CAMBIO CLIMATICO

Misiones en riesgo extremo de incendio y llamado urgente a la prevención ciudadana

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Con índice de peligro de incendios en nivel extremo en todo el territorio provincial, el Gobierno de Misiones reforzó las medidas de prevención y convocó al acompañamiento de la comunidad para evitar incendios forestales, rurales y urbanos. La advertencia, difundida este lunes 26 de enero de 2026, responde a un escenario climático adverso, marcado por altas temperaturas y escasez de lluvias, que eleva de manera significativa el riesgo ambiental y compromete la seguridad de la población y la protección de la selva misionera.

Desde el Ejecutivo provincial remarcaron que la concientización ciudadana resulta determinante para reducir incidentes y mitigar impactos económicos, sociales y ambientales. En este contexto, se insistió en la necesidad de actuar con responsabilidad y respetar las recomendaciones vigentes durante la temporada crítica.

Condiciones climáticas extremas y alerta en todo el territorio

Las actuales condiciones meteorológicas colocan a Misiones en una situación de riesgo extremo de incendios de alcance provincial. El déficit de precipitaciones, combinado con temperaturas elevadas, incrementa la inflamabilidad de la vegetación y acelera la propagación del fuego, con potenciales consecuencias sobre recursos naturales, infraestructura y actividades productivas.

Ante este escenario, el Gobierno provincial activó un refuerzo preventivo y subrayó la importancia de la respuesta temprana ante cualquier foco de humo o fuego. La medida busca evitar daños irreversibles sobre el ambiente y reducir costos asociados a la emergencia, que impactan tanto en el sector público como en las economías locales.

Recomendaciones clave y rol del Ministerio de Ecología

A través del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables, el Gobierno recordó una serie de recomendaciones básicas que resultan centrales en períodos de peligro extremo:

  • No prender fuego ni quemar residuos.
  • No arrojar colillas de cigarrillos ni fósforos.
  • No realizar fogatas en áreas naturales.
  • No tirar basura en rutas, caminos o espacios abiertos.
  • Ante la presencia de humo o fuego, llamar de inmediato al 911.

Estas pautas, reiteraron desde el Ejecutivo, apuntan a reducir conductas de riesgo que suelen ser el origen de incendios evitables. El cumplimiento estricto de estas medidas se vuelve crítico cuando el índice de peligro alcanza niveles extremos.

Prevención como responsabilidad colectiva

El Gobierno de Misiones enfatizó que la prevención es una responsabilidad compartida y que el compromiso individual de cada ciudadano es clave para proteger la selva misionera, uno de los principales activos ambientales de la provincia. La cooperación comunitaria, señalaron, permite disminuir la probabilidad de incendios, proteger la seguridad de la población y preservar los recursos naturales frente a un contexto climático cada vez más desafiante.

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Sostenibilidad corporativa, L’Oréal vuelve a liderar el ranking ambiental del CDP

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L’Oréal Groupe fue reconocida por décimo año consecutivo con la calificación triple A de CDP, un logro sin precedentes a nivel mundial que la convierte en la primera y única empresa en alcanzar este estándar de excelencia sostenida en desempeño ambiental, transparencia corporativa y gestión del impacto climático, forestal e hídrico. La distinción, otorgada en 2025, posiciona al grupo como referente global en sostenibilidad corporativa y consolida la integración de criterios ambientales en su estrategia de negocios.

La evaluación se realizó sobre más de 22.100 empresas que reportaron información ambiental ante CDP, de las cuales solo 23 alcanzaron la máxima calificación, siendo L’Oréal la única en obtenerla durante diez años consecutivos, un dato que refuerza la consistencia y profundidad de su enfoque ambiental.

Desempeño ambiental, métricas clave y resultados operativos

El reconocimiento de CDP se sustenta en indicadores concretos alcanzados por L’Oréal durante 2024, que reflejan avances estructurales en su operación global. Entre los principales logros se destaca que el 97% de la energía utilizada en todas sus instalaciones provino de fuentes renovables, un dato relevante en términos de transición energética y reducción de emisiones.

Asimismo, el 92% de los ingredientes y materiales de origen biológico utilizados en fórmulas y envases fueron obtenidos de fuentes sostenibles y trazables, fortaleciendo la gestión responsable de la cadena de suministro. En materia hídrica, la compañía garantizó que el 53% del agua utilizada en sus procesos industriales proviniera de fuentes recicladas o reutilizadas, un indicador clave en un contexto de creciente estrés hídrico global.

Desde la conducción corporativa, Ezgi Barcenas, directora de Responsabilidad Corporativa, y Antoine Vanlaeys, director de Operaciones de L’Oréal Groupe, subrayaron que “este logro sin precedentes es testimonio del profundo compromiso de L’Oréal Groupe de integrar plenamente la sostenibilidad en el corazón de nuestra estrategia empresarial y en nuestras operaciones diarias”. Además, destacaron que el reconocimiento refleja “la dedicación de nuestros equipos y nuestro ecosistema” y reafirmaron el foco en “la innovación y las asociaciones colaborativas para un futuro más sostenible”.

Evaluación del CDP, impacto institucional y señales al mercado

La calificación otorgada por CDP se basa en una metodología rigurosa e independiente, alineada con el marco del Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD). El proceso evalúa no solo la calidad y profundidad de los reportes corporativos, sino también la comprensión de los riesgos ambientales, la adopción de objetivos ambiciosos y la existencia de acciones verificadas en materia de cambio climático, bosques y seguridad hídrica.

CDP administra el mayor repositorio de información ambiental del mundo y sus evaluaciones son utilizadas como referencia para decisiones de inversión y adquisición. En 2025, 640 inversores que administran activos por 127 mil millones de dólares solicitaron a CDP la recopilación de datos sobre impactos, riesgos y oportunidades ambientales, lo que amplifica el valor estratégico de este tipo de reconocimientos.

En este marco, el CEO de L’Oréal Groupe, Nicolas Hieronimus, afirmó: “Como la mayor empresa de belleza del mundo, reconocemos nuestra posición única y nuestra responsabilidad de impulsar un cambio real y significativo”, y agregó que se siente “inmensamente orgulloso de que L’Oréal sea la única empresa que ha conseguido por décima vez consecutiva la calificación triple A del CDP”, destacando el rol de empleados y socios de la cadena de valor.

Desde CDP, su directora general Sherry Madera señaló que “las empresas que obtienen una calificación ‘A’ están demostrando que la ambición medioambiental y la fortaleza comercial van de la mano”, y remarcó que los datos de alta calidad permiten “atraer capital, garantizar competitividad a largo plazo y proteger los sistemas naturales”.

Repercusiones y proyección estratégica

El reconocimiento consolida a L’Oréal como caso de referencia en gobernanza ambiental corporativa, con impacto directo en su posicionamiento ante inversores institucionales, mercados financieros y reguladores. La continuidad del triple A durante una década envía una señal clara sobre previsibilidad, gestión de riesgos ambientales y alineación con estándares internacionales de reporte y transparencia.

Para el sector corporativo global, el caso refuerza la tendencia que vincula desempeño ambiental con competitividad, acceso al capital y legitimidad institucional. En un escenario donde los criterios ESG influyen crecientemente en decisiones de inversión, la distinción de CDP actúa como un activo estratégico de largo plazo.

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COP30: Brasil lanzó el plan internacional de adaptación climática centrado en la salud

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Brasil presentó el jueves el primer plan mundial de adaptación climática dedicado exclusivamente a la salud. Fue durante la 30ª Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebra en Belém hasta el 21 de noviembre.

En el documento Plan de Acción de Salud de Belém. El Ministerio de Salud de Brasil propone medidas concretas para fortalecer los sistemas sanitarios frente a los efectos del cambio climático. Con especial atención a las poblaciones más vulnerables.

El ministro de Salud de Brasil, Alexandre Padilha, destacó que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva encomendó al país la misión de hacer de la COP30 la conferencia de la implementación y de la verdad. “La respuesta de Brasil es clara: es hora de pasar de la reflexión a la acción conjunta. Ante un clima ya alterado, no nos queda otra alternativa que gobiernos y políticas públicas que nos permitan adaptarnos y enfrentar el cambio climático.”

Asimismo, el funcionario indicó que lideró la elaboración del plan junto con Reino Unido, Egipto, Azerbaiyán y Emiratos Árabes Unidos, países que integran el denominado grupo de Bakú.

Desafíos entrelazados entre el clima y la salud

“El reto que nos presenta esta COP30 es afrontar juntos, en un verdadero esfuerzo colectivo, los desafíos entrelazados entre el clima y la salud. Necesitamos una estrategia de adaptación coordinada, que reconozca las necesidades y los contextos locales. Y que valore la fuerza del multilateralismo y de la cooperación internacional”, afirmó.

El plan internacional se implementará en tres ejes principales: el monitoreo de datos sobre clima y salud, construir infraestructuras sanitarias más resistentes a desastres y garantizar atención continua a comunidades vulnerables.vrdhJQ

Padilha señaló que se destinarán recursos existentes del presupuesto nacional y se buscará financiamiento privado y multilateral para implementar las medidas.

Con el Plan de Acción de Salud de Belém, Brasil busca colocar la salud humana en el centro de la acción climática global. Así como promover respuestas coordinadas ante la crisis climática y sanitaria que enfrenta el planeta.

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Los refugios climáticos buscan salvar vidas durante las olas de calor urbanas

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Escribe Nadia Luna / Dialogue Earth – Desde Barcelona hasta Boston, pasando por Buenos Aires y Rosario, los veranos cada vez más intensos obligan a las ciudades a crear refugios climáticos para refrescarse. ¿Qué tan exitosos han sido?

La evidencia científica sobre los impactos del calor en la salud y su relación con el cambio climático es cada vez más contundente. En Europa y América Latina, el calor ya provoca miles de muertes cada verano, muchas de ellas atribuibles al calor adicional que provoca la crisis climática. En una región tan desigual como América Latina, la falta de acceso al agua potable y la atención primaria agravan los riesgos.

El impacto del calor se siente especialmente en las grandes ciudades que, por su densidad de edificios y la falta de zonas verdes, experimentan temperaturas más altas formando “islas de calor urbanas” donde las temperaturas son más altas que en las zonas circundantes. Ante esto, cada vez más ciudades están implementando redes de refugios climáticos: espacios que brindan confort térmico a cualquier habitante que necesite resguardarse del calor. Pueden ser abiertos, como parques, reservas y plazas, o cerrados, como museos, escuelas y centros comunitarios.

“Tener este tipo de espacios es absolutamente necesario porque estamos teniendo olas de calor cada vez más intensas y frecuentes”, explica Pilar Bueno Rubial, subsecretaria de Cambio Climático de la ciudad de Rosario en Argentina.

Algunas de las redes climáticas que han surgido en todo el mundo han tenido un gran éxito, mientras que otras han tenido dificultades para atraer usuarios.

Un informe de Greenpeace que analizó los refugios de 16 ciudades españolas encontró deficiencias como horarios de apertura limitados, áreas de descanso insuficientes y el hecho de que no todos los refugios son de acceso gratuito. Otros obstáculos son la dificultad de supervisar la eficacia y la relación costo-beneficio de las iniciativas, así como la comunicación adecuada de la existencia de los refugios.

Averiguar qué funciona y qué no es una tarea cada vez más urgente para investigadores y urbanistas.

¿Qué son los refugios climáticos?

Un refugio climático es un espacio donde las personas pueden refugiarse del calor extremo.

Se han implementado redes de estos refugios en muchos lugares donde el calor amenaza la salud humana. Algunas ciudades han definido estos refugios de manera amplia, incluyendo parques, paradas de autobuses con aire acondicionado y edificios públicos existentes. Otras utilizan el término de manera más restrictiva para referirse a instalaciones diseñadas y abiertas específicamente para proporcionar a las personas refugio contra el calor.

Es probable que se necesiten más refugios de todo tipo a medida que el planeta se calienta.

Barcelona: de los centros de enfriamiento a los refugios climáticos

Barcelona fue la primera ciudad en crear una red formal de refugios climáticos en 2019. Sin embargo, Ana Terra Amorim-Maia, investigadora del Basque Centre for Climate Change, cuenta que la idea de abrir espacios para que la gente acuda en una situación de calor extremo ya existía en ciudades de países como Estados Unidos y Canadá, bajo el nombre de cooling centers (centros de enfriamiento).

“Barcelona aprendió del concepto de cooling centers, que estaban más destinados a poblaciones vulnerables, amplió el acceso a cualquiera que necesitara refugiarse del calor y los llamó refugios climáticos”, explica.

Hoy tienen 409 refugios climáticos en la ciudad, a los que se dirige a las personas si necesitan refrescarse. Entre ellos se incluyen bibliotecas, mercados, piscinas, museos y clubes deportivos.

A courtyard with arched stone columns and trees

Hoy en día hay 409 refugios climáticos en Barcelona, entre los que se incluyen bibliotecas, mercados, piscinas y museos como el Real Monasterio de Santa María de Pedralbes (Imagen: José Antonio Gil Martínez / FlickrCC BY)

Un desafío que tuvieron fue llegar a barrios más vulnerables que carecían de espacios públicos. Otro reto fue la difusión. Según un relevamiento realizado por Terra Amorim-Maia en un barrio popular (La Prosperitat), en 2022 solo el 15% de las personas encuestadas los conocía, mientras que en 2023, apenas llegaban al 30%según otra encuesta realizada por el ayuntamiento.

“Así, en un año, el porcentaje de la población que conocía su existencia se había duplicado aproximadamente, pero aún había un 70% que no sabía nada de ellos”, dijo la investigadora. “Los inmigrantes, principalmente quienes provenían de países del Sur Global, tenían siete veces menos probabilidad de haber escuchado sobre la red de refugios climáticos”.

Las mujeres resultaron ser quienes más los necesitan. “Los hombres hacen recorridos más directos, de la casa al trabajo, mientras que las mujeres hacen un zigzag por la ciudad, por los roles de cuidado que les caen. Entonces van a llevar a los niños al colegio, luego pasan por la farmacia, van al mercado y así”, agrega.

Respecto a la relación costo-beneficio, indica que no hay estudios que lo cuantifiquen pero como son espacios que requieren poca adaptación, y teniendo en cuenta el servicio que brindan, no hay dudas de que “el beneficio existe”.

Boston: muchos refugios, poca concurrencia

En los últimos años, los veranos en la ciudad de Boston, en el noreste de Estados Unidos, no solo han sido más cálidos, sino también más húmedos, con cuatro o cinco olas de calor por temporada.

Asientos de colores bajo toldos rojos en un centro comunitario, junto a un camión de helados

Las zonas de juegos acuáticos gratuitas para niños (y adultos) forman parte de la red de centros de refrigeración de Boston. Sin embargo, la gente suele preferir refrescarse en sus propios hogares, según afirma una experta (Imagen: City of Boston / City of Boston Heat Plan)

Mientras Barcelona aprendió de las experiencias de América del Norte, Boston, a su vez, aprendió varias cosas de Barcelona para mejorar su propia red de cooling centers, afirma Zoe Davis, jefa de proyectos de la Oficina de Resiliencia Climática de Boston.

Una de ellas fue sumar parques a la red, ya que los cooling centers se caracterizaban por ser edificios públicos. Otros espacios que fueron agregando fueron bibliotecas públicas y juegos acuáticos de uso libre.

Pero, ¿qué se sabe de quiénes y cuántos los utilizan? “Esa es probablemente una de las preguntas más difíciles que hemos buscado responder en los últimos dos años. Tenemos un proceso de registro para llevar un control, pero es algo básico”, considera Davis.

Mientras continúan trabajando en una metodología que pueda registrar mejor la concurrencia, Davis comenta algunas observaciones. “Hemos escuchado que los ciudadanos de Boston prefieren mantenerse frescos en sus casas. Nos han llegado reportes de que hay una subutilización”, cuenta.

Ahora, se están instalando techos verdes en las paradas de autobús para reducir el impacto del calor y acercar más refugios a las personas.

Un autobús con aire acondicionado espera en el tráfico junto a una zona con árboles y vegetación

Boston ha instalado techos verdes, compuestos por un manto de suculentas, en muchas de sus paradas de autobús como forma de reducir la exposición al calor de los usuarios del transporte público (Imagen: City of Boston)

Patricia Fabian y Jonathan Lee son investigadores de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston y forman parte de B-COOL, una iniciativa conjunta con el gobierno local para monitorear la temperatura en distintos barrios.

“Está claro que debemos tener opciones para la gente que no tiene aire acondicionado en sus casas, pero es súper difícil ver el impacto que la medida tiene en la salud”, señala Fabian, y agrega que ellos han realizado estudios evaluando las características de los centros pero falta evidencia sobre su eficacia.

En tanto, Lee adelanta que están trabajando junto al gobierno de la ciudad para analizar más en detalle el presupuesto destinado a los refugios. El balance que hacen a priori es que se están gastando muchos recursos para una medida que no está teniendo el público esperado.

¿Fracaso o éxito?

En Chelsea, una ciudad separada de Boston por el río Mystic, también la experiencia con los cooling centers ha sido en gran medida fallida. El primer centro se abrió en una escuela a principios de esta década.

Cuando se inauguró, se llevó a cabo una prueba de tres días en la que solo una familia lo utilizó en un día. Luego se abrieron más refugios, pero tampoco lograron atraer a un gran número de personas.

Flor Amaya, directora de Salud Pública de la ciudad, cuenta que luego de esa experiencia decidieron abrir refugios en espacios que la gente suele frecuentar y en los que hay actividades para hacer, pero aun así no logran captar gran audiencia.

“Las personas tienden a ir a espacios con los que ya tienen un vínculo. Si eso no está, es difícil que digan ‘voy a ir allí nada más para utilizar el aire acondicionado y refrescarme’”, reflexiona Amaya.

A pesar de ello, Chelsea planea continuar con la iniciativa por el momento.

Dos ciudades en las que los refugios han funcionado bien son Nueva Orleans, en el estado de Luisiana, al sureste, y Phoenix, en el estado de Arizona, al suroeste.

En el primer caso, como es una ciudad con apagones recurrentes debido a los huracanes, la organización Together New Orleans impulsó la iniciativa Community Lighthouse (Faro Comunitario), una red de edificios equipados con paneles solares que sirven también como refugios climáticos. Ya hay 15 “faros” y quieren llegar a los 500.

Un refugio grande y moderno con hileras de camas y grupos de personas caminando

En Phoenix, una red de refugios, incluido este, ofrece camas y aire acondicionado a las personas que viven en las calles de la ciudad durante las olas de calor (Imagen: Eduardo Barraza / ZUMA Press / Alamy)

En tanto, la ciudad de Phoenix está situada en medio del desierto y tiene una red de refugios que la población usa bastante. “Hay mucha gente que vive en las calles y que no tienen adónde ir cuando hace mucho calor. Creo que en Phoenix lograron acoger a esa población vulnerable mejor que en otros lugares”, señala Lee.

Buenos Aires: la sencillez ante todo

Uno de los primeros países latinoamericanos en implementar refugios climáticos para paliar los impactos del calor fue Argentina y lo hizo en dos de sus ciudades más populosas: la Ciudad Buenos Aires, con una red de 69 refugios, y Rosario, con 87.

Patricia Himschoot, gerenta de Cambio Climático de la Ciudad de Buenos Aires, cuenta que el proyecto comenzó en 2017, en una charla con gente de Barcelona y Bogotá durante un evento de la Red C40, una red global de ciudades unidas frente al cambio climático.

“No los llamábamos refugios climáticos pero hablábamos de un lugar donde la gente pueda ir cuando hace mucho calor”, recuerda.

La red de Buenos Aires tiene espacios abiertos y cerrados, como museos, parques, bibliotecas y reservas naturales. Todos están identificados con un cartel y se chequea que tengan características mínimas, como el confort térmico.

Un parque con mesas bajo árboles frondosos

La Reserva Ecológica Costanera Sur forma parte de un número cada vez mayor de refugios climáticos en Buenos Aires. Se están llevando a cabo talleres de participación ciudadana para escuchar las necesidades locales, mientras que las autoridades municipales trabajan para ampliar la red (Imagen: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires)

Actualmente trabajan en ampliar la red y han realizado talleres de participación ciudadana para escuchar sus necesidades. “También se lo ofrecimos a varias empresas pero todavía no se animan”, comenta Himschoot.

En la ciudad de Rosario, situada en la provincia de Santa Fe, la idea surgió en 2022. Primero los llamaron “centros de amortiguación” y estaban pensados para resguardar a personas en situación de calle, pero luego de conocer la experiencia de España, ampliaron el público y cambiaron la denominación a refugios climáticos.

La primera temporada (2023-2024) constó de 25 refugios, todos en edificios públicos con elementos básicos mínimos: que sea de acceso libre y cuente con agua potable, área de descanso e información sobre la crisis climática. Para la segunda temporada (2024-2025), los organizadores de los refugios añadieron casi 50 espacios verdes e incorporaron bebederos de agua potable para mascotas en algunas zonas.

“Hicimos una evaluación sobre qué había funcionado y qué no, pero vimos que hubo una concurrencia muy importante [en ambas temporadas]”, cuenta Bueno Rubial, subsecretaria de Cambio Climático de la ciudad. Ahora están trabajando para ampliar la cobertura en los barrios más vulnerables y mejorar la recolección de datos sobre su uso.

Otra ciudad argentina que está empezando a trabajar en su red de refugios es Mendoza. Investigadoras del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) están construyendo un prototipo para instalar 12 refugios climáticos en distintos puntos de la ciudad. Mientras que otras ciudades han utilizado edificios y espacios ya existentes, estos refugios serán estructuras nuevas de 2×2 metros, similares a las paradas de buses.

Están diseñados para que puedan sentarse dos adultos y dos niños, además de cuatro adultos de pie, y cuentan con una fuente de agua potable y capacidad para cargar teléfonos celulares. Los investigadores están considerando fabricarlos con materiales reciclados y esperan tener el primer prototipo listo para el próximo verano.

“La idea era sumar espacios que permanezcan abiertos sin restricción de horarios”, explica Belén Sosa, investigadora del CONICET y una de las impulsoras del proyecto, que cuenta con financiamiento de la Municipalidad de Mendoza. “Acá los picos de uso van a ser en el horario de la siesta, que es cuando las reparticiones públicas están cerradas”, agrega Silvina López, coordinadora de Ambiente del municipio.

“Creemos que la iniciativa tiene potencial para ser replicada en distintos territorios”, afirma Julieta Villa, jefa del Departamento de Gestión Climática de la ciudad de Mendoza.

Otras ciudades latinoamericanas que están implementando sus refugios para el calor son Santiago de Chile, con una red de 35 espacios que incluye edificios municipales, parques y cuarteles de bomberos; y Medellín, en Colombia, que diseñó un sistema de espacios verdes y jardines verticales que atraviesan espacios densamente poblados.

Un sendero urbano bajo un paso elevado de hormigón, bordeado de árboles y conos, donde la gente corre y monta en bicicleta al fondo

Residentes de Medellín, Colombia, disfrutando de uno de los muchos corredores verdes instalados en el corazón de la ciudad para reducir el calor urbano (Imagen: Daniel Romero / VWPics / Alamy)

La adaptación salva vidas

Para los y las expertos consultados, es fundamental que cada vez más ciudades se animen a implementar sus redes de refugios. “Es una medida que permite democratizar un derecho: el de poder habitar las ciudades, sin que eso dependa de lo que cada uno tenga en sus viviendas”, apunta Sosa.

Varias lecciones se pueden extraer de las experiencias en marcha.

“Cualquier ciudad puede hacerlo con la información y los recursos que ya están disponibles”, dice Bueno. “¿Y por qué deben hacerlo? Porque la adaptación salva vidas y eso es algo que nos tenemos que grabar en un contexto de crisis climática”.

A medida que el mundo continúa calentándose, cada vez más personas necesitarán algún tipo de refugio para cuidar su salud.

*Nadia Luna es una periodista argentina especializada en ciencia y ambiente con una perspectiva latinoamericana y de género. 

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Historial de incumplimientos climáticos pesa sobre la COP30 en Belém

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Escribe Emilio Godoy / Inter Press Service – Las cumbres climáticas tienen una ineludible lista de metas, compromisos y procesos inconclusos. En la antesala de una nueva conferencia, la COP30, a realizarse en Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, desde el lunes 10 de noviembre, fue el propio secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien lo reconoció.

“Fallamos en evitar un aumento de temperatura bajo 1,5°C en los próximos años”, dijo en entrevista con Sumaúma, en referencia a la meta principal del Acuerdo de París sobre cambio climático.

Pero la situación no es nueva. La historia, desde al menos la 26 Conferencia de las Partes (COP26) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc), en la ciudad escocesa de Glasgow, es una de incumplimientos y de avances escasos, tanto en América Latina como en el mundo, como lo exhibe una revisión realizada por este medio. 

Un ejemplo es la famosa “salida” de los combustibles fósiles y el aumento de generación a partir de energías renovables, acordados en el marco del Balance Mundial realizado en la COP28 en Dubái.

Para Claudio Angelo, del brasileño Observatorio del Clima, el problema consiste en la falta de plazos y formas de aplicación de las medidas en torno a compromisos como el abandono progresivo de los combustibles fósiles y el crecimiento de la generación de energía renovable.

“Nadie o casi nadie dijo lo que iba a hacer para su salida en las NDC. Las renovables avanzan sin concomitantemente abandonar fósiles, tendremos un escenario de adición, no una sustitución. Brasil no es un buen ejemplo, porque la generación siempre fue renovable”, analiza desde Brasilia.

Las NDC son las contribuciones determinadas a nivel nacional, el conjunto de políticas voluntarias de mitigación que cada país presenta para cumplir con el Acuerdo de París firmado en 2015. Y un común denominador, explica Angelo, es precisamente la ausencia de los compromisos obtenidos en los documentos que deberían guiar las políticas climáticas.

Si bien el Balance Mundial —proceso mediante el cual los países y otros actores revisan su avance hacia los objetivos de reducción de emisiones y control del calentamiento global—, junto con otras iniciativas como la la Alianza de Marrakech para la Acción Climática Global —una plataforma que vincula a gobiernos, ciudades, empresas y pueblos indígenas con el fin de reducir emisiones y fortalecer la resiliencia frente a los impactos climáticos—, marcan la ruta para cumplir con el Acuerdo de París, esta ha sido muy accidentada.

El estado de los compromisos de cara a Belém

La nororiental ciudad de Belém, en el estado amazónico de Pará, será la casa de la COP30 entre el 10 y 21 de noviembre, en busca de nuevas metas y de retomar – teóricamente – la senda perdida hacia el control de la catástrofe climática.

Un análisis de Carbon Brief muestra que apenas un tercio de las nuevas NDC menciona el compromiso de salida de los combustibles fósiles acordado en el Balance Mundial de la COP28. Brasil, por ejemplo, menciona el compromiso de salida de los fósiles, pero no establece metas concretas ni fechas para realizarlo. 

Las NDC son, precisamente, los instrumentos donde se deberían explicitar las medidas concretas para lograr los compromisos realizados. 

El caso brasileño —país que preside la COP30— se suma al de los otros grandes de la región, como México y Argentina. Si bien los tres han aumentado la generación eléctrica a partir de fuentes renovables, se ha tratado más de una complementariedad que de una sustitución, ya que continúan con fuertes inversiones en los fósiles.

De los países de la región, solo Chile y Cuba mencionan y establecen metas concretas y medibles para la salida de los fósiles, según establece un análisis del think thank E3G. Colombia, el único país productor de fósiles que suscribe al voluntario Tratado de No Proliferación de los Combustibles Fósiles, menciona la meta pero no establece medidas concretas a nivel nacional.

En su nueva NDC, Brasil se compromete al incremento de la participación de tecnologías y fuentes limpias, renovables y de bajo carbono en la matriz nacional.

Pero, a pesar del progreso renovable, la dependencia de Brasil de los combustibles fósiles contradice su política climática. El país figura entre las 10 naciones con las mayores reservas de crudo desarrolladas y planea aumentar su producción de gas y petróleo.

La producción de petróleo totalizaría 5,3 millones de barriles diarios (mb/d) en 2030 y disminuiría a 4,4 Mb/d en 2034, para un aumento de 30 % frente a 2023. Mientras, la producción de gas saltaría a 118% en 2031, en comparación con 2023.

Al mismo tiempo, el grupo petrolero estatal Petrobras ya recibió un permiso de exploración de petróleo en la desembocadura del río Amazonas. 

En los últimos años, se ha vuelto costumbre que cada COP termine con una declaración final, de naturaleza política y que recoge los principales compromisos asumidos.

Sin embargo, hay voces que apuestan a que no existan más y se apliquen mecanismos de implementación que den seguimiento real a los compromisos plasmados en años anteriores.

Las COP también han sido sede de una serie de compromisos voluntarios de los países, acordados por fuera de los mecanismos propios de la Cmnucc y, por ello, libres de escrutinio dentro del sistema climático internacional.

Según un conteo del sitio Ambición COP,  desde 2021, América Latina ha asumido 444 compromisos voluntarios, con Brasil a la cabeza (45), seguido por Chile y Colombia (43 cada uno), México (28) y Argentina (21).

En cumbres climáticas, como la 29 en Bakú, La capital de Azerbaiyán, los países participantes asumieron y reafirmaron metas climáticas, algunas de ellas voluntarias, de escaso avance. Imagen: Cmnucc

Defectos comunes

México vive una contradicción similar a la de Brasil. Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido 12 300 millones de dólares para generación renovable. Y 3600 millones para producción fotovoltaica descentralizada en las casas. Mantiene la política de apoyo público a las estatales Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex).

El gobierno ha establecido un objetivo para que Pemex aumente la producción de petróleo de 1,5 mbd a 1,8 millones a 2035, así como la producción gasífera, de 3800 millones de pies cúbicos (p3) diarios a 5000 millones de p3.

Entre 2013 y 2024, el gobierno mexicano proporcionó a Pemex unos 140,000 millones de dólares en apoyo financiero, de los cuales asignó 105,000 millones después de 2019, mientras el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) frenaba la transición energética.

Sheinbaum, su sucesora, anunció en agosto último la construcción de dos plantas termosolares en el noroccidental estado de Baja California Sur. Para la generación de más de 100 megavatios.

La matriz mexicana depende de los fósiles, pues en la producción energética representa  90 % y en la eléctrica, casi 80 %. Las renovables aportan 21 % de la generación eléctrica del país.

El nuevo plan eléctrico mexicano considera adiciones de energía eólica de 23,5 % y de solar fotovoltaica de 44 % para 2030. De esa cuenta, la meta de energía limpia consiste en 38,5 % para 2030 y 43,7 % para 2039.

Sin embargo, estos anuncios quedan cortos frente al compromiso asumido en Dubái.

“No hay modalidades y guías de aplicación. Nos falta una interacción más clara entre la ambición y la aplicación, tenemos que promoverla y a partir de ella, elevar la ambición. La presidencia (brasileña) de la COP tiene el reto de cómo pasar de la promesa a la acción”, dice Mariana Gutiérrez, gerente de Diplomacia y Transparencia Climática de la no gubernamental Iniciativa Climática de México, desde Ciudad de México.

Por otro lado, en Argentina la transición marcha en reversa durante la gestión del ultraderechista Javier Milei desde 2023. Pues más de la mitad de la electricidad procedió del petróleo y gas en 2024, mientras las renovables representaron 13 %.

Para este año, Argentina asumió el compromiso de la contribución renovable de 20 %.

A diferencia de otros países latinoamericanos y pese a su dependencia fósil, Colombia tiene metas ambiciosas de transición, con la incógnita del avance que logren.

Tres cuartos de la energía generada dependen de petróleo, gas o carbón y menos de 5 % de renovables no convencionales. En la generación eléctrica, el protagonismo lo tienen las hidroeléctricas con 58 %. Más de un tercio proviene de fósiles y el aporte de solares y eólicas es mínimo. 

Los escenarios del Plan Nacional de Energía 2022-2052 de Colombia proyectan reducciones a largo plazo en la producción de combustibles fósiles. La Hoja de Ruta para una Transición Energética Justa reitera la intención gubernamental de la eliminación gradual de la producción fósil.

Para ese propósito, Colombia anunció 14 500 millones de dólares para la transición energética, incluido el alejamiento de la producción fósil.

En un bosque

Otros compromisos han corrido el mismo destino. Por caso, deforestación, meta voluntaria asumida en la COP26 de Glasgow y repetida en la cumbre de Dubái.

La Declaración de Líderes sobre los Bosques y el Uso de la Tierra de Glasgow de 2021. Que respaldaron unos 150 países, consiste en el freno y reversión de la pérdida de bosques y la degradación del suelo para 2030.

Al año siguiente, el planteamiento mutó a la Alianza de Líderes de Bosques y Clima, durante la COP27. Celebrada en Sharm el Sheij (Egipto), y la declaración final de Dubái recogió los objetivos del anuncio de Glasgow.

Pero como lo muestra el reciente reporte “Evaluación de la declaración de bosques 2025”. La brújula hacia la meta de cero deforestación de 2030 está extraviada.

Por mucho, Brasil encabeza el problema en la región, con un nivel de 1.89 millones de hectáreas en 2024. Si bien la tendencia viene a la baja desde 2021. Luego del desastre ambiental empujado por la administración del ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2023).

Para Angelo, del Observatorio del Clima, el tema forestal es menos complicado, pero “igual los criterios y plazos, especialmente el financiamiento. Es algo que hace falta definir” y resalta “la necesidad” de una hoja de ruta para la salida de fósiles y deforestación cero. Pero cuestiona que “ni siquiera están en la agenda formal”.

Le sigue Colombia, con un nivel de 200 000 hectáreas en 2023, más que el año previo. Mientras, México presenta una tendencia alcista desde 2020, con una tala de 180 000 hectáreas en 2023. En ese mismo año, Argentina perdió 130 000 hectáreas de bosque, tendencia a la baja desde 2021.

Para la mexicana Gutiérrez, la COP30 “debería ser el momento adecuado para evaluar avances, corregir el rumbo y acelerar la aplicación de los compromisos globales”.

Un asunto gaseoso

El combate a las emanaciones de metano, especialmente procedentes de la industria de hidrocarburos. Ha corrido también la misma suerte que otros compromisos, voluntarios o no.

Desde el lanzamiento del Compromiso Global de Metano de la COP28 en Glasgow, acordado por unos 150 países y que busca la reducción de emisiones en 30 %, por debajo de los niveles de 2020, para 2030, han surgido varias iniciativas de apoyo a ese compromiso, pero aún sin resultados concretos, por lo que la meta permanece lejana.

En 2024, Brasil emitió 21 882 kilotones de metano y de los cuales 1889 provienen de la producción energética. Para situarse en el cuarto puesto global. Un kilotón equivale a 1000 millones de toneladas.

Su NDC menciona someramente la reducción de emisiones del petróleo y gas.

Entre tanto, Chile generó 16 384 kilotones en 2022 y de los cuales 14 % se originó en el ramo energético. La meta de su NDC es la reversión del crecimiento en 2025.

Argentina, por su parte, lanzó a la atmósfera 5430 kilotones y de los cuales casi un tercio provino del sector energético, detrás del ramo agrícola.

México es el décimo contaminador mundial, al emitir 6449 kilotones, de los cuales 1989 procedió de la explotación de hidrocarburos.

Uno de sus mayores problemas es la quema y el venteo de gas en instalaciones de hidrocarburos, al punto que alcanzó 5724 millones de metros cúbicos en 2024. Con un crecimiento de 4 % frente al año previo, para situarse entre los nueve países con esas prácticas.

En la región, Colombia es de los menores emisores, con 3641 kilotones, 814 originados por los hidrocarburos.

Brasil, Colombia y México respaldan la meta de cero quema de gas en 2030 del Banco Mundial, mas no Argentina.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ya alertó de la gravedad del problema en un reciente informe. Al señalar que las empresas y gobiernos en el mundo solo atendieron 12 % de las 3500 alertas sobre fugas de metano que el organismo mundial lanzó en 2024. Y por lo que las metas globales de reducción de esas emisiones están lejanas.

Este reportaje se elaboró con el apoyo del programa de cobertura de la COP30 de Climate Tracker América Latina, respaldada por Oxfam.

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