Con el nombre “Soberanía”, los productores emprendedores de Colonia Itatí, ubicados en Andresito, norte de Misiones, ponen en marcha el más soñado de sus proyectos: una marca propia de yerba mate envasada.
Es el resultado de un trabajo en conjunto que iniciaron hace casi 30 años, cuando decidieron crear la Cooperativa Agropecuaria Colonia Itatí Limitada. “Queremos recordar especialmente a los socios fundadores”, dijo Norberto Carlos Reincheski, quien desde hace cinco años ejerce la presidencia de la entidad.
La Cooperativa cuenta actualmente con 64 socios, produce principalmente yerba canchada y desde agosto se luce con su propia marca del producto envasado. En mayo del año pasado, además, inauguró un centro de acopio y acondicionamiento de granos.
Todo esto en una zona rodeada por los parques provinciales Urugua-í y Foerster, lo que le confiere distinción, la impronta de una producción enmarcada por la naturaleza.
“La yerba Soberanía es de estacionamiento natural, de sabor suave”, explicó Reincheski. “Cuidamos mucho esto, que el producto llegue al consumidor, principalmente a los jóvenes, de la mejor manera posible”, agregó.
“Nos sentimos orgullosos; este paquete es el fruto del esfuerzo de la comunidad que ha enfrentado y superado diversas situaciones adversas”, enfatizó Reincheski. “Hay que dimensionar y poner en valor el esfuerzo que hicieron los socios fundadores, y rescatar los principios y valores del sector agrícola, que son los que nos permiten seguir avanzando aún en tiempos de adversidades”, continúo.
Sobre el desafío de posicionar la nueva marca en el mercado, Reincheski se mostró confiando y fue categórico al afirmar que “tenemos la certeza de que nos irá bien porque ofrecemos un excelente producto y focalizado en el paladar de las nuevas generaciones que se están sumando a la experiencia de tomar mate”.
La Cámara de Representantes sancionó la regulación de la implementación de parques productivos sustentables como modelo de gestión territorial para la producción agroecológica de alimentos.
Con esta ley, surgida a partir de distintas iniciativas presentadas por los legisladores Martín Cesino y Martín Sereno, por la ex legisladora Rosana Argüello y por el Parlamento de la Mujer 2018, se busca mejorar el aprovechamiento y uso de los espacios periurbanos, para contribuir con la seguridad y la soberanía alimentaria.
Un parque productivo sustentable es un espacio físico con infraestructura, logística y equipamiento para potenciar la producción agroecológica y preservar los espacios agrarios en áreas periurbanas o rurales, mediante un enfoque multifuncional, que incide en los procesos de fortalecimiento de las economías locales, protegiendo los recursos naturales y paisajísticos de la provincia.
A partir de esta norma, el diseño y planificación de los parques productivos sustentables debe propiciar la multifuncionalidad, la coexistencia y la complementariedad de las actividades productivas con otras actividades recreativas, educativas, culturales, turísticas, comerciales e industriales de baja complejidad.
Además tendrá que estar orientado conforme el ordenamiento productivo de la provincia, garantizando el funcionamiento de infraestructuras y servicios necesarios para el desarrollo productivo, económico, social y ambiental.
Asimismo, se buscará promover el aprovechamiento de fuentes de energías renovables, el reciclaje de residuos, el riego eficiente y uso de agua pluvial, y el desarrollo tecnológico de aplicación agroproductiva disponible.
Los parques productivos sustentables podrán ser implementados en inmuebles propiedad del Estado provincial o propiedad de los municipios, así como también en los de personas humanas o jurídicas que de manera voluntaria decidan formar parte de este modelo de gestión territorial para la producción agroecológica
En los fundamentos del proyecto, Cesino manifestó que la implementación de estos parques “permitirá no sólo contribuir con la seguridad y soberanía alimentaria, sino que también buscará promover procesos productivos sustentables y prácticas inclusivas, con fuerte énfasis en la agricultura multifuncional y las buenas prácticas agrícolas”.
Por su parte, Sereno destacó la posibilidad que tienen como legisladores de crear “políticas públicas que busquen dar solución, dinamismo y facilidad a acuerdos que podrían generarse entre ciudadanos o grupos de ciudadanos, pero que muchas veces implican trámites que suelen desalentar a alguna de las partes a desarrollarlos o que llevan un tiempo que termina por desarticular la idea con la que se impulsa en principio”.
En la sesión, Cesino agregó que, “este tipo de normas demuestra que el norte es siempre el productor y la familia misionera” y, como ya lo viene haciendo el Estado provincial, se promueve la seguridad y la soberanía alimentaria, “a partir de políticas públicas concretas, acompañando al sector productivo, económico, social y ambiental; teniendo en cuenta ese derecho que nos asiste como provincia, que es el de producir nuestros propios alimentos, nuestros propios productos de manera orgánica, nutritiva, y con técnicas sustentables y amigables con el medio ambiente”.
Estos espacios no solamente brindarán “capacidad productiva, sino que será lugar de docencia, a partir del cual también se potenciará el turismo y la comercialización de estos productos”, agregó Cesino, y resaltó que promoverá “el autoconsumo, el empleo genuino, el cooperativismo y la solidaridad”.
En tanto, Sereno agregó que “esta ley permitirá producir mejores alimentos y generar mejores trabajos y posibilidades de producción”.
El legislador señaló que el fin es “producir alimentos sanos, para fortalecer nuestra salud, y apostamos a la salud del pueblo misionero a través de un trabajo digno y el consumo para el resto de la población de alimentos sanos; felices por las miles de familias misioneras que van a tener más trabajo y posibilidades de producción, y por las decenas de miles de familias misioneras que van a comer más sano, generando riqueza y producción para nuestra provincia”.
Cuando nació la Biofábrica, una de las metas era conseguir soberanía alimentaria con la multiplicación de los mejores plantines de la chacra misionera. En 2006, la apuesta era máxima. El país recién salía de una profunda crisis y pensar en investigación científica, para algunos era una frivolidad. La realidad es que la Biofábrica se convirtió en referencia para la producción sustentable y hoy exporta tecnología a otras provincias. Esta semana se marcó otro hito. Misiones consiguió la autorización del SENASA para la producción y comercialización de un biofertilizante producido por la Biofábrica. Es la primera y única provincia dueña de una patente que competirá en un mercado dominado por las marcas privadas. Aunque primero se atenderá la demanda interna, Misiones podrá comercializar el producto con otras provincias. “Es soberanía biotecnológica”, define Luciana Imbrogno, gerente de la Biofábrica.
El SENASA dio el visto bueno final para la comercialización de Bio Plus a escala y a nivel nacional. El biofertilizante de formulación sólida-granulado de aplicación al suelo, estimula el crecimiento promoviendo el desarrollo vegetal, (efecto conocido como PGPR), y es recomendado para Yerba Mate, Tabaco y cultivos hortícolas de raíz, hoja y fruto en almácigo y campo.
“No había en Misiones ni en ninguna otra provincia con un organismo provincial como Biofábrica. No había ningún producto de este tipo registrado en Misiones y desarrollado en la provincia, acá estamos muy contentos de que se pudo dar este paso, porque fueron muchos años de trabajo e investigación de los técnicos. Hubo también participación de técnicos cubanos. No solo se desarrolló, sino que cumple con todos los estándares de calidad, requisitos y exigencias que piden los organismos como el SENASA. Ese es un camino larguísimo de trámites en Buenos Aires, de expedientes, de notas que van y vienen, de respuestas y demostraciones. Demostración de lo que decís es verdad, que aumenta el rendimiento, que mejora la velocidad del crecimiento, que aumenta el desarrollo radicular, que mejora la sanidad de la planta, todo eso hay que demostrarlo. Y se demuestra con ensayos científicos”, explica Imbrogno en una entrevista con Open1017.
“Tenés que comprobar que tenés un buen producto, que es estable, ya que son organismos vivos. Este insumo fue desarrollado de cepas de un hongo que se llama Trichoderma (uno de los agentes que más se usan en los programas de control biológico como reguladores de hongos fitopatógenos) que está en el suelo. Pero no solo hay que aislarlo del suelo, hay que tener la capacidad de multiplicarlo y generar el producto, de formular un producto comercial que te dure un año. Porque si a la semana se murió, entonces no es un buen producto. Entonces que tenga estabilidad, durabilidad que tenga el efecto que uno dice que tiene, una vez que se cumple todos esos pasos, el SENASA te da el registro que te habilita a comercializar libremente y a producir todo lo que quieras”, detalló la funcionaria.
¿Técnicamente hoy podemos vender a todo el mercado argentino?
Sí, claro.
¿Y estamos en condiciones de poder producirlo en cantidad?
Sí, la planta biológica, o el laboratorio de bioinsumos como lo llamamos nosotros, hoy tiene una capacidad de producción de 18 toneladas. En principio, siempre se espera avanzar en Misiones, que se pueda entregar a los productores, que en realidad ya se venía entregando a los productores porque todas las plantas que salen de la biofábrica están inoculadas con esta cepa, entonces ya salen con este producto. Pero, ahora se puede hacer de manera masiva y se puede comercializar, antes no se vendía, se entregaba, se facilitaba y se daban capacitaciones. La semana pasada hicimos una charla con productores hortícolas y nos preguntaban cómo conseguían más, pero no teníamos el registro. Ahora que lo tenemos es mucho más fácil llegar a todos lados en Misiones y a todas las demás, pero primero vamos a llegar a la provincia.
¿Este hongo, el trichoderma, se encuentra fácilmente, se produce en esta tierra?
Es un hongo que está en los suelos, pero el sello distintivo es que este producto se formuló con productos autóctonos, con cepas de Misiones. Son cepas adaptadas al suelo y al clima. Hay productos comerciales con el mismo hongo. Si uno va a una agronomía, encontrará una botella que dice Trichoderma, pero son cepas de otro lugar, incluso a veces de otro país. Entonces por ahí uno lo aplica y a los dos días la cepa se murió, por el calor, o porque el suelo es muy ácido. No es lo mismo tener una cepa externa que multiplicar una cepa local. Porque si vos multiplicás una cepa local, la potenciás y la aplicás, esa cepa se desarrolla enseguida porque está acostumbrada al clima y al tipo de suelo. Esa es la ventaja comparativa de nuestro producto para usarlo en Misiones, es una cepa nativa. En realidad el producto tiene tres cepas que se seleccionaron. El laboratorio de bioinsumos tiene un cepario, se sacaron muestras de todos los suelos de la provincia y se pusieron a evaluar en rendimiento, no solo como biofertilizante, sino como biofungicida. Se las pone a competir contra hongos patógenos que atacan a los cultivos y estas tres son las mejores cepas, que son las que les ganan a los hongos patógenos, son las cepas que mejor respuesta en el rendimiento de las plantas tuvieron. Esas cepas son las que se pudieron multiplicar, hacer un granulado, o sea, que tenga un formato de producto para el campo y se pudo registrar. Todo ese trabajo tuvo un desarrollo tecnológico de muchos años. El laboratorio estuvo habilitado desde 2019 y no se podía explotar en su máxima expresión porque se estaba gestionando el registro, así que ahora estamos a pleno.
Es un paso muy grande para la soberanía tecnológica…
Sí. Producimos nuestro propio insumo para Misiones, con tecnología de acá, con profesionales de la provincia. Te lo digo y se me pone la piel de gallina porque estamos muy contentos, es increíble.
¿Esto puede ser un paso para que se sigan produciendo productos más amigables con el medio ambiente e ir erradicando aquellos productos que dañan el medioambiente?
Tenemos justo un montón de productos desarrollados, este es el primero que se registra. Pero tenemos un montón de bioinsecticidas, que se desarrollan a través de hongos entomopatógenos, que son hongos que parasitan insectos, que se llaman bioinsecticidas. Que también son hongos de aislamiento local, que se sacaron de suelos de acá y de insectos de acá de Misiones. Así que estos bioinsumos, estos bioinsecticidas reemplazan a los insecticidas de síntesis química, que son sumamente tóxicos. Están los insumos desarrollados a base del hongo Beauveria, a base del hongo Betarrisium, ahora estamos iniciando el camino para el registro de estos productos.
¿Cuándo estaría disponible eso? ¿Tarda un par de años, o cómo es el proceso?
Esperamos que no. De hecho, el lunes estuvimos en reunión con la directora del SENASA hablando sobre estos productos, donde necesitamos que se agilicen los procedimientos de autorización. Primero porque reemplazan a elementos tóxicos, segundo porque es una empresa de una provincia, no es privada que se hace millonaria. Esto es la soberanía de la tierra. Lo que queremos es primero la transición de elementos sustentables, este fue nuestro planteo al SENASA que agilicen el registro y prioricen este tipo de registros.
Mencionó la capacidad de producción y señaló que tienen capacidad para 18 toneladas, ¿eso es mucho, es poco para las chacras de Misiones?
Si logramos el objetivo de que todo el mundo lo use, siempre es poco, siempre se puede ampliar la capacidad de producción, siempre se puede agrandar, ojalá no demos abasto. Que todo el mundo empiece a utilizar este producto y que se reemplacen los productos químicos.
¿Sirve para yerba, tabaco, para todo?
Se registró para yerba, tabaco, todo tipo de hortalizas, de raíz, de hoja y de fruto. Que por ejemplo en las hortalizas es el consumo más crítico, porque uno va a la feria y compra el tomate y es el consumo directo, uno va a la feria se compra el tomate y se lo come ese día. Siempre es lo más crítico, que se come crudo, no hay un proceso, no pasa el tiempo, no es que uno dice que pasa el tiempo y se va diluyendo el agroquímico. En la horticultura es donde tenemos que tener productos inocuos para la salud y sin químicos, están registrados para esos productos, pero se puede usar para cualquier biocultivo, como fertilizante y biofungicida.
¿Cómo será la distribución, la cadena de producción?
Ahora nos ponemos a producir a full te diría. Siempre con la entrega de plantines va a el producto inoculado. En las bolsas tenemos que terminar de definir el embalaje final, el packaging final, para la distribución de la mejor forma posible. Siempre se ha distribuido en las escuelas agrícolas para las huertas, empezaremos creería yo que por horticultura con los tabacaleros. Pero hay que empezar a producir y distribuir. Tenemos un stock grande para empezar a distribuir.
¿Lo vamos a poder encontrar en una agroveterinaria?
Ojalá, todavía no hay una articulación comercial, pero ojalá que sí.
¿Por qué lo venían trabajando en silencio?
El registro es tan difícil, que salir a decir algo y que pasen mil años hasta que llegue el registro queda como sabor a nada. Ahora están los resultados.
El acuerdo habilita a las dos instituciones en el trabajo conjunto para llevar a cabo tareas de asistencia técnica y capacitaciones. Además de desarrollar prácticas profesionales, hacer fiscalización y controles en materias de interés común. Por otro lado, ambos organismos fundan las bases para trabajar en proyectos que articulen la actividad productiva con el conocimiento para el sostenimiento de la biodiversidad.
Firmaron el acuerdo la presidenta del IMiBio Viviana Rovira y el ministro del Agro y la Producción, Facundo López Sartori.
Sobre este acuerdo el titular de la cartera agraria remarcó el trabajo que realiza el Instituto en el desarrollo de estrategias para conservar la biodiversidad de Misiones y agradeció a la arquitecta Rovira por la convocatoria. “Tenemos muchas áreas de trabajo en común y queremos reforzar el compromiso del gobierno de Misiones en la integración del sectores productivos a la sostenibilidad de los recursos naturales de la provincia”, indicó López Sartori. Asimismo señaló que la investigación aplicada a la actividad productiva redundará en mejores rendimientos para la familia agraria “y asegura un futuro sustentable a los misioneros”, destacó.
En la oportunidad acompañaron desde el Ministerio del Agro, la subsecretaria de Desarrollo Vegetal Luciana Imbrogno y los técnicos Leonardo Amarilla y Maximiliano Domínguez.
Dos de cada diez trabajos del sector privado se generan en alguna cadena agroindustrial. Datos exclusivos que revela el informe sobre Empleo que lanza FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina). “Todo el tiempo estamos en contacto con productos que vienen de las cadenas agroindustriales: en las pastas del domingo, en el combustible de tu auto, en la comida para tu mascota: todos esos productos movilizan miles de puestos de trabajo”, explica Natalia Ariño, economista de FADA.
Este estudio arroja que el 24% del empleo privado nacional viene de la agroindustria. “Cuando pensamos en el empleo agro sólo nos imaginamos productores, agrónomos, veterinarios y trabajadores del campo, produciendo trigo, tomate, limón o criando un ternero, pero va más allá de eso, genera empleos en múltiples rubros urbanos como administrativos, comerciantes, personal de ingeniería, tecnología, investigación, mantenimiento, limpieza, y una rueda interminable de puestos que se multiplican a lo largo de todas las cadenas”, revela Ariño.
Según los últimos datos disponibles, son 3,7 millones de puestos de trabajo que generan las cadenas agroindustriales, que en esta investigación se ven reflejados en un amplio repertorio de trabajos que dan sustento a millones de familias argentinas.
¿Cómo se traducen en nuestras pastas del domingo?
Este estudio sirve para tomar una radiografía del empleo generado en torno al agro pero que excede a lo que sucede en el campo. “Pensemos en un plato de tallarines:para cada ingrediente que usamos, se moviliza una enorme “rueda de empleo”. Para la masa, productores del trigo, molineros, productores de huevo, transportistas, comerciantes. Para el queso, tamberos, transportistas de leche, los de industria láctea, distribuidores y empleados del súper donde lo compramos. Lo mismo pasa con los demás ingredientes. En el tomate y cebolla, huerteros y verduleros. En la carne de la salsa, toda la cadena de carne vacuna y también las de granos para el alimento de esos animales. Pero, además, en cada uno de los procesos, intervienen agrónomos, contadores, administrativos; el personal involucrado en maquinarias, insumos, tecnología, bancos, mantenimiento, limpieza y más. Miles de trabajadores están en tus pastas”, ejemplifica Ariño. “Básicamente, nosotros o algún conocido seguro que está directa o indirectamente relacionado al empleo en las cadenas agro”, concluye la economista.
Podios del empleo
El informe también registra un “Top Five”. Las cinco cadenas que más crean trabajo son: la de carne vacuna 12%, la de frutas, verduras, hortalizas y legumbres con 12%, trigo con un 10%, soja tambiénaporta 10% y maíz 6%. Estas cinco cadenas juntas, generan la mitad de todo el empleo agroindustrial.
Del informe de FADA también se desprende que el mayor generador de empleo es la producción (el eslabón primario) con el 38% del total. Le siguen la comercialización con 25%, la industria con 22%,transporte 7%,servicios conexos5% y maquinarias e insumos 3%.
¿Cómo me beneficia que la agroindustria crezca?
“Esta es una pregunta muy sencilla: más agroindustria implica más producción y más empleo, eso decanta en un aumento en la actividad económica. Que crezca el agro implica una mejora para todos los argentinos, porque cuanto “más grande sea la torta” más grande será la porción para cada uno. Y esto es importante no solo en las cadenas agroindustriales sino en todos los sectores de la economía.”, afirma Nicolle Pisani Claro, economista de FADA.
Las cadenas agroindustriales se caracterizan, entre otras cosas, por ser federales, por realizarse a lo largo y ancho del país. “El 31% de los empleos en las cadenas agroindustriales pertenecen a las distintas economías regionales. Por ponerte algunos ejemplos, el 4% de los puestos lo genera la cadena azucarera, la vitivinícola 4%, tabaco 2%, pesca 2%, estas son algunas cadenas regionales, que son muy importantes para el desarrollo económico de diferentes partes del país”, explica Pisani Claro.
“A su vez, todos los productos obtenidos son consumidos por los argentinos, pero también son requeridos por el mundo entero, por lo que también hacen que ingresen divisas con las exportaciones. Decimos que es una rueda de empleo porque eso es lo que va generando: más empleo, más producción, mejor calidad de vida, menos pobreza, una cosa va llevando a la otra”, concluye la economista.
Así como es importante el empleo de las cadenas, ya que representa el 24% empleos privados que se generan en el país, también es importante destacar el potencial que tienen como generadoras de trabajo para aportar al empleo nacional, de la mano de las producciones regionales, pecuarias, agrícolas y de la mano de políticas que incentiven la producción para emplear cada vez más trabajadores. “Que crezca el agro es crucial, pero también que crezcan las demás actividades, para entre todos, poder traccionar en conjunto y atacar el problema de raíz que tiene la Argentina que es la pobreza”, completa Pisani Claro.
Para esto es necesario crear un marco de estabilidad macroeconómica, financiamiento, reglas de juego claras y una decidida política exportadora, que le brinde a los argentinos el marco para desarrollar al máximo sus capacidades”, afirma Pisani Claro.
Datos mata relatos
Analizando por cadenas, vemos que el 31% de los empleos se concentran en las economías regionales (azúcar, frutas, vino, etc.), el 30% las cadenas de granos y forrajeras, 24% cadenas animales (vacuno, porcino, aviar, láctea, ovino y otros), los servicios conexos y otras actividades suman 14% (financieros, seguros, contables, etc.) y 1% bienes de capital (maquinarias). Entre todos esos sectores, millones de familias tienen la posibilidad de acceder al empleo gracias a las cadenas agro, que en conjunto dinamizan gran parte de la producción de nuestro país. “Tenemos que entender todos, como sociedad, que el “campo” no sólo es sembrar o criar animales. Involucra a millones de personas desde los que trabajan la tierra hasta los que están en una oficina en la ciudad. Es el que pone la semilla, pero también todo el desarrollo científico que hay detrás, las maquinarias, los que fabrican los insumos, los que transportan, los que administran, los comerciantes, los industriales”, expone Ariño. “Con este estudio buscamos mostrar todo el potencial que tiene el sector para crecer y encarar el triple desafío de aumentar la producción, el empleo y la generación de divisas, minimizando el impacto ambiental y optimizando la inocuidad y calidad de sus productos”, concluyen desde FADA.