Cambium Timber

Cambium Timber apuesta a cambiar la construcción argentina con una planta de CLT de US$20 millones en Corrientes

Compartí esta noticia !

La Argentina tiene madera, territorio forestal y un déficit habitacional significativo, pero todavía no consiguió convertir esos recursos en una industria capaz de transformar la forma en que se construye. Ese es el punto de partida de Cambium Timber, el proyecto que impulsa Pablo Baldomá y que prevé una inversión de más de US$20 millones en Gobernador Virasoro, Corrientes, para instalar la primera planta argentina de producción industrial de madera contralaminada, conocida como CLT (Cross-Laminated Timber).

Baldomá presentó el proyecto en Posadas, durante el encuentro organizado por la Asociación Forestal Argentina (AFoA) por sus 80 años, donde compartió escenario con referentes de las principales inversiones forestales que están tomando forma en Corrientes y la región. La propuesta de Cambium introduce una diferencia sustancial respecto de buena parte del debate tradicional de la forestoindustria: en lugar de limitarse a buscar nuevos mercados para la madera, pretende crear una nueva demanda a partir de un sistema constructivo industrializado.

El principal riesgo de este proyecto es que la demanda no está, la tenemos que crear”, explicó Baldomá. La definición resume la apuesta empresarial y, al mismo tiempo, expone el principal desafío de una industria que todavía debe convencer a arquitectos, desarrolladores, constructores y consumidores de que la madera estructural puede ocupar un lugar mucho más relevante en la construcción argentina.

De la madera como materia prima a un sistema constructivo

Cambium no se presenta solamente como una empresa forestal. Baldomá la definió como una compañía con “tres corazones”: tecnológico, industrial y constructor. La planta fabricará paneles de madera maciza industrializada, entre ellos CLT y madera laminada encolada, con procesos de alta precisión destinados a que buena parte del trabajo de construcción ocurra antes de que los componentes lleguen a la obra.

El proyecto prevé una capacidad inicial de aproximadamente 15.000 metros cúbicos anuales y una producción equivalente a unos 55.000 a 60.000 metros cuadrados de construcción por año, dependiendo del sistema utilizado. La nave industrial tendrá unos 4.800 metros cuadrados y se levanta en el predio donde funcionó el antiguo aserradero Pomera Maderas.

La inversión forma parte de un proceso mayor del Grupo Insud, que ya mantiene una presencia significativa en la región a través de forestaciones, energía y otras actividades. Según lo expuesto durante el encuentro, el grupo acumula más de US$250 millones invertidos en el NEA.

La maquinaria que permitirá poner en marcha la nueva industria está llegando desde Europa. El último contenedor con equipos de la empresa eslovena Ledinek Engineering se encuentra rumbo al Puerto de Buenos Aires y el montaje de la línea está previsto para comenzar en septiembre. La expectativa de Cambium es terminar la instalación hacia fines de 2026 y comenzar la producción entre diciembre y los primeros meses de 2027.

Pero la tecnología representa solamente una parte del desafío. Baldomá sostuvo que instalar una planta de estas características en Argentina resulta aproximadamente 30% más caro que hacerlo en Europa, debido principalmente a la combinación de impuestos y costos logísticos. Incluso señaló que transportar los contenedores desde Buenos Aires hasta Virasoro puede resultar más costoso que traerlos desde Europa hasta el puerto argentino.

Ese diferencial es una de las restricciones que la nueva industria deberá enfrentar para competir. La otra está dentro del propio mercado: la madera estructural todavía no tiene en Argentina el mismo nivel de aceptación cultural, normativa y técnica que alcanzó en otros países.

El desafío de construir demanda y cambiar la percepción sobre la madera

La apuesta de Cambium parte de una premisa que Baldomá considera central: la madera no debe competir solamente por precio. El CLT, según explicó, no es actualmente más barato que los sistemas tradicionales de mampostería o ladrillo. La oportunidad está en ofrecer otra combinación de precisión, velocidad, diseño, industrialización y calidad arquitectónica.

La forma en la que se construye es anacrónica, vieja, sucia”, planteó durante su exposición. Frente a ese diagnóstico, la empresa busca trasladar a la construcción parte de la lógica industrial que ya existe en otros sectores: diseñar digitalmente, mecanizar los componentes, producirlos con precisión y llevarlos a obra listos para ser ensamblados.

El modelo ya funciona en otros mercados. Uruguay cuenta desde 2022 con una planta de madera maciza industrializada de gran escala, mientras Chile y Brasil desarrollaron proyectos de edificios y estructuras de varios pisos utilizando CLT y madera laminada. En Argentina, en cambio, los avances todavía son puntuales y no existe una planta con una producción integral de estas características y certificación internacional.

La experiencia internacional es precisamente uno de los argumentos utilizados por Baldomá para plantear que el límite no está en las propiedades del material, sino en la forma en que el mercado argentino lo interpreta. Después de vivir cinco años en España, el empresario recorrió más de 30 fábricas de CLT antes de definir el proyecto. Su objetivo, según explicó, es trasladar a la Argentina una industria que en Europa, Estados Unidos y Australia ya dejó de estar asociada exclusivamente con viviendas económicas o construcciones de baja escala.

La comparación que eligió durante el encuentro fue histórica. Así como la Torre Eiffel contribuyó en 1889 a demostrar las posibilidades estructurales del acero, Cambium busca un proyecto emblemático que permita mostrar qué puede hacerse con madera estructural en altura.

Queremos mostrar la altura y mostrar el bosque en los edificios de altura en Argentina”, resumió Baldomá.

La empresa incluso abrió la posibilidad de desarrollar un proyecto icónico que funcione como demostrador tecnológico y arquitectónico. El objetivo no es solamente vender paneles, sino generar una construcción que permita que el mercado vea, toque y comprenda el potencial del material.

La oportunidad social: industrializar la construcción para agregar valor en origen

La dimensión más relevante del proyecto excede a Cambium y alcanza a la estructura productiva del NEA. Si la planta logra consolidar una demanda doméstica para CLT y otros productos de madera estructural, podría contribuir a desplazar parte del negocio forestal desde la venta de materia prima hacia productos de mayor valor agregado.

Ese cambio resulta especialmente relevante para Corrientes y Misiones. La región cuenta con una masa forestal considerable y una cadena industrial desarrollada, pero enfrenta desde hace años el desafío de transformar una mayor proporción de ese recurso en productos industrializados capaces de competir en mercados de mayor valor.

La discusión también alcanza a la vivienda. Desde el sector forestal se plantea que la industrialización de la construcción con madera puede reducir tiempos de obra y mejorar la previsibilidad de los proyectos. En el modelo de CLT, los paneles pueden salir de fábrica cortados, perforados y mecanizados de acuerdo con el diseño, reduciendo trabajos y desperdicios en el lugar de construcción.

El potencial, por lo tanto, no está únicamente en construir más rápido. Está en cambiar la organización económica de la obra, trasladando una parte importante del proceso desde el sitio de construcción hacia una fábrica.

Ese modelo puede abrir una oportunidad para el periodismo de soluciones: no existe una promesa automática de que el CLT vaya a resolver el déficit habitacional argentino ni de que la madera vaya a reemplazar al hormigón. Pero sí aparece una alternativa concreta para atacar algunos de los problemas estructurales de la construcción tradicional: baja productividad, desperdicio de materiales, incertidumbre sobre costos y plazos y escasa industrialización.

Para que esa posibilidad se convierta en una solución a escala, sin embargo, deberán alinearse otras variables. La propia empresa identifica como obstáculos los costos logísticos, la normativa estructural, la falta de clasificación técnica de la madera y la necesidad de formar profesionales y generar confianza en el mercado.

El cuello de botella que puede definir el futuro: la materia prima

La expansión de la madera estructural también plantea una pregunta incómoda para la región: ¿hay suficiente madera para sostener una nueva etapa de industrialización sin comprometer el abastecimiento futuro?

Durante el encuentro de AFoA se advirtió que Corrientes posee alrededor de 500.000 hectáreas de plantaciones forestales, pero que la superficie no está creciendo significativamente. Las áreas cosechadas son replantadas, pero no necesariamente se incorporan nuevas hectáreas al ritmo que requeriría una expansión sostenida de la industria.

Misiones enfrenta una situación similar desde otra escala: durante la última década no logró superar las 12.000 hectáreas anuales de nuevas plantaciones, según los datos expuestos durante la jornada. Entre Ríos, por su parte, redujo su superficie forestada hasta unas 100.000 hectáreas.

El dato obliga a mirar más allá de la fábrica. Una planta de CLT puede ser una pieza de una transformación industrial, pero necesita detrás una política forestal capaz de asegurar materia prima, inversiones de largo plazo y una cadena logística competitiva.

Baldomá lo planteó desde la perspectiva de la propia empresa: la instalación de la planta representa apenas “el diez por ciento del desafío”. El otro 90% consiste en lograr que el mercado adopte el producto, que las normas acompañen, que los arquitectos lo incorporen a sus proyectos y que aparezcan edificios capaces de demostrar que la madera puede ser utilizada a escalas que hoy parecen ajenas a la construcción argentina.

Ahí aparece la verdadera dimensión del proyecto. Cambium no está solamente construyendo una fábrica en Virasoro: está intentando construir un mercado alrededor de una tecnología que Argentina todavía no incorporó masivamente.

Si el proceso funciona, el impacto podría exceder a una empresa y convertirse en una nueva vía de agregado de valor para la forestoindustria del NEA. Si fracasa, el problema probablemente no estará en la capacidad de fabricar CLT, sino en la dificultad histórica de la Argentina para articular materia prima, industria, logística, regulación, financiamiento y demanda.

La planta que comienza a instalarse en Corrientes será, en ese sentido, un experimento industrial y también de política económica. El desafío será demostrar que un árbol plantado en el NEA puede terminar convertido no en un rollizo exportado, sino en una estructura de alta precisión capaz de formar parte de los edificios de la próxima generación.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin