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Irán desmintió a Trump y aseguró que no hay negociaciones: “Continuaremos la defensa”

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Irán contestó este lunes a los dichos del presidente Donald Trump que no mantiene contacto con Estados Unidos, ni directo ni por intermediarios, según un medio. Esa información surgió después de que Trump anunciaba que posponía los ataques prometidos en su ultimátum del sábado, cuando instó al desbloqueo del Estrecho de Ormuz.

Fars indicó que Trump retiró su amenaza de atacar centrales eléctricas iraníes tras conocer la represalia de Irán, que consistió en atacar todas las instalaciones de generación de energía en la región de Asia Occidental.

La agencia de noticias semioficial Tasnim, citando a un alto funcionario de seguridad iraní, también informó que Trump desistió de atacar la infraestructura crítica iraní después de que las amenazas militares de Irán se volvieran creíbles.

El funcionario afirmó que no hay negociación entre Irán y Trump, y agregó que otro factor importante para esta retirada fue el aumento de la presión sobre los mercados financieros y las amenazas contra los bonos en Estados Unidos y Occidente.

Desde que comenzó la guerra a finales del mes pasado, algunos mediadores enviaron enviado mensajes a Teherán, apuntó el funcionario, y agregó que la respuesta clara de Teherán fue que “continuaremos la defensa hasta lograr la disuasión necesaria”.

En una publicación del lunes en la plataforma de redes sociales Truth Social, Trump afirmó que Estados Unidos e Irán habían mantenido, durante los dos últimos días, “conversaciones muy buenas y productivas sobre una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio”.

“Basándome en el tono de estas conversaciones profundas, detalladas y constructivas, que continuarán durante toda la semana, he ordenado al Departamento de Guerra que posponga todos los ataques militares contra las centrales eléctricas y la infraestructura energética iraníes durante un período de cinco días”, declaró Trump.

El sábado, Trump había amenazado con “atacar y aniquilar” las centrales eléctricas iraníes si el estrecho de Ormuz no se abría en 48 horas.

También este lunes, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, habló por teléfono con su homólogo turco, Hakan Fidan, para discutir los últimos acontecimientos en Oriente Medio.

Araghchi se refirió a los “crímenes perpetrados por los agresores contra el pueblo iraní, especialmente los ataques contra escuelas, hospitales y zonas residenciales”, y expresó la determinación de Irán de defender “decisivamente” su soberanía nacional e integridad territorial.

Por su parte, Fidan destacó las consecuencias de la guerra en curso para la región, subrayando la necesidad de reducir las tensiones y fortalecer las relaciones entre Irán y los países de la región. 

Qué pasa en el Estrecho

Mientras tanto, el representante iraní ante la Organización Marítima Internacional (OMI), Ali Mousavi, afirmó que las embarcaciones, excepto aquellas de los “enemigos”, pueden transitar por el estrecho de Ormuz mediante arreglos coordinados previos de seguridad y prevención con las autoridades iraníes, informó la agencia semioficial de noticias Mehr. También subrayó que los compromisos marítimos internacionales deben estar en consonancia con el respeto a la integridad territorial de Irán y los derechos soberanos.

Irán, apuntó, está dispuesto a cooperar con la OMI y otros países para mejorar la seguridad marítima y proteger a los marineros. “La diplomacia sigue siendo prioridad para Irán. Sin embargo, es más importante que cese por completa la agresión, así como tener confianza y garantías recíprocas”, precisó Mousav.

Añadió que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán están en la “raíz de la situación actual en la región del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz”.

La voz parlamentaria

A su turno, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que las infraestructuras de energía y petróleo de toda la región serán destruidas “irreversiblemente” si Estados Unidos ataca instalaciones energéticas iraníes. Las declaraciones de Ghalibaf en la red social X se produjeron después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con “atacar y arrasar” las plantas de energía iraníes si el estrecho de Ormuz no era reabierto en las próximas 48 horas.

Ghalibaf escribió que cualquier ataque se convertiría en “objetivos legítimos (…) infraestructura vital e instalaciones energéticas y petroleras de toda la región”, incrementando los precios del petróleo por un período prolongado. Anteriormente, el principal comando militar de Irán, el Cuartel General Central Khatam al-Anbiya, emitió una advertencia similar, señalando que ataques contra infraestructuras de combustible y energía iraníes desencadenarían golpes contra instalaciones energéticas, tecnologías de la información y desalinizadoras de agua estadounidenses e israelíes en Asia Occidental.

En una publicación del 12 de marzo en X, el entonces secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani (quien moriría después en ataques estadounidenses-israelíes), advirtió que destruir la capacidad eléctrica de su país podría sumir a la región “en la oscuridad en media hora”. La campaña estadounidense-israelí, que comenzó el 28 de febrero, mató a figuras iraníes de alto rango, como el fallecido líder supremo Ali Jamenei, comandantes militares y civiles.Irán respondió lanzando múltiples ataques con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses por todo Medio Oriente.

En una declaración que detalla las posiciones de Irán en medio de los actuales ataques de Estados Unidos e Israel, el ministerio de Relaciones Exteriores señaló que aquel país siempre respetó la libertad de navegación y la seguridad marítima. Agregó que trabajó para defender estos principios en el transcurso de los años.

El ministerio destacó que luego de la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, se impuso una situación peligrosa en el Golfo y el estrecho de Ormuz, lo que ha afectado directamente la seguridad de la navegación regional.Irán reafirma su derecho legítimo a la autodefensa contra los “agresores”, por lo que atacó instalaciones y bases militares estadounidenses en la región, además de adoptar una serie de medidas para garantizar que aquellos y sus partidarios no aprovechen el estrecho para impulsar sus objetivos contra el país, añadió.

Apoyo en Irak

A todo esto, la Resistencia Islámica en Irak, un grupo paraguas de las milicias pro-iraníes de Irak, informó que había llevado a cabo 21 operaciones contra “bases de ocupación” en aquella nación y la región, durante el fin de semana.

En un comunicado, el grupo señaló que las operaciones se hicieron con “decenas de misiles y drones”, sin ofrecer más detalles sobre objetivos específicos ni víctimas.

El grupo reivindicó centenarios de ataques de este tipo durante los últimos días.

Entretanto, una fuente del Ministerio del Interior de Irak declaró bajo anonimato a Xinhua que varios ataques con drones tuvieron como objetivo esta madrugada la Base Victoria del Aeropuerto Internacional de Bagdad, si bien muchos fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea.

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Trump anuncia tregua temporaria con Irán y el petróleo se desploma: el alivio del Brent abre una tregua precaria en la crisis

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El anuncio de Donald Trump de suspender durante cinco días los ataques contra centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes provocó este lunes un movimiento inmediato en el tablero geopolítico y en los mercados: el crudo Brent se hundió un 13%, perforó la barrera de los 100 dólares y llegó a negociarse en torno a 96 dólares por barril poco después de las 12.00, tras conocerse que Estados Unidos e Irán mantuvieron durante los últimos dos días conversaciones que el presidente estadounidense definió como “muy positivas y productivas”. El dato excede la lógica financiera. Después de casi cuatro semanas de ofensiva, amenazas cruzadas y presión militar sobre el estrecho de Ormuz, Washington ensaya una pausa táctica que descomprime el precio de la energía, pero deja abierta una pregunta más política que bursátil: ¿se trata de un primer paso hacia una salida negociada o de una tregua instrumental en medio de una escalada todavía viva?

El impacto del mensaje fue instantáneo porque tocó el corazón del conflicto: la infraestructura energética y la libre navegación en uno de los corredores más sensibles del planeta. Trump informó que ordenó a su Departamento de Guerra posponer los ataques por un período de cinco días, condicionado al resultado de las reuniones en curso. La decisión llegó después de que el propio presidente hubiera dado el sábado un plazo de 48 horas para que Irán abriera “totalmente” el estrecho de Ormuz, bajo amenaza de atacar sus centrales eléctricas. En otras palabras, la Casa Blanca pasó en pocas horas de la coerción directa a una ventana limitada de negociación. No es un cambio menor: cuando el mercado leyó que el riesgo inmediato sobre el suministro podía moderarse, el petróleo reaccionó con una caída abrupta.

De la amenaza sobre Ormuz a una pausa condicionada

La relevancia del anuncio se entiende por el contexto. Desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, la guerra dejó de ser un frente bilateral para convertirse en una crisis con impacto regional, energético y financiero. En ese marco, el estrecho de Ormuz se consolidó como pieza central: por allí transita el 20% de las exportaciones globales de crudo, lo que convierte cualquier amenaza sobre esa vía en una señal directa sobre inflación, abastecimiento y expectativas globales.

Trump buscó asociar la pausa militar a un avance diplomático. Según su mensaje en Truth Social, las conversaciones con Irán fueron “profundas, detalladas y constructivas” y continuarán durante la semana. Pero la tregua no implica desmovilización ni cierre de la ofensiva. El propio esquema que comunicó Washington deja claro que la suspensión depende del “éxito” de esas reuniones. Es decir, no se presentó como una desescalada consolidada, sino como una interrupción revocable.

La secuencia previa refuerza esa lectura. Teherán había advertido, según medios iraníes, que atacaría infraestructura energética de Estados Unidos si sus centrales eran bombardeadas. La Guardia Revolucionaria reiteró este lunes que no planea atacar centrales eléctricas de la región, aunque dejó establecido que, si la República Islámica sufre un ataque de ese tipo, “responderá de la misma manera”. Ese intercambio no describe una negociación madura; describe una correlación de amenazas donde ambas partes intentan fijar costos al adversario antes de cualquier eventual entendimiento.

El petróleo corrigió, pero no hubo una señal homogénea en todos los activos

El derrumbe del Brent fue la reacción más visible, aunque no la única. El WTI, referencia en Estados Unidos, se movía en dirección opuesta en la previa de la apertura oficial del mercado estadounidense, con una suba del 0,78%, hasta los 112,81 dólares. La divergencia revela un dato importante: el mercado no leyó la jornada como un cierre limpio del riesgo, sino como una reconfiguración todavía inestable de expectativas, con señales cruzadas entre alivio coyuntural y persistencia del conflicto.

El movimiento se trasladó además a otros activos. El oro caía 5,98%, hasta 4.223,25 dólares por onza, en lo que podía convertirse en su novena baja consecutiva, mientras la plata retrocedía 9,24%, hasta 61,66 dólares por onza, en su quinta jornada en negativo. En paralelo, el dólar volvía a fortalecerse. La combinación es consistente con una reasignación de refugio financiero: si el mercado percibe una reducción parcial del riesgo energético inmediato, la demanda por metales preciosos cede y la moneda estadounidense recupera centralidad. Sin embargo, esa dinámica no equivale a normalización. Más bien refleja un reacomodamiento ante una tregua de alcance todavía incierto.

La infraestructura energética se volvió el centro real de la guerra

El conflicto dejó de girar únicamente sobre capacidades militares o disuasión regional. La infraestructura energética se convirtió en blanco, amenaza y moneda de negociación al mismo tiempo. Por eso el anuncio de Trump tuvo semejante efecto. No habló de pausar ataques generales, sino de congelar por cinco días los golpes sobre centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes. Ese recorte de objetivos no es técnico: busca bajar la tensión justamente en el punto que puede desatar un desorden mayor en los mercados y en la seguridad regional.

La presión sobre Ormuz sigue siendo el otro componente crítico. Según lo informado, Keir Starmer abordó con Trump la necesidad de reabrir el estrecho al transporte marítimo y ambos coincidieron en que esa reapertura resulta esencial para la estabilidad del mercado energético mundial. El alineamiento entre Washington y Londres refuerza la idea de que el problema ya no se limita a la confrontación con Irán, sino a la contención de una crisis que amenaza la cadena global de suministro.

En paralelo, la escalada continuó en otros frentes. El CENTCOM anunció el ataque a una planta iraní de producción de motores utilizados en drones y aeronaves de la Guardia Revolucionaria, ubicada en la provincia de Qom. A la vez, Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait y Baréin reportaron nuevos ataques o interceptaciones durante la noche. Es decir, mientras Washington ofrecía una pausa condicionada sobre infraestructura energética, el teatro regional seguía activo. Esa coexistencia de tregua parcial y ofensiva periférica explica por qué el alivio del Brent no puede leerse todavía como una señal de estabilización profunda.

La señal política de Trump: contener el costo energético sin ceder la iniciativa

La decisión del presidente estadounidense también tiene una lectura de poder. Al ordenar una pausa de cinco días tras haber fijado un ultimátum de 48 horas, Trump intenta mostrar que conserva la iniciativa sobre los tiempos del conflicto. Primero elevó la amenaza. Luego abrió una compuerta de negociación. Ese mecanismo le permite ubicarse como actor que puede escalar o desescalar según la respuesta iraní y según el efecto buscado sobre los mercados.

Hay además una dimensión doméstica e internacional difícil de ignorar. En una guerra donde el precio del petróleo se volvió una variable política de primer orden, cualquier salto del crudo por encima de ciertos umbrales impacta sobre inflación, costos logísticos, expectativas de crecimiento y tensión social en múltiples países. La caída del Brent ofrece a Washington una ventaja táctica: al menos por unas horas, reduce la presión sobre el frente energético sin renunciar formalmente a la coerción militar.

Pero esa ventaja es frágil. La Agencia Internacional de la Energía, a través de Fatih Birol, advirtió que la situación es “muy grave” y que supera a las crisis energéticas de la década de 1970, en un escenario atravesado por el bloqueo de Ormuz y los ataques a centrales energéticas en Oriente Medio. La afirmación subraya que, más allá del desplome intradiario del Brent, la estructura de riesgo sigue intacta. Una conversación productiva no borra semanas de guerra ni neutraliza la capacidad de daño de los actores involucrados.

Irán mantiene la presión y busca negociar sin aparecer replegado

Del lado iraní, la estrategia parece orientarse a no quedar atrapado en una capitulación pública. La Guardia Revolucionaria rechazó la idea de que Teherán planee atacar centrales de la región, pero explicitó que responderá “de la misma manera” si Estados Unidos golpea instalaciones iraníes. Al mismo tiempo, se informó que Irán amenazó con minar “todo el golfo Pérsico” si sus islas son atacadas por Washington. La lógica es clara: abrir un margen de negociación sin renunciar a la capacidad de disuasión.

Ese punto importa porque condiciona cualquier escenario de alto el fuego. Una pausa negociada requiere algún tipo de reciprocidad verificable, pero también necesita que las partes no aparezcan debilitadas ante sus propias audiencias y aliados. Por eso el mensaje de Trump evita presentar el proceso como acuerdo cerrado, y por eso Irán mantiene un discurso de respuesta asegurada ante nuevos ataques. Ambos gobiernos están negociando, pero al mismo tiempo están cuidando la imagen de firmeza.

Repercusiones sobre energía, alianzas y gobernabilidad internacional

En términos de correlación de fuerzas, el freno temporal de los ataques fortalece en lo inmediato a los actores que venían reclamando contener el frente energético y asegurar la navegación. También otorga margen a los aliados que dependen del crudo de la región y necesitaban una señal de descompresión. La caída del Brent, por sí sola, ya funciona como un alivio político para esos gobiernos.

Sin embargo, la tregua deja bajo presión a todos los involucrados. Washington queda obligado a mostrar resultados de las conversaciones si quiere sostener el efecto estabilizador del anuncio. Teherán debe administrar la negociación sin que se interprete como retroceso forzado. Y los aliados regionales de ambos bloques seguirán midiendo hasta qué punto la pausa es real o simplemente un compás previo a una ofensiva más focalizada.

También habrá que observar el comportamiento del mercado en las próximas ruedas. Un rebote fuerte del crudo indicaría que el alivio fue leído como meramente táctico. Una consolidación por debajo de los 100 dólares sugeriría que los operadores empiezan a asignar mayor probabilidad a una contención del conflicto sobre la infraestructura energética. En cualquiera de los dos casos, el precio del petróleo seguirá funcionando como indicador político, no solo económico.

Un respiro de mercado, no una paz cerrada

La secuencia de este lunes dejó una imagen potente: una sola decisión presidencial alcanzó para derrumbar el Brent un 13% y alterar el mapa de activos globales. Pero también dejó en claro que la crisis sigue lejos de resolverse. Hubo conversaciones, sí. Hubo una pausa de cinco días, también. Pero el conflicto conserva todos sus puntos de combustión: Ormuz, la infraestructura energética, la capacidad de represalia iraní, la presión de los aliados y la persistencia de operaciones militares en la región.

La próxima semana será decisiva no tanto por lo que ya se dijo, sino por lo que efectivamente ocurra. Si las reuniones avanzan, el mercado podría consolidar la corrección y la diplomacia ganar espacio. Si fracasan, la pausa de cinco días puede quedar como un paréntesis breve antes de una nueva escalada sobre objetivos energéticos, con consecuencias mucho más amplias que las de una simple suba del barril.

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Ataques en Qatar e Irán sacuden el mercado del gas y colocan a Vaca Muerta en un nuevo mapa estratégico

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Los ataques a infraestructura energética en Qatar e Irán empezaron a producir algo más serio que un rebote de precios: reordenaron, al menos de manera incipiente, la conversación global sobre quién puede garantizar oferta de gas en un mundo atravesado por guerras, cuellos de botella logísticos y una transición energética todavía incompleta. En ese nuevo tablero, el dato político no es solo que el Brent haya superado los US$119 intradiarios o que el gas europeo haya tocado máximos de varios años. Lo central es que el conflicto alcanzó activos sensibles del sistema exportador de gas natural licuado y abrió una pregunta de fondo sobre abastecimiento, no únicamente sobre cotización. En ese escenario, Vaca Muerta empieza a ser leída como algo más que una promesa productiva argentina: aparece como una plataforma potencial en una geografía alejada de los focos de guerra, con capacidad de ganar valor estratégico si la crisis se prolonga.

Ras Laffan, Qatar e Irán: cuando el riesgo deja de ser financiero y pasa a ser físico

La alarma creció a partir del ataque a Ras Laffan Industrial City, en Qatar, señalado como el principal nodo exportador de GNL del mundo y sede de instalaciones clave como la planta Pearl GTL. La referencia no es menor. Si el conflicto alcanza ese tipo de infraestructura, ya no se discute solo la volatilidad habitual de los mercados energéticos frente a una escalada bélica. Lo que entra en juego es la integridad de una red que sostiene buena parte del abastecimiento internacional de gas.

Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, planteó esa diferencia con claridad. Según explicó, “la reacción de los mercados no puede interpretarse como un simple sobresalto geopolítico” porque lo que empieza a descontarse es una posible restricción física de oferta, en particular en gas. La observación importa porque marca un cambio de fase: cuando la amenaza deja de estar asociada únicamente al nerviosismo inversor y empieza a vincularse con la capacidad material de producir y exportar, el problema deja de ser transitorio.

En ese punto, el gas aparece más expuesto que el petróleo. Carnicer sostuvo que el petróleo conserva un mercado más flexible y mayor margen para redireccionar cargamentos, mientras que el gas depende de una cadena de infraestructura mucho más rígida. Esa diferencia técnica tiene traducción política y económica inmediata: si se afecta una gran planta exportadora de GNL, la tensión puede pasar rápidamente de los precios al abastecimiento.

El mercado ya reaccionó, pero el problema puede ser más profundo

La primera reacción fue visible. El Brent superó los US$119 intradiarios, el gas europeo escaló a máximos de varios años y el mercado estadounidense también registró subas. Sin embargo, el texto base sugiere que esa respuesta puede ser apenas la superficie de un problema más complejo.

Carnicer advirtió sobre un posible escenario de escasez si las interrupciones se prolongan. La definición es relevante porque no plantea solo una crisis de costos, sino un cuello de botella más severo. “Cuando el cuello de botella es material, la sustitución es más lenta, más cara y más incompleta”, señaló. Eso implica que, aun con mercados dispuestos a pagar más, la reposición de oferta no necesariamente será rápida ni suficiente.

Esa tensión modifica el marco en el que se moverán gobiernos, empresas y grandes consumidores. Ya no se trata solo de absorber una suba coyuntural en los valores de la energía. Lo que aparece es la posibilidad de una competencia más intensa por cargamentos en el mercado spot, presión sobre la generación eléctrica y márgenes más estrechos para los países que dependen del GNL importado para sostener su matriz.

La comparación con Europa muestra que esta vez el problema puede ser más severo

El paralelo con la crisis energética europea tras la guerra entre Rusia y Ucrania ayuda a dimensionar el problema, pero también marca una diferencia importante. Carnicer recordó que, en aquel caso, el gas existía, aunque se había roto la relación política y comercial entre las partes. En la crisis actual, en cambio, el riesgo potencialmente más grave reside en la afectación de la capacidad física de producir y exportar.

Ese matiz cambia la naturaleza del desafío. Cuando lo que se deteriora es la infraestructura crítica, las alternativas tardan más en aparecer y el costo de reemplazo crece. De allí surge una lectura más amplia sobre seguridad energética global: la concentración de oferta en pocos nodos y regiones expone al sistema a shocks de magnitud cuando alguno de esos centros entra en zona de guerra o amenaza permanente.

En otras palabras, el conflicto en Medio Oriente no solo impacta por su escala actual, sino porque desnuda una debilidad estructural del mercado mundial del gas. La arquitectura energética global sigue dependiendo de polos muy concentrados, y esa dependencia se vuelve más costosa cada vez que la geopolítica atraviesa el corazón mismo de la infraestructura.

Vaca Muerta gana centralidad en un tablero que exige diversificación

Es allí donde aparece Vaca Muerta. No como reemplazo inmediato de Qatar, algo que el propio Carnicer descartó, sino como una pieza que podría ganar peso dentro de una arquitectura energética más equilibrada. El especialista sostuvo que el yacimiento argentino adquiere valor estratégico por su escala, su productividad y, sobre todo, por estar ubicado lejos de los principales focos de conflicto.

La clave de esa afirmación no está solo en el potencial geológico. Está en la geografía y en el contexto. Si el mercado internacional empieza a internalizar que la infraestructura del Golfo puede convertirse en blanco recurrente, entonces toda nueva plataforma exportadora ubicada fuera de esa región mejora su posicionamiento estratégico. Dicho de otro modo, el valor de Vaca Muerta no depende únicamente de lo que produce, sino también de dónde está y de qué riesgo evita.

Ese cambio de percepción puede tener consecuencias concretas. Los proyectos de exportación de GNL en desarrollo en Argentina pasan a ser observados bajo otra lógica. Ya no solo como iniciativas de largo plazo para monetizar recursos, sino como parte de una discusión más amplia sobre confiabilidad del suministro y diversificación global de proveedores.

Qué implica para Argentina: oportunidad, pero también exigencia

La oportunidad existe, aunque el texto base también pone un límite a cualquier sobreactuación. Carnicer remarcó que Vaca Muerta no puede reemplazar en el corto plazo el volumen de Qatar. Esa precisión importa porque evita convertir una ventana estratégica en una ilusión desmedida. El reposicionamiento argentino, si ocurre, será gradual y dependerá de que los proyectos de exportación avancen con escala y consistencia.

Aun así, el nuevo contexto le agrega densidad política a la agenda energética local. Si el mercado global empieza a premiar diversificación geográfica y proveedores confiables, entonces la discusión sobre infraestructura, capacidad exportadora y desarrollo de GNL deja de ser solo un tema sectorial. Se convierte en una cuestión de inserción internacional y de oportunidad económica en un momento en que la seguridad energética vuelve al centro del debate global.

También cambia el tipo de competencia. La carrera ya no será únicamente por costos o productividad. Será por confiabilidad, estabilidad de oferta y capacidad de construir plataformas exportadoras en territorios menos expuestos a la disrupción bélica. En esa liga, Vaca Muerta puede ganar protagonismo si logra transformar su ventaja de recurso en capacidad concreta de abastecimiento.

Un sistema energético más vulnerable de lo que parecía

El trasfondo de todo esto es menos coyuntural de lo que sugieren los movimientos diarios del Brent o del gas europeo. Lo que dejan al descubierto los ataques en Qatar e Irán es una fragilidad de diseño. Hay demasiada oferta crítica concentrada en pocos nodos, y eso convierte a cada episodio militar en una amenaza sistémica.

Carnicer lo resumió al advertir que la seguridad energética del siglo XXI requerirá no solo más energías limpias, sino también mayor diversidad de proveedores confiables. La frase no discute la transición energética; la complejiza. Porque incluso en una matriz en transformación, el gas sigue siendo un insumo clave para generación eléctrica, industria y respaldo del sistema.

Por eso, el golpe sobre la infraestructura del Golfo no se lee solo como un evento regional. Funciona como una señal para gobiernos, mercados y empresas sobre el tipo de vulnerabilidades que seguirán marcando la agenda energética internacional.

Lo que habrá que mirar en las próximas semanas

En el corto plazo, habrá que seguir dos variables. La primera es la duración y profundidad de las interrupciones sobre la infraestructura energética atacada en Qatar e Irán. La segunda, cómo se reacomodan los compradores de GNL en un mercado spot que podría volverse más competitivo y más caro.

En paralelo, empezará a tomar forma otra discusión: si la crisis acelera decisiones de inversión en nuevos polos exportadores fuera del Golfo. Allí Vaca Muerta puede empezar a ser mencionada con mayor frecuencia, no como solución inmediata, sino como parte de una estrategia internacional de diversificación.

La oportunidad está abierta, pero todavía no cerró en forma de ventaja consolidada. Dependerá menos del impacto retórico del conflicto y más de la capacidad de transformar una ventana geopolítica en estructura exportadora real.

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El petróleo roza los US$100 y expone el riesgo global tras la escalada militar entre Irán, Israel y Estados Unidos

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La guerra en Medio Oriente volvió a impactar de lleno en la economía global. Este jueves, los precios internacionales del petróleo registraron una suba de hasta 10% y regresaron a la zona de los US$100 por barril, tras una ofensiva militar de Irán contra buques petroleros en el estratégico Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.

La reacción de los mercados fue inmediata. El Brent crude oil, referencia para Europa, llegó a cotizar US$101 por barril, antes de moderarse hacia los US$98, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) subió 4,6% hasta los US$91. Ambos índices acumulan una revalorización superior al 60% en lo que va de 2026, una señal de que el mercado energético ya está incorporando el riesgo geopolítico como factor estructural.

El detonante inmediato fue el recrudecimiento del conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán. Pero la pregunta que domina a los analistas es otra: ¿está el mundo ante una nueva crisis energética global o frente a un shock geopolítico de corto plazo?

Ormuz, el cuello de botella energético del planeta

La tensión se concentra en el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por donde circula aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo. La ofensiva iraní contra buques que navegaban en la zona provocó incendios en al menos dos petroleros cerca del sur de Irak, obligando a evacuar a las tripulaciones. El ataque dejó un muerto y varios desaparecidos.

El bloqueo de esa vía marítima tiene un efecto inmediato en los mercados. Se trata del principal paso para el petróleo que sale del Golfo Pérsico hacia Asia, Europa y Estados Unidos. Cada interrupción en esa ruta se traduce en menos oferta global disponible, una ecuación que empuja los precios al alza.

Los inversores interpretan que el cierre parcial de Ormuz podría estar afectando la circulación de alrededor de 20 millones de barriles diarios, una cifra que explica la reacción inmediata del mercado.

La respuesta energética de Occidente

Ante la amenaza de un shock de oferta, las potencias occidentales activaron mecanismos de emergencia. La Agencia Internacional de la Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, la mayor medida de este tipo en la historia del organismo.

Por su parte, Estados Unidos informó que liberará 172 millones de barriles adicionales a partir de la próxima semana.

Sin embargo, la capacidad de estas medidas para estabilizar el mercado aparece limitada. Los volúmenes anunciados siguen lejos de compensar el flujo de petróleo que podría verse interrumpido si el conflicto se prolonga o si el tránsito marítimo continúa restringido.

En términos políticos, la decisión revela una preocupación creciente: el precio del petróleo vuelve a convertirse en un frente de tensión para las economías globales, en especial en un contexto donde la inflación energética sigue siendo un riesgo para gobiernos y bancos centrales.

Israel amplía el frente militar y eleva la tensión regional

Mientras los mercados reaccionaban al shock energético, el conflicto militar escaló en paralelo. El ejército de Israel confirmó que atacó el complejo nuclear Taleghan nuclear complex en territorio iraní.

La ofensiva se inscribe en una estrategia más amplia. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, instruyó al ejército para que se prepare a expandir las operaciones militares contra el grupo chiíta Hezbollah en el Líbano.

El conflicto ya tiene impactos humanitarios significativos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados informó que 3,2 millones de personas se encuentran desplazadas dentro de Irán como consecuencia de las hostilidades.

En paralelo, medios iraníes reportaron la muerte de Sardar Esmail Dehghan, comandante de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en un ataque selectivo ocurrido en la ciudad de Arak, donde falleció junto a su esposa y sus dos hijos.

Un conflicto militar que redefine el tablero energético

La combinación de ataques en rutas petroleras, ofensivas militares y respuesta energética de Occidente está configurando un escenario de alta volatilidad geopolítica.

El mercado energético opera con una lógica simple: cuando se percibe riesgo de interrupción en el suministro, los precios reaccionan antes de que la escasez se materialice.

Eso explica por qué el petróleo ya volvió a niveles cercanos a US$100 por barril, incluso antes de que el impacto real en la oferta global sea completamente medido.

Para muchos gobiernos, el problema no es solo el precio del crudo. Un salto sostenido en los valores del petróleo impacta en inflación, costos logísticos, transporte y energía, variables que afectan directamente la estabilidad económica.

Un escenario abierto con implicancias globales

El movimiento de los precios del petróleo es, en realidad, un termómetro político. Cada escalada militar en Medio Oriente se traduce en un reajuste inmediato de expectativas en los mercados.

Si el conflicto se limita a episodios aislados, la presión sobre los precios podría moderarse. Pero si el cierre del estrecho de Ormuz se prolonga o si la guerra se expande hacia nuevos frentes, el impacto podría escalar hacia una crisis energética de alcance global.

Por ahora, el mercado se mueve entre dos fuerzas opuestas: las reservas estratégicas liberadas por Occidente y el riesgo creciente de interrupción del suministro.

En ese delicado equilibrio se juega algo más que el precio del petróleo. También está en disputa la estabilidad energética de la economía global.

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Los precios del petróleo se disparan por encima de US$ 100 por barril por primera vez desde 2022

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El petróleo superó este domingo los US$100 por barril, un umbral que no alcanzaba desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, en medio de una fuerte tensión geopolítica por la escalada del conflicto con Irán y el temor de los mercados a interrupciones prolongadas en el suministro de crudo desde Medio Oriente.

Los futuros del petróleo estadounidense (WTI) treparon cerca de 18% hasta los US$108 por barril, su nivel más alto desde julio de 2022, e incluso tocaron momentáneamente los US$110 durante la noche del domingo. En paralelo, el Brent, referencia global, avanzó alrededor de 16% y se ubicó también en torno a US$108 por barril.

El repunte responde principalmente a las amenazas de Irán de atacar cualquier petrolero que atraviese el estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo comercializado en el mundo. Un eventual bloqueo o interrupción en esa vía clave podría alterar de forma significativa la oferta global de energía.

En ese contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, minimizó el impacto del alza de precios. En una publicación en su red Truth Social sostuvo que el encarecimiento del petróleo es “un precio muy bajo a pagar” frente a los objetivos estratégicos de su política exterior.

“Los precios del petróleo a corto plazo, que caerán rápidamente cuando termine la destrucción de la amenaza nuclear iraní, son un precio muy bajo a pagar por la seguridad y la paz de Estados Unidos y del mundo. ¡Solo los tontos pensarían diferente!”, escribió el mandatario.

Riesgo de un salto mayor

Algunos analistas advierten que la tensión en la región podría empujar el crudo aún más arriba. Según Homayoun Falakshahi, analista principal de investigación de crudo de la consultora Kpler, el petróleo podría escalar hasta US$150 por barril hacia fines de marzo si no se normaliza el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

El impacto del encarecimiento energético ya comenzó a reflejarse en los mercados financieros. Los futuros de Wall Street operaron con fuertes caídas: el Dow Jones retrocedía más de 800 puntos (-1,7%), mientras que los futuros del S&P 500 y del Nasdaq cedían alrededor de 1,6%.

La preocupación central de los inversores es que un aumento prolongado del precio del combustible reactive presiones inflacionarias y complique la recuperación económica.

Suba en los combustibles

En Estados Unidos, el efecto ya comenzó a trasladarse al consumidor. Tras los primeros ataques registrados el 28 de febrero, el precio promedio de la gasolina alcanzó US$3,45 por galón, lo que representa un aumento de 16% en apenas una semana, según datos de la asociación automovilística AAA.

Un encarecimiento sostenido del combustible podría generar nuevos problemas de accesibilidad para los hogares y abrir un frente político delicado para la administración republicana de cara a las elecciones legislativas de medio término.

Intentos por estabilizar el mercado

Ante el riesgo de interrupciones en el comercio energético, la Casa Blanca anunció medidas para garantizar la circulación de buques petroleros en la zona. El gobierno de Trump evalúa ofrecer seguros a los petroleros que atraviesen el estrecho de Ormuz, luego de que varias aseguradoras marítimas advirtieran que dejarían de cubrir operaciones en la región si aumentan los ataques.

También se analiza la posibilidad de escoltas navales para las embarcaciones comerciales, aunque el esquema aún no fue definido y varias compañías navieras se muestran reticentes a operar en la zona mientras persista el conflicto.

La tensión escaló aún más luego de que Israel atacara instalaciones de almacenamiento de petróleo en Irán. Un alto funcionario iraní advirtió que el conflicto ha entrado en una “nueva fase” y señaló que Teherán podría responder con ataques contra infraestructura energética en la región.

“Irán no cederá el control del estrecho de Ormuz hasta lograr los resultados deseados”, afirmó el funcionario.

El escenario ya está impactando en la producción. Ante las dificultades logísticas y de almacenamiento, varios productores comenzaron a reducir el ritmo de extracción, lo que podría restringir aún más la oferta global.

Por su parte, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, aseguró en el programa State of the Union de CNN que Washington no planea atacar la industria petrolera iraní ni su infraestructura energética. Sin embargo, el crudo iraní se encuentra fuertemente sancionado y China se mantiene como su principal comprador relevante en el mercado internacional.

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