Crisis en Lácteos Verónica: acampe, deudas y temor a quiebra
La crisis de Lácteos Verónica escala día a día y ya impacta de lleno en su estructura productiva, financiera y laboral. Con plantas paralizadas, salarios impagos y un creciente conflicto con el gremio ATILRA, el escenario abre interrogantes sobre la continuidad de la empresa y el futuro de cerca de 700 trabajadores.
En las últimas horas, la conducción de la firma volvió a quedar en el centro de las críticas tras ausentarse a una reunión clave con el sindicato, sin brindar explicaciones. El encuentro fue reprogramado para el jueves 19, aunque persisten dudas sobre la participación de los directivos.
Mientras tanto, los trabajadores mantienen un acampe en la planta de Lehmann, en Santa Fe, y protestas sobre la ruta nacional 34. La medida busca visibilizar el conflicto, pero también evitar el posible retiro de maquinaria o activos en medio de versiones de un eventual vaciamiento.
La situación productiva es crítica. Desde mediados de enero la planta se encuentra completamente paralizada: no ingresa leche, no hay procesamiento y la actividad industrial está detenida. Hasta hace pocas semanas, esa misma instalación procesaba alrededor de 500.000 litros diarios para la elaboración de leche en polvo y quesos.
El deterioro se aceleró tras la decisión de la empresa de reducir la jornada laboral a cuatro horas diarias, medida comunicada a principios de marzo bajo el argumento de una “notoria crisis”. Sin embargo, el recorte fue seguido por el freno total de la producción y la interrupción en el pago de salarios.
En paralelo, el frente financiero muestra un cuadro aún más delicado. Según registros del Banco Central, la compañía acumula 3.834 cheques rechazados por falta de fondos, con un pasivo superior a los 13.400 millones de pesos. A esto se suman deudas con entidades financieras y compañías de crédito, además de obligaciones con bancos como Nación, BBVA, Santander, Galicia y Macro.
El impacto también alcanza a la cadena productiva. Al menos 150 productores lecheros de Santa Fe reclaman pagos adeudados por entregas de materia prima. Solo con ese grupo, la deuda rondaría los 60 millones de dólares.
En este contexto, crecen las versiones sobre una posible venta de activos. La familia Espiñeira, propietaria de la compañía, estaría en conversaciones con la firma francesa Savencia, dueña de Milkaut y con antecedentes en el manejo de Ilolay en el mercado argentino.
Sin definiciones oficiales y con un escenario de alta incertidumbre, el conflicto suma tensión y deja en suspenso no solo el futuro de la empresa, sino también el de cientos de trabajadores y proveedores que dependen de su funcionamiento.
