CEPO CAMBIARIO

Milei ratificó el “apretón monetario” y aseguró que el Gobierno ya eliminó el 95% del cepo

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El presidente Javier Milei volvió a cerrar filas sobre el núcleo de su programa económico y aseguró que el Gobierno continuará endureciendo la política monetaria para “derrotar la inflación”. Lo hizo durante un evento organizado por VALO en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), donde además sostuvo que la Argentina ya eliminó “prácticamente el 95% del cepo” y reivindicó el ajuste fiscal como base de la estabilización económica.

La exposición del mandatario funcionó como una señal política y financiera. En medio de discusiones sobre el ritmo de recuperación económica, la dinámica del dólar y la sustentabilidad del esquema cambiario, Milei buscó transmitir previsibilidad hacia los mercados y reafirmar que no habrá modificaciones de rumbo.

“Tenemos una política de apretón monetario y estamos convencidos de seguir en ese camino hasta derrotar la inflación. No vamos a ceder ni un ápice”, sostuvo el jefe de Estado.

El Gobierno endurece el mensaje monetario

Durante su intervención, Milei insistió en que la administración nacional mantiene como prioridad absoluta la desaceleración de los precios, aun cuando reconoció que todavía persisten “rezagos” derivados de la expansión monetaria previa y de los controles cambiarios.

Según explicó, el Ejecutivo logró frenar los mecanismos de emisión monetaria hacia mediados de 2024, aunque advirtió que aún permanecen efectos residuales en la economía. En paralelo, defendió la política de esterilización monetaria aplicada por el Banco Central para evitar que la acumulación de divisas presione sobre la inflación.

En ese marco, el Presidente afirmó que, de no haber comprado “8.500 millones de dólares”, el tipo de cambio oficial se ubicaría en torno a los $1.100.

La definición no es menor: el Gobierno vuelve a colocar la política monetaria en el centro de la estrategia económica y refuerza la idea de que la estabilidad cambiaria y la desaceleración inflacionaria seguirán prevaleciendo sobre cualquier intento de expansión de liquidez o estímulo vía gasto público.

Uno de los puntos más sensibles del discurso estuvo vinculado al esquema cambiario. Milei aseguró que el país avanza hacia “un esquema de mayor libertad cambiaria”, aunque admitió que aún persisten restricciones parciales.

La declaración se complementa con las recientes definiciones del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, quien había señalado que eliminar totalmente las restricciones para empresas no aparece entre las prioridades inmediatas de la autoridad monetaria.

El Gobierno, de acuerdo con las exposiciones oficiales, busca preservar el equilibrio externo mientras sostiene el proceso de desinflación. Esa estrategia explica por qué la administración libertaria mantiene foco en la acumulación de reservas y en la estabilidad financiera antes que en una liberalización total del mercado cambiario.

Milei también remarcó que el mercado paralelo “es completamente legal” y defendió el actual esquema de regulación cruzada para operar en distintos segmentos financieros.

Superávit fiscal y disputa política

El Presidente volvió a vincular el equilibrio fiscal con la baja del riesgo país, la reducción de tasas de interés y la posibilidad de atraer inversiones. Según planteó, la política de “déficit cero” permite consolidar solvencia macroeconómica y mejorar las condiciones de financiamiento.

En esa línea, reivindicó el trabajo del ministro de Economía, Luis Caputo, y del titular del Banco Central, Santiago Bausili, al asegurar que el Gobierno logró ordenar las cuentas públicas “en el primer mes”.

La lectura política del discurso también dejó un mensaje hacia la oposición. Milei responsabilizó a sectores políticos por episodios recientes de volatilidad financiera y afirmó que existieron intentos de “romper el equilibrio fiscal” mediante proyectos legislativos.

Pese a ello, sostuvo que la economía “resistió” shocks internos y externos y aseguró que los indicadores de marzo y abril comenzaron a mostrar señales de recuperación.

En su exposición, Milei sostuvo que la inflación podría haber escalado a niveles extremadamente altos si no se aplicaba el ajuste fiscal y monetario implementado desde el inicio de la gestión.

Además, afirmó que la reducción de la inflación tuvo impacto sobre los indicadores sociales y aseguró que la pobreza descendió respecto de los máximos registrados en 2024.

El Presidente también defendió la reforma laboral sancionada este año y vinculó el crecimiento futuro con la expansión del sector privado y la inversión empresarial.

“Sin empresarios no hay nada”, afirmó.

Un programa que entra en fase de validación política

El discurso de Milei dejó una definición central: el Gobierno considera que el programa económico ya superó su etapa defensiva y busca consolidar una fase de estabilización prolongada.

La tensión ahora pasa por otra dimensión: si el esquema de ajuste monetario y fiscal logra sostener actividad económica, empleo y recuperación del consumo sin perder respaldo político.

Con inflación todavía elevada, restricciones cambiarias parciales y señales mixtas en el mercado laboral, la evolución de los próximos indicadores económicos será determinante para medir si la estrategia oficial logra traducir estabilización financiera en crecimiento sostenido.

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Bausili ratificó el plan económico y descartó priorizar el fin del cepo para empresas

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El presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Santiago Bausili, ratificó este lunes la continuidad del programa económico del Gobierno nacional y sostuvo que la inflación seguirá en descenso, en una señal política destinada a reforzar la estrategia económica de la administración de Javier Milei.

Durante una conferencia realizada en el Salón Bosch del BCRA para presentar el Informe de Política Monetaria (IPOM) y los estados contables del ejercicio 2025, el funcionario dejó además una definición relevante para el sector privado: el levantamiento del cepo cambiario para empresas no figura entre las prioridades inmediatas de la autoridad monetaria.

La exposición, compartida con el vicepresidente del Central, Vladimir Werning, buscó transmitir estabilidad en medio de un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y volatilidad financiera. Según planteó Bausili, Argentina logró atravesar ese escenario sin repetir episodios de estrés cambiario observados en otros momentos de crisis.

“El tipo de cambio se mantuvo estable, las tasas domésticas cayeron y el superávit energético actuó como amortiguador”, sostuvo el titular del BCRA al describir el comportamiento reciente de la economía local.

El Gobierno sostiene el esquema cambiario para empresas

Uno de los mensajes más sensibles para el mercado fue la confirmación de que el Banco Central no considera prioritario flexibilizar las restricciones cambiarias que aún afectan a personas jurídicas.

“No está entre nuestras prioridades eliminar las restricciones cambiarias para las empresas o que las personas jurídicas puedan atesorar dólares. Estamos enfocados en el sector externo”, afirmó Bausili.

La definición implica que continuarán vigentes mecanismos regulatorios como las limitaciones para operar simultáneamente en mercados oficiales y financieros durante períodos determinados. Según explicó el funcionario, la prioridad oficial es garantizar el funcionamiento del comercio exterior y evitar tensiones sobre las reservas.

Incluso, ante consultas sobre la posibilidad de mantener el esquema actual por tiempo indefinido, Bausili respondió que “podría quedar así”, dando a entender que el Gobierno no considera el cepo corporativo como un obstáculo inmediato para la dinámica económica.

La posición marca una diferencia respecto de la flexibilización otorgada a personas físicas desde abril de 2025 y confirma que la apertura cambiaria avanza de manera segmentada y bajo control del Banco Central.

Inflación, empleo y reforma laboral

En paralelo, el titular del Central insistió en que el proceso de desaceleración inflacionaria continuará durante los próximos meses. El Gobierno interpreta ese comportamiento como el principal sostén político y económico del programa libertario.

Bausili vinculó además la baja de la pobreza registrada en el segundo semestre de 2025 con la reducción de la inflación. Según indicó, el BCRA estima que casi seis puntos porcentuales de esa caída estuvieron directamente asociados a la estabilización monetaria.

Sobre el mercado laboral, reconoció que hubo deterioro en el empleo formal, aunque señaló que la reciente Ley de Modernización Laboral aprobada por el Congreso apunta a revertir esa tendencia y dinamizar la contratación registrada.

Según los datos presentados durante la conferencia, la tasa de desempleo se ubicó en 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, un nivel que el funcionario calificó como históricamente bajo, aunque superior al del año anterior.

Otro de los puntos abordados fue la continuidad del swap con China, cuyo vencimiento opera en agosto. Bausili confirmó que el Gobierno negocia una extensión “en los mismos términos”, sin modificaciones estructurales.

El funcionario también relativizó el peso del denominado “carry trade” en el sistema financiero argentino y aseguró que las inversiones especulativas de corto plazo representan una porción marginal del mercado local.

Según explicó, el stock estimado de inversiones de no residentes en títulos públicos de corto plazo ronda los USD 2.000 millones sobre un mercado de capitales cercano a USD 60.000 millones.

Además, defendió las restricciones existentes para desalentar el ingreso de capitales golondrina y sostuvo que el esquema argentino es, incluso, más flexible que el de otros países de la región donde las empresas ni siquiera pueden operar cuentas en dólares localmente.

Estabilidad como activo central del oficialismo

La conferencia del Banco Central tuvo un fuerte componente político. Más allá de los datos técnicos, el mensaje central apuntó a consolidar la idea de continuidad y previsibilidad del programa económico en un momento donde el Gobierno busca fortalecer expectativas de estabilidad.

La frase de Bausili —“no hay manera de cambiar el rumbo”— funcionó como una señal hacia el mercado, el empresariado y los actores financieros que siguen de cerca la sostenibilidad del esquema cambiario y fiscal.

La decisión de mantener controles para empresas también revela que el oficialismo prioriza preservar el equilibrio externo antes que avanzar hacia una liberalización total del mercado de cambios. Ese equilibrio aparece hoy como una de las principales variables que monitorea el Gobierno para evitar tensiones sobre reservas y tipo de cambio.

En provincias con fuerte dependencia del comercio exterior y economías regionales, como Misiones, la continuidad de restricciones cambiarias para empresas mantiene relevancia sobre sectores exportadores e importadores que operan con insumos dolarizados.

Aunque el BCRA aseguró que las importaciones funcionan con fluidez y que las exportaciones mantienen niveles elevados, el sostenimiento del actual esquema cambiario seguirá siendo una variable observada por industrias, forestales, yerbateras y firmas vinculadas al comercio fronterizo del NEA.

También el comportamiento de la inflación continuará teniendo impacto directo sobre consumo, costos logísticos y actividad comercial en una región particularmente sensible a las variaciones de precios y al tipo de cambio.

El Gobierno busca mostrar que la etapa de emergencia quedó atrás y que el programa económico ingresó en una fase de consolidación. Sin embargo, el propio Bausili reconoció que persisten riesgos internacionales asociados al conflicto en Medio Oriente y a eventuales tensiones comerciales globales.

La evolución de la inflación, la dinámica del empleo formal, la estabilidad cambiaria y la renovación del swap con China aparecen como variables centrales para medir si el esquema oficial logra sostenerse sin sobresaltos durante la segunda mitad del año.

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El Banco Central flexibiliza el cepo para personas humanas y exportaciones: una apertura selectiva del mercado de cambios

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El Banco Central activó el 9 de abril una batería de cambios en el régimen de “Exterior y Cambios” que modifica reglas clave para exportadores, ahorristas y operadores financieros. A través de la Comunicación A 8417, la autoridad monetaria eliminó la obligación de liquidar divisas para personas humanas en exportaciones de bienes bajo ciertas condiciones, extendió beneficios ya vigentes para servicios y amplió plazos y márgenes operativos en el mercado cambiario. La medida entra en vigencia desde el 10 de abril y plantea una pregunta de fondo: ¿es el inicio de una liberalización progresiva o un ajuste táctico dentro del cepo?

Un giro técnico con impacto político

El núcleo de la decisión pasa por un cambio sensible: las personas humanas que exporten bienes ya no estarán obligadas a liquidar sus divisas, siempre que ingresen los fondos por el mercado oficial dentro de los plazos establecidos y cumplan condiciones equivalentes a las exportaciones de servicios.

La medida amplía además esa lógica a todos los servicios, consolidando una excepción que hasta ahora tenía alcance más limitado. En paralelo, el Banco Central ajustó otros engranajes del sistema: elevó a 365 días el plazo de liquidación para determinados bienes, flexibilizó pagos financieros y eliminó restricciones para retiros de efectivo en el exterior con tarjetas.

El paquete no es homogéneo, pero tiene un hilo conductor: reducir fricciones operativas sin desmontar completamente el esquema de control. La regulación sigue exigiendo ingreso de divisas, pero relaja la obligación de liquidarlas inmediatamente.

Reglas nuevas sobre una arquitectura vigente

Las modificaciones se insertan en el texto ordenado de “Exterior y Cambios”, que sigue siendo el marco central del control cambiario. No hay derogación del sistema, sino ajustes en puntos específicos.

Entre los cambios más relevantes, se destaca la ampliación del plazo para exportaciones entre empresas vinculadas, con un límite de aplicación para exportadores que no hayan superado los USD 200.000.000 en ventas externas el año previo. También se habilita el acceso anticipado —hasta tres días hábiles antes del vencimiento— al mercado de cambios para pagos de títulos, y se flexibilizan condiciones para cancelar deudas con contrapartes vinculadas, siempre que se cumplan requisitos de plazo y refinanciación.

A la vez, se incorporan nuevas exigencias de control. Por ejemplo, para transferencias al exterior se requerirá una declaración jurada que compromete al cliente a no operar con títulos en moneda extranjera durante 90 días, salvo excepciones puntuales. Además, el Banco Central prevé la implementación de un sistema online obligatorio para registrar estas operaciones.

El esquema, así, combina apertura con monitoreo más fino.

Impacto y señales al mercado

Desde el punto de vista económico, la flexibilización apunta a sectores específicos: exportadores individuales, prestadores de servicios y operadores con necesidades financieras puntuales. La eliminación de la obligación de liquidar divisas puede mejorar incentivos para canalizar ingresos por vías formales, especialmente en actividades donde la retención de moneda extranjera es habitual.

Al mismo tiempo, la extensión de plazos y la flexibilización en pagos financieros alivian tensiones de flujo para empresas con operaciones internacionales. No se trata de una liberalización total, pero sí de una reducción de costos regulatorios.

En términos de correlación de fuerzas, el Banco Central mantiene el control del sistema, pero cede margen en segmentos donde la rigidez podía generar desincentivos o desvíos. La medida no requiere intervención del Congreso, lo que refuerza la capacidad del Poder Ejecutivo de ajustar la política cambiaria por vía regulatoria.

Entre la apertura y el control

El paquete deja un mensaje dual. Por un lado, se amplían libertades operativas en exportaciones y finanzas. Por otro, se refuerzan mecanismos de seguimiento y compromisos formales, como las declaraciones juradas y los registros obligatorios.

La clave estará en la implementación. La efectividad del nuevo sistema online, el cumplimiento de los compromisos de los clientes y la reacción del mercado frente a estas señales serán variables a observar en el corto plazo.

El Banco Central mueve piezas en un tablero delicado. Relaja sin desmontar. Abre sin soltar del todo. Y deja planteado un interrogante que excede esta norma: hasta dónde puede avanzar la flexibilización sin alterar el equilibrio del régimen cambiario.

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El BCRA flexibiliza el cepo, compró US$281 millones y busca sostener reservas sin perder control del dólar

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El Banco Central de la República Argentina avanzó con un paquete de medidas que reconfigura el esquema cambiario en Argentina: flexibilizó el ingreso y uso de divisas, eliminó restricciones para personas físicas y empresas, y al mismo tiempo reforzó controles para evitar maniobras especulativas. La decisión se complementó con una compra de US$ 281 millones —la mayor del año— y un cierre del dólar en torno a $1.405, en un contexto donde la acumulación de reservas se convirtió en un eje central de la política económica.

El movimiento, formalizado a través de la Comunicación A8417, expone la tensión de fondo: avanzar hacia una normalización del mercado cambiario sin perder capacidad de intervención.

Cambios en el régimen cambiario: más flexibilidad para exportadores y empresas

El núcleo de la medida apunta a modificar incentivos en el mercado de divisas. A partir de ahora, las personas humanas que exportan bienes deberán ingresar los dólares al país, pero ya no estarán obligadas a liquidarlos en pesos. El cambio equipara su tratamiento al de exportaciones de servicios y busca mejorar la competitividad externa.

En paralelo, el Central extendió los plazos para el ingreso de divisas en operaciones entre empresas vinculadas: pasaron de 60 a 180 días para montos mayores y hasta 365 días en sectores específicos como indumentaria o industrias estratégicas. Esta decisión apunta a dar mayor previsibilidad financiera en cadenas productivas con vínculos internacionales.

También se habilitó el acceso al mercado de cambios para cubrir riesgos en deudas en monedas distintas al dólar, una herramienta clave para empresas con exposición cambiaria. A su vez, se facilitaron pagos de obligaciones negociables y la cancelación de deudas intrafirma bajo esquemas de refinanciación.

En términos operativos, el paquete busca destrabar flujos financieros que estaban limitados, sin liberar completamente el mercado.

Apertura para personas físicas y nuevos controles para evitar arbitraje

Uno de los cambios más visibles impacta en el consumo: se eliminó el límite de US$ 50 por extracción de efectivo en el exterior con tarjeta, una restricción que afectaba directamente a viajeros. La medida apunta a simplificar operaciones cotidianas fuera del país.

Sin embargo, la flexibilización convive con mayores controles. El BCRA amplió el alcance de la “restricción cruzada”, un mecanismo diseñado para evitar arbitrajes entre distintos tipos de cambio financieros.

Desde ahora, quienes transfieran dólares al exterior no podrán operar con títulos en moneda extranjera durante 90 días. La medida busca bloquear estrategias especulativas entre el dólar MEP y el contado con liquidación (CCL), reforzando el control sobre los flujos financieros.

El esquema muestra un patrón claro: cada apertura viene acompañada de nuevos “candados” regulatorios.

Reservas, dólar y estrategia oficial: el equilibrio en juego

El trasfondo de las decisiones es la necesidad de fortalecer reservas. En la misma jornada en que se anunciaron los cambios, el BCRA compró US$ 281 millones, el mayor volumen en lo que va del año, acumulando cerca de US$ 5.000 millones desde el inicio del programa cambiario.

Parte de esos fondos, según lo informado, fueron utilizados por el Tesoro para afrontar vencimientos de deuda, lo que reduce el margen neto de acumulación.

El comportamiento del dólar —que cerró en torno a $1.405— refleja una dinámica contenida en el corto plazo, aunque condicionada por múltiples variables: ingreso de divisas del agro, expectativas financieras y consistencia del esquema regulatorio.

Incentivos, control y señales al mercado

Las medidas reconfiguran incentivos para distintos actores: Exportadores: ganan flexibilidad al no estar obligados a liquidar divisas, lo que puede mejorar márgenes y timing financiero. Empresas: acceden a herramientas para gestionar riesgos cambiarios y deudas, clave en un contexto de volatilidad. Personas físicas: ven simplificadas operaciones en el exterior. Mercado financiero: enfrenta mayores restricciones para arbitrajes, lo que limita estrategias especulativas.

Desde el punto de vista macroeconómico, el objetivo es doble: incentivar la oferta de dólares genuinos y evitar tensiones en los mercados paralelos.

Impacto potencial en economías exportadoras del NEA

Si bien las medidas no tienen un enfoque territorial específico, su impacto potencial alcanza a regiones exportadoras como Misiones y el NEA. Sectores vinculados a economías regionales podrían beneficiarse de la mayor flexibilidad para administrar divisas, especialmente en actividades con inserción internacional.

No obstante, el efecto dependerá de la capacidad real de exportación y de las condiciones de competitividad de cada cadena productiva.

Reservas, confianza y sostenibilidad del esquema

El nuevo paquete del BCRA refuerza una estrategia gradualista: avanzar en flexibilizaciones sin desarmar completamente los controles. La clave estará en sostener el ingreso de divisas y evitar desbordes en los tipos de cambio financieros.

Las próximas semanas estarán marcadas por tres variables: la liquidación del agro, la evolución de las reservas netas y la reacción del mercado ante el nuevo equilibrio entre apertura y regulación.

El resultado de esa combinación definirá si el esquema logra consolidarse o si vuelve a tensionarse.

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Caputo ratifica el esquema cambiario: apuesta a sostener el dólar sin sobresaltos y a bajar la inflación

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El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó este lunes que el Gobierno continuará comprando dólares mientras no comprometa la estabilidad del tipo de cambio, sostuvo que la inflación de febrero perforará el 2,9% registrado en enero y descartó el envío de una ley integral de reforma tributaria al Congreso. En cambio, anticipó ajustes impositivos graduales, atados a la consolidación del superávit fiscal. El mensaje no fue técnico: buscó fijar expectativas en un momento donde el mercado mira reservas, el Congreso discute reformas estructurales y el frente externo suma incertidumbre. La pregunta es si la estrategia alcanza para sostener la calma cambiaria sin abrir nuevos frentes políticos.

Dólar bajo control y reservas en acumulación “inteligente”

Caputo defendió el esquema de bandas cambiarias y rechazó la idea de fijar un piso al dólar. “Nadie quiere ver un dólar a $1.100, pero no le podemos poner piso”, sostuvo. La señal apunta a evitar arbitrajes especulativos: si el mercado percibe un umbral garantizado, los exportadores retienen y la dinámica se tensa.

El ministro afirmó que hoy el equipo económico compra reservas entre cinco y seis veces lo comprometido con el FMI y que el objetivo es acumular “de manera inteligente”, considerando la demanda de dinero y la profundidad del mercado. En paralelo, remarcó que el cepo está levantado en un “90%” y que el Banco Central mantiene cautela para no desarmar de golpe los controles luego del “demasiado esfuerzo” realizado.

La arquitectura es clara: flotación administrada dentro de bandas, intervención prudente y acumulación sin fijar precios. Es una estrategia de equilibrio fino. Demasiada intervención puede erosionar credibilidad; demasiada libertad, disparar volatilidad.

Inflación y ancla fiscal: la promesa del “cero”

En materia de precios, Caputo anticipó que febrero cerrará por debajo del 2,9% de enero. No dio una cifra concreta, pero reforzó la idea de continuidad en el equilibrio fiscal y la estabilización de la tasa de interés como anclas del proceso.

El horizonte político lo fijó el presidente Javier Milei, quien prometió que la inflación podría empezar con cero en agosto. Caputo relativizó el plazo —podría demorarse “algún mes”—, aunque sostuvo que el equipo trabaja para que ocurra. Más que un dato estadístico, la referencia a un dígito mensual inicial en cero funciona como meta simbólica: consolidar el giro macro y blindar capital político.

Sin ley de reforma tributaria: gradualismo por superávit

El ministro descartó el envío de una reforma tributaria integral al Congreso. La decisión no es menor. Implica evitar una negociación legislativa amplia y potencialmente conflictiva con la oposición. En su lugar, el Ejecutivo avanzará con reducciones impositivas selectivas, condicionadas a la consolidación del superávit fiscal.

La lectura es táctica: mantener la iniciativa sin abrir un frente parlamentario que pueda trabar la agenda. Al mismo tiempo, se preserva el discurso pro-empresa y se incentiva la inversión. Caputo estimó que existen cerca de US$170.000 millones “en los colchones” que podrían canalizarse hacia crédito productivo. Vinculó esa posibilidad con la aprobación de la reforma laboral y la Ley de Inocuidad Fiscal, orientadas —según dijo— a formalizar empleo y fortalecer el financiamiento interno.

Deuda, mercado y shock externo

Caputo también descartó un canje de los bonos con vencimientos en 2029 y 2030 emitidos en la reestructuración liderada por Martín Guzmán. Argumentó que, con una participación del 60%, el ahorro de flujos sería de apenas US$1.000 millones, insuficiente para justificar la operación. La decisión busca evitar ruido en el mercado de deuda y preservar previsibilidad.

En el frente externo, el ministro admitió que la situación en Medio Oriente constituye un “shock externo fuerte” que afecta la apertura de los mercados y tendrá consecuencias. Allí introdujo una clave conceptual: el “mejor escudo” frente a esos shocks es tener los fundamentos ordenados. El alineamiento internacional definido por Milei también fue respaldado explícitamente.

Correlación de fuerzas y agenda

La estrategia económica fortalece al Ejecutivo en tanto logre sostener la desaceleración inflacionaria y evitar sobresaltos cambiarios. Pero condiciona su margen político: sin reforma tributaria integral, el Gobierno dependerá de avances fragmentados y de la aprobación de reformas estructurales en el Congreso para consolidar el relato de normalización.

La oposición, por su parte, pierde terreno si la inflación continúa bajando, aunque conserva capacidad de presión en el plano legislativo. El mercado, mientras tanto, seguirá testeando la consistencia entre acumulación de reservas, flexibilización del cepo y estabilidad del tipo de cambio.

El Gobierno apuesta a que la disciplina fiscal y la prudencia cambiaria alcancen para atravesar la volatilidad global sin resignar la hoja de ruta. El desafío no es técnico sino político: sostener expectativas en un año donde cada dato macro impacta directamente en la arquitectura de poder.

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