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La inversión extranjera directa aportó US$ 1.794 millones en Argentina durante el primer trimestre

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La inversión extranjera directa (IED) dejó durante el primer trimestre de 2026 un saldo positivo de US$ 1.794 millones en Argentina, aunque la composición de esos flujos muestra una economía en la que los capitales externos se concentran especialmente en actividades vinculadas a los recursos naturales, el sistema financiero y la industria. El dato surge del informe sobre Inversión Extranjera Directa publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), con información al 31 de marzo.

El flujo positivo convivió con una renta de capital de US$ 2.743 millones durante el período. De ese monto, US$ 1.891 millones fueron distribuidos como utilidades y dividendos, el máximo de la serie, mientras que otros US$ 852 millones fueron reinvertidos. El BCRA vincula este comportamiento con la habilitación del acceso al mercado de cambios para el giro de utilidades al exterior correspondientes a balances cerrados y auditados de ejercicios iniciados desde el 1 de enero de 2025.

La diferencia entre utilidades distribuidas y reinvertidas introduce una de las claves para interpretar el dato de inversión. El ingreso neto de IED fue positivo, pero una parte significativa de la renta generada por las empresas extranjeras salió del país en forma de dividendos, en lugar de transformarse en nuevo capital dentro de las compañías.

Minería e industria, en el centro de los aportes de capital

Los aportes netos de capital alcanzaron US$ 1.061 millones en el trimestre y el 56% correspondió a aportes en efectivo. La minería recibió US$ 503 millones, mientras que la industria manufacturera captó otros US$ 388 millones, concentrando ambos sectores la mayor parte de los nuevos aportes.

La composición sectorial de los flujos transaccionales refuerza el peso de la minería. La actividad de “Explotación de minas y canteras” recibió US$ 1.181 millones durante el primer trimestre, mientras que las sociedades captadoras de depósitos, exceptuando al Banco Central, recibieron US$ 453 millones.

El dato resulta relevante para la discusión sobre la calidad y orientación de la inversión externa. La minería aparece como uno de los principales destinos del capital nuevo, en un contexto en el que Argentina busca ampliar la explotación de sus recursos naturales y convertirlos en una fuente creciente de exportaciones y generación de divisas.

Pero la fotografía del stock acumulado muestra una estructura algo diferente. Al 31 de marzo, la industria manufacturera era el principal destino de la IED acumulada, con una posición de US$ 67.574 millones. Le seguían explotación de minas y canteras, con US$ 55.361 millones, y comercio mayorista y minorista y reparación de vehículos, con US$ 18.606 millones. Los tres sectores explicaban en conjunto el 71% del stock de IED.

La diferencia entre flujo y stock ofrece una lectura relevante: mientras la minería ganó protagonismo en los ingresos del primer trimestre, la industria continúa siendo el principal anclaje histórico del capital extranjero instalado en el país.

Estados Unidos encabezó el ingreso de capitales

Por origen geográfico, Estados Unidos fue el principal aportante de IED durante el primer trimestre, con ingresos netos por US$ 809 millones. Países Bajos aportó US$ 534 millones, Australia US$ 511 millones y Brasil US$ 229 millones. En sentido contrario, Suiza registró salidas netas por US$ 509 millones y Reino Unido por US$ 381 millones.

En términos de stock, la estructura vuelve a mostrar una mayor concentración. Estados Unidos tenía al 31 de marzo una posición de US$ 35.310 millones, equivalente al 18% del total. España ocupaba el segundo lugar, con US$ 28.690 millones, mientras que Países Bajos se ubicaba tercero, con US$ 24.733 millones.

El mapa de inversores, por lo tanto, combina la presencia histórica de capitales estadounidenses, españoles y neerlandeses con nuevos flujos provenientes de economías con intereses crecientes en sectores estratégicos argentinos.

La deuda vinculada también cambió de composición

El comportamiento de la IED no se limitó a los aportes de capital. Las transacciones de deuda con empresas vinculadas registraron egresos netos por US$ 120 millones durante el trimestre, explicados principalmente por un desendeudamiento comercial de US$ 613 millones.

La reducción estuvo asociada principalmente a la cancelación de adelantos de cobros de exportaciones realizados por el sector agroexportador en septiembre de 2025, en el marco de la reducción temporaria a cero de los derechos de exportación establecida por el Decreto 682/2025. Dentro de la industria manufacturera, el sector de elaboración de productos alimenticios concentró el impacto, con US$ 620 millones negativos en transacciones de deuda.

Ese movimiento fue parcialmente compensado por ingresos netos de deuda financiera por US$ 493 millones. En otras palabras, la fotografía trimestral muestra un proceso de reducción de deuda comercial que convivió con una mayor entrada de financiamiento financiero dentro de las relaciones entre empresas vinculadas.

No se registraron, en cambio, operaciones relevantes de fusiones y adquisiciones durante el período.

Un stock extranjero de US$ 200.611 millones

Más allá de los movimientos de un solo trimestre, la dimensión de la presencia extranjera en la economía argentina se observa en la posición pasiva bruta de IED, que alcanzó los US$ 200.611 millones al 31 de marzo de 2026.

De ese total, US$ 146.964 millones correspondían a participaciones de capital y US$ 53.647 millones a instrumentos de deuda. Dentro de estos últimos, US$ 32.837 millones eran deuda comercial y US$ 20.811 millones deuda financiera.

El dato permite dimensionar el peso estructural que tiene el capital extranjero en Argentina: no se trata solamente de los US$ 1.794 millones que ingresaron durante el primer trimestre, sino de una base acumulada superior a los US$ 200.000 millones que tiene como principales destinos a la industria, la minería y el comercio.

El desafío económico aparece entonces en la capacidad de transformar esos flujos en inversión productiva, ampliación de capacidad, exportaciones y empleo, particularmente en sectores con potencial para generar divisas. La composición del primer trimestre muestra que una parte importante de la nueva inversión está orientándose hacia minería e industria, dos actividades con capacidad de incidir sobre la oferta exportable y la sustitución de importaciones.

El informe también deja una segunda señal: el volumen de dividendos distribuidos alcanzó un máximo de serie, mientras la reinversión de utilidades fue considerablemente menor. La normalización del acceso al mercado cambiario para determinadas utilidades permite que las empresas extranjeras giren dividendos, pero al mismo tiempo abre una discusión sobre cuánto de la renta generada localmente vuelve a convertirse en inversión.

Para una economía que busca consolidar un ciclo de crecimiento basado en exportaciones e inversión, esa diferencia es sustancial. La llegada de capital extranjero puede ampliar la capacidad productiva, pero su impacto estructural dependerá de que una proporción creciente de esos recursos se traduzca en nuevos proyectos, mayor productividad y cadenas de valor locales.

El dato del primer trimestre, por ahora, ofrece una señal favorable en materia de flujos: Argentina recibió US$ 1.794 millones netos de IED. La pregunta económica de fondo pasa por la calidad y permanencia de ese capital: cuánto se dirige a ampliar la capacidad productiva y cuánto termina saliendo en forma de rentas. En esa ecuación se juega una parte relevante de la capacidad de la inversión extranjera para convertirse en crecimiento sostenido.

Informe Inversion Extranjera Directa 1TRIM 2026 by CristianMilciades

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Loma Negra la mayor cementera del país retorna a dueños nacionales

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La mayor cementera de Argentina volvió a quedar bajo conducción local. Tras meses de negociaciones y una reestructuración de deuda por cerca de US$ 1.500 millones, el grupo inversor encabezado por Marcelo Mindlin asumió el control de InterCement —y, por esa vía, de Loma Negra—, en una operación que redefine el mapa empresarial del sector y abre una pregunta de fondo: ¿se trata de un caso aislado o del inicio de una reconfiguración del capital en industrias clave?

El movimiento no es menor. Loma Negra, fundada por la familia Fortabat y vendida en 2005 a capitales brasileños, vuelve a tener conducción argentina después de más de dos décadas. El dato adquiere peso en un contexto donde el Gobierno promueve señales pro mercado, apertura a inversiones y desregulación, pero donde también resurgen discusiones sobre soberanía económica en sectores estratégicos.

Reconfiguración empresaria tras una deuda millonaria

La operación se apoyó en la reestructuración financiera de InterCement, controlada por la familia Camargo Correa, que arrastraba un pasivo cercano a los US$ 1.500 millones. El proceso fue aprobado por la justicia de San Pablo y estableció un nuevo esquema con un cupón del 6,75% y sin vencimientos en los próximos cinco años.

Ese rediseño permitió el ingreso del grupo Latcem, integrado por Mindlin junto a Redwood Capital Management y representantes de Chile Moneda–Patria Investments, que pasó a ser el accionista mayoritario del holding. Como resultado directo, Mindlin fue designado presidente.

El acuerdo incluyó además un aporte de capital de US$ 110 millones, orientado a estabilizar la operación y sostener el funcionamiento del grupo. En términos concretos, no se trató solo de un cambio de nombres en la conducción, sino de una reorganización profunda del esquema de poder financiero detrás de la compañía.

¿Qué dijo Mindlin de la nueva etapa de Loma Negra?

Al respecto, Mindlin destacó que la nueva estructura financiera permitirá a InterCement enfocarse en el crecimiento y buscar consolidar su operación regional en el tiempo.

Por su parte, InterCement se posiciona como la tercera productora de cemento en Brasil, con presencia en diez estados y una capacidad instalada de más de 16 millones de toneladas, consolidando así un grupo de alcance regional que ahora suma capital argentino en su estructura de control. 

Una empresa clave que nunca perdió centralidad

A diferencia del deterioro que afectó al holding brasileño, Loma Negra mantuvo en Argentina una posición sólida. La empresa conserva una participación de mercado del 45% y una capacidad de producción superior a 10 millones de toneladas anuales, lo que la ubica como actor dominante en un insumo crítico para la construcción y la obra pública.

Ese dato no es menor. El control de la principal cementera del país impacta de forma indirecta en la dinámica de la construcción, un sector sensible para la actividad económica y, por extensión, para la política. La estabilidad de Loma Negra, incluso en un contexto adverso para su casa matriz, refuerza su carácter estratégico.

Impacto político y señales al mercado

El regreso de capital argentino a la conducción de Loma Negra reordena equilibrios dentro del empresariado local. Fortalece a un actor con capacidad de incidencia en sectores clave y envía una señal al mercado sobre la posibilidad de recomposición de activos en manos nacionales, incluso en un contexto de globalización financiera.

Al mismo tiempo, el movimiento convive con una agenda oficial que busca atraer inversiones externas y flexibilizar regulaciones. Esa dualidad —apertura por un lado, reconfiguración local por otro— instala una tensión silenciosa en la lectura del rumbo económico.

En términos de correlación de fuerzas, el cambio no altera reglas formales, pero sí reposiciona actores. Y en sectores como el de materiales de construcción, donde la escala y el control de mercado son determinantes, ese tipo de movimientos suele tener efectos de mediano plazo.

Un nuevo ciclo con interrogantes abiertos

Con la nueva estructura financiera, InterCement apunta a consolidar su operación regional y retomar una estrategia de crecimiento. La presencia en diez estados de Brasil y una capacidad instalada superior a 16 millones de toneladas configuran un grupo con peso regional, ahora bajo conducción con participación argentina.

La incógnita no pasa solo por la evolución de la empresa, sino por el contexto en el que deberá operar. ¿Será este el inicio de una etapa de “re-nacionalización” empresarial en sectores estratégicos o un movimiento puntual en un mercado en reacomodamiento?

Por ahora, el cambio en Loma Negra marca un hito. Pero su verdadero alcance dependerá de lo que ocurra en los próximos meses, tanto en la economía real como en la dinámica del poder corporativo.

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El CEO de JP Morgan elogió a Milei y destacó el giro económico de Argentina ante banqueros internacionales

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El presidente Javier Milei sumó este martes un respaldo relevante del sistema financiero internacional. Durante un encuentro con banqueros, el CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, elogió la orientación económica del Gobierno argentino y afirmó que el mandatario tiene “convicciones muy sólidas sobre cómo arreglar un país”.

El pronunciamiento no fue un comentario menor. Dimon habló ante ejecutivos del sistema financiero global en un contexto en el que la administración libertaria busca consolidar confianza externa y atraer capitales. Desde esa tribuna, el banquero presentó a Argentina como un caso potencial de transformación económica, destacando la reducción de la inflación, el ajuste fiscal y la apertura de los mercados de capitales.

El respaldo se inscribe en un momento político en el que el Gobierno intenta consolidar su programa de reformas mientras mantiene una narrativa de cambio estructural del modelo económico. Y plantea una pregunta implícita: ¿hasta qué punto el apoyo del sistema financiero internacional puede traducirse en inversiones concretas y sostener el programa económico del oficialismo?

La mirada del sistema financiero sobre el giro económico argentino

En su intervención, Dimon trazó un contraste histórico para explicar la situación argentina. Recordó que en 1917 el país tenía un producto per cápita comparable al de Francia y destacó que contaba con recursos naturales abundantes, capacidad agrícola, minerales, petróleo y una población educada con universidades y escuelas de prestigio.

Sin embargo, señaló que hoy el ingreso per cápita argentino representa aproximadamente una décima parte del francés. Ese diagnóstico sirvió como punto de partida para destacar el cambio de rumbo que, según el ejecutivo, impulsa el actual gobierno.

Dimon enumeró varios factores que, desde la perspectiva de los mercados financieros, explican ese giro. Mencionó la claridad regulatoria introducida por la administración de Milei, la apertura de los mercados de capitales y el control del Banco Central de la República Argentina.

También destacó la desaceleración de la inflación, que —según su exposición— pasó de niveles cercanos al 2% diario, equivalentes a más de 200% anual, a un ritmo cercano al 2% mensual. Para el banquero, ese proceso constituye un “milagro” en términos de estabilización macroeconómica.

En la misma línea, señaló que el Gobierno dejó de monetizar deuda pública, redujo el déficit fiscal a niveles cercanos a cero y comenzó a recuperar el balance de reservas internacionales.

Capitales, recursos y el interés de las empresas

El CEO de JPMorgan también planteó que existe un creciente interés empresarial por invertir en Argentina. Según sostuvo, varias compañías evalúan oportunidades en el país a partir de sus recursos naturales, su potencial energético y la disponibilidad de mano de obra calificada.

Para el banquero, ese escenario configura lo que definió como “un giro asombroso”, difícil de imaginar apenas cuatro o cinco años atrás.

En su exposición señaló que el crecimiento económico cercano al 5% registrado el año pasado fue “casi inaudito” para los analistas que observaban la economía argentina desde el exterior. Ese desempeño, dijo, se vincula con una agenda pro mercado basada en reformas estructurales, incluyendo cambios laborales y regulatorios.

Dimon incluso proyectó que el caso argentino podría convertirse en una referencia internacional sobre cómo revertir crisis económicas profundas. En ese marco, mencionó que el país podría transformarse en un ejemplo para otros gobiernos que busquen aplicar reformas orientadas al mercado.

Un vínculo financiero que ya tiene antecedentes

El ejecutivo también recordó la presencia histórica de JPMorgan Chase en el país y destacó el centro de servicios que la entidad mantiene en Argentina, con aproximadamente 5.000 empleados.

Durante su intervención valoró además el trabajo de Facundo Gómez Minujín, quien encabeza la filial local del banco.

El directivo mencionó asimismo operaciones financieras recientes realizadas por la entidad para asistir al Estado argentino, incluyendo acuerdos de financiamiento tipo repo por alrededor de 2.000 millones de dólares.

El vínculo entre el banco y el Gobierno ya había tenido un episodio visible meses atrás, cuando Dimon visitó Buenos Aires en octubre para participar de un evento global organizado por la entidad y mantener una reunión con el presidente Milei.

El peso político de un respaldo externo

Las declaraciones de Dimon tienen una dimensión que excede lo financiero. En la lógica política del Gobierno, el reconocimiento de figuras centrales del sistema financiero global funciona como validación internacional de su programa económico.

Ese respaldo resulta particularmente relevante en un momento en el que el oficialismo intenta sostener reformas estructurales en medio de tensiones políticas internas y debates legislativos sobre cambios regulatorios.

Al mismo tiempo, el reconocimiento de Wall Street alimenta la narrativa oficial sobre un cambio de ciclo económico en Argentina, donde la estabilización macroeconómica sería el paso previo a una etapa de crecimiento sostenido basado en inversiones.

Un proceso en construcción

El elogio del principal ejecutivo de JPMorgan ofrece una señal de confianza hacia el rumbo económico del Gobierno. Pero también expone la dimensión de expectativa que hoy rodea al caso argentino en los mercados internacionales.

El interrogante de fondo sigue siendo si ese respaldo financiero y discursivo se traducirá en un flujo sostenido de capitales y en proyectos de inversión concretos.

En la economía argentina, la diferencia entre expectativas y resultados suele medirse con el paso del tiempo. Y ese proceso, por ahora, todavía está en desarrollo.

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