios años ya.

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Brasil, sin salida

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RÍO DE JANEIRO, New York Times. La agonía que asfixia a Brasil desde el controvertido proceso que culminó con la salida de la presidenta Dilma Rousseff, en agosto de 2016, ha llegado a su punto más alto. El miércoles 17 de mayo, el diario O Globo reveló una grabación en la que Joesley Batista —dueño del mayor frigorífico del mundo, JBS—, le contó al presidente Michel Temer en un encuentro personal que pagaba una mensualidad al exdiputado Eduardo Cunha en la cárcel. Cunha, aliado de Temer, es el extodopoderoso presidente la Cámara de Diputados que lideró el proceso de destitución de Rousseff y terminó preso por corrupción. Desde que fue encarcelado es un hombre-bomba a punto de explotar. Si cuenta lo que sabe puede desestabilizar aún más la política y la economía.

Es irónico que el punto de inflexión en el juicio contra Rousseff también haya sido la publicación de una escucha telefónica en la que ella y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva acordaban el envío de su designación como ministro para que él lo usara “en caso de necesidad”. Quienes protestaban en las calles contra Dilma vieron allí un intento de proteger a Lula de las investigaciones en su contra y reaccionaron con furia. El partido de Temer, Partido del Movimiento Democrático Brasileño, siempre estuvo involucrado en la investigación Lava Jato, de modo que la sorpresa ha sido más por la grabación en audio del presidente que por la denuncia.

La crisis política de los últimos años enseñó dos cosas a los brasileños: que los políticos no aprenden de los errores ajenos —siguen siendo intervenidos y grabados diciendo las peores barbaridades— y que nunca sabemos si ya hemos llegado al fondo del abismo.

 

El Partido de la Social Democracia Brasileña —principal partido de oposición al Partido de los Trabajadores de Dilma y Lula,  que hoy sirve como línea de auxilio al gobierno Temer— también ha sido golpeado por las revelaciones del miércoles. Su presidente, el senador Aécio Neves, fue grabado solicitando dos millones de reales al mismísimo Joesley Batista. En la grabación, descaradamente, pide que la persona designada para buscar la plata sea alguien “que nosotros podamos matar antes de que delate”. La grabación fue hecha en abril, más de dos años después del inicio de Lava Jato, lo que deja claro que algunos políticos siguen seguros de su impunidad.

Al día siguiente de la publicación del audio, en un pronunciamiento público tras una jornada de rumores políticos sobre su renuncia y hasta un cierre temporal de las operaciones de la bolsa de valores para frenar su caída, Temer dijo que no renunciará al gobierno. Aun así, miembros de su gabinete amenazaron con renunciar y el Partido Socialista de Brasil ya abandonó su alianza parlamentaria con el presidente. Otros tres discuten seguir el mismo camino. Si mantiene su negativa a renunciar, pero tampoco logra reorganizar su base de apoyo, podría abrir las puertas a un nuevo juicio político para destituir a un presidente.

Esta semana la Corte Suprema decidirá si la investigación contra Temer sigue o no. Será un día decisivo. Y no solo la posible complicidad para comprar el silencio de Cunha pesa en su contra. En la misma grabación, Batista dice haber corrompido a dos jueces y un procurador en Brasilia para obstruir investigaciones contra su empresa. Temer, quien tiene la obligación legal de reportar estos delitos, no lo cuestionó. Uno de sus asesores más cercanos también fue grabado por la Policía Federal recibiendo una maleta de dinero por un soborno.

La próxima semana, el presidente también será juzgado por acusaciones de donaciones ilegales para su campaña junto a Dilma en 2014. Hasta la semana pasada se esperaba que la mayoría de la corte lo salvara de perder la presidencia para evitar una nueva crisis política. Ahora él mismo es la crisis política y su salida por decisión de la corte electoral se vuelve una solución posible.

Si la salida de Temer es confirmada, la constitución prevé una elección indirecta, con un nuevo presidente elegido por el parlamento. Con más de la mitad del parlamento involucrado en denuncias de corrupción, resolveremos la vacante en la presidencia, pero no la legitimidad del presidente.

El 12 de mayo, Temer cumplió su primer año como el presidente más impopular de Brasil: tiene ocho por ciento de aprobación, menos que Rousseff en la víspera del juicio político. Si logra sostenerse será porque ha convencido al mercado financiero de que su impopularidad puede ser un triunfo. Como no necesita rendir cuentas a una base popular, porque no la tiene, sería la persona ideal para aplicar el amargo ajuste económico necesario para que la economía vuelva a crecer. Según una encuesta de DataFolha, la mayoría de los brasileños cree que su reforma laboral beneficia más a los empresarios que a los trabajadores.

En abril se realizó el mayor paro nacional en dos décadas y, el 1 de mayo, día de los trabajadores, estuvo marcado por protestas. Pero el gobierno no escucha el grito de las calles. El audio de Temer produjo un nuevo grito, el de “Diretas Já” (“¡Elecciones directas ya!”), una consigna utilizada por la resistencia a la dictadura en los ochenta. Es difícil saber si el congreso modificará la constitución para convocar nuevas elecciones y tampoco hay un líder capaz de unir al país en la escena política.

Cuando Rousseff dejó la presidencia escribí que muchos manifestantes reaccionaban ante ella como hinchas de fútbol. Estos fanáticos, vestidos con las camisetas verde y amarillo de la Selección Nacional de Brasil, lograron fracturar al PT, pero el sistema político podrido siguió en pie. La lección que debería quedar de la crisis es que solo la gente en las calles puede impedir un nuevo pacto entre la élite política. A estas alturas, es comprensible el fastidio con la política, pero sin una intensa participación popular el país seguirá sin salida.

 
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Brasil: desorden y retroceso

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Corría el 26 de octubre de 2014 y en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia democrática del Brasil, el binomio integrado por Dilma Rousseff (PT) y Michel Temer (PMDB) se imponía por escaso margen (menos del tres por ciento) al integrado por Aécio Neves y Aloysio Nunes (PSDB).

Acusaciones mutuas de corrupción, intemperancia y deslealtad habían precedido el virulento final de campaña, casi como un sino de la hecatombe política y económica que luego asolaría al Brasil.

Algo más de dos años después, aquellos cuatro integrantes de esas dos fórmulas presidenciales son un muestrario de las semblanzas del poder, en un país devastado por la corrupción, los negociados de la política, el fracaso de la economía (la mayor recesión que se recuerde en años) y el regreso a la pobreza de miles de brasileños. Un sistema institucional quebrado y al borde del abismo, que sólo es sostenido desde la incolumidad del Poder Judicial, el único que muestra credibilidad y solvencia en su quehacer y mantiene el respeto de la ciudadanía.

Dilma Rousseff, la heredera de Lula Da Silva y del Partido de los Trabajadores, terminó destituida en mayo de 2016 a consecuencia de un impeachment (juicio político) en el que el Senado, con más de dos tercios de sus miembros, la encontró culpable de crímenes de responsabilidad, basado en que violó normas fiscales maquillando el déficit presupuestal de su gobierno. No hubo en ese escándalo una condena formal por corrupción, pero recientemente una confesión de un ex ejecutivo de Odebrecht a la que accedieron los fiscales afirma que la ex Presidente conocía el origen espurio de los fondos utilizados en su campaña, lo que dio argumentos al Tribunal Superior Electoral, que el próximo 6 de junio debe decidir si condena a Dilma a la pérdida de sus derechos políticos por ocho años, lo que en la práctica sería su partida de defunción pública.

Aécio Neves, el rival presidencial vencido en 2014, se convirtió en socio político en el poder de Michel Temer tras la caída de Rousseff. Había pronosticado pocos meses después de la asunción de Dilma que esta tendría dificultades para terminar su mandato. Acusado durante aquella campaña de nepotismo por emplear a familiares suyos cuando era gobernador en Minas Gerais, acaba de ser apartado de su cargo como senador por orden del Supremo Tribunal Federal, allanados su casa y su despacho en el Congreso, y detenido junto con su hermana, luego de ser grabado pidiendo sobornos a la empresa frigorífica JBS por dos millones de reales. A lo que se suma la difusión por la cadena O’Globo de imágenes bochornosas que muestran a emisarios de Temer y al primo de Neves recibiendo valijas repletas de reales.

Aloysio Nunes Ferreira, candidato a la Vicepresidencia, compañero de fórmula de Neves y también integrante del Partido de la Social Democracia Brasileña, fue designado por Temer, en marzo pasado, a cargo del Palacio de Itamaraty, en reemplazo del renunciante ministro de Relaciones Exteriores José Serra, quien saliera del poder alcanzado por el escándalo de la Operación Lava Jato. Aloysio asumió su cargo de canciller aún en medio de acusaciones de solicitar recursos y recibir sobornos de hasta 500 mil dólares por parte de Odebrecht en un hotel en San Pablo, en el año 2010, investigación avalada ahora por el Supremo Tribunal Federal. Un tercio del gabinete presidencial se encuentra señalado por las imputaciones de la Procuraduría General, entre ellos los principales responsables del gobierno, como el jefe de gabinete y el secretario general de la Presidencia. Por eso no asombra la continua sangría de ministros que renuncian a sus cargos, como lo han hecho en las últimas horas el ministro de Cultura, el de Defensa y el de Ciudades, aludiendo a “los últimos acontecimientos”, “la inestabilidad política” y “los hechos que envuelven directamente a la Presidencia de la República”.

El camaleónico Michel Temer ha resultado ser un digno representante de las tradiciones del Partido del Movimiento Democrático Brasileño. Siendo el partido político más grande del Brasil, exhibe el raro privilegio de haber formado parte de todas las coaliciones gubernamentales desde hace décadas y de que casi sin postular candidatos a la Presidencia consiguió que tres de sus miembros (José Sarney, Itamar Franco y el mismo Temer) accedieran a la primera magistratura por la salida o la muerte del presidente de turno. Quizás por eso, Dilma Rousseff lo acusó de haber complotado en su contra y ser “el jefe de los conspiradores” de su destitución, utilizando el brazo ejecutor del ex presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien aceptó el pedido de impeachment a Rousseff estando él mismo acusado de cobrar al menos cinco millones de dólares en sobornos por contratos de Petrobras.

El actual presidente del Brasil, de 76 años de edad, abogado de profesión e hijo de inmigrantes libaneses que llegaron al país del futuro, comenzó su meteórica carrera pública como ex procurador del Estado de San Pablo, para luego ingresar como legislador a la Cámara de Diputados, de la que fue elegido presidente varias veces. Ha sabido ganarse, por parte de amigos y enemigos, el mote de político hábil, frío, calculador, cerebral e imperturbable. Pese a asumir la Presidencia en medio de acusaciones e investigaciones de corrupción, supo sostenerse hasta ahora en virtud de la inmunidad que le otorga su cargo, y postergar las pesquisas en su contra sobre posibles delitos cometidos en el pasado.

Pero Temer, el presidente más impopular de los últimos tiempos, acaba de ser sorprendido con la divulgación de audios que lo tienen como protagonista avalando sobornos en el ejercicio de su función y autorizando pagos para silenciar a Eduardo Cunha, “el entregador de Dilma”, quien fuera condenado a quince años de prisión. Esa conversación de marzo pasado con uno de los dueños del megafrigorífico JBS, devenido en un nuevo arrepentido de la Justicia brasileña, ha provocado la inmediata apertura de una investigación en su contra por orden del Tribunal Supremo. Pero también ha sido presentado un pedido de impeachment para ser tratado en la Cámara de Diputados, en cuyo recinto y a gritos se clamaba: “Fuera Temer”.

De recorrer la misma trama que terminó con el mandato de Dilma, se enfrentará la paradoja de que, en caso de ser suspendido, no podrían reemplazarlo interinamente ni el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, ni el de la Cámara de Senadores, Eunicio Oliveira, al encontrarse ambos investigados por corrupción del caso Lava Jato. Asumiría provisionalmente los destinos del país, en tal contexto, la presidente del Tribunal Supremo Federal, Cármen Lúcia, a quien acusan de reunirse en secreto con empresarios a fin de iniciar la convocatoria a elecciones indirectas para que el Congreso elija al Presidente que completará el período hasta fines de diciembre de 2018.

La Constitución de Brasil sólo prevé el llamado a elecciones populares para el caso de que la renuncia del presidente y del vicepresidente suceda durante la primera mitad del mandato, lo que ya aconteció. Por esa razón, un grupo de parlamentarios impulsa una enmienda constitucional y alienta a que en las manifestaciones populares que empiezan a extenderse por todo Brasil reclamando la salida de Temer se incluya la consigna: “Directas ya”. Si la situación se volviera incontrolable, el Tribunal Superior Electoral podría encontrar algún vericueto legal para anular la designación de Michel Temer como presidente de Brasil y buscar una salida más urgente.

El país del “ordem e progreso” se encuentra en desorden institucional, repliegue económico y afrontando el mayor desafío de su historia, que es la reconstrucción de la credibilidad de su clase política y empresarial. En medio del creciente descontento social, los medios de comunicación juegan un papel decisivo al exponer imágenes obscenas de riqueza y difundir audios escandalosos, provistos por una Justicia poco inocente, que alimentan la reacción de las masas y confirman que en el Brasil actual, pese a todo lo sucedido, se siguen pagando coimas, utilizando dineros non sanctos y pactando negocios espurios en la cima del poder.

Debilitado por la pérdida de sus aliados estratégicos, la fragilidad social, el vaciamiento de su gabinete y la impopularidad, Michel Temer resiste los embates del final apenas a un año de su asunción. Su “no renunciaré” recuerda al “jamás renunciaré” de Dilma, lo que demuestra que cuando un político cae en desgracia y en soledad, no puede impedir que la trama secreta de oscuras intereses, miedos y traiciones lo termine arrastrando fuera del Olimpo del poder. Muchos creen que la única razón de Temer por aferrarse al cargo es que con ello sostiene la posibilidad de destruir pruebas, presionar testimonios, intimidar víctimas y hasta obstruir las investigaciones que lo tienen como destinatario.

El quinto país más extenso del mundo y el más importante del Cono Sur atraviesa un momento histórico en el que debate su futuro desde la imperiosa necesidad de una recreación institucional. Todo parece indicar que lo hará sin aquellos cuatro protagonistas del ballotage presidencial de 2014, y que el Brasil del futuro asomará sin Dilma, sin Aécio, sin Aloysio y sin Temer.

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