caída del empleo formal

En dos años cerraron 23.000 empresas en el país y casi 900 en Misiones

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Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, el sistema de riesgos del trabajo mostró una caída sostenida en la cantidad de trabajadores cubiertos y empleadores con personal declarado. A nivel nacional se perdieron 334.457 puestos cubiertos y 23.149 empleadores; en Misiones, la baja fue de 11.688 trabajadores y 895 empresas. En el NEA, la retracción alcanzó a 29.607 empleos y 2.837 empleadores.

A contramano de los números que dio el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien dijo que se crearon 400 mil empleos en los últimos dos años, la foto del empleo formal argentino, medida a través de la cobertura del sistema de riesgos del trabajo en unidades productivas, dejó en dos años una señal nítida de retroceso: menos empresas con personal declarado y menos trabajadores cubiertos. La poda fue nacional, pero en Misiones se sintió con más fuerza relativa. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, la Argentina perdió 334.457 trabajadores cubiertos en unidades productivas y 23.149 empleadores con personal declarado. En el mismo período, Misiones resignó 11.688 trabajadores y 895 empleadores.

Los datos surgen de los boletines estadísticos mensuales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo para diciembre de 2023, 2024 y 2025. El de 2025 se conoció este lunes y allí se observa que el total nacional de trabajadores cubiertos en unidades productivas pasó de 9.893.914 en diciembre de 2023 a 9.647.751 en diciembre de 2024 y a 9.559.457 en diciembre de 2025. En paralelo, la cantidad de empleadores de unidades productivas con trabajadores declarados cayó de 512.898 a 499.682 y luego a 489.749. Es decir: el primer año explicó la mayor parte del deterioro, pero 2025 volvió a cerrar en baja.

En términos porcentuales, la contracción nacional fue de 2,49% en trabajadores entre 2023 y 2024, y de otro 0,92% entre 2024 y 2025. En el acumulado de dos años, la baja fue de 3,38%. Del lado empresario, el recorte fue de 2,58% en 2024 y de 1,99% en 2025, para una caída acumulada de 4,51%. Traducido a números duros, el país terminó 2025 con 334.457 trabajadores cubiertos menos y 23.149 empleadores menos que al cierre de 2023.

Misiones mostró una trayectoria más contractiva que la media nacional. La provincia pasó de 139.960 trabajadores cubiertos en diciembre de 2023 a 133.078 en 2024 y 128.272 en 2025. Eso implica una pérdida de 6.882 trabajadores en el primer tramo y de otros 4.806 en el segundo. El saldo acumulado fue de 11.688 trabajadores menos, equivalente a una caída de 8,35%, más del doble de la retracción nacional.

La caída también fue visible en la cantidad de empleadores con trabajadores declarados. Misiones pasó de 9.638 empleadores en diciembre de 2023 a 9.140 en 2024 y 8.743 en 2025. Son 498 menos en el primer año y otros 397 menos en el segundo. En total, desaparecieron 895 empleadores del registro, una baja acumulada de 9,29%. Otra vez, el deterioro provincial superó al promedio argentino, que en ese mismo lapso cayó 4,51%.

La comparación con el NEA también deja una lectura relevante. Si se suman Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa, la región pasó de 453.755 trabajadores cubiertos en diciembre de 2023 a 435.016 en 2024 y 424.148 en 2025. Eso significa una pérdida de 29.607 trabajadores en dos años, equivalente a 6,52%. En empleadores, el NEA bajó de 29.930 a 28.217 y luego a 27.093, una reducción de 2.837 empleadores, o 9,48%. Aquí aparece un dato central: Misiones explicó 39,5% de la caída regional del empleo cubierto, porque de los 29.607 puestos perdidos en el NEA, 11.688 correspondieron a la provincia.

En cantidad de empleadores, Misiones conservó el liderazgo regional en los tres años analizados: 9.638 en 2023, 9.140 en 2024 y 8.743 en 2025, siempre por encima de Corrientes y Chaco. Dicho de otro modo: Misiones tiene más empleadores formales que sus vecinos del NEA, pero con una escala media menor en cantidad de trabajadores por empleador.

Ese rasgo también se ve en la relación entre trabajadores y empleadores. En 2025, Misiones tuvo alrededor de 14,7 trabajadores cubiertos por empleador, por debajo del promedio nacional, que se ubicó en 19,5, y también debajo de Corrientes, que superó los 20 trabajadores por empleador. Es un dato que sugiere una estructura más atomizada, con mayor peso de firmas pequeñas y medianas, algo consistente con la matriz económica provincial.

En participación relativa, Misiones también cedió terreno. En 2023 representaba el 1,41% de los trabajadores cubiertos del país; en 2025 bajó al 1,34%. Entre los empleadores, pasó de explicar el 1,88% del total nacional al 1,79%. Dentro del NEA, en cambio, su peso siguió siendo decisivo: concentró el 30,8% de los trabajadores cubiertos de la región en 2023 y el 30,2% en 2025; y mantuvo en torno de un tercio de los empleadores regionales, con una participación de 32,2% en 2023 y 32,3% en 2025. Es decir, aun en retroceso, Misiones siguió siendo la provincia con mayor densidad empresaria formal del Nordeste.

La lectura de fondo es inquietante. No se trata solo de una baja en la nómina de trabajadores cubiertos, sino de una retracción simultánea del entramado empresario que sostiene ese empleo. Cuando cae la cantidad de empleadores, el problema deja de ser únicamente laboral y pasa a ser también productivo: hay menos unidades económicas activas con personal declarado, menos masa crítica para sostener inversión y menos capilaridad formal en el territorio. En el caso de Misiones, esa doble caída fue más intensa que en el promedio nacional y también más severa que la contracción del empleo regional.

Menos trabajo en casas particulares

A ese panorama de caída del empleo formal en empresas se suma otra tendencia silenciosa en el mercado laboral argentino: la reducción del trabajo registrado en casas particulares, uno de los sectores con mayor presencia de empleo femenino y con fuerte peso en la economía doméstica de las familias. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, el sistema de riesgos del trabajo registró una baja sostenida en la cantidad de trabajadoras cubiertas. A nivel nacional, el total de personas trabajadoras en casas particulares pasó de 627.636 en 2023 a 612.830 en 2024 y a 602.685 en 2025, lo que implica una pérdida acumulada de 24.951 puestos registrados en dos años, equivalente a una caída de 3,97%.

La reducción también se observa del lado de las familias empleadoras registradas. En diciembre de 2023 había 523.692 empleadores con personal de casas particulares declarado dentro del sistema; en 2024 el número bajó a 510.755, y en 2025 descendió a 501.864. En términos nominales, esto significa que 21.828 hogares dejaron de registrar personal doméstico en dos años, una caída de 4,17%. La dinámica reproduce, aunque con menor intensidad, la misma tendencia que se observa en las unidades productivas: menos empleadores y menos personas cubiertas por el sistema formal.

En el caso de Misiones, la evolución del empleo registrado en casas particulares también mostró una tendencia contractiva entre 2023 y 2025. Según los boletines estadísticos del sistema de riesgos del trabajo, la provincia pasó de 7.402 trabajadoras registradas en diciembre de 2023 a 7.158 en diciembre de 2024 y a 6.982 en diciembre de 2025. En términos nominales, esto implica que 420 puestos de trabajo doméstico formal se perdieron en dos años, lo que representa una caída aproximada de 5,7% en el empleo registrado del sector en la provincia.El retroceso también se observa en la cantidad de hogares empleadores registrados. En Misiones había 6.197 empleadores de casas particulares declarados en diciembre de 2023, cifra que descendió a 5.985 en 2024 y a 5.842 en 2025. Es decir, 355 familias dejaron de registrar personal doméstico en el sistema formal, una reducción cercana al 5,7% en dos años. La dinámica provincial reproduce así la tendencia nacional: menos trabajadores domésticos registrados y menos hogares empleadores dentro del sistema formal, en un contexto de deterioro del ingreso familiar y creciente informalización de este segmento laboral.

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Costo marginal

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“El ajuste lo paga la política, jaja”. El posteo en redes sociales de Victoria Villarruel, la titular del Senado, se burla del jefe de Gabinete, Manuel Adorni y el paseo con su esposa en Nueva York en medio de una gira oficial. 

La ironía del comentario no pasó inadvertida: en pocas palabras, la Vicepresidenta condensó una crítica implícita al relato de austeridad del Gobierno y dejó expuestas, una vez más, las fisuras internas que atraviesan al oficialismo mientras se discute hasta dónde llega -y a quién alcanza realmente- el ajuste.

Argentina Week no será recordada por la lluvia de inversiones generada, sino por el affaire Adorni, que fue a “deslomarse” a Nueva York en compañía de su esposa, a quien subió al avión presidencial contradiciendo el decreto que él mismo anunció hace unas pocas semanas, que limitaba el número de funcionarios en los viajes y excluía a familiares y amigos.

El paseo puede costarle caro al jefe de Gabinete y hombre de confianza de Karina y Javier Milei. No por los reproches que los hermanos puedan hacerle -salieron a “bancarlo” en forma instantánea-, sino porque el desliz daña el contrato tácito con la sociedad: los libertarios prometían “ser mejores” y el paseo por la Gran Manzana, pagado “con la del contribuyente” es una réplica del deterioro de la casta a la que se vino a combatir. 

El Presidente ensayó una suerte de defensa de Adorni y su esposa con un argumento economicista que no alcanza a cubrir -ni a entender- la magnitud del problema: “Costo marginal”, dijo Milei y sus acólitos salieron a repetirlo como un mantra. ¿Qué es el costo marginal? Como el avión debía volar a Estados Unidos y sobraba un asiento, la esposa de Adorni no significó un gasto extra. Mismo argumento podrían ahora utilizar kirchneristas residuales y futuros inquilinos de la Casa Rosada. Incluso, si el avión de todos modos iba a ir a Río Gallegos, no había nada de malo en llevar los diarios a Cristina. Era un costo marginal irreprochable según la lógica presidencial. 

Sin embargo, lo está en discusión no es una fórmula matemática, sino la ética de un funcionario que hace lo contrario a lo que pregona desde el atril. La estatura moral se derrumba por eso, no por un puñado de dólares extra. 

La fractura expone a Adorni con gustos que no condicen con su nivel de ingresos. Viajes en avión privado pagados por el Estado, como confesó su amigo a quien visitó en Punta del Este y gastos de tarjeta de crédito que no coinciden con su sueldo. Un repaso de movimientos de consumo de acceso público muestra un dato difícil de pasar por alto: tras la victoria legislativa de fines de octubre de 2025, los gastos con tarjetas atribuidas a Manuel Adorni y a su esposa, Bettina Angeletti, se dispararon.

Solo con una tarjeta del Banco Galicia, Adorni habría registrado consumos cercanos a los 30 millones de pesos frente a ingresos por unos 10,5 millones. En paralelo, la tarjeta a nombre de Angeletti suma gastos por más de 65 millones en los últimos meses, sin ingresos conocidos en ese período. En total, entre ambos plásticos, los consumos entre agosto y enero rondarían los 115 millones de pesos contra ingresos declarados cercanos a los 21 millones. Un contraste que, al menos, merece explicaciones que no sean ecuaciones matemáticas ni evasivas. Fin. 

En definitiva, el affaire Adorni rompe la conexión que le quedaba intacta al Gobierno: la promesa de borrar a la casta del poder. Sin ese acuerdo electoral, la alianza libertaria no tiene muchos más éxitos que mostrar, por más que el relato se esmere en contar éxitos donde no los hay. Incluso, el presidente tiene más problemas para explicar su vínculo con el escándalo $Libra y aparecen contactos fluidos entre él y los promotores, junto a su hermana, quien tiene su propio escándalo con la Andis. Manchas que quitan lo impoluto. 

La inflación lejos está de ser contenida y ya lleva diez meses consecutivos en alza, con un acumulado de 280 por ciento desde que asumió en diciembre de 2023. En febrero marcó 2,9 por ciento, muy lejos de las promesas optimistas de llegar a cero en el segundo semestre. Pese a la nula emisión y el inédito ajuste, el ministro de Economía, Luis Caputo, justificó la ausencia de éxitos en la contención de los precios, en que la economía atraviesa “un proceso de corrección de precios relativos” tras “dos décadas de acumular distorsiones”. Para agosto, septiembre u octubre, insistió, la inflación será cero. 

El impacto de los precios se visualiza en la caída del consumo.En febrero, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, las ventas pymes cayeron 5,6% interanual, con un acumulado del 5,2% en lo que va del año.
El informe de la Came es contundente: “El consumo se concentró en bienes de subsistencia y artículos escolares por la reasignación del gasto de los hogares. La demanda operó con selectividad, priorizando ofertas y financiamiento para sostener las operaciones”.

El relato se agranda en la voz del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien rechazó que el modelo destruya empleo y, por el contrario, aseguró que en dos años se crearon 400 mil empleos. Los propios números oficiales lo desmienten, pero para el siempre presente funcionario, el dato no mata relato. Sin embargo, hay 200.941 empleos registrados menos desde que asumió Javier Milei. En paralelo, hay un fuerte incremento de la informalidad y el empleo asalariado representa apenas el 71,9 por ciento de los ocupados totales, cuando hace un año eran de 74,8%. El boom del Delivery o chofer de App. Los únicos sectores que están generando empleo son los vinculados a Vaca Muerta y las finanzas. 

Sturzenegger tiene a la yerba como un fetiche. En Argentina Week aseguró que la eliminación de la autoridad regulatoria del sector y de su capacidad para fijar precios redujo a la mitad el valor del producto para el consumidor -en realidad, aumentó por debajo de la inflación-, al tiempo que impulsó un aumento del 29% en la producción durante 2024 y llevó a casi 58 millones de kilos las exportaciones en 2025, un récord histórico.

En esa mezcolanza, Sturzenegger omite que la producción está hundida en la miseria y que la propia industria atraviesa momentos delicados.

El semáforo de Coninagro revela un mapa muy distinto a lo que exhibe Sturzenegger. Son ocho las economías que están en rojo, dos más que el mes pasado y apenas cuatro en verde y siete en amarillo. La yerba mate está en rojo desde la desregulación del mercado en diciembre de 2023. Se desplomaron los precios de la materia prima y, aunque la industria recuperó presencia en el mercado interno y bate récord de exportaciones, también atraviesa una crisis por encarecimiento de costos operativos, como energía y combustible y una menor rentabilidad. El argumento tiene números concretos: en conjunto, las principales industrias yerbateras deben a los bancos 230 mil millones de pesos, el equivalente al 83 por ciento de la canchada en stock.

Las consecuencias del “éxito” de Sturzenegger se sienten en la provincia. No sólo en la yerba mate, sino en el té y el sector forestal, con caída de exportaciones y rentabilidad por el suelo. La Provincia intenta contener a los distintos sectores con las pocas herramientas que tiene. La yerba es la mayor preocupación por el volumen de productores afectados, aunque son pocas las alternativas para mejorar su situación. El precio de referencia, que sugirió Misiones al Instituto Nacional de la Yerba Mate, tuvo una recepción negativa en la industria. El principal argumento fue que se trata de un mercado privado en el que cada empresa tiene estructuras de costos diferentes, por lo que consideran difícil establecer un valor único.

En la reunión con la industria que se hizo esta semana, el Gobierno insistió en que contar con un valor orientativo podría ayudar a ordenar el mercado y a sostener el sistema productivo frente a las distorsiones actuales.

Además, los funcionarios señalaron que un precio de referencia permitiría mejorar las condiciones de financiamiento del sector, ya que hoy las empresas enfrentan dificultades para obtener crédito mediante warrants debido a la ausencia de valores de mercado claros para la yerba mate.

En ese marco también se mencionó la implementación de herramientas de monitoreo y trazabilidad como el CeTYM, impulsado tras la desregulación del sector, con el objetivo de seguir la evolución de la cadena yerbatera.

La Provincia sabe que las herramientas con las que cuenta son pocas. Pero el gobernador Hugo Passalacqua se muestra decidido a utilizarlas a fondo para sostener el equilibrio interno. Promoción para el turismo en Perú, obras públicas en la medida que se pueda y austeridad al máximo, como la prohibición de compras de nuevos vehículos para el Estado, forman parte de la misma preocupación: sostener el empleo.

La realidad, esa que en Buenos Aires se esmeran en combatir, marca que Misiones registró en diciembre de 2025 unos 98.721 trabajadores en el sector privado formal, con un descenso del 0,4% contra el mes anterior, lo que equivale a la pérdida de unos 403 empleos.

De este modo, se observa una profundización en el deterioro del mercado de trabajo misionero en este segmento, ya que de los doce meses del año solo creció en tres (enero con +0,2%, abril con +0,5% y mayo con +0,2%), en tanto que cayó en los otros nueve meses, con descensos consecutivos entre junio y  diciembre. El saldo del año en Misiones fue negativo en 4.675 empleos.

Desde que asumió Milei, en tanto, la caída es de 10.152 empleos (-9,3% vs. noviembre de 2023). En este caso, la provincia  presenta la sexta caída más fuerte del país. A la par, otro agravante de suma a la situación: el volumen actual de empleo es el más bajo desde enero de 2021, momento donde el trabajo estaba transitando una recuperación  luego de los impactos de la pandemia. 

Empleo privado registrado en el NEA – Diciembre

Provincia 2024 2025 Variación
Misiones 99,6 95 -4,7%
Corrientes 80,1 78,1 -4,3%
Chaco 73,7 70,5 -4,3%
Formosa 22,5 22,1 -1,8%

Misiones: el empleo privado registrado cerró diciembre con 95 mil puestos, lo que implica una caída de 4,7% interanual. El nivel representa 10.152 empleos menos (-9,3%) respecto de noviembre de 2023.

En el ámbito nacional el empleo privado formal cayó 0,2% mensual  en diciembre, perdiendo 12.399 asalariados privados en todo el país respecto al mes  anterior. Este descenso se explica principalmente por las caídas en sectores como la Minería (-1,0%), Hoteles y Restaurantes (-0,6%) e Industria Manufacturera (-0,5%), entre otros. 

A nivel acumulado de la era Milei (diciembre 2025 vs. noviembre de 2023,  desestacionalizado) son 200.941 los empleos perdidos en el sector privado formal (-3,2%).

Raro el contraste. Sturzenegger jura que se crearon 200 mil empleos por año desde que llegó Milei. La realidad, esa que se empecina en decir otra cosa, marca que son pocos los sectores con saldo positivo. La industria manufacturera argentina comenzó el año con una señal clara de enfriamiento. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la utilización de la capacidad instalada se ubicó en enero en apenas 53,6%, un nivel inferior al registrado en el mismo mes de 2025, cuando había alcanzado el 55%. El dato no solo confirma una caída interanual, sino que además representa el peor inicio de año para la actividad industrial desde la crisis económica de 2002.

El indicador mide qué proporción de la capacidad productiva instalada en las fábricas está efectivamente en uso. Cuando ese porcentaje desciende, significa que las plantas industriales trabajan por debajo de su potencial, ya sea por caída de la demanda, aumento de importaciones o dificultades macroeconómicas que afectan la producción.

Los sectores más golpeados por la caída de la demanda y el cambio en el escenario comercial son la industria automotriz, que operó en enero con apenas el 24% de su capacidad instalada, mientras que los productos textiles utilizaron solo el 23,7%. La metalmecánica -excluyendo automotores- registró un nivel del 31,4%, el sector de caucho y plástico 36,1% y los productos minerales no metálicos 45,5%.

La caída más marcada se observa en la metalmecánica, donde el uso de capacidad instalada descendió desde el 38,1% de enero de 2025 hasta el 31,4% en el inicio de 2026. El informe vincula este retroceso principalmente con la fuerte reducción en la fabricación de maquinaria agrícola y de electrodomésticos, dos segmentos que experimentaron una contracción significativa de la producción.

La industria automotriz también refleja un deterioro considerable. Con apenas el 24% de su capacidad en uso, el sector registra una caída significativa frente al 34,8% del mismo mes del año pasado. La producción de vehículos retrocedió más de 30% interanual, lo que explica buena parte del menor dinamismo industrial.

Algo similar ocurre con el sector textil, que en enero utilizó apenas el 23,7% de su capacidad instalada. La caída responde principalmente a la disminución en la producción de tejidos y de hilados de algodón, que registraron retrocesos superiores al 30% interanual.

El 53,6% de utilización de capacidad instalada registrado en enero refleja que casi la mitad de la capacidad productiva del sector industrial permanece ociosa. Para encontrar un inicio de año con un nivel inferior hay que remontarse a enero de 2002, en pleno colapso económico de la Argentina, cuando la industria utilizaba apenas el 48,2% de su capacidad productiva.

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La fábrica de neumáticos Fate anunció su cierre definitivo y echará a más de 900 empleados

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El cierre definitivo de la fábrica de neumáticos Fate no es solo el final de una empresa histórica: es la postal más contundente del retroceso industrial que atraviesa la Argentina. Con 920 despidos y el cese total de actividades en su planta de Virreyes, en el partido bonaerense de San Fernando, la firma de más de 80 años de trayectoria se convierte en uno de los símbolos más fuertes del actual ciclo económico.

“FATE S.A.I.C.I. comunica que, a partir del día de la fecha, cesa la actividad en su planta industrial”, informó la compañía en un comunicado oficial, en el que atribuyó la decisión a “los cambios en las condiciones de mercado”.

La empresa, que fue pionera en abastecer neumáticos radiales a la industria automotriz local y el único productor nacional de neumáticos radiales para transporte, arrastraba años de crisis por caída de ventas, conflictos gremiales y pérdida de mercados de exportación.

Pero el impacto del cierre excede a la firma. Se produce en un contexto en el que el sistema productivo argentino viene reduciéndose a una velocidad sostenida.

La salida de Fate del mapa productivo no ocurre en el vacío. Se inscribe en un proceso más amplio de contracción del entramado empresario formal que viene profundizándose desde fines de 2023. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 el sistema perdió 21.938 empleadores registrados. En el mismo período, el número de trabajadores formales cubiertos cayó en 290.602 personas. Si en noviembre de 2023 había 512.357 empresas y 9.857.173 trabajadores, dos años después los registros muestran 490.419 empleadores y 9.566.571 trabajadores. Solo en noviembre último el cierre neto fue de 892 empresas, y en los primeros once meses de 2025 la pérdida acumulada alcanzó a 9.722 empleadores.

La construcción aparece como el sector más golpeado por el freno de la obra pública y la retracción de la inversión privada, pero la industria manufacturera también viene mostrando señales persistentes de debilidad. En ese contexto, el caso Fate adquiere una dimensión simbólica: no se trata de una pyme marginal, sino de una firma con liderazgo tecnológico, presencia exportadora en Europa, Estados Unidos y América Latina, y un rol estratégico dentro del complejo automotriz argentino.

La crisis de la compañía no comenzó este año. En 2019 aplicó una reducción de 450 puestos y volvió a ajustar en 2021 y 2022. En julio de 2024 solicitó la apertura de un Procedimiento Preventivo de Crisis ante la abrupta caída de ventas y la pérdida de mercados externos. La empresa sostuvo entonces que la demanda interna se había desplomado un 30% y que acumulaba pérdidas superiores a los 30 millones de dólares en el primer semestre de 2024. En mayo de ese mismo año ya había anunciado cerca de 200 despidos para adecuar su estructura. Entre los factores señalados figuraban los elevados costos de producción, la sobrecarga impositiva, las restricciones cambiarias para importar insumos, la deficiente infraestructura, los sobrecostos laborales, la baja productividad y la conflictividad gremial.

El cierre de Fate deja así una doble lectura. Por un lado, el drama inmediato de casi mil trabajadores que pierden su empleo. Por otro, la confirmación de una tendencia estructural: la economía argentina atraviesa una etapa de fuerte reducción de su base empresaria formal. Con casi 22 mil empleadores menos en dos años, la pregunta que comienza a instalarse no es solo cuántas compañías más resistirán el nuevo escenario, sino qué perfil productivo quedará en pie una vez que el ajuste termine de reconfigurar el mapa industrial del país.

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