El consumo se recupera, pero persisten desequilibrios estructurales
El consumo privado en la Argentina muestra señales de recuperación en 2025, impulsado por la desaceleración inflacionaria, el acceso al crédito y una leve recomposición del ingreso real. Según el último informe del Indicador de Consumo (IC) elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), en junio se registró un crecimiento interanual del 4%, con un incremento desestacionalizado del 2,9% respecto a mayo. Es el sexto mes consecutivo con mejoras interanuales, lo que consolida una tendencia positiva en el año.
Esta dinámica se da en un contexto de cierta estabilidad macroeconómica. La inflación mensual de junio fue del 1,6%, acumulando un alza interanual del 39,4%, el menor registro desde la pandemia. El ingreso promedio por hogar se estimó en 1.995.000 pesos, con una mejora real del 1,8% frente al mes anterior, lo que, sumado al crecimiento del crédito (especialmente hipotecario, prendario y personal), impulsa particularmente el consumo de bienes durables.
Sin embargo, al observar la actividad económica en su conjunto, el panorama es mixto. Según datos complementarios del informe de coyuntura, solo cuatro sectores —industria manufacturera, construcción, comercio mayorista y minorista, y electricidad, gas y agua— se encuentran por debajo de los niveles de 2023. El resto de las actividades ya superaron el desempeño del año pasado. No obstante, la industria y la construcción son los sectores más rezagados, y los más difíciles de recuperar.
La economía acumuló en los primeros cinco meses del año una mejora del 6,1% respecto al mismo período de 2024, sostenida en buena parte por una base de comparación baja y la recuperación del consumo. Rubros como indumentaria y calzado crecieron 15,9% interanual, y transporte y vehículos 10,7%, destacándose el patentamiento de automóviles, que subió 85% y alcanzó su mejor nivel desde 2018. En contraste, recreación y cultura cayó 9,7%, debido a una base alta por récord de asistencia a cines en 2024.
Desde el punto de vista fiscal, el gobierno nacional enfrenta un dilema. Si bien logró reducir la deuda bruta de la administración central en casi 10.000 millones de dólares en mayo y acumula reservas brutas por 40.356 millones, el desafío del financiamiento externo persiste. En 2026 vencen pagos de deuda por casi 20.000 millones de dólares. Para afrontarlos, el Tesoro necesita continuar generando superávit fiscal y acceder a divisas, lo que limita la posibilidad de aplicar una rebaja impositiva en el corto plazo.
En efecto, dos de los tributos más cuestionados —el impuesto a los débitos y créditos y las retenciones a las exportaciones— son cruciales para sostener las cuentas públicas: el primero representa en promedio un 80% del superávit fiscal primario y las retenciones un 54%. Por ello, si bien podría evaluarse una reducción gradual en las alícuotas, su eliminación no aparece en el horizonte inmediato.
En el mercado laboral, el empleo formal en el sector privado cayó en solo 70.000 puestos entre 2023 y 2025, afectado principalmente por la industria y la construcción. En contraposición, el comercio mayorista y minorista absorbió una parte importante de la demanda de trabajo, consolidando su rol como motor del empleo urbano. El riesgo país, por su parte, permanece estancado en torno a los 750 puntos básicos, tensionado por las dudas del mercado sobre el cumplimiento futuro de los compromisos de deuda y las expectativas cambiarias en un año con clima electoral.
En síntesis, el consumo muestra signos alentadores, con una recuperación que supera incluso los niveles de 2019 en términos mensuales y acumulados. Sin embargo, esta mejora convive con una economía todavía frágil, en la que las restricciones fiscales, los compromisos externos y los desequilibrios sectoriales condicionan la sostenibilidad de la recuperación. El desafío para el segundo semestre será consolidar esta tendencia sin resignar las metas macroeconómicas ni profundizar las desigualdades estructurales.
