CARLOS FARA

La teoría del gato

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Aún en la era de la posverdad, los datos dejan sus marcas indelebles. Se los puede ignorar, pero allí están. Y dicen cosas. La elección de la ciudad de Buenos Aires, que por unas horas dominó el debate político de la Argentina, simulado como la gran batalla del año, exhibe datos ineludibles: el derrumbe en la gestión del PRO después de 18 años le cedió el triunfo a las huestes libertarias en una elección que fue dominada por la apatía. Una batalla sin entusiasmo de los protagonistas. 

Apenas el 53 por ciento de los porteños fue a votar en una contienda que enfrentaba a dos gobiernos, el de la Ciudad con el de la Nación. El partido amarillo apenas cosechó el 15 por ciento de las preferencias. El candidato más votado, Manuel Adorni, sólo el 30 por ciento de esa mitad que salió de su zona de confort para ir a votar. Es todo pérdida del partido que conduce Mauricio Macri, porque el radical peronista Leandro Santoro, repitió el porcentaje de 2021, aunque con menos votos. El peronismo ese año sacó 484.950 votos. El vocero saliente, ahora 493.585, para lograr casi el mismo porcentaje. El radicalismo manejado por Martín Lousteau -en el que se referencia la UCR misionera, de la mano de Ariel Pianesi- no consiguió una sola banca y retrocede en casilleros en la Legislatura porteña. 

Solo el 16,03 % del padrón electoral de CABA eligió al que más votos sacó. Una victoria pírrica. Poco para celebrar, aunque se pretenda dibujar una epopeya expansiva. 

Desde esa perspectiva, fue un acierto la decisión táctica del conductor de la Renovación, Carlos Rovira, de no mezclar a los senadores del bloque misionerista en la ley promocional de Ficha Limpia. A pesar de las buenas intenciones, la ley fue manoseada al punto de convertirse en un elemento de campaña de Silvia Lospenatto, la bonaerense a la que el Macri puso de candidata en CABA. Los votos del misionerismo evitaron esa apropiación y la influencia en una elección ajena, que, a la luz de los resultados, tampoco interesó a los propios porteños. 

Lo cierto es que Ficha Limpia se pensó para dejar fuera de carrera a una sola persona. Adorni lo dijo claramente tras su triunfo del domingo: “Es la libertad contra el kirchnerismo”. Pero no hace falta una ley nueva para que haya una ficha limpia. La inhabilitación como pena accesoria o principal se encuentra regulada a lo largo de varios artículos del Código Penal, dependiendo del delito cometido. Uno de los más relevantes es el Artículo 174 inciso 5, relacionado con defraudaciones cometidas por funcionarios. El artículo 19  marca la inhabilitación absoluta y especial, que priva al penado del empleo o cargo público, y de los honores, grados y empleos oficiales que haya obtenido, incluso los profesionales. 

La inhabilitación especial priva al penado del empleo o cargo determinado, con prohibición de obtener otro igual durante el tiempo de la condena.

La agenda de Misiones es otra y se aleja del centralismo que imponen los medios de comunicación porteños -también derrotados en las elecciones del último domingo-. La diferencia se puede apreciar con nitidez en la oferta electoral misionera de cara al 8 de junio. La Renovación protagoniza una campaña presencial con su plataforma basada en lo local. Las oposiciones, atomizadas, hacen campaña virtual con reverencias a las líneas que se imponen en Buenos Aires. 

El candidato libertario Diego Hartfield lo sufrió en carne propia este fin de semana. Con la llamativa ausencia de Karina Milei, promocionada como la gran atracción, el ex tenista lanzó su campaña en Puerto Iguazú. Una simple pregunta desacomodó el relato. Hartfield se vio obligado a responder sobre el desplome de los precios en la producción yerbatera forzado por la desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), medida impulsada por el presidente Javier Milei.

“El presidente Javier Milei fue muy claro en la campaña: había que desregular toda la economía, y el INYM era parte de eso. Hay que ser críticos: en 20 años Misiones no creció en exportaciones de yerba. Brasil y Paraguay sí. Mientras, acá se limitaba a los productores a plantar más de cinco hectáreas. ¿Cómo vamos a crecer así?”, sostuvo.

Además, Hartfield vinculó el precio de la yerba a la política macroeconómica del Gobierno: “El precio bajó porque el peso se fortaleció y eso benefició a 40 millones de argentinos. Según datos del INDEC, la yerba en góndola bajó 4% este año, mientras la inflación fue del 11,5%. Esto ayuda a las familias, sobre todo a las de menores ingresos”, aseguró. Argumento difícil de entender por parte de los productores que están desilusionados con Javier Milei y que estuvieron a punto de ir a Iguazú a pedirle explicaciones al candidato que vino acompañado por el diputado Martín Menem, que en todo momento repetía que “Hartfield es Milei”, para desazón de las demás colectoras libertarias, sobre todo la del ex radical Martín Arjol, que fue el primero en dar pruebas de amor y ahora sufre el desplante. 

“Ese es el claro mensaje que seguimos dando en todo el sector productivo: que vamos a sacar la pata del Estado para que puedan producir libremente”, concluyó Hartfield, convertido en analista financiero tras colgar las raquetas. 

Es la misma confusión que esboza sonriente Federico Sturzenegger, quien remarcó en una entrevista con Bloomberg que la industria yerbatera estaba “encapsulada”. Los datos marcan que la yerba en góndola aumentó 102,39 por ciento desde que asumió Milei, mientras que el precio de la materia prima se desplomó desde los 370 pesos que se pagaron en febrero del año pasado a los 305 -los que mejor pagan- actuales, aunque el promedio es mucho menor y a largo plazo. 

La confusión, claramente, no es tal. Es un modelo económico, que tiene como antecedente más cercano a los años 90 y que dejó en ruinas a miles de productores. “El productor que no sea eficiente tendrá que reconvertirse”, reiteró Víctor Saguier, ejecutivo de La Cachuera, que tuvo que salir a poner paños fríos tras la innecesaria “mojada de oreja” a los productores y obligó a la Cámara a salir a exhibir posiciones. La CMYMZP sostuvo que la caída del precio de la hoja verde no puede explicarse únicamente por decisiones de mercado o políticas recientes. En cambio, apuntó que entre las principales causas figura el aumento sostenido de la producción registrado en los últimos años, favorecido por condiciones climáticas, sumado a los efectos de políticas aplicadas por el Instituto Nacional de la Yerba Mate, que va camino al desguace definitivo, según dijo Sturzenegger a Bloomberg.

“Sacarle la pata del Estado”, no es sinónimo de éxito. En Corrientes el sector forestal se mueve sin cadenas y sin embargo, allí se encendieron las primeras alarmas: Tapebicuá presentó concurso preventivo de crisis y cientos de empleos están en riesgo. 

En Misiones, con precios mínimos fijados, no hay señales similares, aunque sí preocupación por una contracción en el mercado interno, provocada por la desaparición forzada de la obra pública financiada por Nación. Es decir, el Estado liberador, les juega en contra.

Los datos, nuevamente marcan evidencias. La política fiscal le dio autonomía a Misiones y recursos para fortalecer los servicios del Estado. Los impuestos que algunos desprecian durante la campaña, no impidieron el desarrollo económico. Por el contrario, Misiones lidera exportaciones industriales, se mantiene firme como la de mayor empleo privado de la región y atrae inversiones constantes. 

Misiones cerró el primer cuatrimestre con exportaciones por USD 147,3 millones, el mejor registro para este período de los últimos catorce años. Exporta valor agregado, mientras que en la región, lo que se vende al mundo es materia prima, de menor valor y escasa generación de empleo. 

Esa autonomía le permite a la Provincia atender las consecuencias de la desregulación. El gobernador Hugo Passalacqua anunció esta semana dos medidas orientadas a ir en auxilio del pequeño productor yerbatero que recibe cheques a 120 días: podrán canjearlos en el banco Macro a valor nominal y sin descuentos ni retenciones -el productor primario no paga Ingresos Brutos-. La Provincia se hará cargo del costo financiero. Lo mismo para los secaderos que paguen el precio promedio acordado -305 pesos- que podrán descontar cheques por entre 40 y 100 millones de pesos, dependiendo de la calificación bancaria. Nuevamente, la Provincia se hace cargo del costo financiero. 

Lo mismo sucede con el Ahora Pymes, pensado para fortalecer las compras entre empresas misioneras y que el dinero quede en la provincia, en lugar de drenarse a otras provincias o por las fronteras. Compras por hasta 40 millones mensuales que fortalecerán las pequeñas y medianas empresas locales. El Estado suficiente, como definió Passalacqua. 

Del otro lado, las oposiciones repiten como un mantra la promesa de “sacar la pata del Estado” o bajar impuestos, sin explicar cómo harán siquiera para sostener los salarios del Estado que, en paralelo, juran que van a aumentar. Contradicciones que quedan en evidencia apenas se sale de las adictivas redes sociales. 

La política económica que exhibe la Renovación no choca contra los ideales libertarios. Por el contrario, Carlos Rovira fue el primero en respaldar el plan para sacar los dólares y ahorros del colchón que lanzó el ministro de Economía, Luis Caputo. El plan contempla la recirculación formal de hasta 270.000 millones de dólares no declarados, sin necesidad de justificar su origen.


“Es un paso clave hacia la reconstrucción de la confianza del pueblo en las instituciones y en el sistema financiero del país”, señalaron desde el Frente Renovador Neo.

Además de la regularización de activos, el plan incluye medidas como la eliminación de ciertas obligaciones de información fiscal -por ejemplo, el reporte de consumos con tarjetas o la compra de inmuebles- y una actualización en los montos mínimos para que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero pueda iniciar investigaciones. Según trascendió, el Gobierno enviará en los próximos días un proyecto de ley al Congreso para garantizar seguridad jurídica a los ahorristas que adhieran.

Desde el espacio renovador se valoró que estas medidas pueden generar un nuevo marco de previsibilidad y libertad económica. En ese sentido, remarcaron la importancia de acompañar todas aquellas iniciativas que contribuyan a la formalización de la economía, sin por ello perder de vista la necesidad de proteger los derechos de los ciudadanos y de impulsar una mayor equidad en el acceso a los recursos.

“Desde Misiones reafirmamos nuestra voluntad de seguir trabajando por una Argentina más justa, previsora y solidaria”, concluye el comunicado firmado por el Frente Renovador Neo.

Ese pragmatismo se refleja en las encuestas. Según Analía Del Franco, en Misiones la Renovación exhibe una intención de voto del 71,6 por ciento, contra un 4,8 por ciento de la Libertad Avanza. A la alianza Juntos por el Futuro le va un poco peor. 

La consultora política Irina Bondarenco , quien este viernes compartió un panel con el politólogo Carlos Fara, señaló que en Misiones, el voto a la Renovación responde, más que a una adscripción ideológica, a una lógica de resultados visibles. “El votante misionero es pragmático. Si las cosas funcionan en salud, educación, infraestructura, el apoyo se mantiene. No es ideológico, sino contractual”, sostuvo.

Fara coincidió. En el diagnóstico del politólogo, lo que mueve al voto hoy no es un conjunto cerrado de ideas, sino la expectativa de resultados. “Con Milei, la sociedad no votó una ideología, votó una herramienta. Le da lo mismo si la solución viene por derecha o por izquierda. Quiere que funcione”, resumió. Y comparó esa actitud con la célebre frase de Deng Xiaoping: “No importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

De todos modos, Fara advirtió que la épica de la “motosierra” está llegando a su límite. “El Gobierno lee que tiene que empezar a hablar de crecimiento, porque el ajuste, solo, no enamora”, afirmó.

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Carlos Fara: el voto como acto pragmático y el futuro del mileísmo

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asasEn una extensa y lúcida disertación realizada en Posadas, el reconocido politólogo Carlos Fara trazó una radiografía del escenario electoral argentino a cinco meses de los comicios de medio término. Su análisis gravitó en torno a una pregunta clave: ¿será ratificado el proyecto de Javier Milei en las urnas de octubre? Para Fara, la respuesta no puede desligarse del modo en que la sociedad eligió “apostar al riesgo” en 2023 y del carácter profundamente pragmático que define hoy al electorado argentino.

El conversatorio “Claves del Escenario Nacional en Año Electoral”, organizado por el Departamento de Ciencias Económicas y Empresariales de la UGD, junto a la Fundación Konrad Adenauer y la Asociación Civil Estudios Populares, fue acompañado por referentes locales de la política y la comunicación. Fara desplegó una serie de hipótesis que articulan coyuntura y tendencia histórica. Desde el primer momento, el consultor dejó claro que el fenómeno Milei no puede interpretarse como un simple corrimiento ideológico hacia la derecha, sino como una reacción social ante una década de frustraciones: “Milei es consecuencia, no causa”, sentenció.

La apuesta al riesgo y la paciencia social

Uno de los ejes centrales de su intervención fue el cambio de comportamiento del electorado. “El voto a Milei rompió con una tradición argentina: en lugar de optar por una salida conservadora en tiempos de crisis, eligió correr un riesgo”, explicó Fara. En ese marco, sostuvo que los parámetros con los que se juzga a este gobierno son inéditos. La sociedad, dijo, está dispuesta a tolerar medidas dolorosas porque decidió apostar a algo diferente, en un contexto de estancamiento económico que ya lleva más de diez años.

Fara identificó tres consensos preexistentes al triunfo de Milei en 2023: que los problemas de fondo del país son estructurales, que las soluciones requerirían sacrificios, y que los resultados tomarían tiempo. “Por eso la paciencia con el ajuste”, señaló, aunque advirtió que ese capital político no es ilimitado y ya empieza a erosionarse, como lo indica la caída sostenida del índice de confianza en el gobierno medido por la Universidad Di Tella.

Un gobierno sin ideología, con épica de gestión

En el diagnóstico del politólogo, lo que mueve al voto hoy no es un conjunto cerrado de ideas, sino la expectativa de resultados. “La sociedad no votó una ideología, votó una herramienta. Le da lo mismo si la solución viene por derecha o por izquierda. Quiere que funcione”, resumió. Y comparó esa actitud con la célebre frase de Deng Xiaoping: “No importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

Sin embargo, advirtió que la épica de la “motosierra” -el ajuste- está alcanzando su techo. “El gobierno lee que tiene que empezar a hablar de crecimiento, porque el ajuste, solo, no enamora”, afirmó. “Durante la campaña de Manuel Adorni en Capital Federal, Milei dijo algo que pasó inadvertido: ‘Es hora de empezar a hablar de crecimiento’. Como si reconociera que la épica del ajuste tiene un límite y que empieza la necesidad de construir una nueva narrativa. Ya no alcanza con el sacrificio”, explicó Fara.

Además, señaló un viraje discursivo: “El domingo a la noche, en los medios oficialistas se dijo claramente: esto ya no es más ‘libertarios contra la casta’. Ahora es ‘libertad contra kirchnerismo’”. Según Fara, el gobierno está intentando reformular el clivaje político para enfrentar la campaña de octubre, entendiendo que la lógica confrontativa original empieza a mostrar desgaste. “Todo relato tiene un borde. Y cuando ese borde aparece, hay que hacerle un refresh”, concluyó.

Fara fue categórico al señalar que el mileísmo tiene la iniciativa política, no sólo por haber estabilizado algunas variables macroeconómicas, sino por una oposición fragmentada que, en sus palabras, “comenta lo que hace el gobierno, pero no propone nada distinto”. A su juicio, el peronismo atraviesa una crisis estructural profunda, sin agenda de futuro ni liderazgos claros, atrapado entre la nostalgia y la impotencia.

“Desde 2011, el peronismo perdió capacidad de reinventarse. El kirchnerismo no ofrece una alternativa renovadora. Y los críticos internos tampoco logran articular una propuesta distinta”, explicó. En paralelo, consideró que el radicalismo, aunque debilitado a nivel nacional, conserva poder territorial y no debe ser descartado. Pero hoy, enfatizó, “no hay proyecto político alternativo a Milei con suficiente consistencia”.

Para el consultor, la elección de medio término será una bisagra. Si el gobierno logra consolidar su base, iniciará una nueva etapa donde se exigirá una narrativa distinta: “¿Qué viene después de la motosierra? ¿Cuál es el horizonte de construcción?”. En ese sentido, advirtió que si no aparece un nuevo relato de desarrollo y esperanza, incluso los logros económicos actuales pueden diluirse en descontento social.

Fara también sugirió que no puede descartarse la aparición de nuevos fenómenos, incluso de outsiders desde la izquierda: “Así como Milei fue un fenómeno exponencial, mañana puede emerger otro. Tal vez ya lo conocemos, se llama Pipi, es influencer, y lo subestimamos”, ironizó. En esa clave, sostuvo que las reglas de la política tradicional ya no rigen con la misma fuerza: la velocidad de los cambios y el protagonismo de las redes sociales han alterado profundamente el tablero.

El voto misionero y la política del metro cuadrado

La consultora política Irina Bondarenco , quien compartió el panel con Fara, señaló que en el caso particular de Misiones, el voto a la Renovación responde, más que a una adscripción ideológica, a una lógica de resultados visibles. “El votante misionero es pragmático. Si las cosas funcionan en salud, educación, infraestructura, el apoyo se mantiene. No es ideológico, sino contractual”, sostuvo.

En esa línea, también alertó sobre la transformación cultural más profunda: “Las ideologías están desapareciendo, lo colectivo se debilita. El votante piensa en su metro cuadrado. Y en ese contexto, la política tiene que aprender a conectar desde otro lugar, más cercano a los valores y menos a los grandes relatos”.

La ponencia de Carlos Fara no ofreció certezas, sino hipótesis abiertas. Pero dejó un mensaje claro: estamos ante una fase histórica nueva, marcada por la incertidumbre y la posibilidad. Y la política, para no quedar afuera, deberá entender mejor a la sociedad que tiene delante. No es Milei el centro de la escena, dijo. Lo es una ciudadanía que decidió apostar distinto. Y que aún espera resultados. “No demos por hecho que, porque no hay alternativa hoy, no la habrá mañana. Pipi puede estar en la cola del banco. Y ser el futuro presidente”, insistió.

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