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Ex ejecutivo de Chevron busca US$2.000 millones para invertir en Venezuela

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Un ex ejecutivo de Chevron está recaudando US$ 2.000 millones para realizar inversiones en Venezuela, luego de que Donald Trump anunciase que las petroleras de Estados Unidos invertirían en el mayor país petrolero del mundo, tras poner a Maduro a un lado.

Así lo publicó Financial Times en una nota exclusiva con Ali Moshiri -exdirector de operaciones de Chevron para America Latina-, quien declaró que su fondo de inversiones Amos Global Energy Management está en conversaciones con inversores para colocar dinero en activos ya identificados en Venezuela.

Moshiri dijo a Financial Times: “Hemos estado anticipando este avance por un tiempo y nuestro memorando de colocación privada de USD 2 mil millones está listo para entrar en vigencia con varios objetivos de inversión identificados”. 

Y agregó: “He recibido una docena de llamadas de posibles inversores en las últimas 24 horas. El interés en Venezuela ha pasado de cero al 99 %”.

Sin embargo, la nota de FT alerta que las empresas petroleras tienen dudas sobre invertir en el país caribeño: “Pero las tres principales petroleras estadounidenses han recibido con cautela el pedido de inversión de Trump debido a las preocupaciones sobre la inestabilidad política, un historial de activos expropiados en Venezuela y las enormes sumas necesarias para aumentar la producción”.

Las grandes empresas ni siquiera fueron consultadas por sus posibilidades de inversión antes de la destitución de Maduro:

“Ninguno de los actores de la industria que tienen el capital y la experiencia para invertir en Venezuela fueron asesorados o consultados antes de la destitución de Maduro o de las declaraciones del presidente de ayer”, dijo una fuente al mismo medio.

Ali Moshiri 

El plan de inversión de Amos

El memorando para inversores preparado por Amos, al que ha tenido acceso el Financial Times, está fechado en diciembre de 2025. Indica que el fondo pretende adquirir entre 20.000 y 50.000 barriles diarios de producción de petróleo y 500.000 barriles de reservas de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Prevé una salida en un plazo de cinco a siete años y una rentabilidad de la inversión de dos veces y media. 

Otros inversores

Aunque otros inversores del sector podrían estar interesados en invertir, aún las condiciones no están claras y las históricas expropiaciones de Venezuela frenan a las empresas. Varias petroleras extranjeras todavía esperan pagos del Estado venezolano en contrapartida por haber tenido que ceder sus capitales.

Financial Times pone como ejemplo a un aliado de Donald Trump: Harold Hamm, el magnate estadounidense del esquisto y destacado donante de Trump, dijo al FT que su compañía Continental Resources consideraría invertir en Venezuela bajo las circunstancias adecuadas. 

“Si bien no tenemos planes inmediatos con respecto a Venezuela, creemos que el país tiene un potencial de recursos significativo y con una mejor estabilidad regulatoria y gubernamental definitivamente consideraríamos inversiones futuras”, dijo. 

 

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Trump mira el petróleo venezolano, pero la recuperación demandará años según analistas

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La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de avanzar sobre el control político y económico de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro reactivó un viejo objetivo estratégico de Washington: el acceso a las mayores reservas de petróleo del mundo. Sin embargo, aunque el mandatario dejó en claro su intención de que empresas estadounidenses lideren la recuperación de la industria petrolera venezolana, los analistas advierten que el costo económico, los riesgos políticos y los plazos de maduración convierten al plan en una apuesta de largo aliento, con impactos limitados en el mercado global en el corto y mediano plazo.

Trump afirmó que Estados Unidos “administrará” el país hasta que se concrete una transición “segura” y sostuvo que las petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para reparar una infraestructura “muy dañada” y “empezar a generar dinero para el país”. El anuncio, de fuerte carga política e institucional, abre interrogantes sobre la viabilidad real de explotar un recurso hoy subutilizado y condicionado por sanciones, deterioro operativo y un escenario político incierto.

Reservas récord, producción mínima y una infraestructura colapsada

Venezuela cuenta con aproximadamente 303.000 millones de barriles de reservas probadas, la mayor cifra a nivel mundial. No obstante, la brecha entre ese potencial y la producción efectiva es significativa. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía, en noviembre el país produjo cerca de 860.000 barriles diarios, apenas un tercio de lo que generaba una década atrás y menos del 1% del consumo mundial de petróleo.

El declive productivo se profundizó desde comienzos de los años 2000, cuando los gobiernos de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro reforzaron el control estatal sobre PDVSA, lo que derivó en la salida de personal calificado, falta de inversiones y deterioro sostenido de las instalaciones. A ese proceso se sumaron las sanciones estadounidenses, aplicadas inicialmente en 2015 durante la presidencia de Barack Obama por presuntas violaciones a los derechos humanos, que restringieron el acceso a financiamiento, repuestos y tecnología clave.

El verdadero desafío que enfrentan es su infraestructura”, señaló Callum MacPherson, jefe de cotización de materias primas de Investec. Las refinerías, oleoductos y campos petroleros muestran un desgaste acumulado que, según los especialistas, no se resuelve con inversiones puntuales ni en plazos breves.

A esto se suma una característica técnica relevante: el crudo venezolano es mayormente pesado y agrio, más complejo y costoso de refinar que el petróleo “ligero y dulce” que produce Estados Unidos y que resulta más apto para la elaboración de naftas.

Riesgos políticos, sanciones y contratos en suspenso

Más allá del diagnóstico energético, los principales obstáculos para una reactivación a gran escala son de carácter legal y político. Homayoun Falakshahi, analista principal de Kpler, advirtió que las empresas interesadas en operar en Venezuela deberán alcanzar acuerdos con un nuevo gobierno, algo inviable mientras no se consolide un sucesor de Maduro con estabilidad institucional.

Aun si la situación política es estable, es un proceso que tomará meses”, sostuvo Falakshahi, quien remarcó que las compañías estarían arriesgando miles de millones de dólares en un contexto de alta incertidumbre. Antes de iniciar inversiones significativas, las petroleras necesitarían firmar contratos con el nuevo gobierno, definir marcos regulatorios y garantizar seguridad jurídica.

En paralelo, Estados Unidos incautó dos buques petroleros frente a las costas venezolanas e impuso un bloqueo a la entrada y salida de buques cisterna sancionados, lo que añade presión sobre los flujos de exportación y refuerza el carácter coercitivo de la estrategia.

Los analistas coinciden en que restablecer los niveles históricos de producción demandará decenas de miles de millones de dólares y podría llevar hasta una década, incluso bajo condiciones políticas favorables. Neil Shearing, analista jefe de Capital Economics, consideró que los planes de Trump tendrán un impacto limitado sobre el suministro global y, por lo tanto, sobre los precios internacionales del crudo.

“El plazo de tiempo de lo que va a suceder es muy largo”, señaló Shearing, quien estimó que en 2026 los precios del petróleo mostrarán muy pocos cambios asociados a Venezuela. Incluso si el país lograra recuperar una producción cercana a tres millones de barriles diarios, seguiría fuera del grupo de los diez principales productores del mundo.

El interés de las petroleras y una apuesta de largo plazo

En este escenario, Chevron es la única petrolera estadounidense que permanece activa en Venezuela, tras recibir una licencia de operación en 2022 durante la presidencia de Joe Biden, a pesar de las sanciones vigentes. La compañía es responsable de aproximadamente una quinta parte de la producción venezolana y afirmó que su prioridad es la seguridad de sus empleados y el cumplimiento de “todas las leyes y regulaciones relevantes”.

El resto de las grandes firmas mantiene silencio público, aunque los analistas señalan que internamente evalúan la oportunidad. “El apetito de ir a alguna parte está vinculado a dos factores principales: la situación política y los recursos sobre el terreno”, explicó Falakshahi, quien consideró que, pese a la incertidumbre, “la ganancia potencial podría ser demasiado grande para eludirla”.

En la misma línea, el ex director ejecutivo de BP, John Browne, definió la reactivación petrolera venezolana como un “proyecto a muy largo plazo”. “La gente subestima el tiempo que se demora hacer las cosas. Alinear recursos, materiales y personal lleva muchísimo tiempo”, afirmó, y advirtió que incluso podría darse una caída inicial de la producción mientras la industria se reorganiza.

Para Browne, sin embargo, el atractivo estratégico persiste: “Como oportunidad de negocio, si estás dirigiendo una compañía, vas a querer involucrarte muy rápidamente”. Aun así, el consenso entre los expertos es claro: el petróleo de Venezuela representa una promesa enorme, pero su explotación efectiva exigirá estabilidad política, inversiones masivas y una paciencia que excede ampliamente los tiempos de la coyuntura.

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