cámaras trampa

Con más de 250 cámaras, activan un nuevo monitoreo del yaguareté en el Corredor Verde

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Una estrategia científica que impacta en la agenda ambiental y territorial. Con más de 250 cámaras, monitorean al yaguareté en Misiones: la población se estabiliza pero surgen alertas sobre su futuro.

Con más de 250 cámaras trampa desplegadas en el norte de Misiones y el Parque Nacional de Brasil, la ONG Proyecto Yaguareté puso en marcha en 2026 un nuevo esquema de monitoreo sobre la principal especie emblema de la selva paranaense. El operativo, que abarca más de 500 mil hectáreas y se realiza de manera sostenida desde hace más de dos décadas, busca medir la evolución de la población en un momento donde los datos muestran una señal ambigua: estabilidad con leve tendencia a la baja. ¿Se trata de un freno en la recuperación o del inicio de un nuevo retroceso?

La iniciativa, articulada con investigadores del Conicet y equipos brasileños, introduce además una novedad operativa: un seguimiento a lo largo de todo el año, que se complementará con el relevamiento intensivo previsto para la segunda mitad de 2026.

La investigadora asistente del Conicet en el Instituto de Biología Subtropical Nodo Iguazú, Paula Cruz, explicó en LT17 Radio Provincia los detalles sobre el monitoreo binacional con más de 250 cámaras trampa a lo largo del Corredor Verde, iniciado por la ONG Proyecto Yaguareté. 

Monitoreo científico y decisiones de política pública

El estudio, coordinado desde el Instituto de Biología Subtropical Nodo Iguazú, se inscribe en un esquema de monitoreo bienal que permite estimar la cantidad de individuos y, sobre todo, observar la tendencia poblacional del yaguareté en la región.

Cruz detalló que este año la propuesta es diferente a las anteriores. “Buscamos realizar un monitoreo a lo largo de todo el año, es un trabajo más concentrado, unos tres meses, que lo vamos a iniciar a partir de la segunda mitad del año”, precisó. El censo se realiza cada dos años y se convirtió en uno de los seguimientos de grandes felinos más prolongados del mundo, con más de dos décadas de historia.

El último relevamiento, realizado en 2024, estimó una media de 84 individuos, con un rango que va de 64 a 110 ejemplares en todo el Corredor Verde. La cifra marca una mejora respecto de los inicios del programa, cuando la población rondaba los 40 ejemplares, pero aún se mantiene lejos del umbral considerado sostenible, que se ubica en torno a los 250 individuos.

El método combina cámaras trampa y modelos matemáticos. Cada ejemplar se identifica por su patrón único de manchas, lo que permite construir una base de datos precisa sin intervención directa sobre los animales. Esta información no solo describe la población: define el insumo central para diseñar políticas de conservación.

Una población que creció, pero no despega

El seguimiento de más de veinte años muestra una curva clara: crecimiento sostenido hasta aproximadamente 2018 y, desde entonces, una estabilización en torno a los 80 o 90 individuos. En los últimos relevamientos aparece una leve caída en el valor medio, aunque todavía dentro de márgenes estadísticos superpuestos.

Sobre el objetivo del relevamiento, Cruz fue clara. “Queremos entender cómo está la población de yaguaretés de nuestra región”, afirmó. Gracias a las cámaras trampa, los científicos pueden estimar la cantidad de individuos y analizar la tendencia de la población, si aumenta, disminuye o se mantiene estable.

Ese dato, en términos políticos, introduce una señal de alerta. La recuperación lograda no logra consolidarse en una fase de expansión sostenida. Y eso ocurre en un territorio que, aun con áreas protegidas y bosque continuo, ya muestra límites para sostener el crecimiento de la especie.

A pesar de la mejora, la investigadora advirtió que la situación sigue siendo delicada. “Estamos mejor que hace 20 años, pero sigue siendo una población crítica”, afirmó. Para que la población esté bien y no necesite acciones de conservación adicionales, se estima que debería haber unos 250 individuos.

El yaguareté necesita grandes extensiones para sobrevivir. La fragmentación del hábitat y la presión sobre el territorio empiezan a tensionar esa dinámica.

Conflicto humano y límite territorial

El principal factor de riesgo identificado no es biológico sino social: el conflicto con actividades humanas. A medida que los animales amplían su rango de movimiento fuera de áreas protegidas, aumenta la interacción con zonas productivas y rurales.

En ese contexto, la depredación de animales domésticos genera tensiones directas con productores, que en algunos casos derivan en la eliminación de ejemplares. Este fenómeno aparece como una de las amenazas más concretas para la especie en la región.

La situación expone un punto sensible para la política ambiental: la conservación deja de ser un problema exclusivamente ecológico y pasa a ser un tema de ordenamiento territorial, convivencia productiva y gestión del conflicto.

Un sistema en vigilancia permanente

El despliegue de más de 250 cámaras en una superficie de más de 500 mil hectáreas configura uno de los sistemas de monitoreo más extensos de la región. Además, el trabajo conjunto con equipos de Brasil refuerza el carácter transfronterizo del problema.

La continuidad del programa —con relevamientos cada dos años— apunta a reducir la incertidumbre sobre la tendencia poblacional. En este escenario, el nuevo monitoreo anual busca anticipar movimientos y detectar cambios antes de que se consoliden.

La clave estará en lo que muestren los próximos datos. Si la población logra retomar una senda de crecimiento o si la estabilización deriva en retroceso. En ese margen se juega no solo el futuro del yaguareté, sino también la capacidad de sostener políticas ambientales en un territorio donde la presión productiva y la conservación conviven en tensión.

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Parque Nacional Iguaçú registra nuevos cachorros de yaguareté y consolida su liderazgo ambiental

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Imágenes captadas a fines de 2025 confirmaron un nuevo nacimiento de yaguareté en el Parque Nacional Iguazú y consolidan el rol estratégico del área protegida en la conservación del mayor felino de América. El registro, obtenido mediante cámaras trampa, muestra a la hembra Janaína junto a dos cachorros y refuerza la relevancia ambiental, institucional y económica de las políticas de preservación en la región de la Selva Paranaense.

El hallazgo fue documentado en diciembre de 2025 por el Proyecto Onças do Iguaçu, a partir de dispositivos de monitoreo instalados en el sector brasileño del parque. Las imágenes inéditas muestran a Janaína, una de las yaguaretés más monitoreadas de la región, desplazándose por la selva acompañada por dos nuevas crías, que según los investigadores tendrían entre cinco y seis meses de edad.

Janaína, una hembra clave para la supervivencia del yaguareté

Con este nuevo nacimiento, Janaína se convirtió en la primera yaguareté registrada por el proyecto en haber parido cinco veces, un dato de alto valor para la conservación de la especie. Identificada por primera vez en 2018, la hembra es considerada una pieza central para la sostenibilidad de la población silvestre en el Bosque Atlántico, uno de los ecosistemas más degradados de América del Sur.

El dato adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que el yaguareté se encuentra en estado crítico de extinción en la Mata Atlántica, con menos de 300 individuos registrados en toda la región. En ese contexto, cada evento reproductivo exitoso tiene un impacto directo sobre la viabilidad genética y demográfica de la especie.

Desde el equipo de investigación señalaron que el seguimiento de Janaína y sus cachorros continuará durante los próximos meses. Una vez que se pueda determinar el sexo de las crías, se prevé convocar a la comunidad para participar en la elección de sus nombres, como una estrategia para fortalecer el vínculo social con las acciones de conservación.

El Parque Nacional Iguazú, un refugio estratégico en la Mata Atlántica

El Parque Nacional Iguazú, que abarca unas 185.000 hectáreas y alberga las Cataratas del Iguazú, concentra actualmente alrededor de 25 yaguaretés. Se trata del único sector de la Mata Atlántica donde la población del felino muestra una tendencia de crecimiento, un dato que distingue al área en términos de resultados de conservación.

Este desempeño está directamente vinculado a la preservación del ambiente, la integridad territorial del parque y la continuidad de programas de monitoreo y protección, como los que utilizan cámaras trampa para relevar individuos, patrones de movimiento y eventos reproductivos.

Desde una perspectiva institucional, estos registros refuerzan la importancia de sostener políticas públicas activas de conservación, especialmente frente a amenazas persistentes como la caza furtiva, que continúa siendo uno de los principales riesgos para la supervivencia del yaguareté en la región.

Conservación, territorio y valor estratégico

El nuevo registro de Janaína y sus cachorros no solo representa un logro científico y ambiental, sino que también tiene implicancias económicas e institucionales. La conservación del yaguareté se vincula de manera directa con la protección de la biodiversidad, el turismo de naturaleza y la proyección internacional del Parque Nacional Iguazú como área protegida de referencia.

En un contexto regional marcado por la presión sobre los ecosistemas, el caso del Iguazú se consolida como un ejemplo de que la combinación de monitoreo técnico, gestión sostenida y compromiso institucional puede revertir tendencias críticas y generar resultados medibles en la conservación de especies emblemáticas.

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