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La cooperativa que desafía la crisis yerbatera: paga hasta el doble que el mercado por la hoja verde

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Mientras buena parte de los productores yerbateros de Misiones recibe entre $150 y $200 por kilo de hoja verde en un mercado desregulado y atravesado por una profunda crisis de rentabilidad, la Cooperativa Agropecuaria y de Consumo El Colono de Campo Ramón decidió tomar un camino diferente: pagar $400 por kilo a sus asociados, más del doble de los valores predominantes en la cadena.

La estrategia no responde únicamente a una decisión comercial. Es una definición de supervivencia para cientos de familias rurales que enfrentan una de las coyunturas más complejas de los últimos años.

“Las cooperativas como la nuestra se formaron a partir de una necesidad en una situación de crisis como la que estamos viviendo ahora. Necesitamos que nuestros productores puedan vender a precios razonables”, explicó Carlos Bietcheller, presidente de la entidad.

La experiencia de El Colono se presenta como una excepción en un contexto en el que la desregulación del mercado yerbatero y la fuerte concentración industrial generan crecientes tensiones entre productores e industrias. Según sostiene Bietcheller, la diferencia radica en el modelo cooperativo y en la integración de la cadena productiva.

“Nuestro objetivo es defender al productor”, remarcó el dirigente, al señalar que la eliminación de intermediarios y el agregado de valor permiten sostener mejores precios para la materia prima.

Sin embargo, incluso el valor de $400 por kilo está lejos de representar una recuperación plena. El presidente de la cooperativa advirtió que, ajustado por inflación, equivale aproximadamente al precio que recibían los productores hace tres años, reflejando el deterioro acumulado de la rentabilidad del sector.

El modelo de El Colono también fue destacado por Ricardo Maciel, representante del Gobierno de Misiones en el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), quien señaló que el crecimiento de la entidad es el resultado de una estrategia sostenida de agregado de valor y reinversión.

“Es un lindo ejemplo de un proceso de trabajo. Iniciaron secando yerba en secaderos de terceros, después fueron construyendo su secadero y vendían canchada, mientras envasaban su yerba Grapia Milenaria en molinos de terceros. Hoy tienen su propio molino y destinan toda su canchada a venderla elaborada. Y con esos recursos, hace quince días iniciaron el acopio y están secando”, explicó.

Maciel remarcó además que el valor de $400 por kilo de hoja verde responde a una decisión interna de la cooperativa destinada a proteger a sus productores asociados. “Por supuesto, ese precio es para los socios”, precisó.

El funcionario sostuvo que la experiencia demuestra que es posible construir alternativas dentro de la cadena yerbatera cuando existe integración productiva. Según indicó, la cooperativa fue avanzando gradualmente desde la prestación de servicios de terceros hacia el control de cada una de las etapas del proceso, capturando más valor y devolviéndolo a los productores a través de mejores precios por la materia prima.

La apuesta de la cooperativa fue avanzar más allá de la producción primaria. Con inversiones en infraestructura propia desarrolló un secadero con estacionamiento natural, una herramienta clave para industrializar la materia prima y capturar mayor valor dentro de la provincia.

De esa estrategia nació Grapia Milenaria, una marca de yerba mate agroecológica que logró abrirse camino en mercados internacionales, entre ellos México, demostrando que los pequeños productores pueden competir cuando logran integrarse y diferenciarse.

La cooperativa también impulsó acciones de promoción y visibilización de la crisis yerbatera mediante los denominados “yerbatazos”, realizados en ciudades como Buenos Aires, Paraná y Catamarca. Allí comercializan el producto a precios accesibles y destinan los recursos obtenidos a financiar la cosecha y sostener a los productores asociados.

Bietcheller considera que la crisis actual exige medidas específicas para los pequeños productores. Entre las propuestas que impulsa figura un esquema de subsidios y alivio impositivo segmentado, destinado a compensar las diferencias estructurales entre las explotaciones familiares y los grandes grupos productivos.

La idea es que los productores de menor escala puedan afrontar cargas tributarias y costos de producción que hoy resultan cada vez más difíciles de sostener en un contexto de precios deprimidos.

El desafío de retener a los jóvenes en las chacras

Más allá de los números, la preocupación central de la cooperativa pasa por el futuro del sistema productivo. La caída de la rentabilidad no solo compromete la continuidad de las explotaciones familiares, sino también el relevo generacional.

“Una cosecha de yerba mate por año tiene que alcanzar para vivir”, resume Bietcheller. Cuando eso no ocurre, los jóvenes comienzan a buscar oportunidades fuera del ámbito rural y se acelera el abandono de las chacras.

En ese escenario, las cooperativas aparecen como uno de los últimos espacios de contención económica y social para los pequeños productores. El desafío es sostener un modelo que permita que la producción siga siendo una alternativa viable y que las nuevas generaciones encuentren futuro en el campo misionero.

La experiencia de El Colono demuestra que, aun en un mercado golpeado por la sobreoferta y la caída de precios, existen herramientas para distribuir mejor el valor dentro de la cadena. La pregunta es si esos modelos podrán escalar lo suficiente como para transformar una crisis sectorial que hoy amenaza a miles de productores en toda la cuenca yerbatera.

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Entre parrales y memoria: el vino italiano que resiste en Campo Ramón

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En Campo Ramón, entre neblinas suaves de la mañana, yerbales, té y caminos de tierra colorada, todavía persiste una tradición que llegó en barco desde el norte de Italia y se quedó para siempre en Misiones: hacer vino casero. En la chacra de la familia Filippin, Antonio “Tonin” Filippin y su hijo Guerino sostienen un parral que no solo da uvas, sino también memoria, identidad y pertenencia.

En vísperas de una nueva reunión de la Colectividad Italiana de la Zona Centro misionera, Tonin abre la tranquera de su historia y recuerda que todo comenzó mucho antes que él, cuando sus padres llegaron con esa costumbre intacta de podar en invierno, cosechar en verano y reunirse alrededor de una mesa larga con polenta, pasta y vino propio.

“Eso viene de tradición de mis viejos, allá por 1952 o 1954. En aquella oportunidad había aproximadamente media hectárea de viñedos. En esta zona de Campo Ramón había seis o siete italianos que cada uno hacía su propio vino”, cuenta Tonin, ex docente, agricultor y uno de los guardianes de esa práctica que hoy sobrevive casi en soledad.

Durante años, la docencia lo alejó de la producción. Pero al jubilarse, volvió al origen. “Me dije que iba a volver a tener mi parralcito para tener mi vino propio”, relata en una entrevista concedida a Frontera Jesuita, que conduce Carlos Vedoya Recio por FM República.

Hoy la producción ya no es la de antes. Hubo años en los que llegó a elaborar hasta 1.600 litros de vino. “En un año tuve la suerte de hacer 1.600 litros. Y sinceramente no me quedaba ni un litro al final del año, porque venían conocidos, hijos de amigos de mi viejo, a buscar vino acá en casa”, recuerda entre risas.

Ahora, tras una enfermedad que afectó muchas plantas, la cosecha ronda los 200 litros. Pero el ritual sigue intacto. La vendimia comienza entre fines de diciembre y los primeros días de enero, después de Navidad, cuando la uva “francesa” -como la conocen en la zona- alcanza su punto justo.

No hay acero inoxidable ni procesos industriales. Todo se hace como antes: madera, manos y paciencia.

“La uva se exprime, se deja entre nueve y diez días en fermentación en la tina, después se trasvasa a la bordelesa, se espera una semana más con el pico abierto y luego se tapa. Después de un mes ya está listo para el consumo”, explica. La técnica fue aprendida mirando a su padre, especialmente en la poda de julio, cuando los recuerdos vuelven con más fuerza.

“Cada vez que podo me acuerdo de mi viejo. Porque yo no quería ayudarle, justo me agarraba en vacaciones de invierno. Pero hoy, mientras podo, voy recordando esos tiempos lindos”, dice.

Del vino también nace la grapa. El orujo que queda luego del prensado no se desperdicia: pasa al alambique. “Del ollejo me fabrico la grapa a través del sistema de alambique”, cuenta Tonin, como quien habla de algo natural, cotidiano, heredado.

La mesa italiana, claro, no se entiende sin comida. Y cuando se le pregunta qué acompaña ese vino, la respuesta sale inmediata: “La polenta. Es algo muy tradicional de la zona de donde vinieron mis nonos”. Sus abuelos llegaron desde Friuli, en el norte de Italia, provincia de Pordenone. Friulanos puros, como se dice en la colonia.

Allí también estaban las acordeonas, los saxos, las reuniones familiares y la música que mezclaba tango, milonga y nostalgia. “Se reunían acá en la casa de mi tía, tocaban acordeón, saxo… esa era la música de ellos”, recuerda.

Su hijo Guerino no solo acompaña el legado familiar, sino también el institucional. Tonin fue uno de los fundadores de la Cooperativa El Colono, impulsora de la histórica marca de yerba mate Grapia Milenaria. Fue uno de aquellos ocho o nueve vecinos que en 1996 comenzaron a organizar la cooperativa que todavía hoy sigue siendo símbolo de Campo Ramón.

Además, este fin de semana la familia será anfitriona de una reunión especial: descendientes italianos de la zona centro volverán a encontrarse para celebrar el origen común.

“La idea surgió desde la colectividad italiana del Parque de las Naciones de Oberá, para realzar esta cultura que vivimos desde siempre. Y pensamos hacerlo acá porque en esta casa se juntaban los italianos para festejar el 2 de junio, el Día de la República Italiana”, explica Guerino. Habrá fotos antiguas, historias, recuerdos y seguramente alguna botella abierta.

Porque en la chacra de los Filippin el vino no es solo bebida: es herencia líquida. Es una forma de seguir conversando con los abuelos. Una manera de sostener la identidad en medio del monte misionero. Un brindis silencioso con quienes llegaron desde lejos para sembrar raíces profundas.

Y mientras haya una poda en julio, una vendimia en diciembre y una polenta servida en la mesa, Italia seguirá viva en Campo Ramón.

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La escuela 338 de Campo Ramón ya cuenta con conectividad gracias a la red de Starlink

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Conectividad para el Futuro: Inauguración de Antena Starlink en la Escuela 338 de Campo Ramón

En un esfuerzo por llevar conectividad a las comunidades educativas de nuestra provincia, se ha inaugurado la instalación de una antena Starlink en la Escuela 338 de Campo Ramón. Este avance representa un importante paso hacia la mejora de la educación y el acceso a la información en la región.


La inauguración contó con la participación del Ministro de Educación, Ciencia y Tcnología, Ramiro Aranda, de la Diputada Provincial María Heidy Schierse y el Intendente de la localidad, José Luis Márquez Da Silva.


Esta iniciativa no solo beneficiará a los estudiantes de la Escuela 338, sino que también contribuirá a cerrar la brecha digital en otras comunidades educativas de la provincia, permitiendo el acceso a recursos pedagógicos y herramientas tecnológicas.
La instalación de la antena Starlink es un claro ejemplo de cómo la colaboración entre el gobierno y las instituciones puede transformar y mejorar la calidad educativa de nuestra región.

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Tras 25 años de trabajo cooperativo, El Colono inauguró su molino propio

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La Cooperativa Agropecuaria y de Consumo Limitada El Colono, comercializadora de la yerba mate La Grapia Milenaria, inauguró un molino propio en la localidad de Campo Ramón.

Esto es un logro que veníamos soñando hace muchos años, de a poquito, el pequeño productor se va involucrando en el negocio de la yerba mate. Nosotros como pequeños productores buscamos la manera de llegar con los productos al consumidor” contó con mucha alegría a Economis Carlos Bietcheler, productor que preside la institución. Hace algunos meses, había señalado con grandes expectativas que “gracias a que venimos trabajando a  la Federación de Cooperativas Federal Ltda., formulamos un proyecto que recientemente fue aprobado y nos permitirá hacer una entrega para adquirir algunas máquinas para el molino”.

Por otra parte, agregó que “antes abonábamos el servicio a terceros, eso implicaba mucho movimiento y gastos, por eso esto es un gran avance. Además genera fuentes de trabajo y buscamos incorporar a las mujeres en el proceso“.

Actualmente, La Grapia Milenaria se comercializa a través de dos presentaciones en góndola, con volúmenes de venta sostenidos a través de clientes permanentes tanto en el mercado provincial, como en el nacional. El producto 100% misionero llega a Rosario, Santa Fe, Neuquén, Buenos Aires, Córdoba, y, por estos días, se organiza el ingreso a la provincia de Tierra del Fuego.

La inauguración del molino contó con la presencia de referentes del Ministerio de Desarrollo Social de Nación, el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones y la Federación de Cooperativas Federadas (FECOFE).

El subsecretario de Planificación y Financiamiento Rural, Martín Ibarguren, expresó “Hace 8 años veníamos a la inauguración de la planta de secado y ahora ya completan el proceso con la instalación de equipamiento de molienda. La industrialización de la ruralidad, y más aún del sector cooperativo, es uno de los objetivos principales de la gestión del ministerio y una política de desarrollo productivo que viene sosteniendo el gobierno provincial desde hace dos décadas“.

Por su parte, el presidente de la Federación de Cooperativas Federadas (FECOFE) remarcó que “desde la Federación venimos trabajando con cooperativas en 10 provincias del país con la intención de avanzar en la cadena de valor, del agregado de valor en origen y de poner los productos en góndola, de que el pequeño y mediano productor pueda desarrollarse“.

Las cooperativas misioneras son fundacionales del proceso de la yerba mate y con el fin de aumentar los volúmenes de producción yerbatera se busca también que estás entidades tengan cada vez mayor participación en el proceso de producción primaria y de materia prima industrializada.

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